Mi Doctrina “Meine Lehre” Adolf Hitler Edición 2020

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Prefacio

Sabido es por todos el conjunto de implicancias que significa trabajar con la presente obra. Implicancias no solo referidas a la censura previa y los prejuicios que se manifiestan tanto por el sentido como por el propósito de esta. Frente a lo anterior y como acto de justicia, tampoco estaría en nuestro ánimo expresar algún grado de
neutralidad frente a este trabajo recopilatorio, pues pretender invocar objetividad en la presente descripción, olvidando la subjetividad que nos permite enfrentar este desafio, no haría más que sumergirnos en la decadencia propia de la ambiguedad que se ha pretendido identificar como postmodernidad. Es por lo anterior que más allá de profundizar en los aspectos técnicos de las primeras traducciones, o en el anecdotario histórico de dichas ediciones, hemos querido en Editorial Boca del Lobo, hacer referencia
a la interesante visión política plasmada en la recopilación de artículos y discursos, que
siendo parte original de la obra “Mi Lucha”, de Adolf Hitler, ha sido tratada desde finales
de la década de 1930, como una obra independiente y no solo complementaria,
denóminada “Mi Doctrina”.
La importancia histórica del texto original es innegable, más aún pues constituye uno de
los primeros trabajos doctrinarios que trascienden a las las fronteras alemanas después de la Primera Guerra Mundial. Como curiosidad aparte, serían los franceses, para ese momento enemigos históricos de Alemania, quienes mayor interes mostrarían por el contenido, demostrando que como base de una corriente pólítica estaba por encima de las fronteras nacionales, siendo referente a nivel continental, primero y mundial, después.
Todo esto en el entendido de problemáticas comunes a todos los pueblos.
Para muchos se tratará de una exageración si nos atrevemos a señalar que los puntos
tratados en esta obra, reflejan la profunda necesidad que muchos pueblos expresarían en un momento histórico determinado, volviendo sus postulados en una de las bases
fundamentales no solo de concepciones ideologicas, sino que esencialmente de una
Cosmovisión total.
No es menos cierto que su lectura debe ser comprendida desde los preceptos y
conocimientos de la época en cuestión, pero por sobre todo es su inmensa actualidad,
como analisis crítico de la Modernidad, la que presenta la mayor importancia para todos aquellos involucrados tanto en el análisis politológico como en el interes por los asuntos públicos y nacionales.
Podríamos decir además que, en su estructuración, se trata de un trabajo que entrega los parámetros necesarios para la constitución de las fuerzas políticas que pretendan la conquista del Poder (Fase Agonal), así como los elementos base para la reformulación de un Estado-Nación (Fase Arquitectónica), que sumando a la propia fuerza como sentido, sea capaz de construirse un propósito, como devenir histórico.
Con mayor razón aún, cuando dicha potencialidad ya citada, al ser adaptada por otros pueblos distintos del alemán, lograría plantear proyectos políticos que con diferentes niveles de éxito, marcarían el sino de una época como alternativa y resistencia contra el materialismo demoliberal y marxista.
Volviendo a la actualidad de esta obra, de mayor importancia se torna estudiar lo
referido a la “necesidad de una Doctrina”, que comprenda las funciones del Estado y el
lugar que corresponde a la Comunidad del Pueblo en la construcción nacional. La Vida
Social y la Educación son otros elementos a destacar, pero será al tratar la importancia
de la Economía y del Territorio, donde la necesidad de una unidad de Destino Común, se llega a comprender como la Política Externa ejercida desde los Estados en la actualidad, determina la Política Interna de estos sobre sus respectivas comunidades.
Finalmente y como corolario de un conjunto de obras imprescindibles que caracterizan
la propuesta de Editorial Boca del Lobo, Mi Doctrina, de Adolf Hitler queda a
disposición de todos aquellos lectores imbuídos de la necesidad de profundizar en busca de la realidad, superando las barreras que verdades por definición parciales, han
intentado imponernos desde fines de la Segunda Guerra Mundial.
Atentamente
Mauricio Olivares Tobar
Ediotorial Boca Del Lobo
Junio del 2020

Adolf Hitler y su obra Mi Doctrina

Ediciones Boca del Lobo cumple con el deber de editar un libro que a nuestro criterio es tanto y más importante que “Mi Lucha” y por ello nos sentimos con la necesidad, el compromiso y por sobre todo el deber de realizar nuestra edición 2020 de MI DOCTRINA, traducida de la versión en francés, con el prólogo (el cual está incluido en esta publicación) uno de nuestros colaboradores directos, el reconocido antropólogo, politólogo, revisionista y Ex Oficial del ejército de Chile Mauricio Olivares Tobar. Esta obra fue diseñada acorde para su lectura, afirmamos es urgente en esta etapa de la historia.

Invitamos a nuestros lectores a recordar cuales son las bases fundamentales de la Doctrina Nacionalsocialista, la cual impulsó a una verdadera revolución, política, social, espiritual y económica, que identificó y expulsó de Alemania al Enemigo judío que hoy azota nuestras naciones.

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Historia de los Libros y Ediciones Boca del Lobo

Tablillas Sumerias de arcilla

Cómo nacieron los libros? Para saberlo, debemos remontarnos en torno al año 4000 a. C., por lo que, como podremos imaginar, vamos a empezar hablando de un objeto que dista mucho del concepto de libro que entendemos hoy día. De hecho, ninguna forma de escritura parece haber aparecido antes de este momento. Fueron los sumerios, el antiguo pueblo que vivía en la Mesopotamia meridional, quienes inventaron el primer sistema de escritura documentado: la escritura cuneiforme. Los símbolos se imprimían con una herramienta puntiaguda sobre una tablilla de arcilla que se secaba después. Las incisiones, con forma de cuñas, eran breves y estaban dispuestas en forma piramidal.

Papiros

Los primeros hallazgos datan de 2400 a. C. y son originarios de Egipto. El papiro se extrae de la médula de la homónima planta que crece a lo largo de las orillas del Nilo. La médula, extraída del tallo, se cortaba en tiras, se prensaba, se pegaba y se secaba. ¿El resultado? Una hoja en la que se podía escribir con un cálamo afilado, obtenido del tallo de una caña. Las hojas individuales se pegaban después en rollos que alcanzaban incluso los 16 metros de largo. El texto (escrito en la cara interior del rollo) estaba ordenado en columnas de varios centímetros de ancho.

Pergamino

En torno al siglo II a. C. surge un nuevo material para la escritura: el pergamino, una membrana obtenida de la piel de animales que se calcinaba, limpiaba y estiraba. Se obtenía así una superficie fina, muy pulida, resistente y elástica. Los pergaminos más refinados aún se consideran uno de los mejores soportes para la escritura —no es casualidad que se siguieran usando hasta el siglo XIV d. C—.

¿Cuáles son sus orígenes? Debemos mirar hacia Grecia. El nombre deriva de la ciudad de Pérgamo, lugar en el que se encontraba una de las bibliotecas más grandes del mundo, rival de la Biblioteca de Alejandría. Fue en la época en la que el papiro comenzó a escasear cuando los pergaminos se convirtieron en la alternativa perfecta.

En la antigua Roma y en Grecia empezaron a circular las tablillas de cera, mucho más prácticas que los materiales precedentes de escritura. Se trata de pequeños bloques de madera que se recubrían con capas y capas de cera e incisos con la punta de un punzón (de madera, de metal, de hueso o de marfil). Las tablillas podían rascarse y reutilizarse. Lo innovador era la forma: las tablillas (que recuerdan a las actuales tabletas) estaban unidas en un extremo mediante hilos de cuerda o de hierro. Estamos frente al antepasado de las carpetas de anillas y de los libros encuadernados.

DOMUX ROMANA

Hemos llegado a la mayor revolución en la historia del libro. Una revolución que, al igual que la que estamos viviendo ahora, suscitó reacciones diversas en los lectores. Los romanos los llamaban «códices», un nombre que deriva del latín «caudex» (corteza, tronco de árbol). Los códices tenían aspecto de libro como lo entendemos actualmente: estaban protegidos por una cubierta de madera (o de hojas de papiro o pergamino pegadas) y su interior incluía hojas de papiro escritas en ambos lados.

La gran revolución reside en la comodidad del formato: los códices eran de dimensiones reducidas, las páginas eran fáciles de hojear y los números de página y el índice facilitaban su consulta.

A pesar de esto, los paganos y el pueblo judío seguían muy apegados a la tradición del rollo y se mostraban muy desconfiados ante la novedad. Sin embargo, por otra parte estaba la comunidad cristiana, que acogió con entusiasmo la novedad descubierta, con los monjes que transcribían en los códices oraciones y textos sagrados. En la Edad Media, el cristianismo fue decisivo en la afirmación de los «nuevos libros», que se volvieron un importantísimo medio de transmisión de las obras literarias.

Manuscritos iluminados

Recordemos que ya en el año 105 d. C., en la lejana China, Cai Lun inventó el papel. Sin embargo, todavía hubo que esperar un poco de tiempo para ver el primer libro encuadernado con páginas de papel. En el período del 400-600 d. C. aparecieron los primeros manuscritos iluminados en hojas de pergamino. Estos valiosos libros estaban escritos a mano por los monjes, decorados con materiales preciosos, como plata u oro, coloreados con tintes brillantes y adornados con ilustraciones detalladas. Verdaderas obras de arte con un papel fundamental, ya que, si no hubiesen sido transcritas en códices iluminados, gran parte de la antigua literatura griega y romana no habría llegado hasta nosotros.

El primer Libro Impreso

El Sutra del Diamante

Una buena parte de la historia del libro coincide con la historia de la Imprenta, que comienza en el siglo VI d. C., cuando se inventó en China el primer proceso de impresión con bloques de madera. El bloque de madera, con caracteres esculpidos en relieve, se bañaba con tinta y se imprimía en la hoja a modo de sello. Uno de los primeros textos impresos con este sistema —o, al menos, uno de los más antiguos que han llegado hasta nosotros— es una copia del «Sutra del Diamante» que data de 868 d. C.: se trata de un rollo compuesto por seis hojas de papel de más de cinco metros de largo.

“El Sutra del Diamante” impreso en carácteres chinos el cual cuya traducción fue hecha por por un monje erudito indio llamado Kumarajiva,alrededor del año 400 y cuyo hallazgo arqueológico fue en el año 1907 por Aurel Stein (1862-1943), un arqueólogo húngaro-británico. Gracias a que en la época del 1900, un monje descubrió la entrada sellada de la cueva, en cuyo interior se habían conservado perfectamente los pergaminos de papel y seda gracias al aire seco del desierto.

Hemos llegado a otra etapa decisiva en la historia del libro y la más importante en la historia de la imprenta: la invención de los tipos móviles. Seguimos en China, pues fue aquí en 1041 donde el tipógrafo Bi Sheng inventó los tipos móviles de arcilla. En 1298, Wang Zhen perfeccionó el invento: sustituyó la arcilla por madera e inventó un sistema de mesas giratorias que mejoró la técnica de impresión. Quien más adelante perfeccionó y llevó este sistema a Europa fue el orfebre alemán Johannes Gutenberg. El primer libro impreso con la nueva máquina fue la «Biblia de Gutenberg»,que vio la luz el 23 de febrero de 1455 con una tirada de 180 copias. De estas, solo unas veinte han llegado hasta nosotros.

Biblia de Gutenberg

Aquí nos limitamos a apreciar las enormes consecuencias que esta invención trajo a la historia del libro: los plazos y los costes de producción se redujeron, las tiradas aumentaron sin medida, así como el número de personas que podía acceder a los libros y, por tanto, al conocimiento. A finales del siglo XV, la imprenta se había difundido a más de 200 países europeos,con una producción de más de 20 millones de libros.


“ La imprenta es un ejército de veintiséis soldados de plomo con el que se puede conquistar el mundo”
Johannes Gutenberg

Formato de Bolsillo

En 1501 nacieron los primeros libros de bolsillo de los clásicos en griego y en latín. Aldo Pio Manuziofue un editor, gramático y humanista italiano recordado por dos descubrimientos que no podían faltar en nuestra historia: inventó el formato de bolsillo —libros de formato pequeño y económico—e introdujo la cursiva, cuyas letras compactas ayudaban a ahorrar espacio. Gracias a estos descubrimientos, muchos más «caballeros» podían tener libros y, en caso necesario, meterlos en el bolsillo para leerlos cuando y donde prefirieran.

La labor de Ediciones Boca del Lobo

Tras miles de años de constantes cambios, vivimos una época donde el conocimiento adquirido para muchos ha perdido valor. Un tiempo donde lo rápido, lo pasajero y lo fácil se vuelven directrices que encaminan el pensamiento y actuar de hombres y mujeres.

Nuestro proyecto Editorial busca ser camino de continuidad tanto de aquel conocimiento antiguo que nos distancia de las bestias, como del sentido exclusivo que cada a no de nuestros libros hecho a mano, consigue realizar a ser fuente de conocimiento, como también de voluntad.

Buscamos representar las técnicas antiguas que volvian la creación de un libro expresión de magos-artesanos, con las herramientas manuales modernas.

Pero por sobre todo nuestra Editorial Boca del Lobo es una fuente de resistencia y de lucha contra la produccion en serie de una época que solo busca vulnerar contenidos.

Nuestro trabajo contrarresta la creación ciega, mediante el trabajo a conciencia.

Nuestro trabajo refleja un acto revolucionario contra un mundo de formas y luces artificiales que no impone posibilidades. Desde el principio no estuvimos de acuerdo con ello, por cuanto cada vez que la critica redundaba en las imposibilidades, nosotros superponiamos el deber hacerlo. Esperamos que todos nuestros lectores tengan la capacidad de reconocerlo.

La Editorial.

Editorial Artesanal v/s Tienda Virtual.

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Revisionista Artesanal e Independiente

Que debemos tomar en consideración al momento de tomar contacto con nuestra editorial artesanal?

Considerar que tenemos la posibilidad única de acceder a un ejemplar realizado particularmente para cada una de las personas que solicitan el material que distribuye ediciones Boca del Lobo, que significa esto, significa que al momento de reservar el título se fabrica artesanalmente de forma exclusiva. Sus hojas dimensionadas por unidad, impresión hoja por hoja, encuadernación en emblocado pegado y costura a mano, diseño e impresión de portada por unidad. Y finalmente envasado.

Surge la interrogante de el por que realizar textos de esta forma particular y que exista un organismo editorial desvinculado del sistema. Ediciones Boca del Lobo realiza este trabajo único en Chile en el cual los textos a editar son entregados íntegramente sin ningún tipo de filtro o agente externo que influya tanto en su edición, elaboración y entrega del mismo, potenciando así una acción independiente de las circunstancias derivadas del momento histórico en que nos encontramos actualmente tanto en nuestra ciudad, país, como a nivel mundial.

Solo de esta forma nuestro trabajo podrá seguir vigente mientras el presente nos permita llevarlo a cabo, con la satisfacción y certeza de que es uno de los mejores trabajos que se a llevado a cabo en nuestro país, consecuente , comprometido y responsable para aquellos que soliciten nuestros ejemplares artesanales.

Esta es una de las diferencias fundamentales que existen entre el trabajo de una Liberia, tienda virtual y nosotros como editorial artesanal e independiente.

Ediciones Boca del Lobo no realiza trabajos en serie con mano externa si no que íntegramente la obra es particularmente diseñada para ustedes. Considerando esta posibilidad que el valor de cada trabajo y tiempo que cada uno de ello es único y distinto para generar una diferencia de sentido entre lo que nos ofrece el sistema y lo que nosotros podemos realizar a través de nuestro esfuerzo y trabajo.

ALEMANIA DEBE PERECER: El libro más controvertido de la Segunda Guerra Mundial

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Articulos, Investigación y Exposición por Sac de Muñoz

Theodore N. kaupfman

En 1941, antes del ataque japonés a la base de Pearl Harbor, y por ende antes de la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, se publicó un libro titulado “Germany Must Perish” (Alemania Debe Perecer). Fue escrito por un empresario judeo-estadounidense de nombre Theodore N. Kaufman, quién plantea un programa de exterminio contra el pueblo alemán a través de la esterilización masiva. En su libro, Kaufman, compara a los alemanes con bestias salvajes que no merecen compasión, y según él, eliminándolos de la faz de la tierra se le haría un gran bien al mundo y se lograría la paz mundial. Ya que, según él, los alemanes eran causantes del mal y todos los conflictos bélicos de aquel entonces.

La actual guerra no es una guerra contra Adolf Hitler. Tampoco es una guerra contra los Nazis. […] Es una lucha entre la Nación alemana y la humanidad. Hitler no es más culpable por esta guerra alemana de lo que fue el Káiser por la última. Ni Bismarck antes que el Káiser. Estos hombres no originaron ni continuaron las campañas de guerras alemanas contra el mundo. Ellos fueron simplemente espejos reflejando siglos de antigua lujuria innata de la Nación Alemana por la conquista y el asesinato en masa. Esta guerra está siendo librada por el pueblo alemán. Son ellos los responsables. Son ellos a quienes debe hacerse pagar por ésta guerra. De otra forma, siempre habrá una guerra alemana contra el mundo”.

Kaufman desarrolla su tesis para el exterminio del pueblo alemán, y la justifica, basándose en un concepto que él denomina “El Alma de Guerra Alemana”, la cual otorgaba a la naturaleza del alemán, una maldad intrínseca que hacía de la guerra y la agresión constante contra sus “amorosos y civilizados” vecinos, una necesidad vital para la existencia de Alemania.

Para el empresario, esos rasgos se encontraban enquistados en lo más profundo del Alma de cada alemán, niño, niña, hombre y mujer, lo cual hacía prácticamente imposible que esa Nación conviviera en paz con el resto del mundo, llegando al grado de compararlos con bestias salvajes sedientas de sangre. Las siguientes imágenes son extractos de la edición de 1941 del libro. (Hemos traducido las partes más significativas)

Podemos remover a un tigre de su entorno natural, su madriguera en la jungla, y con mucha paciencia domesticarlo para que eventualmente responda a nuestras caricias, se alimente de nuestra mano y cumpla nuestras órdenes. Cuanto más consciente se vuelve en respuesta a éste condicionamiento externo, más equivocados estamos al creer que sus días de jungla han sido olvidados.

Este es un engaño fatal. Porque inevitablemente llegará el momento cuando el espíritu dentro del tigre lo impulse nuevamente al uso de sus colmillos y garras. En esa respuesta inexorable a esa irresistible fuerza del alma, el tigre vuelve una vez más a la tradición de la selva. Él se convierte, de nuevo, en un asesino. Y así es con la gente de Alemania. […] Ésta analogía de vincular a la gente de Alemania con una bestia salvaje no es una comparación vulgar. Yo no siento más odio personal por estas personas de lo que podría sentir por una manada de animales salvajes o un grupo de reptiles venenosos. Uno no odia a aquellos cuya alma no puede destilar calor espiritual; uno los compadece.

Por tales motivos, para Kaufman solamente había una solución para poner fin a las “constantes agresiones” de tales “bestias asesinas”, y lo podemos leer en el siguiente fragmento de su libro.

Sólo hay una forma de abolir la guerra: imponer una pena de tal magnitud y espantosas consecuencias sobre los pueblos agresores que haga prácticamente imposible para cualquier Nación iniciar una guerra. La guerra debe combatirse no con armas de destructividad cada vez mayor, sino con penas infinitamente más espantosas y peligrosas que la guerra misma.

Con este libro creo sinceramente que haber encontrado tal pena; y al imponerse sobre el pueblo de Alemania, creo que no sólo se eliminará un gran tormento, sino que se le hará un gran bien al mundo.

Previendo que alguien pueda decir que el libro de Kaufman puede estar sacado de contexto, he colocado el siguiente extracto del libro donde se demuestra que para el autor, estaba muy claro la pena que debía ser impuesta sobre la población alemana con las siguientes palabras:

Esta vez Alemania ha forzado una GUERRA TOTAL sobre el mundo. Como resultado, debe estar preparada para pagar una PENA TOTAL. Y hay una, y solamente una, tal Pena Total: ¡Alemania debe perecer para siempre! ¡En realidad, no en suposición!

IMPACTO DEL LIBRO EN ALEMANIA Y ESTADOS UNIDOS

Obviamente, un libro con semejante propuesta, por más que Kaufman no fuera un escritor famoso, debía provocar un gran impacto en la sociedad. En Estados Unidos así como en Alemania, el impacto fue notablemente negativo, pero muy espectacular. Mientras la prensa estadounidense, sobre todo la dirigida por empresarios de origen judío, se encargaba de elogiar el libro, en Alemania, por su parte el doctor Goebbels, ministro de propaganda del III Reich, se encargó de darle gran difusión al llamado “Plan Kaufman”, y de hecho tenía la idea de publicar la traducción integra al alemán, pero no lo hizo por temor a las leyes de Derechos de Autor.

Este hecho es mencionado por fuentes de los Aliados, lo cual resulta muy curioso, puesto que nos hace pensar cómo es que un hombre, pintado —por los pseudo-documentales, la literatura barata de la II Guerra Mundial y las películas de Hollywood— como un maligno personaje, que participó en asesinatos en masa sin temor a dios ni a las leyes humanas contra millones de inocentes, le tenía miedo a las leyes de Derechos de Autor. En estas cosas no se paran a pensar aquellos que repiten como autómatas las historias pre-digeridas de History Channel. Goebbels tuvo que conformarse con publicar partes del libro en un panfleto presentado como “Das Kriegsziel der Weltplutokratie” (Los objetivos de la Plutocracia Mundial).

El cual tenía la siguiente portada y en su interior se podían verse también algunos extractos del libro de Kaufman.

Pero sería descabellado pensar que la publicación del libro en pleno desarrollo de la Segunda Guerra Mundial no causaría tal reacción en la Alemania Nacionalsocialista, ya que, sin temor a exagerar, fue una provocación que causó daño tanto a los alemanes como a los judíos en Europa. En la portada, Kaufman agregó la frase: “El Libro al que Hitler le Teme”. Pero para echarle más leña a la hoguera, importantes medios de comunicación cometieron la irresponsabilidad de publicar alabanzas al libro y calificando su propuesta de genocidio como una “¡sensacional idea! (sic)”.

Los comentarios aparecieron impresos en la contraportada del libro, en la imagen siguiente podemos diferentes titulares en importantes medios de comunicación de Estados Unidos como: “¡UNA SENSACIONAL IDEA!” del Times Magazine; “UNA PROVOCATIVA TEORÍA INTERESANTEMENTE PRESENTADA” del Washington Post; “UN PLAN PARA LA PAZ PERMANENTE ENTRE LAS NACIONES CIVILIZADAS” del ultra sionista diario The New York Times; y el Philadelphia Records comentó que “FRANCAMENTE PRESENTA EL TEMIBLE TRASFONDO DEL ALMA NAZI”

Julius Streicher, editor del diario alemán Der Stürmer publicó un artículo donde mencionó que el libro de Kaufman era: «El insano pensamiento del cerebro de un judío demente»

Junto con Streicher, Joseph Goebbels advirtió al pueblo alemán sobre el plan de esterilización masiva propuesto por Kaufman en una transmisión de radio. Acción que fue criticada por los voceros de las potencias vencedoras como “un acto irresponsable de propaganda por parte del III Reich” que endureció la defensa civil del país durante la invasión, y que “terminó causando más muertes de las que debía”, es decir, culparon a las autoridades alemanas de advertir a su población. Habría que preguntarles: Si en pleno conflicto político con Irán, un escritor iraní publicará un libro titulado “¡Estados Unidos Debe Perecer!” o “¡Israel Debe Perecer!” y los principales diarios de la nación persa lo calificaran como “¡Una Sensacional Idea!” ¿Cómo reaccionaría el Presidente, Donald Trump, de Estados Unidos y Benjamin Netanyahu, Primer Ministro de Israel? No creo que las agencias de noticias estadounidenses e israelíes, acostumbradas a desgarrarse las vestiduras por armas de destrucción masiva falsas, se quedarían tan tranquilos como pretendían que se quedaran las autoridades del III Reich…

Aunque, de hecho, el pueblo de Irán no ha escrito nada similar, pero los estadounidenses e israelíes sí que lo han hecho contra pueblos como el ruso, a quienes de “bárbaros mongoles descendientes del malvado y cruel conquistador Genghis Khan” y “comunistas enemigos de la libertad y la democracia” no bajan; o como con nosotros, los mexicanos, que según el actual Primer Ministro de Israel,  para Estados Unidos somos “el equivalente a lo que son los palestinos para los israelíes”, y tomando en cuenta que para los sionistas el Pueblo de Palestina es, según sus propias palabras, una plaga que debería cometer suicidio colectivo, ¿Qué cabe esperar entonces de esta gente?

También: El Verdadero Rostro de los que Mandan

En el caso de Israel no debemos preguntarnos cómo reaccionarían, solamente debemos recordar el caso del canadiense Roy Arthur Topham que publicó una sátira del libro de Kaufman con el título de “¡Israel Must Perish!”, en el que Topham dejó íntegro el texto escrito por Kaufman, lo único que hizo fue reemplazar las palabras “alemán” por “judío”, “Alemania” por “Israel” y “Germanismo” por “Sionismo”, el resultado no le pareció nada simpático a la poderosa Liga Anti Difamación, que ordenó el encarcelamiento de Topham en Canadá y fue acusado de antisemitismo (delito de odio), algo absurdo pues él señor está felizmente casado con una mujer de origen judío. Como lo hemos dicho antes, para la justicia todos somos iguales, pero unos son más iguales que otros.

Las críticas contra el infame y enfermizo manifiesto anti-germánico no sólo provinieron de parte de las autoridades del III Reich, sino que también de algunos estadounidenses, por ejemplo de el periodista Howard K. Smith, que se encontraba en Alemania y cuando se publicó el libro, él escribió que:

Ningún hombre ha cometido un acto tan irresponsable a la causa por la que su Nación está luchando y sufriendo como Nathan Kaufman. Su panfleto a medio hornear proporcionó a los Nazis una de las mejores piezas de artillería ligera que tienen, ya que, utilizada como la usaron los Nazis, sirvió para reforzar ese terror que obliga a los alemanes que no apoyan a los Nazis, a tener que luchar y morir para que el Nazismo se mantenga vivo

Como mencioné, el panfleto a medio hornear, como lo llama Howard Smith, provocó reacciones violentas contra la comunidad judía en Alemania, un ejemplo de esto fue cuando el 8 de septiembre de 1941 fueron desalojados los judíos de Hannover, y las autoridades locales mencionaron que una de las razones había sido el libro de Kaufman.

A pesar de las críticas por parte de alemanes y estadounidenses, Kaufman siguió su doble juego y respondió altaneramente que:

Este es sólo un endeble pretexto para otra de las crueldades innatas del pueblo alemán… No creo que haya sido mi libro el que provocó esta barbarie. Emplearon todas las posibles crueldades alemanas contra los judíos mucho antes de que se publicara mi libro.

LA TURBULENTA VIDA DE THEODOR N. KAUFMAN

Sobre el autor no se sabe mucho, y lo poco que podemos saber lo describen como un hombre “problemático, delincuente y racista” no sólo contra los alemanes, sino contra el mismo país donde él nació, Estados Unidos.

Se sabe que era hijo de Anton Kaufman, un alemán de origen judío que fue reportero para el diario berlinés Morgen-Zeitung, cuando emigró a Estados Unidos se convirtió en el editor de Detroit Daily Chronicle en 1914, y cuando esa editorial quebró, se mudó a Newark, Nueva Jersey en 1921 y se convirtió en el editor de Newark Jewish Chronicle. Anton Kaufman y su hijo Theodor fueron arrestados por robo de patente en 1934, habían robado a Sandor Alexander Balint de Budapest, la fórmula de un proceso para acelerar el envejecimiento del vino.

Sobre el tema: Los Kaufman son detenidos por robo de patente

A causa de los problemas en la economía mundial que acarreó la Segunda Guerra Mundial, el padre de Kaufman se vio en dificultades económicas por la falta de ingresos publicitarios, esto lo obligó a vender su propia tumba y se suicidó el 1 de enero de 1943 arrojándose por la ventana del octavo piso del Robert Treat Hotel. En esta antigua foto se puede ver a Anton Kaufman fotografiado con su esposa e hijos.

Theodore N. Kaufman nació el 22 de febrero de 1910 en Manhattan, Nueva York, se sabe que en Alemania se le conoció como Theodore “Nathan” Kaufmann, pero en realidad su nombre era Theodore Newman Kaufman, apellido de su madre Fannie Newman. Se convirtió en empresario propietario de una pequeña agencia de publicidad y agencia de boletos en South Orange, Nueva Jersey, ciudad donde también fundó la Argyle Press para publicar sus folletos políticos.

Antes de publicar su más famoso libro “¡Alemania debe Perecer!”,Kaufman hizo otras publicaciones donde parecía demostrar que tenía cierta fijación por la esterilización con fines de genocidio, ya que en 1939, como flamante Presidente de la Federación Estadounidense de la Paz, publicó un panfleto dirigido al Congreso en el que argumentaba que los estadounidenses deberían ser esterilizados para que sus hijos ya no tuvieran que pelear en guerras extranjeras. Dos años después, 1941, escribió y publicó su panfleto contra Alemania.

Antes del suicidio de su padre, también ya era un personaje muy conocido el Padre Charles Edward Coughlin. Sacerdote católico canadiense que se convirtió en un peligro por sus ideas políticas, porque empezó a utilizar la radio como recurso y llegó a una audiencia masiva de 40 millones de escuchas en 1930.

El Padre Coughlin, llegó a manifestar cierta simpatía hacia Mussolini y Hitler, denunciaba la existencia de grandes grupos bancarios y empresariales en los Estados Unidos y los culpaba de las malas condiciones laborales, por esa razón lo acusaron de antisemita. Para 1936, Coughlin exigió al gobierno tomar acción contra la banca y el capitalismo denunciando que eran elementos de un “dominio judaico” sobre la nación y acusó a Roosevelt de estar llevando a los Estados Unidos hacia el “infierno del comunismo”. Quizás el comentario más resonado del Padre fue cuando dijo que Wall Street y el comunismo eran dos rostros del demonio.

En la primera página de la edición del viernes 20 de marzo de 1942 del Jewish Chronicle, Anton Kaufman publicó una crítica contra al padre Coughlin llamándole fanático mientras que al mismo tiempo, ofreció a los suscriptores de su periódico una copia gratuita del libro de su hijo, es decir, ofrecía gratis un libro donde se sugería que los alemanes debían ser esterilizados sistemáticamente como un método para eliminarlos, pero el fanático era el padre Coughlin. La imagen siguiente fue el anuncio del libro gratis de su hijo.

¡Deja que tu chico vea por qué está luchando! Él debería conocer el alma nazi. Mándale el libro ¡Alemania Debe Perecer! A la venta en las Naciones más importantes. Quioscos y estaciones de ferrocarril. Edición de bolsillo 25 centavos.

Un año después el padre de Theodor Kaufman, en extrañas circunstancias, se lanzaba de una en el octavo piso de su hotel para quitarse la vida.

DECLARACIONES QUE DEMUESTRAN EL PENSAMIENTO KAUFMAN 

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propaganda sobre Germany Musto Perish

Artículos, Investigación y Exposición, 18 de Agosto del 2019

NOTA: Siguiendo la misma linea que marcamos en el artículo Réplica a Angelo Attanasio y la BBC: ¡EL PLAN KALERGI SÍ EXISTE!, en el cual colocamos fotos del libro original Praktischer Idealismus de Kalergi con el objetivo de no ser acusados falsamente de “Tergiversar la Historia”, haremos lo mismo en el presente, además, colocaremos un enlace de descarga de la obra tratada para aquellos interesados en comprobar la veracidad de las citas por sí mismos.Theodor Newman Kaufman

En 1941, antes del ataque japonés a la base de Pearl Harbor, y por ende antes de la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, se publicó un libro titulado “Germany Must Perish” (Alemania Debe Perecer). Fue escrito por un empresario judeo-estadounidense de nombre Theodore N. Kaufman, quién plantea un programa de exterminio contra el pueblo alemán a través de la esterilización masiva. En su libro, Kaufman, compara a los alemanes con bestias salvajes que no merecen compasión, y según él, eliminándolos de la faz de la tierra se le haría un gran bien al mundo y se lograría la paz mundial. Ya que, según él, los alemanes eran causantes del mal y todos los conflictos bélicos de aquel entonces.

La actual guerra no es una guerra contra Adolf Hitler. Tampoco es una guerra contra los Nazis. […] Es una lucha entre la Nación alemana y la humanidad. Hitler no es más culpable por esta guerra alemana de lo que fue el Káiser por la última. Ni Bismarck antes que el Káiser. Estos hombres no originaron ni continuaron las campañas de guerras alemanas contra el mundo. Ellos fueron simplemente espejos reflejando siglos de antigua lujuria innata de la Nación Alemana por la conquista y el asesinato en masa. Esta guerra está siendo librada por el pueblo alemán. Son ellos los responsables. Son ellos a quienes debe hacerse pagar por ésta guerra. De otra forma, siempre habrá una guerra alemana contra el mundo.

Kaufman desarrolla su tesis para el exterminio del pueblo alemán, y la justifica, basándose en un concepto que él denomina “El Alma de Guerra Alemana”, la cual otorgaba a la naturaleza del alemán, una maldad intrínseca que hacía de la guerra y la agresión constante contra sus “amorosos y civilizados” vecinos, una necesidad vital para la existencia de Alemania.

Para el empresario, esos rasgos se encontraban enquistados en lo más profundo del Alma de cada alemán, niño, niña, hombre y mujer, lo cual hacía prácticamente imposible que esa Nación conviviera en paz con el resto del mundo, llegando al grado de compararlos con bestias salvajes sedientas de sangre. Las siguientes imágenes son extractos de la edición de 1941 del libro. (Hemos traducido las partes más significativas)

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Screen shot 2019-08-14 at 12.09.53 PM

Podemos remover a un tigre de su entorno natural, su madriguera en la jungla, y con mucha paciencia domesticarlo para que eventualmente responda a nuestras caricias, se alimente de nuestra mano y cumpla nuestras órdenes. Cuanto más consciente se vuelve en respuesta a éste condicionamiento externo, más equivocados estamos al creer que sus días de jungla han sido olvidados.

Este es un engaño fatal. Porque inevitablemente llegará el momento cuando el espíritu dentro del tigre lo impulse nuevamente al uso de sus colmillos y garras. En esa respuesta inexorable a esa irresistible fuerza del alma, el tigre vuelve una vez más a la tradición de la selva. Él se convierte, de nuevo, en un asesino. Y así es con la gente de Alemania. […] Ésta analogía de vincular a la gente de Alemania con una bestia salvaje no es una comparación vulgar. Yo no siento más odio personal por estas personas de lo que podría sentir por una manada de animales salvajes o un grupo de reptiles venenosos. Uno no odia a aquellos cuya alma no puede destilar calor espiritual; uno los compadece.

Por tales motivos, para Kaufman solamente había una solución para poner fin a las “constantes agresiones” de tales “bestias asesinas”, y lo podemos leer en el siguiente fragmento de su libro.

Screen shot 2019-08-06 at 1.44.51 PM

Sólo hay una forma de abolir la guerra: imponer una pena de tal magnitud y espantosas consecuencias sobre los pueblos agresores que haga prácticamente imposible para cualquier Nación iniciar una guerra. La guerra debe combatirse no con armas de destructividad cada vez mayor, sino con penas infinitamente más espantosas y peligrosas que la guerra misma.

Screen shot 2019-08-06 at 1.50.32 PM

Con este libro creo sinceramente que haber encontrado tal pena; y al imponerse sobre el pueblo de Alemania, creo que no sólo se eliminará un gran tormento, sino que se le hará un gran bien al mundo.

Previendo que alguien pueda decir que el libro de Kaufman puede estar sacado de contexto, he colocado el siguiente extracto del libro donde se demuestra que para el autor, estaba muy claro la pena que debía ser impuesta sobre la población alemana con las siguientes palabras:

Screen shot 2019-08-14 at 11.05.14 AM

Esta vez Alemania ha forzado una GUERRA TOTAL sobre el mundo. Como resultado, debe estar preparada para pagar una PENA TOTAL. Y hay una, y solamente una, tal Pena Total: ¡Alemania debe perecer para siempre! ¡En realidad, no en suposición!

IMPACTO DEL LIBRO EN ALEMANIA Y ESTADOS UNIDOS

Obviamente, un libro con semejante propuesta, por más que Kaufman no fuera un escritor famoso, debía provocar un gran impacto en la sociedad. En Estados Unidos así como en Alemania, el impacto fue notablemente negativo, pero muy espectacular. Mientras la prensa estadounidense, sobre todo la dirigida por empresarios de origen judío, se encargaba de elogiar el libro, en Alemania, por su parte el doctor Goebbels, ministro de propaganda del III Reich, se encargó de darle gran difusión al llamado “Plan Kaufman”, y de hecho tenía la idea de publicar la traducción integra al alemán, pero no lo hizo por temor a las leyes de Derechos de Autor.

Este hecho es mencionado por fuentes de los Aliados, lo cual resulta muy curioso, puesto que nos hace pensar cómo es que un hombre, pintado —por los pseudo-documentales, la literatura barata de la II Guerra Mundial y las películas de Hollywood— como un maligno personaje, que participó en asesinatos en masa sin temor a dios ni a las leyes humanas contra millones de inocentes, le tenía miedo a las leyes de Derechos de Autor. En estas cosas no se paran a pensar aquellos que repiten como autómatas las historias pre-digeridas de History Channel. Goebbels tuvo que conformarse con publicar partes del libro en un panfleto presentado como “Das Kriegsziel der Weltplutokratie” (Los objetivos de la Plutocracia Mundial).

El cual tenía la siguiente portada y en su interior se podían verse también algunos extractos del libro de Kaufman.

PJM_2045_02
Das Kriegsziel der Weltplutokratie

Pero sería descabellado pensar que la publicación del libro en pleno desarrollo de la Segunda Guerra Mundial no causaría tal reacción en la Alemania Nacionalsocialista, ya que, sin temor a exagerar, fue una provocación que causó daño tanto a los alemanes como a los judíos en Europa. En la portada, Kaufman agregó la frase: “El Libro al que Hitler le Teme”. Pero para echarle más leña a la hoguera, importantes medios de comunicación cometieron la irresponsabilidad de publicar alabanzas al libro y calificando su propuesta de genocidio como una “¡sensacional idea! (sic)”.

Los comentarios aparecieron impresos en la contraportada del libro, en la imagen siguiente podemos diferentes titulares en importantes medios de comunicación de Estados Unidos como: “¡UNA SENSACIONAL IDEA!” del Times Magazine; “UNA PROVOCATIVA TEORÍA INTERESANTEMENTE PRESENTADA” del Washington Post; “UN PLAN PARA LA PAZ PERMANENTE ENTRE LAS NACIONES CIVILIZADAS” del ultra sionista diario The New York Times; y el Philadelphia Records comentó que “FRANCAMENTE PRESENTA EL TEMIBLE TRASFONDO DEL ALMA NAZI”

germany-must-perish

Julius Streicher

Julius Streicher, editor del diario alemán Der Stürmer publicó un artículo donde mencionó que el libro de Kaufman era: «El insano pensamiento del cerebro de un judío demente»

Junto con Streicher, Joseph Goebbels advirtió al pueblo alemán sobre el plan de esterilización masiva propuesto por Kaufman en una transmisión de radio. Acción que fue criticada por los voceros de las potencias vencedoras como “un acto irresponsable de propaganda por parte del III Reich” que endureció la defensa civil del país durante la invasión, y que “terminó causando más muertes de las que debía”, es decir, culparon a las autoridades alemanas de advertir a su población. Habría que preguntarles: Si en pleno conflicto político con Irán, un escritor iraní publicará un libro titulado “¡Estados Unidos Debe Perecer!” o “¡Israel Debe Perecer!” y los principales diarios de la nación persa lo calificaran como “¡Una Sensacional Idea!” ¿Cómo reaccionaría el Presidente, Donald Trump, de Estados Unidos y Benjamin Netanyahu, Primer Ministro de Israel? No creo que las agencias de noticias estadounidenses e israelíes, acostumbradas a desgarrarse las vestiduras por armas de destrucción masiva falsas, se quedarían tan tranquilos como pretendían que se quedaran las autoridades del III Reich…

Aunque, de hecho, el pueblo de Irán no ha escrito nada similar, pero los estadounidenses e israelíes sí que lo han hecho contra pueblos como el ruso, a quienes de “bárbaros mongoles descendientes del malvado y cruel conquistador Genghis Khan” y “comunistas enemigos de la libertad y la democracia” no bajan; o como con nosotros, los mexicanos, que según el actual Primer Ministro de Israel,  para Estados Unidos somos “el equivalente a lo que son los palestinos para los israelíes”, y tomando en cuenta que para los sionistas el Pueblo de Palestina es, según sus propias palabras, una plaga que debería cometer suicidio colectivo, ¿Qué cabe esperar entonces de esta gente?

También: El Verdadero Rostro de los que Mandan

Palestina 2

En el caso de Israel no debemos preguntarnos cómo reaccionarían, solamente debemos recordar el caso del canadiense Roy Arthur Topham que publicó una sátira del libro de Kaufman con el título de “¡Israel Must Perish!”, en el que Topham dejó íntegro el texto escrito por Kaufman, lo único que hizo fue reemplazar las palabras “alemán” por “judío”, “Alemania” por “Israel” y “Germanismo” por “Sionismo”, el resultado no le pareció nada simpático a la poderosa Liga Anti Difamación, que ordenó el encarcelamiento de Topham en Canadá y fue acusado de antisemitismo (delito de odio), algo absurdo pues él señor está felizmente casado con una mujer de origen judío. Como lo hemos dicho antes, para la justicia todos somos iguales, pero unos son más iguales que otros.

Las críticas contra el infame y enfermizo manifiesto anti-germánico no sólo provinieron de parte de las autoridades del III Reich, sino que también de algunos estadounidenses, por ejemplo de el periodista Howard K. Smith, que se encontraba en Alemania y cuando se publicó el libro, él escribió que:

Ningún hombre ha cometido un acto tan irresponsable a la causa por la que su Nación está luchando y sufriendo como Nathan Kaufman. Su panfleto a medio hornear proporcionó a los Nazis una de las mejores piezas de artillería ligera que tienen, ya que, utilizada como la usaron los Nazis, sirvió para reforzar ese terror que obliga a los alemanes que no apoyan a los Nazis, a tener que luchar y morir para que el Nazismo se mantenga vivo

Como mencioné, el panfleto a medio hornear, como lo llama Howard Smith, provocó reacciones violentas contra la comunidad judía en Alemania, un ejemplo de esto fue cuando el 8 de septiembre de 1941 fueron desalojados los judíos de Hannover, y las autoridades locales mencionaron que una de las razones había sido el libro de Kaufman.

A pesar de las críticas por parte de alemanes y estadounidenses, Kaufman siguió su doble juego y respondió altaneramente que:

Este es sólo un endeble pretexto para otra de las crueldades innatas del pueblo alemán… No creo que haya sido mi libro el que provocó esta barbarie. Emplearon todas las posibles crueldades alemanas contra los judíos mucho antes de que se publicara mi libro.

LA TURBULENTA VIDA DE THEODOR N. KAUFMAN

Sobre el autor no se sabe mucho, y lo poco que podemos saber lo describen como un hombre “problemático, delincuente y racista” no sólo contra los alemanes, sino contra el mismo país donde él nació, Estados Unidos.

Se sabe que era hijo de Anton Kaufman, un alemán de origen judío que fue reportero para el diario berlinés Morgen-Zeitung, cuando emigró a Estados Unidos se convirtió en el editor de Detroit Daily Chronicle en 1914, y cuando esa editorial quebró, se mudó a Newark, Nueva Jersey en 1921 y se convirtió en el editor de Newark Jewish Chronicle. Anton Kaufman y su hijo Theodor fueron arrestados por robo de patente en 1934, habían robado a Sandor Alexander Balint de Budapest, la fórmula de un proceso para acelerar el envejecimiento del vino.

Sobre el tema: Los Kaufman son detenidos por robo de patente

A causa de los problemas en la economía mundial que acarreó la Segunda Guerra Mundial, el padre de Kaufman se vio en dificultades económicas por la falta de ingresos publicitarios, esto lo obligó a vender su propia tumba y se suicidó el 1 de enero de 1943 arrojándose por la ventana del octavo piso del Robert Treat Hotel. En esta antigua foto se puede ver a Anton Kaufman fotografiado con su esposa e hijos.

kaufman de niño

Theodore N. Kaufman nació el 22 de febrero de 1910 en Manhattan, Nueva York, se sabe que en Alemania se le conoció como Theodore “Nathan” Kaufmann, pero en realidad su nombre era Theodore Newman Kaufman, apellido de su madre Fannie Newman. Se convirtió en empresario propietario de una pequeña agencia de publicidad y agencia de boletos en South Orange, Nueva Jersey, ciudad donde también fundó la Argyle Press para publicar sus folletos políticos.

Antes de publicar su más famoso libro “¡Alemania debe Perecer!”,Kaufman hizo otras publicaciones donde parecía demostrar que tenía cierta fijación por la esterilización con fines de genocidio, ya que en 1939, como flamante Presidente de la Federación Estadounidense de la Paz, publicó un panfleto dirigido al Congreso en el que argumentaba que los estadounidenses deberían ser esterilizados para que sus hijos ya no tuvieran que pelear en guerras extranjeras. Dos años después, 1941, escribió y publicó su panfleto contra Alemania.

Antes del suicidio de su padre, también ya era un personaje muy conocido el Padre Charles Edward Coughlin. Sacerdote católico canadiense que se convirtió en un peligro por sus ideas políticas, porque empezó a utilizar la radio como recurso y llegó a una audiencia masiva de 40 millones de escuchas en 1930.

El Padre Coughlin, llegó a manifestar cierta simpatía hacia Mussolini y Hitler, denunciaba la existencia de grandes grupos bancarios y empresariales en los Estados Unidos y los culpaba de las malas condiciones laborales, por esa razón lo acusaron de antisemita. Para 1936, Coughlin exigió al gobierno tomar acción contra la banca y el capitalismo denunciando que eran elementos de un “dominio judaico” sobre la nación y acusó a Roosevelt de estar llevando a los Estados Unidos hacia el “infierno del comunismo”. Quizás el comentario más resonado del Padre fue cuando dijo que Wall Street y el comunismo eran dos rostros del demonio.

En la primera página de la edición del viernes 20 de marzo de 1942 del Jewish Chronicle, Anton Kaufman publicó una crítica contra al padre Coughlin llamándole fanático mientras que al mismo tiempo, ofreció a los suscriptores de su periódico una copia gratuita del libro de su hijo, es decir, ofrecía gratis un libro donde se sugería que los alemanes debían ser esterilizados sistemáticamente como un método para eliminarlos, pero el fanático era el padre Coughlin. La imagen siguiente fue el anuncio del libro gratis de su hijo.¡Deja que tu chico vea por qué está luchando! Él debería conocer el alma nazi. Mándale el libro ¡Alemania Debe Perecer! A la venta en las Naciones más importantes. Quioscos y estaciones de ferrocarril. Edición de bolsillo 25 centavos.

Un año después el padre de Theodor Kaufman, en extrañas circunstancias, se lanzaba de una en el octavo piso de su hotel para quitarse la vida.

DECLARACIONES QUE DEMUESTRAN EL PENSAMIENTO KAUFMAN 

Germany Must Perish se publicó el 1 de marzo de 1941 y para el 15 de septiembre Kaufman apareció en la portada del Cumberland Evening Times (MD), donde hizo la siguiente declaración:

Creo que los judíos tienen una misión en la vida. Deben asegurarse de que las naciones del mundo se unan en una gran federación. ‘Union Now’ es el comienzo de esto. Lento pero seguro, el mundo se convertirá en un paraíso. Tendremos paz perpetua. Y los judíos harán todo lo posible para lograr esta confederación, porque tienen mucho que ganar.

Pero ¿cómo se puede lograr la paz si Alemania existe? La única manera de ganar una paz eterna es hacer el castigo de librar una guerra más horrible que la guerra misma. Los seres humanos son penalizados por asesinato, ¿no? Bueno, Alemania comienza todas las guerras de magnitud. ¡Esterilicemos a todos los alemanes y las guerras de dominación mundial llegarán a su fin!

En esas declaraciones de Kaufman se escondía el verdadero objetivo que él designaba para toda la humanidad, la creación de una Confederación Mundial de Naciones que podemos ver descrita en la página 17 de su libro donde podemos leer lo siguiente:

Screen shot 2019-08-15 at 8.42.19 AM

Y también, mientras la guerra persista nunca llegará a existir esa paz mundial de la cual, algún día, nacerá una Confederación Mundial de Naciones. Porque es ésta tal confederación el objetivo fundamental de la raza humana.

Fecha: agosto 18, 2019Autor/a: Samuel Cruz6 Comentarios

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propaganda sobre Germany Musto Perish

Artículos, Investigación y Exposición, 18 de Agosto del 2019

NOTA: Siguiendo la misma linea que marcamos en el artículo Réplica a Angelo Attanasio y la BBC: ¡EL PLAN KALERGI SÍ EXISTE!, en el cual colocamos fotos del libro original Praktischer Idealismus de Kalergi con el objetivo de no ser acusados falsamente de “Tergiversar la Historia”, haremos lo mismo en el presente, además, colocaremos un enlace de descarga de la obra tratada para aquellos interesados en comprobar la veracidad de las citas por sí mismos.Theodor Newman Kaufman

En 1941, antes del ataque japonés a la base de Pearl Harbor, y por ende antes de la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, se publicó un libro titulado “Germany Must Perish” (Alemania Debe Perecer). Fue escrito por un empresario judeo-estadounidense de nombre Theodore N. Kaufman, quién plantea un programa de exterminio contra el pueblo alemán a través de la esterilización masiva. En su libro, Kaufman, compara a los alemanes con bestias salvajes que no merecen compasión, y según él, eliminándolos de la faz de la tierra se le haría un gran bien al mundo y se lograría la paz mundial. Ya que, según él, los alemanes eran causantes del mal y todos los conflictos bélicos de aquel entonces.

La actual guerra no es una guerra contra Adolf Hitler. Tampoco es una guerra contra los Nazis. […] Es una lucha entre la Nación alemana y la humanidad. Hitler no es más culpable por esta guerra alemana de lo que fue el Káiser por la última. Ni Bismarck antes que el Káiser. Estos hombres no originaron ni continuaron las campañas de guerras alemanas contra el mundo. Ellos fueron simplemente espejos reflejando siglos de antigua lujuria innata de la Nación Alemana por la conquista y el asesinato en masa. Esta guerra está siendo librada por el pueblo alemán. Son ellos los responsables. Son ellos a quienes debe hacerse pagar por ésta guerra. De otra forma, siempre habrá una guerra alemana contra el mundo.

Kaufman desarrolla su tesis para el exterminio del pueblo alemán, y la justifica, basándose en un concepto que él denomina “El Alma de Guerra Alemana”, la cual otorgaba a la naturaleza del alemán, una maldad intrínseca que hacía de la guerra y la agresión constante contra sus “amorosos y civilizados” vecinos, una necesidad vital para la existencia de Alemania.

Para el empresario, esos rasgos se encontraban enquistados en lo más profundo del Alma de cada alemán, niño, niña, hombre y mujer, lo cual hacía prácticamente imposible que esa Nación conviviera en paz con el resto del mundo, llegando al grado de compararlos con bestias salvajes sedientas de sangre. Las siguientes imágenes son extractos de la edición de 1941 del libro. (Hemos traducido las partes más significativas)

Screen shot 2019-08-14 at 12.08.38 PM
Screen shot 2019-08-14 at 12.09.15 PM
Screen shot 2019-08-14 at 12.09.53 PM

Podemos remover a un tigre de su entorno natural, su madriguera en la jungla, y con mucha paciencia domesticarlo para que eventualmente responda a nuestras caricias, se alimente de nuestra mano y cumpla nuestras órdenes. Cuanto más consciente se vuelve en respuesta a éste condicionamiento externo, más equivocados estamos al creer que sus días de jungla han sido olvidados.

Este es un engaño fatal. Porque inevitablemente llegará el momento cuando el espíritu dentro del tigre lo impulse nuevamente al uso de sus colmillos y garras. En esa respuesta inexorable a esa irresistible fuerza del alma, el tigre vuelve una vez más a la tradición de la selva. Él se convierte, de nuevo, en un asesino. Y así es con la gente de Alemania. […] Ésta analogía de vincular a la gente de Alemania con una bestia salvaje no es una comparación vulgar. Yo no siento más odio personal por estas personas de lo que podría sentir por una manada de animales salvajes o un grupo de reptiles venenosos. Uno no odia a aquellos cuya alma no puede destilar calor espiritual; uno los compadece.

Por tales motivos, para Kaufman solamente había una solución para poner fin a las “constantes agresiones” de tales “bestias asesinas”, y lo podemos leer en el siguiente fragmento de su libro.

Screen shot 2019-08-06 at 1.44.51 PM

Sólo hay una forma de abolir la guerra: imponer una pena de tal magnitud y espantosas consecuencias sobre los pueblos agresores que haga prácticamente imposible para cualquier Nación iniciar una guerra. La guerra debe combatirse no con armas de destructividad cada vez mayor, sino con penas infinitamente más espantosas y peligrosas que la guerra misma.

Screen shot 2019-08-06 at 1.50.32 PM

Con este libro creo sinceramente que haber encontrado tal pena; y al imponerse sobre el pueblo de Alemania, creo que no sólo se eliminará un gran tormento, sino que se le hará un gran bien al mundo.

Previendo que alguien pueda decir que el libro de Kaufman puede estar sacado de contexto, he colocado el siguiente extracto del libro donde se demuestra que para el autor, estaba muy claro la pena que debía ser impuesta sobre la población alemana con las siguientes palabras:

Screen shot 2019-08-14 at 11.05.14 AM

Esta vez Alemania ha forzado una GUERRA TOTAL sobre el mundo. Como resultado, debe estar preparada para pagar una PENA TOTAL. Y hay una, y solamente una, tal Pena Total: ¡Alemania debe perecer para siempre! ¡En realidad, no en suposición!

IMPACTO DEL LIBRO EN ALEMANIA Y ESTADOS UNIDOS

Obviamente, un libro con semejante propuesta, por más que Kaufman no fuera un escritor famoso, debía provocar un gran impacto en la sociedad. En Estados Unidos así como en Alemania, el impacto fue notablemente negativo, pero muy espectacular. Mientras la prensa estadounidense, sobre todo la dirigida por empresarios de origen judío, se encargaba de elogiar el libro, en Alemania, por su parte el doctor Goebbels, ministro de propaganda del III Reich, se encargó de darle gran difusión al llamado “Plan Kaufman”, y de hecho tenía la idea de publicar la traducción integra al alemán, pero no lo hizo por temor a las leyes de Derechos de Autor.

Este hecho es mencionado por fuentes de los Aliados, lo cual resulta muy curioso, puesto que nos hace pensar cómo es que un hombre, pintado —por los pseudo-documentales, la literatura barata de la II Guerra Mundial y las películas de Hollywood— como un maligno personaje, que participó en asesinatos en masa sin temor a dios ni a las leyes humanas contra millones de inocentes, le tenía miedo a las leyes de Derechos de Autor. En estas cosas no se paran a pensar aquellos que repiten como autómatas las historias pre-digeridas de History Channel. Goebbels tuvo que conformarse con publicar partes del libro en un panfleto presentado como “Das Kriegsziel der Weltplutokratie” (Los objetivos de la Plutocracia Mundial).

El cual tenía la siguiente portada y en su interior se podían verse también algunos extractos del libro de Kaufman.

PJM_2045_02
Das Kriegsziel der Weltplutokratie

Pero sería descabellado pensar que la publicación del libro en pleno desarrollo de la Segunda Guerra Mundial no causaría tal reacción en la Alemania Nacionalsocialista, ya que, sin temor a exagerar, fue una provocación que causó daño tanto a los alemanes como a los judíos en Europa. En la portada, Kaufman agregó la frase: “El Libro al que Hitler le Teme”. Pero para echarle más leña a la hoguera, importantes medios de comunicación cometieron la irresponsabilidad de publicar alabanzas al libro y calificando su propuesta de genocidio como una “¡sensacional idea! (sic)”.

Los comentarios aparecieron impresos en la contraportada del libro, en la imagen siguiente podemos diferentes titulares en importantes medios de comunicación de Estados Unidos como: “¡UNA SENSACIONAL IDEA!” del Times Magazine; “UNA PROVOCATIVA TEORÍA INTERESANTEMENTE PRESENTADA” del Washington Post; “UN PLAN PARA LA PAZ PERMANENTE ENTRE LAS NACIONES CIVILIZADAS” del ultra sionista diario The New York Times; y el Philadelphia Records comentó que “FRANCAMENTE PRESENTA EL TEMIBLE TRASFONDO DEL ALMA NAZI”

germany-must-perish

Julius Streicher

Julius Streicher, editor del diario alemán Der Stürmer publicó un artículo donde mencionó que el libro de Kaufman era: «El insano pensamiento del cerebro de un judío demente»

Junto con Streicher, Joseph Goebbels advirtió al pueblo alemán sobre el plan de esterilización masiva propuesto por Kaufman en una transmisión de radio. Acción que fue criticada por los voceros de las potencias vencedoras como “un acto irresponsable de propaganda por parte del III Reich” que endureció la defensa civil del país durante la invasión, y que “terminó causando más muertes de las que debía”, es decir, culparon a las autoridades alemanas de advertir a su población. Habría que preguntarles: Si en pleno conflicto político con Irán, un escritor iraní publicará un libro titulado “¡Estados Unidos Debe Perecer!” o “¡Israel Debe Perecer!” y los principales diarios de la nación persa lo calificaran como “¡Una Sensacional Idea!” ¿Cómo reaccionaría el Presidente, Donald Trump, de Estados Unidos y Benjamin Netanyahu, Primer Ministro de Israel? No creo que las agencias de noticias estadounidenses e israelíes, acostumbradas a desgarrarse las vestiduras por armas de destrucción masiva falsas, se quedarían tan tranquilos como pretendían que se quedaran las autoridades del III Reich…

Aunque, de hecho, el pueblo de Irán no ha escrito nada similar, pero los estadounidenses e israelíes sí que lo han hecho contra pueblos como el ruso, a quienes de “bárbaros mongoles descendientes del malvado y cruel conquistador Genghis Khan” y “comunistas enemigos de la libertad y la democracia” no bajan; o como con nosotros, los mexicanos, que según el actual Primer Ministro de Israel,  para Estados Unidos somos “el equivalente a lo que son los palestinos para los israelíes”, y tomando en cuenta que para los sionistas el Pueblo de Palestina es, según sus propias palabras, una plaga que debería cometer suicidio colectivo, ¿Qué cabe esperar entonces de esta gente?

También: El Verdadero Rostro de los que Mandan

Palestina 2

En el caso de Israel no debemos preguntarnos cómo reaccionarían, solamente debemos recordar el caso del canadiense Roy Arthur Topham que publicó una sátira del libro de Kaufman con el título de “¡Israel Must Perish!”, en el que Topham dejó íntegro el texto escrito por Kaufman, lo único que hizo fue reemplazar las palabras “alemán” por “judío”, “Alemania” por “Israel” y “Germanismo” por “Sionismo”, el resultado no le pareció nada simpático a la poderosa Liga Anti Difamación, que ordenó el encarcelamiento de Topham en Canadá y fue acusado de antisemitismo (delito de odio), algo absurdo pues él señor está felizmente casado con una mujer de origen judío. Como lo hemos dicho antes, para la justicia todos somos iguales, pero unos son más iguales que otros.

Las críticas contra el infame y enfermizo manifiesto anti-germánico no sólo provinieron de parte de las autoridades del III Reich, sino que también de algunos estadounidenses, por ejemplo de el periodista Howard K. Smith, que se encontraba en Alemania y cuando se publicó el libro, él escribió que:

Ningún hombre ha cometido un acto tan irresponsable a la causa por la que su Nación está luchando y sufriendo como Nathan Kaufman. Su panfleto a medio hornear proporcionó a los Nazis una de las mejores piezas de artillería ligera que tienen, ya que, utilizada como la usaron los Nazis, sirvió para reforzar ese terror que obliga a los alemanes que no apoyan a los Nazis, a tener que luchar y morir para que el Nazismo se mantenga vivo

Como mencioné, el panfleto a medio hornear, como lo llama Howard Smith, provocó reacciones violentas contra la comunidad judía en Alemania, un ejemplo de esto fue cuando el 8 de septiembre de 1941 fueron desalojados los judíos de Hannover, y las autoridades locales mencionaron que una de las razones había sido el libro de Kaufman.

A pesar de las críticas por parte de alemanes y estadounidenses, Kaufman siguió su doble juego y respondió altaneramente que:

Este es sólo un endeble pretexto para otra de las crueldades innatas del pueblo alemán… No creo que haya sido mi libro el que provocó esta barbarie. Emplearon todas las posibles crueldades alemanas contra los judíos mucho antes de que se publicara mi libro.

LA TURBULENTA VIDA DE THEODOR N. KAUFMAN

Sobre el autor no se sabe mucho, y lo poco que podemos saber lo describen como un hombre “problemático, delincuente y racista” no sólo contra los alemanes, sino contra el mismo país donde él nació, Estados Unidos.

Se sabe que era hijo de Anton Kaufman, un alemán de origen judío que fue reportero para el diario berlinés Morgen-Zeitung, cuando emigró a Estados Unidos se convirtió en el editor de Detroit Daily Chronicle en 1914, y cuando esa editorial quebró, se mudó a Newark, Nueva Jersey en 1921 y se convirtió en el editor de Newark Jewish Chronicle. Anton Kaufman y su hijo Theodor fueron arrestados por robo de patente en 1934, habían robado a Sandor Alexander Balint de Budapest, la fórmula de un proceso para acelerar el envejecimiento del vino.

Sobre el tema: Los Kaufman son detenidos por robo de patente

A causa de los problemas en la economía mundial que acarreó la Segunda Guerra Mundial, el padre de Kaufman se vio en dificultades económicas por la falta de ingresos publicitarios, esto lo obligó a vender su propia tumba y se suicidó el 1 de enero de 1943 arrojándose por la ventana del octavo piso del Robert Treat Hotel. En esta antigua foto se puede ver a Anton Kaufman fotografiado con su esposa e hijos.

kaufman de niño

Theodore N. Kaufman nació el 22 de febrero de 1910 en Manhattan, Nueva York, se sabe que en Alemania se le conoció como Theodore “Nathan” Kaufmann, pero en realidad su nombre era Theodore Newman Kaufman, apellido de su madre Fannie Newman. Se convirtió en empresario propietario de una pequeña agencia de publicidad y agencia de boletos en South Orange, Nueva Jersey, ciudad donde también fundó la Argyle Press para publicar sus folletos políticos.

Antes de publicar su más famoso libro “¡Alemania debe Perecer!”,Kaufman hizo otras publicaciones donde parecía demostrar que tenía cierta fijación por la esterilización con fines de genocidio, ya que en 1939, como flamante Presidente de la Federación Estadounidense de la Paz, publicó un panfleto dirigido al Congreso en el que argumentaba que los estadounidenses deberían ser esterilizados para que sus hijos ya no tuvieran que pelear en guerras extranjeras. Dos años después, 1941, escribió y publicó su panfleto contra Alemania.

Antes del suicidio de su padre, también ya era un personaje muy conocido el Padre Charles Edward Coughlin. Sacerdote católico canadiense que se convirtió en un peligro por sus ideas políticas, porque empezó a utilizar la radio como recurso y llegó a una audiencia masiva de 40 millones de escuchas en 1930.

El Padre Coughlin, llegó a manifestar cierta simpatía hacia Mussolini y Hitler, denunciaba la existencia de grandes grupos bancarios y empresariales en los Estados Unidos y los culpaba de las malas condiciones laborales, por esa razón lo acusaron de antisemita. Para 1936, Coughlin exigió al gobierno tomar acción contra la banca y el capitalismo denunciando que eran elementos de un “dominio judaico” sobre la nación y acusó a Roosevelt de estar llevando a los Estados Unidos hacia el “infierno del comunismo”. Quizás el comentario más resonado del Padre fue cuando dijo que Wall Street y el comunismo eran dos rostros del demonio.

En la primera página de la edición del viernes 20 de marzo de 1942 del Jewish Chronicle, Anton Kaufman publicó una crítica contra al padre Coughlin llamándole fanático mientras que al mismo tiempo, ofreció a los suscriptores de su periódico una copia gratuita del libro de su hijo, es decir, ofrecía gratis un libro donde se sugería que los alemanes debían ser esterilizados sistemáticamente como un método para eliminarlos, pero el fanático era el padre Coughlin. La imagen siguiente fue el anuncio del libro gratis de su hijo.¡Deja que tu chico vea por qué está luchando! Él debería conocer el alma nazi. Mándale el libro ¡Alemania Debe Perecer! A la venta en las Naciones más importantes. Quioscos y estaciones de ferrocarril. Edición de bolsillo 25 centavos.

Un año después el padre de Theodor Kaufman, en extrañas circunstancias, se lanzaba de una en el octavo piso de su hotel para quitarse la vida.

DECLARACIONES QUE DEMUESTRAN EL PENSAMIENTO KAUFMAN 

Germany Must Perish se publicó el 1 de marzo de 1941 y para el 15 de septiembre Kaufman apareció en la portada del Cumberland Evening Times (MD), donde hizo la siguiente declaración:

Creo que los judíos tienen una misión en la vida. Deben asegurarse de que las naciones del mundo se unan en una gran federación. ‘Union Now’ es el comienzo de esto. Lento pero seguro, el mundo se convertirá en un paraíso. Tendremos paz perpetua. Y los judíos harán todo lo posible para lograr esta confederación, porque tienen mucho que ganar.

Pero ¿cómo se puede lograr la paz si Alemania existe? La única manera de ganar una paz eterna es hacer el castigo de librar una guerra más horrible que la guerra misma. Los seres humanos son penalizados por asesinato, ¿no? Bueno, Alemania comienza todas las guerras de magnitud. ¡Esterilicemos a todos los alemanes y las guerras de dominación mundial llegarán a su fin!

En esas declaraciones de Kaufman se escondía el verdadero objetivo que él designaba para toda la humanidad, la creación de una Confederación Mundial de Naciones que podemos ver descrita en la página 17 de su libro donde podemos leer lo siguiente:

Screen shot 2019-08-15 at 8.42.19 AM

Y también, mientras la guerra persista nunca llegará a existir esa paz mundial de la cual, algún día, nacerá una Confederación Mundial de Naciones. Porque es ésta tal confederación el objetivo fundamental de la raza humana.

Sin dudas, buscar la paz mundial es un objetivo muy noble por parte de Kaufman y lo que el llamó “La misión de los judíos” pero, ¿Se puede lograr la paz exterminando a todo un pueblo? Los antiguos pueblos hebreos, según lo narra la propia Biblia, exterminaron a pueblos enteros con un propósito similar, así lo podemos leer en Samuel 15:2-3:

Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de Egipto. 3 Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos.

¡Ni los animales eran dejados vivos!. Y de acuerdo a la realidad que podemos ver en pleno desarrollo del conflicto en la Palestina Ocupada, queda en evidencia que la violencia desmedida e irracional contra un pueblo o varios no logró en el pasado, ni logrará en el presente, una verdadera paz mundial, sino que engendra todo lo contrario. Aún así Kaufman creía firmemente que había encontrado el camino al éxito allí donde sus antepasados bíblicos habían fallado. El propio Kaufman lo dice:

Como la guerra engendra guerra, la supresión engendra rebelión. Se desarrollarían horrores inimaginables.

Así encontramos que no hay curso medio; ni acto de mediación, ni compromiso por hacer, ni intercambio político o económico por ser considerado. En resumidas cuentas, no hay otra solución, excepto una: ¡Que Alemania debe perecer para siempre de esta tierra!

Era lógico que La solución Final propuesta por Kaufman provocara una reacción violenta por parte del Nacionalsocialismo Histórico, así como la Liga Anti Difamación reaccionó violentamente contra Roy Arthur Topham por su sátira de Israel Must Perish, o como arruinó la carrera de Norman Finkelstein por su libro La Industria del Holocausto, o así como la Organización de Defensa Judía puso un precio 25 mil dólares a la cabeza de su compatriota judío David Cole, ahora conocido como David Stein, por sus declaraciones y documentales problemáticos sobre el llamado holocausto.

De la misma forma, los alemanes de 1930 reaccionaron como las organizaciones israelíes reaccionan hoy en pleno 2019, en la época de la libertad de expresión y donde abundan tantos Derechos Humanos hasta para tirar para arriba, menos para los que digan cosas que van en contra de la opinión pública mayoritaria, que se puede espantar si uno comenta sobre el libro Alemania Debe Morir, pero no se espantan por los niños reventados en un autobús escolar en Palestina, que se pueden dislocar el brazo persignándose con violenta devoción al escuchar sobre el racismo de los alemanes Nacionalsocialistas, pero al mismo tiempo hacen gala de un racismo legal al decir que un sudamericano no hubiese durado ni cinco minutos en la Alemania de los años 30.

¿Qué hace al racismo de los ganadores ser mejor, o más aceptable que el racismo de los Nacionalsocialistas?

Elisabeth Noelle-Neumann nos dejó una pista para entender esto en su trabajo La Espiral del Silencio, que fue magistralmente resumida por Pablo Dáboli en su programa LA BRÚJULA, transmitido por TLV1 titulado Programa N°12 – “La teoría de la espiral del silencio: prohibido disentir” TLV1 , donde mencionó:

Entre las distintas ideas que barajan y forman parte del itinerario intelectual de Neumann está la idea de que las ideas vencedoras en general, adquieren poder por ser vencedoras independientemente de que sean ciertas o buenas ideas.

Así pues, por más que resulte chocante para muchas personas que creen firmemente que “los buenos ganaron la guerra”, la triste realidad es que el racismo de los Aliados triunfó sobre el racismo de las Potencias del Eje, y por eso, hoy en día es políticamente correcto. O como diría el desaparecido Gerd Honsik, es un “Racismo Legal”.Articulo redactado y recopilado por Sac de Muñoz, parte de este artículo viene contenido en el último lanzamiento de Ediciones Boca del Lobo ALEMANIA DEBE PERECER Y LOS OBJETIVOS DE LA PLUTOCRACIA MUNDIAL, traducido y comentado por nuestro colaborador y revisionista Sac de Muñoz . Gracias a todos nuestros seguidores y afines de nuestro trabajo revisionista artesanal e independiente

ALEMANIA DEBE PERECER Theodoro N. Kaufman Y LOS OBJETIVOS DE LA PLUTOCRACIA MUNDIAL Wolgfang Diewerge POR PRIMERA VEZ EN ESPAÑOL

Destacado

Un próximo lanzamiento oficial Mayo 2020 Ediciones Boca del Lobo

“Los más importantes libros de propaganda de la Segunda Guerra Mundial, escritos desde Lados diferentes, publicados al mismo tiempo en una edición especial por Sac de Muñoz en la traducción y comentarios, un trabajo en conjunto con Ediciones Boca del Lobo en el diseño, publicidad y distribución.”

En pocas oportunidades existe la oportunidad de tener acceso a documentos en donde claramente el autor declara abiertamente su propósito para destruir una nación como lo fue Alemania y de hecho fue realizado y hoy podemos ver las consecuencias a nivel mundial de esa acción.

Éste dinámico volumen describe un plan integral para la extinción de la Nación alemana y la erradicación total de la tierra, de toda su gente. También, está contenido dentro, un mapa que ilustra la posible disección de Alemania y el reparto de sus tierras.

* * * * *

A todos aquellos hombres y mujeres que preferirían morir luchando por la libertad, que permanecer vivos como esclavos; A todos aquellos hombres y mujeres que, sin miedo, dicen la verdad; tal y como conciben a la verdad; A todos aquellos hombres y mujeres que, inspirados por los esfuerzos, las esperanzas y las aspiraciones de la humanidad anteponen sus propias necesidades; Este libro está humildemente dedicado.

Nota especial para el lector.

ALEMANIA DEBE PERECER presenta un plan para la paz permanente y duradera entre las naciones civilizadas. Basa su tesis en la eventual derrota de Alemania por parte del Imperio Británico y sus Aliados, sin la ayuda de los Estados Unidos. Sin embargo, si las circunstancias decretasen que el público estadounidense emitiese su voto a favor de la guerra como medida de autodefensa, (y es la ferviente plegaria del autor que esto nunca suceda) sería primordial que las vidas de nuestros hijos naturales no fueran sacrifcadas en vano como lo fue la vida de sus padres hace una generación. Si nuestros soldados deben salir a matar o morir en la batalla, al menos dejen que se les de no sólo un eslogan, sino un propósito solemne y una Promesa Sagrada. ¡Que este propósito sea una Paz Duradera! Y, ésta vez, esa promesa ¡debe ser cumplida!

Acerca de este libro

La actual guerra no es una guerra contra Adolf Hitler. Tampoco es una guerra contra los Nazis. Es una guerra de pueblos contra pueblos; de pueblos civilizados que visualizan la luz, contra bárbaros incivilizados que aprecian la oscuridad. De los pueblos de esas naciones que surgirán adelante con esperanza hacia una nueva y mejor fase de la vida, enfrentados contra la gente de una Nación que viajaría con entusiasmo hacia atrás a las edades oscuras. Es una lucha entre la Nación alemana y la humanidad. Hitler no es más culpable por esta guerra alemana de lo que fue el Káiser por la última. Ni Bismarck antes que el Káiser. Estos hombres no originaron ni continuaron las campañas de guerras Alemanas contra el mundo. Ellos fueron simplemente espejos refejando siglos de antigua lujuria innata de la Nación alemana por la conquista y el asesinato en masa. Esta guerra está siendo librada por el pueblo alemán. Son ellos quienes son responsables. Son ellos a quienes debe hacerse pagar por ésta guerra. De otra forma, siempre habrá una guerra alemana contra el mundo. Y con semejante espada colgando para siempre sobre las cabezas de las naciones civilizadas del mundo, no importa cuán grandes sean sus esperanzas, cuán agotadores sean sus esfuerzos, nunca lograrán crear esos frmes y sólidos cimientos que ellos deben primero establecer para la paz permanente, si alguna vez tienen la intención de comenzar a construir un mundo mejor.
Porque de hecho no sólo no debe haber más guerras alemanas; incluso no debe seguir habiendo la menor posibilidad de que alguna ocurra de nuevo. El objetivo de la lucha actual debe ser un alto final a la agresión alemana, no un cese temporal.
Esto no quiere decir un dominio armado sobre Alemania, o una paz con ajustes políticos o territoriales, o una esperanza basada en una Nación derrotada y arrepentida. Tales acuerdos no son garantías sufcientemente concluyentes de no más agresiones alemanas.
Esta vez Alemania ha forzado una GUERRA TOTAL sobre el mundo.
Como resultado, debe estar preparada para pagar una PENA TOTAL.
Y hay una, y solamente una, tal Pena Total: ¡Alemania debe perecer para siempre!
¡En realidad, no en suposición!

Diariamente, la verdad se imprime sobre nosotros por observación, y sobre otros menos afortunados por las bombas, que la doctrina alemana de la fuerza no se basa sobre la conveniencia política o la necesidad económica. La lujuria personal por la guerra de aquellos que dirigen al pueblo alemán no es más que una parte componente de la lujuria de guerra que existe en todo el conjunto de las masas alemanas.

Los líderes alemanes no están aislados de la voluntad del pueblo alemán porque, apartados de esta voluntad, no podrían surgir o existir en absoluto. Su inspiración personal, la motivación, incluso el consentimiento de sus acciones son todas y cada una proyectadas por los líderes alemanes desde lo más profundo del alma Nacional alemana.

Con demasiada frecuencia, se ha afrmado que el actual impulso alemán hacia el dominio mundial es sólo el gangsterismo callejero practicado a escala Nacional organizada, derivado principalmente de las clases más bajas, las heces de Alemania. Tal afrmación no está sustentada por hechos, porque la misma lujuria, la misma fuerza bruta que los alemanes muestran hoy bajo el gobierno de los llamados “ Nazis de clase baja”, también la manifestaron en 1914, en un momento en que “las clases altas” y los “especímenes más nobles” capaces de ser producidos por la Nación alemana, los Junkers(1), gobernaban esa tierra. Y un vasto número de intelectuales alemanes, otra “clase alta” alemana, ¡se sentaron como miembros del Reichstag alemán! ¡No! El problema del Germanismo no debe ser transmitido de nuevo a la próxima generación. El mundo nunca más debe ser estirado y torturado en el potro(2) alemán. Nuestro es el problema; nuestra solución.

El mundo ha aprendido, con un conocimiento nacido de tragedias demasiado numerosas, demasiado horribles para recordar, que independientemente de qué líder o clase gobierne a Alemania la guerra será librada contra él por ese país, porque la fuerza que lo obliga a la acción es una parte inseparable del alma de las masas de esa Nación.

Es cierto que esa alma, en algún momento, podría haber sido formada de otra manera.

Pero aquella época estuvo en el ciclo civilizador de hace mil años. Ahora es demasiado tarde. Nosotros sabemos eso. Nuestros hombres de 1917 no lo sabían. Ellos no tenían ningún precedente en el que basar su experiencia. Nosotros no tenemos esa excusa hoy. Sus inútiles sacrifcios y sus esfuerzos vacíos deben hoy dictar nuestras propias acciones y decisiones.

Nosotros estamos pagando por la falta de experiencia de la última generación al lidiar con las personas de la Nación alemana. Cuando, y si el momento llega para nosotros de tomar una decisión y acción similar, no debemos repetir su error. El costo resulta demasiado grande; no sólo para nosotros, sino para todas las generaciones futuras.

Debemos darnos cuenta de que ningún líder puede gobernar Alemania en absoluto a menos que, de alguna manera, él encarne el espíritu y exprese el alma de guerra existente en la mayoría de sus gentes.

La palabra “mayoría” es utilizada deliberadamente porque al hablar de las masas que componen una Nación, debe admitirse de manera imparcial que alguna fracción de la masa debe forzosamente discrepar de la misma. En consecuencia, aquí no se hace ninguna injusta afrmación de que todos en Alemania son culpables de sus infames delitos contra el mundo. De hecho deberemos, al seguir nuestro punto de vista, favorecer a Alemania permitiendo que como mucho el 20% de su población sea enteramente inocente de complicidad en sus crímenes, así como además de ser ajeno a cualquier porción de su alma de guerra. Nosotros por lo tanto concedemos, por el bien del argumento, que unos 15,000,000 de alemanes son absolutamente inocentes.

PERO ̶ deberán polacos, checos, eslovacos, austriacos, noruegos, holandeses, belgas, franceses, griegos, ingleses, irlandeses, escoceses, canadienses, australianos y estadounidenses, ya que nosotros también podríamos a la larga sentir la punta de la bota alemana ̶ ¿Deberán todos estos pueblos, que suman alrededor de 300,000,000 de los más civilizados, más cultos de la tierra sufrir constantemente y enfrentarse a la muerte no natural en cada generación para que una pequeña parte de la población alemana pueda seguir existiendo?

¿Son esos 15,000,000 de alemanes tan valiosos, tan indispensables para la humanidad que 300,000,000 de hombres, mujeres y niños inocentes deberán librar una guerra con Alemania cada vez que ella así lo decrete? ¿Será el único futuro que enfrenten los pueblos civilizados luchar perpetuamente contra los alemanes? ¿Por qué criar niños mientras que Alemania engendra guerra? ¿No son los holandeses un pueblo sobrio y prospero? ¿No son los franceses cultos? ¿No son los checos industriosos? ¿No están los polacos profundamente apegados a la tierra, la familia y Dios? ¿No son los escandinavos un pueblo decente? ¿No son los griegos valientes y audaces? ¿Acaso los ingleses, irlandeses, escoceses y estadounidenses no son personas progresistas y amantes de la libertad? Y en una muy simple aritmética, ¿no son estos 300,000,000 más que 15,000,000 de alemanes?

Si la democracia, como los estadounidenses lo saben, es un gobierno mayoritario en un sentido nacional, también debe serlo en un sentido internacional. El mayor bien para el mayor número es la regla de oro de la democracia; luchar por la democracia mundial es garantizar los derechos de la mayoría de los pueblos democráticos contra las incursiones hechas sobre ellos por una minoría autocrática.

Si esto no es así, ¿por qué reclutar un vasto ejército para la defensa de la democracia? ¿Por qué entrenar a los soldados estadounidenses para asesinar a un enemigo hipotético de la democracia, cuando la voluntad que engendra éste enemigo se fortalece y crece con cada baño de sangre sucesivo?

En 1917, los soldados estadounidenses, como los de cualquier otra Nación importante, fueron obligados a asesinar por millones. ¿Para qué?

¿Supongamos que nos vemos obligados a matar de nuevo? Porque las guerras sólo se ganan asesinando, no muriendo. ¿Una vez más para qué? ¿Otra traición? ¿Traicionar a nuestros soldados se va a convertir en un hábito Nacional? Porque es bastante evidente, que luchar una vez más en la defensa democrática contra Alemania con cualquier objetivo en vista, salvo la extinción de ese país, constituye, aunque pierda la guerra, una victoria alemana. Luchar para ganar, y no para acabar esta vez con el Germanismo para siempre exterminando por completo a aquellas personas que esparcieron su doctrina, es preconizar el estallido de otra guerra alemana dentro de una generación.

Déjennos pues advertir, porque no es ilógico suponer que algún día el soldado pueda emerger de debajo de la pesada capa del “deber” y llegar, como capital laboral y civil, a exigir “derechos”. No debe ser irracional conjeturar que un soldado también debe tener derechos, así como también deberes. Ciertamente, un hombre forzado contra su instinto de matar tiene derechos; tal vez no los derechos de salarios y horarios, ni los derechos a utilidades, ni el derecho de hablar sin restricción contra sus superiores, lo que en un sentido militar presagia una catástrofe. No, ninguno de estos; sólo algunos derechos simples, tres de los cuales aparecerían como su deber incontestable de exigir: uno, que se le suministre adecuadamente con las armas apropiadas en cantidades sufcientes para que haya un mínimo de desperdicio ligado a su capacidad de “matar”, ̶ en segundo lugar, que no sea traicionado por los quintacolumnistas(3) quienes deben, en tiempo de guerra, ser despachados sumariamente, por encarcelamiento o ejecución, y por último, de la mayor importancia, que reciba una declaración definitiva de su gobierno garantizándole de una vez por todas que éste macabro, horrible asunto de matar alemanes es para un fin; para que su hijo pueda conocer la paz sin tener que matar por ella.

Si tal garantía no se le concediera antes de su lucha, o no se la mantuviera después de su lucha, como no lo fue la última vez (aunque los generales sabían, entre ellos nuestro propio Pershing(4), que Alemania en aquel momento debería haber sido inalterablemente extinguida) ¿No puede entonces tomar tal acción por sus propias manos? Concediendo que los obreros tienen derecho a huelga cuando se violan sus derechos, concediendo que el capital se retiene de circulación cuando se considera que su uso no es rentable, concediendo que el civil se sienta tiranizado cuando se ponen en peligro sus libertades civiles, ¿Qué curso no puede tomar el soldado una vez que se dio cuenta de que ha sido engañado, repetidamente, por aquellos por quienes mató?

Cuando llegue el día del ajuste de cuentas con Alemania, como llegará, sólo habrá una respuesta obvia. ¡Ningún estadista, político o líder responsable de los acuerdos de posguerra tendrá derecho a disfrutar de darse el lujo personal del falso sentimiento y la mojigatería superfcial y declarar que Alemania, engañada por sus líderes, merecerá el derecho de resurrección! No se le permitirá, esta vez, olvidar tan fácilmente a los bombardeados, a los millones de mujeres y niños sepultados bajo escombros que vivieron un inferno en la tierra; los acribillados, los cuerpos de soldados aplastados por tanques; los muchos países cuyas energías fueron minadas y sus recursos agotados. ¡Y, sobre todo, no se le permitirá ignorar los sacrifcios desinteresados hechos por la gente común para que la bestia que es Alemania nunca vuelva a vagar por la tierra!

Es una obligación categórica que el mundo le debe a los que lucharon y murieron ayer contra el alemán, y para aquellos que están luchando contra él hoy, así como es una obligación ineludible para la generación actual con aquellos que aún no han nacido, asegurarse de que los perversos colmillos de la serpiente alemana nunca volverán a atacar. Y ya que el veneno de esos colmillos se obtiene de su fatal ponzoña, no desde dentro del cuerpo, sino desde el alma de guerra del alemán, nada más garantizará la seguridad y salvaguarda de la humanidad, al menos que esa alma de guerra sea expurgada para siempre, y el cadáver enfermo que lo alberga sea removido de este mundo para siempre.

Ya no hay ninguna alternativa:

¡Alemania Debe Perecer!

Esta guerra, con sus angustiosas miserias, sus indescriptibles devastaciones alemanas, sus indecibles atrocidades alemanas, es nacida del alma guerrera de aquellos bárbaros de quienes Maquiavelo, escribiendo hace más de cuatrocientos años, observó:

“Las ciudades alemanas tienen poco o ningún valor en cualquier cosa, a excepción de armar almacenes militares y hacer mejores sus fortificaciones.. en vacaciones en lugar de otras diversiones, a los alemanes se les enseña el uso de armas.”

Por Sac de Muñoz.

El HOLOCAUSTO AL BANQUILLO “JÜRGEN GRAF” – PRIMERA PARTE.

Destacado

“Y cuando todos los demás aceptaran la mentira dictada por el partido cuando todas las declaraciones fueran iguales, entonces la mentira entraría en la Historia y se convertiría en verdad.” (George Orwell, en su libro 1984)

Introducción / Artur Karl Vogt

El presente libro es una condensación del trabajo de fondo, mucho más extensivo, próximo a aparecer del mismo autor. Trata sobre los actos violentos nacionalsocialistas y sus repercusiones.

Pero sobre todos los demás crímenes nazis es el Holocausto, el genocidio del pueblo judío, el que ha conmovido en mayor medida la conciencia de la humanidad. Para la generación actual es incomprensible que el mundo de aquella época haya contemplado en silencio, convirtiéndose así en cómplice.

La real extensión de los horrorosos crímenes salió a la luz sólo con los procesos por crímenes de guerra.

Las declaraciones de testigos y las confesiones de los hechores revelaron un escenario de horror, que estremeció a la humanidad.

El resultado final de las indagaciones procesales y rendición de pruebas fue tan inequívoco, que hoy los tribunales alemanes se niegan categóricamente a reconocer las pruebas de la inexistencia de las cámaras de gas a causa de la notoriedad pública de los hechos. El Holocausto ha teñido moral y políticamente la época de post-guerra; se lo enseña en todos los textos escolares como un hecho irrefutable. Millones de individuos peregrinan hasta los monumentos (Auschwitz, Dachau, etc.), para expresar su congoja. No obstante cada vez hay más voces que manifiestan dudas sobre la versión histórica oficial y cuestionan la confiabilidad de las fuentes utilizadas.

¿Es posible que se hayan pasado cosas por alto en lo que se refiere al Holocausto? ¿Es posible que quienes se han ocupado del tema se hayan dejado influir hasta tal punto por la notoriedad pública de los hechos, que se hayan abstenido de cotejar debidamente lo que en los textos de Historia se asienta graníticamente como verdadero por toda la eternidad? ¿Son todavía posibles las dudas? ¿Son algo así como una ofensa al sentido común normal? Debería ser muy fácil refutar los argumentos de los cuestionadores en vista de las innumerables pruebas.

¿Por qué se rehúye un debate público sobre el Holocausto con los revisionistas, igual que el diablo huye del agua bendita? Algunos Estados han aprobado leyes para limitar la libertad de opinión, exclusivamente en relación al Holocausto. ¿Acaso el bozal deberá remplazar de algún modo los argumentos? ¿A quién puede interesarle sacralizar como tabú el Holocausto – como suceso histórico aislado – y sustraerlo a la investigación histórica? ¿Viviremos lo suficiente para ver cómo después de decenios, o quizás siglos, se aprecien procesos históricos con la necesaria distancia emocional y una merecida precisión científica? Ejemplos no faltan. Recién en los últimos decenios se desterró al reino de las leyendas la parte romántica de la fundación de la Confederación, que nos hablaba de la toma por asalto de los fuertes y de la expulsión de los tiranos. Hoy sabemos que la visión anterior tenía el propósito de crear un mito nacional a través del adoctrinamiento de política de Estado. Gracias a un meticuloso estudio de las fuentes también la Historia más reciente es vista bajo una nueva luz.

Generales como Guisan y Wille, consejeros como Pilezgolaz, reciben nuevos veredictos. La investigación histórica obliga a un constante rejuzgamiento (revisión), de la visión de la Historia. Por los diarios de Goebbels sabemos ahora que el único incendiario del parlamento alemán fue van der Lubbe. La culpa de la matanza de 4.000 oficiales polacos en Katyn (1940), fue originalmente achacada a los nazis; hoy está probado que la orden la dio Stalin.

¡No hay tema alguno que no se pueda discutir públicamente, excepto el Holocausto! ¿Cómo sería si la investigación y discusión pública de las personas y hechos citados fueran prohibidas y castigadas severamente? ¡Cuán seria puede ser una versión de la Historia cuando futuras generaciones de historiadores recurran a trabajos históricos tendenciosos o negligentes y se los reproduzca y cite irreflexivamente! ¡Qué se puede pensar de historiadores que quisieran ocultar a la opinión pública nuevos conocimientos comprobados, por razones de pedagogía popular, sólo porque los primitivos, aunque contrarios a la verdad, sirven mejor para sustentar la resquebrajada estructura del edificio ideológico! ¿La historia adobada para mantener una visión política occidental? El autor de este libro no es un historiador profesional; él simplemente ha recopilado el material original disponible – en especial las declaraciones de testigos – y de ese modo ha llegado a conclusiones irrefutables.

Las declaraciones absurdas de los testigos contradicen las leyes de la naturaleza y la lógica humana. Si se creen las descripciones de los testigos, el Holocausto se convierte en un milagro, pues las leyes de la física, la química y de la tecnología quedarían desahuciadas.

¿Puede entonces convertirse este milagro en dogma y rescatarlo contra toda crítica? En el proyecto de la ley contra el racismo, que el Consejo Federal sometió al parlamento ¡cualquier crítica al Holocausto se castiga con multa o cárcel! ¿Pueden censurarse nuestros pensamientos y perseguirse a los que piensan distinto a causa de su opinión equivocada? ¿Deseamos crear una Inquisición para cazar hechiceros, siguiendo el ejemplo de los fundamentalistas islámicos que han puesto pecio a la cabeza de Salman Rushdie? ¡Saludos a Orwell! Lea críticamente este bien documentado libro, a fin de que pueda formarse su propia opinión.

Escriba al autor, si tiene preguntas o alcances que hacer; él se complacerá ante un diálogo constructivo.

Navidad de 1992 Artur Karl Vogt

El único tabú

En una sociedad pluralista la redacción de la Historia no es la sirvienta de la política; la libre investigación está tan garantizada como la libertad de opinión.

Consecuentemente nuestra visión de épocas pasadas está siempre cambiando. Nuevos descubrimientos históricos nos obligan con regularidad, a revisar nuestras convicciones.

Asimismo es lícito embestir contra errores históricos con la ayuda de las ciencias exactas.

Hasta no hace mucho se daba por hecho en Suiza, que luego del Juramento de Rütli en 1291 se lanzó la Burgenbruch, campaña de destrucción de las fortalezas de los Habsburgos. Excavaciones recientes han demostrado que los fuertes se entregaron sin pelear tanto, mucho antes, como también después de 1291, por lo que la Burgenbruch es solamente un mito (Véase a W. Meyer: 1291, la historia)

No hemos sabido que los historiadores que dirigieron las excavaciones hayan sido arrastrados ante el cadí acusados de injurias a los ancestros.

Millones de peregrinos temerosos de Dios han contemplado atónitos el Santo Sudario en Turín, antes que investigaciones en laboratorios especializados revelaron que el paño provenía de la Edad Media. Hasta donde sabemos el Papa no ha excomulgado a los científicos encargados de las investigaciones.

Para un único período el principio de la libertad de investigación en la sociedad democrática occidental no se aplica. Quien ponga en duda la concepción vigente de ese período, arriesga sanciones jurídicas y su proscripción social así como la eliminación de su existencia profesional. Para ese lapso el dogma impuesto por el Estado suplanta al pensamiento crítico y la investigación libre; el uso de métodos científicos es entonces pecado. Se trata de los años de 1941 a 1944.

Los revisionistas

Víctimas de la mencionada represión y de la proscripción social son aquellos investigadores conocidos como revisionistas. En relación a la Segunda Guerra Mundial esta acepción se usa para designar a los historiadores que discuten el punto de vista corriente sobre la culpa única o principal de Alemania y Japón en ese conflicto, y en sentido más restringido a los que cuestionan el Holocausto, es decir, la eliminación sistemática de los judíos bajo Hitler, así como la existencia de cámaras de gas en los campos de concentración nazis (Es importante destacar que la palabra Holocausto deriva de la palabra griega para el sacrificio por el fuego y que se ha introducido en la lengua alemana tras la exhibición del film novelesco yanqui del mismo nombre. Bajo cámaras de gas entenderemos en adelante solamente aquellas destinadas a la eliminación de personas, no las de desinfección, cuya existencia nadie niega. En la presente obra, que de modo alguno cuestiona el asunto de la culpabilidad de la guerra, la expresión revisionismo tiene siempre el significado de revisionismo del Holocausto.)

Fundador del revisionismo fue el francés Paul Rassinier, socialista, miembro de la resistencia y detenido en los campos de concentración de Buchenwald y Dora-Mittelbau.

Después de su liberación Rassinier escribió el libro La mentira de Ulises, en el cual se enfrenta críticamente a los relatos de otros ex-reclusos de campos de concentración. El título proviene del incurable mentiroso Odiseo, el que a las cien penurias que realmente sufrió agregó otras mil inventadas, y se aprovechó del gusto por la fábula de los humanos.

A pesar de que al escribir La mentira de Ulises Rassinier pudiera aceptar que las cámaras de gas hubiesen aparentemente existido, ya que donde hay humo hay fuego, a lo largo de sus extensas investigaciones fue convenciéndose cada vez más que los tales gaseamientos, o bien no existieron jamás o en todo caso habrían sido la acción de uno que otro loco. Rassinier murió en 1967. Sus seguidores, los revisionistas, hoy son todavía una pequeña minoría, sin embargo van ganando fuerza y desde 1988 cuentan con el británico David Irving, para sus compatriotas el mejor conocedor de Hitler y del III Reich.

¿Son humanamente posibles las dudas sobre el Holocausto?

Prácticamente todo el mundo cree en el asesinato de millones de judíos bajo Hitler y en las cámaras de gas nazis. Miles de libros y cientos de miles de artículos periodísticos tratan sobre el Holocausto, y más aún incontables películas. Y no basta todavía con eso: ¡unos cuantos actores directos han reconocido en sus juicios la existencia de las cámaras de gas! ¿Cómo pueden abrigarse dudas ante estas pruebas aplastantes? Con permiso: por este camino puede también probarse que existen las brujas. Por siglos Europa creyó en las brujas. Gruesos textos, escritos por señores eruditos, colocaban a las malvadas prácticas de las brujas en la picota. Finalmente incontables brujas confesaron ante sus jueces que durante la Noche de Walpurgis volaban con sus escobas por los aires y copulaban en la cumbre más alta del Harz. En consecuencia las brujas existen. ¿Es verdaderamente seguro que en el trascurso de algunos siglos el hombre se haya hecho más inteligente? ¿No creeríamos todos, o casi todos, en brujas si de niños viniéramos escuchando historias terroríficas sobre brujas y los medios de prensa nos informaran día a día sobre sus horribles prácticas?

Cómo reaccionan los historiadores del sistema ante el revisionismo?

Quien no se ocupe en forma especial del destino de los judíos en el III Reich y los campos de concentración alemanes quizás gustaría de poder presenciar un debate entre un revisionista y un exterminacionista (así llaman los revisionistas a quienes defienden la teoría del genocidio) Lástima que no tenga la más mínima posibilidad de lograrlo, porque los exterminacionistas no están dispuestos a tal debate. Mientras los revisionistas dedican la mayor parte de su tiempo a leer y verificar las tesis de su contraparte, los historiadores ortodoxos se conforman con una batería de frases hechas y andanadas descalificatorias. He aquí algunos de sus argumentos estándar:

1) “El Holocausto es un hecho establecido” (que el sol giraba alrededor de la Tierra fue un hecho establecido por miles de años)

2) “Quien ponga en duda las cámaras de gas ofende a las víctimas de la dictadura parda” (¿hacemos un honor a los 32.000 seres que encontraron la muerte en el campo de Dachau, si elevamos su cantidad a 238.000, como sucedió ya en los primeros años de la post-guerra?)

3) “Los revisionistas son antisemitas y nazis” (¿era nazi el socialista y ex-recluso Rassinier? se reconoce abiertamente que entre los revisionistas hay unos pocos que se declaran partidarios del nacionalsocialismo. Pero dos más dos son cuatro, incluso cuando es un nazi quien lo dice)

4) “Los revisionistas son como esas personas que aseguran que la Tierra es plana. Con ellos no hay discusión posible” (de hecho hay personas que creen que la Tierra es plana) No obstante, muy excepcionalmente, podría alguien atacarlas; a nadie se le ocurre llevarlas ante los tribunales. Nadie los toma en serio, se les toma por excéntricos inofensivos. Pero los revisionistas no son considerados excéntricos inofensivos, sino por el contrario, se les toma mortalmente en serio. De otro modo ¿por qué se aprueban leyes especiales contra ellos?

Represión en lugar de diálogo

En 1990 fue votada en Francia la ley Gayssot que castiga con un año de cárcel a quien dude del genocidio judío. Una ley similar, promulgada en Austria en 1992, considera hasta diez años de cárcel para el delito de negar el Holocausto. En otros países, los que detentan el poder, se sirven de párrafos elásticos como subversión popular o injuria a la memoria de los muertos. Un párrafo elástico por el estilo sería introducido también por el Consejo Federal de Suiza.

Libros y revistas revisionistas están prohibidos en varios Estados.

El politólogo alemán Udo Walendy, editor de la revista Historische Tatsachen, debe librar una incesante batalla de trincheras con la censura, la cual, de acuerdo a la constitución, no existe en absoluto.

Al juez Wilhelm Stäglich, autor del libro El mito de Auschwitz, se le redujo su pensión y se le despojó de su título de doctor; para ello se recurrió deliberadamente a una ley firmada personalmente por Hitler en el año 1939, que permitía la caducidad de distinciones académicas.

Robert Faurisson, junto con el máximo pensador revisionista estadounidense, Arthur Butz, es calumniado sin descanso desde 1979. Perdió su puesto como catedrático de Literatura y Crítica de Textos en la Universidad de Lyon, porque la universidad, supuestamente, no podía garantizar su seguridad personal; los medios lo cubren de basura y se niegan a publicar sus desmentidos; los tribunales lo condenan a pagar elevadas multas, que debieran llevarlo a la ruina; su familia vive en constante sobresalto.

En 1989 mostraron los anti-fascistas de qué argumentos contundentes disponían. Tres matones del grupo Hijos de la Memoria Judía asaltaron a Faurisson durante una caminata y lo dejaron medio muerto a golpes. En todo caso logró sobrevivir, al contrario del profesor de Historia francés François Duprat, quien fue despedazado entre las llamas de un auto-bomba. Represión y terror físico que llega al asesinato, en lugar de diálogo, prohibición estatal de toda discusión pública, esto debiera llevarnos a desconfiar. ¿Por qué las cámaras de gas son defendidas con rabia ratonil por el establishment del mundo libre? ¿Pertenecen de algún modo a la herencia de una humanidad que construyó las pirámides, o la Basílica de San Pedro? ¿Acaso el mundo ya no será tan bello si no hubo cámaras de gas en Auschwitz, donde 1 millón de judíos, hombres, mujeres y niños indefensos fueron envenenados como bichos con ácido sulfúrico? ¿Qué clase de verdad histórica es esa que debe ser protegida con leyes condenatorias?

¿Por qué los exterminacionistas rehúyen el diálogo?

Es fácil de imaginar la causa para que el debate no llegue a realizarse. Desde que el experto en Holocausto Wolfgang Scheffler se enredó en una discusión televisiva con Robert Faurisson, en Tessin, durante 1979, y llegó a sufrir una hemorragia nasal, ningún exterminacionista desea ya arriesgarse a un bochorno semejante.

Los historiadores del establishment tienen muy claro que en tal debate no tienen ni una pizca de chances de ganar. La tesis, creída prácticamente por todo el mundo tras un incesante lavado de cerebro, de que los alemanes habrían gaseado a millones de judíos durante el III Reich, al inspeccionarla más de cerca se revela como el desvarío de un cerebro calenturiento, en cuanto es una imposibilidad defenderla frente a alguno de sus detractores familiarizado con los hechos reales.

Debería preguntarse ahora por qué la mentira se mantiene a pie firme y por qué apenas unos pocos saben algo de los revisionistas y de sus argumentos. La razón es la siguiente: la difusión de los descubrimientos es impedida por la más perfecta censura que haya jamás existido en la Historia, aquella censura de la cual prácticamente nadie llega a enterarse. A quién sirve esta censura, cómo se la aplica, por qué en nuestra sociedad supuestamente libre de tabúes existe un tabú, el del Holocausto, a qué se debe que hoy podamos dudar de todo y de todos, hasta del mismísimo Padre Eterno, su hijo Jesucristo y del Espíritu Santo, pero por ningún motivo de las cámaras de gas de Auschwitz y Treblinka, son temas sobre los cuales nos explayaremos más adelante.

¿Cuestionan los revisionistas la persecución de los judíos bajo Hitler?

En absoluto. A partir de 1933 los judíos fueron reprimidos y privados de sus derechos en forma creciente; fueron enviados al exilio; aquellos que a partir de 1941 se encontraban dentro de los territorios bajo dominio alemán en su mayoría fueron detenidos en campos de trabajo, encerrados en guetos, deportados a Polonia y Rusia, perdiendo sus bienes entretanto. Durante la campaña del este las Einsatzgruppen, tropas especiales, ejecutaron a muchos judíos (fijar una cifra total es algo imposible, aunque se sospecha que podría ser del orden de decenas de miles)

Estas persecuciones son hechos probados históricamente.

Por el contrario, no son hechos verídicos, sino propaganda mentirosa, todos los siguientes:

1) Que existió un plan para la eliminación física de los judíos.

2) Que existieron cámaras de gas en los campos de concentración para matar seres humanos.

3) Que bajo el gobierno de Hitler encontraran la muerte de 5 a 6 millones de judíos. Cuántos judíos murieron por la guerra y las persecuciones es hoy en día totalmente imposible de determinar, ya que no es permitido investigar libremente y ningún historiador independiente tiene acceso a los archivos alemanes, polacos, rusos e israelitas. En consecuencia hay que conformarse con aproximaciones. Rassinier opinaba que llegaría a alrededor de 1 millón la cantidad de judíos fallecidos en el radio de acción de Hitler por la guerra y las persecuciones. Otros revisionistas, como Walter Sanning, quien en su trascendental estudio demográfico La disolución de la judería europea oriental, basado casi exclusivamente en fuentes judías y aliadas, llegan a diversas cifras mucho menores.

Varios cientos de miles, posiblemente hasta cerca del millón de judíos murieron en guetos y campos principalmente a causa de epidemias y extenuación, por acciones de guerra y crímenes de guerra – como la destrucción del gueto de Varsovia o a manos de las Einsatzgruppen -, o cayeron víctimas de pogromos. Todo esto es suficientemente grave, y no existe la más mínima razón moral para sextuplicar o más la cifra de víctimas e inventar cámaras de gas.

¿Qué entendían los nazis como solución final de la cuestión judía?

Al tomar Hitler el poder en 1933, todos sabían que un furibundo antisemita quedaba al mando. Párrafos de odio contra los judíos comportan una apreciable parte del libro de Hitler, Mi lucha, y por disposición del programa del partido nacionalsocialista alemán de los trabajadores ningún judío podía ser ciudadano alemán. Las múltiples triquiñuelas a las que se vieron expuestos los judíos desde 1933 tenían por fin empujarlos al exilio. Para fomentar la salida de los judíos cooperaron estrechamente los nacionalsocialistas con los círculos sionistas, quienes estaban muy interesados en el máximo asentamiento de judíos en Palestina (sobre este trabajo conjunto silenciado férreamente hoy en día informa algo Heinz Höhne en su obra modelo sobre las SS: La Orden bajo la calavera) Aún antes que Hitler pusiera en efecto una sola ley anti-judía, desataron las organizaciones sionistas en los Estados Unidos, Inglaterra y otros países una descomunal campaña de boicot, la cual provocó enormes pérdidas económicas a Alemania. Dado que los nazis no podían echar mano de los responsables directos, descargaron su furia en contra de los judíos locales. La meta de los sionistas era forzar a Hitler a aprobar medidas de represión cada vez más severas contra los judíos a fin de acelerar la emigración de judíos desde Alemania hacia Palestina. Hasta 1941, cuando la emigración fue prohibida (la prohibición por lo demás no fue introducida como consecuencia), 2/3 tercios de la judería en Alemania había abandonado el Reich; permanecieron en su mayoría los de más edad. También los judíos de Austria en su mayoría abandonaron el país después del Anschluss (anexión), así como una parte considerable de los judíos checos después de la división de Checoslovaquia en 1939. Empezada la Segunda Guerra Mundial, el Plan Madagascar, que pretendía crear un Estado judío en la isla de Madagascar, pareció acercarse al campo de lo posible. Sin embargo Pétain no deseaba abandonar la isla y los británicos controlaban su acceso por mar. Por ello se sopesó la creación de un espacio de asentamiento judío en el este. En 1941 comenzaron las deportaciones en masa; cientos de miles de judíos fueron detenidos en campos de trabajo o enviados a Rusia (como estación de tránsito se usó a Polonia) Esta política tuvo las siguientes consecuencias:

1) Los alemanes necesitaban fuerzas de trabajo en forma urgente, ahora que los hombres capacitados estaban en el frente.

2) Los judíos representaban un riesgo para la seguridad interna, ya que indudablemente estaban todos de parte de los aliados.

3) La guerra brindaba a los nazis una preciosa oportunidad para intentar la solución final del problema judío.

Que los nacionalsocialistas bajo esta solución final no entendían la eliminación física de los judíos, sino sólo su asentamiento en el este se desprende claramente de sus propios documentos. Así Göring escribía a Heydrich el 31 de julio de 1941: “En complementación de la tarea que se le asignó con vigencia al 24 de enero de 1939, es decir, encontrar la mejor solución, de acuerdo a las condiciones actuales, al problema judío en la forma de su emigración o evacuación, yo le comisiono por la presente para que disponga todos los preparativos tanto organizacionales, como técnicos y materiales para la solución definitiva del problema judío en el territorio europeo bajo dominio alemán… Le comisiono además para presentarme a la mayor brevedad un proyecto general de medidas previas tanto de organización como técnicas y materiales para la ejecución de la solución final del problema judío que buscamos.” (citado por Raul Hilberg en La eliminación de los judíos europeos, editorial de libros de bolsillo Fischer, 1990, pág. 420)

En la conferencia berlinesa de Wannsee el 20 de enero de 1942, durante la cual la leyenda pretende que se decidió la eliminación física de los judíos, se habló en realidad, de hecho, sobre su asentamiento exterior, como se puede ver claramente en el acta (la autenticidad del documento es cuestionada, por lo demás, por revisionistas tales como Stäglich y Walendy) Y uno de los participantes en esa conferencia, Martin Luther, del ministerio de Exterior, escribió en un memorándum del 21 de agosto de 1942: “El principio básico de la política alemana respecto de los judíos, luego del ascenso al poder, fue promover por todos los medios la emigración judía… La actual guerra brinda a Alemania la oportunidad, y más bien el deber, de solucionar el problema judío en Europa… A causa de… la instrucción del Führer ya mencionada se empezó la evacuación de los judíos de Alemania. Era de suponer, que incluso los habitantes judíos de esos países captaran que se habían tomado asimismo medidas judías… El número de judíos desplazados hacia el este por estos medios no alcanzaba a cubrir las necesidades de mano de obra.” (Documento de Núremberg NG-2586)

Los historiadores ortodoxos se valen ahora de la risible explicación que evacuación, asentamiento y emigración serían sólo palabras clave para gaseamiento. De verdad, en el hecho fueron enviados mucho más de 1 millón de judíos a Rusia, tal cual lo sostienen los documentos alemanes. A falta de documentación escrita sobre la eliminación de los judíos y de las cámaras de gas los señores exterminacionistas se ven obligados a interpretar los documentos incorporándoles cosas que jamás estuvieron allí hasta ese preciso momento.

Los campos de concentración

Apenas dos meses después del ascenso de Hitler al poder se levantó en Dachau el primer campo de concentración; otros le siguieron. Antes de la guerra no se le asignó ninguna significación económica a los campos. Servían para aislar a aquellas personas que podían entrañar algún peligro para el gobierno nacionalsocialista. Entre las diferentes categorías de detenidos estaban los políticos (rojos), los criminales (verdes), además los asociales o negros (mendigos, vagos, rameras, etc.), los predicadores (miembros de sectas que eludían el servicio militar), y los homosexuales. Hasta 1938 los judíos eran confinados en estos lugares sólo cuando pertenecían a alguno de estos grupos.

En noviembre de 1938, tras el asesinato de un diplomático en París y de la tristemente célebre Noche de los Cristales por primera vez los judíos fueron encerrados masivamente sólo por serlo; pero en verdad los casi 30.000 internados pronto fueron liberados casi en su totalidad.

Antes de la guerra oscilaba la cantidad de reclusos (¡criminales incluidos!), entre algunos miles y algunas decenas de miles.

Iniciada la guerra brotaron como callampas nuevos campos en la Europa ocupada, desde Struthof-Natzweiler, en Alsacia, hasta Majdanek, en la gobernación general, es decir, la Polonia ocupada. En total hubo finalmente catorce campos mayores y una variedad de campos menores. Adicionalmente había alrededor de quinientos campos de trabajo (Arbeitslager), cada uno con algunos cientos hasta poco más de mil reclusos.

Estos campos de trabajo eran anexos a plantas industriales; los trabajadores forzados eran proporcionados a éstos por los campos de concentración. Los internos fallecidos en los campos de trabajo eran consignados en las estadísticas del campo de concentración del cual provenían. Estos campos jugaron un papel relevante en la industria de guerra. En Auschwitz, el más grande de los campos de concentración, se fabricaba buna – caucho sintético -, usada en la fabricación de neumáticos y, por lo tanto, de gran importancia bélica. En el especialmente temido campo de concentración Dora-Mittelbau, a causa de las inhumanas condiciones de trabajo, se construían los cohetes, con los que Hitler esperaba dar un vuelco a la guerra en 1944.

El maltrato de los detenidos no era una política de Estado, pues al régimen le interesaba contar con trabajadores lo más sanos posible. A pesar de eso siempre se caía en excesos y crueldades. Cada reglamento vale tanto como los que deben aplicarlo, y realmente no era la elite de la sociedad la que se presentaba para servir en los campos de concentración. En muchos campos las peores brutalidades no fueron en modo alguno protagonizadas por los SS, sino por los delincuentes, que aterrorizaban de lo lindo a los políticos. Records de inhumanidad se batieron en el Mauthausen austríaco.

Contra los jefes SS se procedió oportunamente con gran severidad. Karl Koch, comandante de Buchenwald, fue llevado al paredón por corrupción y asesinato; Hermann Florstedt, el tan mal afamado comandante de Majdanek fue colgado por los mismos presos. Entre el 1 de julio de 1942 y el 30 de junio de 1943 murieron, como se desprende claramente de una estadística preparada para Himmler por el General SS Oswald Pohl, 110.812 presos. El que los campos no se vaciaran se debía a que los egresos eran remplazados por nuevos ingresos. En agosto de 1943 la cifra total de reclusos en campos de concentración ascendía a 224.000, un año más tarde eran 524.000 (sin considerar los campos de tránsito)

La mayoría de los fallecimientos se debieron a epidemias.

Especialmente temida era la fiebre tifoidea, una variante del tifus, que es transmitida por los piojos. Para combatirla se utilizó, entre otros, el insecticida llamado Zyklon-B, el cual los chamanes del Holocausto transformaron más tarde en una herramienta de exterminio humano.

Dejando de lado los caóticos meses del fin de la guerra, la peor época en los campos fueron el verano y otoño de 1942. En ese lapso murieron mensualmente en Auschwitz, en promedio, más de trescientos internos al día de fiebre tifoidea. La plaga buscaba también entre el personal de la SS a sus víctimas. Dentro del complejo de Auschwitz se produjo la mayor cantidad de muertes en Birkenau, ubicado a unos 3 kilómetros del campo principal y que había asumido la función de un campo para enfermos. Durante ese tiempo murieron en Birkenau más internos que en todos los demás campos juntos. En este campo de la muerte de Birkenau, donde aparentemente perecieron 100.000 a 120.000 detenidos, mayoritariamente por enfermedad (¡había también ajusticiamientos y asesinatos!), llegó a ser un campo de exterminio para la leyenda, donde según cada historiador fueron asesinadas de 1 a 4 millones de personas. Para la incineración de las víctimas de la plaga se construyeron hornos crematorios, y para ubicarlos se construyeron depósitos de cadáveres y bodegas, de los cuales los mitólogos del genocidio hicieron más tarde cámaras de gas. También de las duchas hicieron cámaras de gas en parte. Y de la selección de los capacitados y no capacitados para trabajar hicieron las selecciones para la cámara de gas.

De este modo nació la más monstruosa mentira de este siglo, la mentira de Auschwitz.

La peor de las catástrofes se desató en los crueles últimos meses de guerra. A medida que ingleses y estadounidenses liberaban campo tras campo en 1945, se encontraban con miles de cadáveres sin enterrar, así como decenas de miles de presos casi muertos de hambre. Sus fotos recorrieron el mundo como pruebas de un asesinato masivo sin parangón. En realidad la mortandad no tenía nada que ver con una política consciente de exterminio. Esto se deduce fácilmente de las cifras de muertes para cada campo; a continuación las cifras para Dachau (fuente: Paul Berben: Dachau 1933-1945: la historia oficial, The Norfolk Press, 1975):

1940: 1.515 muertos.

1941: 2.576 muertos.

1942: 2.470 muertos.

1943: 1.100 muertos.

1944: 4.794 muertos.

1945: 15.384 muertos.

En los últimos cuatro meses, durante toda la existencia del campo, murieron entonces más internos que en todos los demás años de guerra juntos. Incluso después de la liberación por los yanquis murieron unos 2.000 reclusos por debilidad; y 1.588 murieron en los primeros diecisiete días de mayo. Las causas para esta terrible mortandad fueron las siguientes:

1) En lugar de sencillamente abandonar a los presos en los campos orientales a las tropas rusas que avanzaban, los nazis los evacuaron hacia el oeste. Como la mayor parte de las vías férreas habían sido bombardeadas, decenas de miles fueron conducidos en caminatas de semanas a través del hielo y la nieve al interior de Alemania; una buena parte ya no sobrevivió la guerra. Y en los campos que recibieron a los evacuados no había dormitorios, ni letrinas, ni comida, ni medicamentos, ni nada. El motivo de esta alucinada política de evacuación era sencillamente que no se deseaba dejar caer en las garras de los soviéticos ni trabajadores ni soldados. A los enfermos se les permitió permanecer en Auschwitz y fueron liberados por el Ejército Rojo.

2) A partir del otoño de 1944 oleadas de millones de fugitivos se dirigían a Occidente procedentes de los territorios tomados por los soviéticos. Simultáneamente los bombardeos terroristas anglo-yanquis reducían a escombros ciudad tras ciudad y hacían desaparecer toda infraestructura. En tales condiciones murieron, aún en libertad, innumerables personas por debilitamiento y enfermedades contagiosas.

Chuck Yeager, primer piloto que cruzó la barrera del sonido, escribe en su autobiografía (Yeager: Una autobiografía, Nueva York, Bantam Books, 1985, pág. 79 y 80), que su brigada tenía instrucciones de disparar a todo lo que se moviese en una superficie de 50 kilómetros cuadrados. “Alemania no se dividía sencillamente en civiles y militares. El campesino con su huerto de papas alimentaba las tropas Alemanas.” Luego, los aliados produjeron la hambruna total con sus bombardeos terroristas, ¡para entonces acusar a los vencidos de no haber sido capaces de alimentar suficientemente a los presos en los campos de concentración! Y aún a pesar de todo eso los libertadores en campos como Bergen-Belsen, Buchenwald y Dachau, junto a las pilas de cadáveres y piltrafas humanas deambulantes, encontraron decenas de miles de presos con buena salud y relativamente bien alimentados. De los cuales se tomaron fotos que apenas habrán sido mostradas alguna vez.

Se pueden establecer paralelos históricos con los campos de concentración nazis, por la época de la Guerra Civil estadounidense. En los campos de prisioneros de los norteños Camp Douglas y Rock Island la tasa de mortalidad era del 2 al 4 % mensual. Y más al sur, en Andersonville, de 52.000 soldados norteños murieron 13.000. En la Guerra Boer los británicos internaron alrededor de 120.000 civiles así como decenas de miles de negros africanos, de los cuales murió uno de cada seis. Ni los prisioneros de la Guerra Civil yanqui ni los de la Guerra de los Boers fueron eliminados deliberadamente; casi todos sufrieron enfermedades contagiosas, las cuales no pudieron ser reducidas.

Las cifras de muertos son comparables a las de Dachau (84 % vivos y 16 % muertos), y Buchenwald (86 % vivos y 14% muertos) La Oficina de Registro Civil Especial en Arolsen (de la República Federal Alemana), registró los decesos en los campos de concentración. Este es el balance hasta fines de 1990:

Mauthausen: 78.851 muertos.

Auschwitz: 57.353 muertos.

Buchenwald: 20.686 muertos.

Dachau: 18.455 muertos.

Flossenburg: 18.334 muertos.

Stutthof: 12.628 muertos.

Gross-Rosen: 10.950 muertos.

Majdanek: 8.826 muertos.

Dora-Mittelbau: 7.467 muertos. No

Bergen-Belsen: 6.853 muertos.

Neuengamme: 5.780 muertos.

Sachsenhausen-Oranienburg: 5.013 muertos.

Natzweiler-Strutthof: 4.431 muertos.

Ravensbrück: 3.640 muertos.

En la estadística de Arolsen figura también Theresienstadt, con 29.339 muertos, pero ese no era propiamente un campo de concentración sino un gueto para judíos viejos y privilegiados.

Arolsen también menciona que la estadística es incompleta. Ya en otros registros civiles los decesos registrados no vuelven a ser citados, y en varios campos falta parte de la documentación.

Si se deseara establecer exactamente con un margen de error de un par de miles la cifra de los fallecidos en los campos de concentración, nadie estaría más capacitado que Arolsen al disponer de mucha mayor cantidad de documentos que cualquier otro registro civil del mundo. No obstante Arolsen está bajo jurisdicción del gobierno alemán, el cual teme a la verdad histórica más que el diablo al agua bendita. Por ese motivo Arolsen no permite el acceso a sus archivos a ningún investigador independiente y divulga en sus folletos arbitrariedades tan desfachatadas como que en los campos de exterminio no se encontró documentación alguna. Que tal documentación no existe porque los campos de exterminio sencillamente jamás existieron, nadie lo sabe mejor que el mismo Arolsen.

Para Dachau y Buchenwald las cifras de muertos son indiscutibles por lo que sabemos (32.000 y 33.000 respectivamente) En 1990 los rusos pusieron a disposición de la dirigencia de la Cruz Roja Internacional los registros necrológicos de Auschwitz que hasta entonces habían mantenido en secreto bajo siete llaves. Cubren, con algunas lagunas, el período de agosto de 1941 a diciembre de 1943 y contienen 74.000 nombres. Dónde se ocultan los demás registros es por supuesto algo que se desconoce. El número de víctimas de Auschwitz debería entonces bordear los 150.000. De lo expuesto hasta aquí sacamos las siguientes conclusiones:

1) Aparentemente murieron desde 1933 hasta 1945 entre 600.000 y 800.000 personas en los campos de concentración nazis.

2) Menos de la mitad eran judíos, ya que en muchos campos representaban sólo una pequeña minoría (en Auschwitz la población penal judía era al final cerca del 80 %)

3) Más que probablemente muchos más judíos encontraron la muerte fuera de los campos que dentro de ellos.

La Seta Venenosa / Traducción al español por Sac de Muñoz Ediciones Boca del Lobo 2020.

Destacado

Cuentos Infantiles Publicados en 1938 por Ernst Hiemer

Prólogo del Traductor – Sac de Muñoz

1939 es marcado en la historia oficial como el año en que inició la Segunda Guerra
Mundial, sin embargo, desde 1933, año en que apenas había llegado Hitler al poder,
el sionismo había declarado la guerra a Alemania, así quedó patente en la publicación del viernes 24 de marzo de 1933 del periódico británico Daily Express con el titular “Judea declara la guerra a Alemania”. La publicación invitaba a todos los judíos del
mundo a boicotear los productos alemanes. Ésta verdad elemental se ha propagado
por el mundo gracias a internet, pero más que todo fue gracias al valiente trabajo de
los historiadores revisionistas. La guerra económica es un mecanismo de presión
contra los países y busca someterlos a la voluntad de los señores del dinero, no por
casualidad, Richard Coudenhove-Kalergi mencionó en su libro de 1925, Praktischer
Idealismus: “Ahora, la lucha comercial está reemplazando a la militar: el boicot y el
bloqueo se emplean en lugar de la guerra; la huelga política en vez de la revolución”,
éste modus operandi de los reyes del oro suele llevar a las naciones al
quebrantamiento económico y moral, además de provocar tantas muertes por hambre como las que provoca un bombardeo masivo. Gerd Honsik mencionó que “El boicot y el bloqueo son armas dirigidas contra las madres y sus hijos”.
Con esto el sionismo había demostrado su verdadero rostro y los Nacionalsocialistas tenían muy claro quién era su enemigo, en respuesta, en 1935 los alemanes dictaron Las Leyes de Nuremberg, por medio de las cuales se buscaba aplicar restricciones a las actividades de los judíos, ahora enemigos declarados, dentro de Alemania, pero además los Nacionalsocialistas emprendieron la titánica tarea de educar al pueblo en ésta verdad ineludible incluidos los niños. Con ese objetivo, el libro que usted tiene en sus manos fue editado en 1938 con el título Der Giftpilz (La Seta) y fue publicado por Julius Streicher, editor del diario Der Sturmer de corte Nacionalsocialista. El texto es de Ernst Hiemer y las ilustraciones de Philipp Rupprecht quien firmaba como Fips. Las historias e ilustraciones fueron pensadas
para niños y el libro se distribuyó en las escuelas primarias con el objetivo de enseñar a los niños sobre los peligros que los judíos representaban para todo el pueblo
alemán. Hoy en día, el sionismo hace lo mismo que hicieron los Nacionalsocialistas
pero estos obligan a los niños alemanes a leer el Diario de Ana Frank con el objetivo
de sembrar la autoculpabilidad en las nuevas generaciones de alemanes. Lo que
podríamos fácilmente denominar como “El Tratamiento de Desnazificación en la
Actualidad”.
Una copia del presente libro se exhibe en el Museo Memorial del Holocausto en
Washington, Estados Unidos, y en 2019 el Museo Judío de Londres exhibió una
exposición con la que buscaba demostrar que el estereotipo del judío adinerado es un
error y se exhibió el presente libro, puesto que habla sobre la preponderancia de los
banqueros judíos en la economía. Abigail Morris, directora del Museo Judío de
Londres dijo: “Los mitos y los estereotipos tienen sus orígenes, y ésta exposición se
basa en objetos de más de 2,000 años para ir a las raíces de las prácticas judías en
torno al dinero. Al mismo tiempo, muestra cómo ciertas interpretaciones peligrosas,
incluso mortales, surgieron y aún proliferan en todo el mundo”. Los maestros de la
mentira buscan con esto, hacer creer a las masas que es un simple mito que la mayoría de los grandes bancos del mundo pertenecen desde hace siglos a familias judías entre las que podemos citar a los Rothschild y a los Warburg.
La traducción del alemán al inglés fue realizada por Gary Lauck y la publicó con el
título “The Poisonous Mushroom” (La Seta Venenosa), lo que le acarreó acusaciones
de “antisemita” y “neonazi”. En 1995 fue arrestado en Dinamarca y deportado a
Hamburgo Alemania donde tenía una acusación y era buscado por distribuir
“propaganda neonazi”, lo que le valió una condena a cuatro años de prisión. Fue
liberado el 19 de marzo de 1999 y deportado a los Estados Unidos. En 2007 produjo
la traducción al estonio, motivo por el cual el Servicio de Seguridad Interna de Estonia
presionado por el Lobby Judío, inició una investigación bajo la acusación de
“incitación al odio”. El caso de Lauck es uno entre miles de personas que han sido
encarceladas por criticar al sionismo, lo que nos recuerda las palabras de Voltaire:
“Para saber quien gobierna sobre ti, simplemente encuentra a quién no estás
autorizado a criticar”.
Robert Faurisson mencionó en una conferencia: “El revisionismo no es una
ideología, es una metodología”, como metodología nos permite revisar la historia
imparcialmente y arrojar resultados igualmente imparciales, cosa contraria a lo que sucede cuando la Historia se estudia desde un punto de vista ideológico. Por lo tanto, el lector observador, notará que el presente libro de cuentos infantiles, tenía en 1938 la misma función propagandística que hoy tienen Hollywood y la enorme producción literaria sobre el holocausto judío recalcando la maldad alemana durante la época del Nacionalsocialismo, es decir, identificar, señalar y por supuesto denostar a un enemigo abiertamente declarado, ese es el objetivo de la propaganda, sea quien sea
el que la pone en práctica. De tal modo que si los alemanes hubiesen ganado la
guerra, las películas y libros que se producen masivamente sobre la Segunda Guerra Mundial, serían anti judíos y anti Aliados al contrario de anti alemanes.

Así como a menudo es difícil distinguir una seta venenosa de una seta comestible,
también es muy difícil reconocer al Judío como un estafador y criminal.

Ediciones Boca del Lobo tiene el Honor de editar y distribuir en su catálogo 2020 un ejemplar que no dejará indiferente a nadie, LA SETA VENENOSA escrita por Ernst Hiemer en 1939 en Alemania, traducido por nuestro colaborador oficial Sac de Muñoz quién adapta este título con la finalidad de que su contenido sea conocido en América como también los países de habla Hispana, nosotros como editorial artesanal revisionista e independiente no podemos ser indiferentes ante este material inédito y aceptamos el costo que ello nos pueda generar, por esta razón damos el ejemplo. Necesitamos gente valiente con decisión, basta de mediocres quienes no tienen la capacidad de cuestionar lo que nos han enseñado que es parte de la gran mentira mundial. La Seta Venenosa es un título que definitivamente sacará ronchas a una comunidad a la que podemos denominar “el pueblo elegido” por la razón fundamental que ellos controlan el poder mundial a nivel planetario, a vista y paciencia de todos sus habitantes, invitamos cordialmente a que se pongan en contacto con nosotros para obtener este ejemplar único a través de Ediciones Boca del Lobo.

Testamento Político de Adolf Hitler

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Testamento político de Adolf Hitler, del 29 de abril de 1945 Adolf Hitler

Mi Testamento Político

Desde que, en 1914, puse mis modestas fuerzas como voluntario al servicio de la Primera Guerra Mundial impuesta al Reich, han transcurrido más de treinta años. Durante estos tres decenios, en todos mis pensamientos, actos y en toda mi vida sólo me han movido el amor y la lealtad hacia mi pueblo.

Ellos me han dado la fuerza necesaria para tomar las más difíciles decisiones que haya tenido que tomar cualquier mortal. Durante estos tres decenios, he gastado mi tiempo, mi energía y mi salud. Es falso que yo o cualquier otra persona en Alemania quisiera la guerra en La querían y la instigaban exclusivamente los estadistas internacionales que, o bien eran de ascendencia judía o trabajaban a favor de los judíos. Son demasiados los ofrecimientos de limitación de armamento que hice y que el mundo no podrá seguir desmintiendo durante toda la eternidad, para que deba recaer sobre mí la responsabilidad por el desencadenamiento de esta guerra. Nunca deseé que, después de la primera y funesta Guerra Mundial, hubiera otra contra Inglaterra o contra Norteamérica. Pasarán siglos, pero de las ruinas de nuestras ciudades y monumentos seguirá brotando, renovado, el odio contra el pueblo que, en última instancia, es el responsable de todo esto: |el judaismo internacional y sus secuaces!

Tres días antes de que estallara la guerra germano-polaca, propuse al embajador británico en Berlín una solución de los problemas germano-polacos: similar a la del Sarre, bajo control internacional. Tampoco este ofrecimiento puede ser desmentido. Fue rechazado, porque las altas esferas de la política inglesa querían la guerra, debido, en parte, a los grandes negocios que esperaban realizar y, en parte, a la propaganda montada por el judaismointernacional. No he dejado lugar a dudas de que si los pueblos de Europa vuelven a ser considerados sólo como paquetes de acciones de estos conjurados de las finanzas internacionales, la responsabilidad será también de ese pueblo que en realidad es el culpable de esta criminal refriega: los judíos. Tampoco he dejado a nadie en la duda de que esta vez no sólo morirán de hambre millones de niños europeos de los pueblos arios, no sólo sufrirán la muerte millones de hombres adultos y no sólo arderían y morirían destrozados por las bombas cientos de miles de mujeres y niños en nuestras ciudades sin que el verdadero culpable pague su culpa, aunque por medios más humanos. 1

1 Hitler con sus compañeros de compañia (derecha) y su perro, I Guerra Mundial

Después de una lucha de seis años que, a pesar de todos los contratiempos, pasará a la Historia como el más glorioso y valeroso exponente de la voluntad de supervivencia de un pueblo, no puedo abandonar la ciudad que es la capital de este Imperio. Dado que las fuerzas son ya muy escasas para seguir resistiendo el asalto enemigo en este punto y la resistencia propia está siendo progresivamente deteriorada por el elementos tan obcecados como inconsistentes, quisiera unir mi suerte a la que han seguido millones de seres, quedándome en esta ciudad. Por otra parte, no quiero caer en manos de los enemigos que, para divertir a sus masas soliviantadas, necesitan un nuevo espectáculo montado por los judíos.

Por lo tanto, he decidido permanecer en Berlín y buscar la muerte en el momento en que crea que la sed del Führer y Canciller no puede seguir siendo defendida. Muero contento, pensando en las inconmensurables gestas realizadas por nuestros soldados en el frente, por nuestras mujeres en el hogar, las hazañas de nuestros campesinos y trabajadores y el arrojo de nuestras Juventudes, que llevan mi nombre, sin parangón en la Historia. El que yo les dé las gracias de todo corazón es algo tan natural como mi deseo de que en modo alguno abandonen la lucha sino que dondequiera que sea la continúen, contra el enemigo de la patria, fieles a los principios de un gran Clausewitz. Del sacrificio de nuestros soldados y de mi propia comunión con ellos hasta la muerte, ha de germinar un día en la Historia alemanala semilla de un esplendoroso renacer del movimiento nacionalsocialista y, con él, la realización de una verdadera comunidad de pueblos. Muchos hombres y mujeres valerosos han decidido unir su destino al mío hasta el final. Yo les he rogado y, finalmente, ordenado que no lo hagan y que sigan empeñados en la lucha de la nación. Pido a los jefes de los Ejércitos, la Marina y la Luftwaffe que consoliden por todos los medios el espíritu de resistencia de nuestros soldados, en el sentido nacionalsocialista y recalquen especialmente que yo mismo, fundador y creador de este movimiento, he preferido la muerte a una cobarde claudicación e, incluso, a una capitulación.

Ojalá un día forme parte del concepto del honor del oficial alemán —como sucede ya en nuestra Marina— el que la cesión de un territorio o una ciudad es imposible y que los jefes deben ir delante, dando brillante ejemplo en cumplimiento fiel de su deber, hasta la muerte.

SEGUNDA PARTE DEL TESTAMENTO POLÍTICO

Antes de morir, expulso del Partido al antiguo Mariscal del Reich HermannGoring y le despojo de todos los derechos que pudieran derivarse del decreto de 29 de junio de 1941, así como de mi declaración hecha en el Reichstag el 1° de septiembre de 1939. Nombro en su lugar al gran almirante Donitz presidente del Reich y jefe supremo de la Wehrmacht. Antes de morir, expulso del Partido y de todos sus cargos oficiales al antiguo Jefe de la SS y Ministro del Interior, Heinrich Himmler. Nombro en su lugar al Jefe provincial Karl Hanke, jefe de la SS y de la Policía alemana y al jefe provincial Paul Giesler, ministro del Interior. Goring y Himmler, con negociaciones secretas con el enemigo, realizadas sin mi conocimiento y contra mi voluntad, así como con el intento, contrario a la ley, de hacerse con el poder del Estado, han ocasionado al país y a todo el pueblo alemán daños incalculables, aparte de la deslealtad que su proceder supone hacia mi persona. A fin de dar al pueblo alemán un Gobierno compuesto por hombres honorables, que cumpla con la obligación de continuar la guerra por todos los medios, nombro jefes de la nación a los siguientes miembros del nuevo gabinete: Presidente del Reich: Donitz

Canciller del Reich: Doctor Goebbels Ministro del Partido: Bormann

Ministro de Asuntos Exteriores: Seyss-Inquart

Ministro del Interior: jefe provincial Giesler Ministro de la Guerra: Donitz

Jefe supremo del Ejército: Schorner

Jefe supremo de la Kriegsmarine: Donitz

Jefe supremo de la Luftwaffe: Greim

Jefe de la SS y de la Policía Alemana: jefe provincial Hanke

Economía: Funk Agricultura: Backe

Justicia: Thierack

Cultura: Doctor Scheel

Propaganda: Doctor Naumann

Finanzas: Schwerin-Crossigk

Trabajo: Doctor Hupfauer

Armamento: Saur

Jefe del Frente de Trabajo Alemán y miembro del gabinete del Reich: ministro del Reich doctor Ley.

Aunque muchos de estos hombres, como Martin Bormann, el doctor Goebbels, etcétera, con sus esposas, por propia voluntad, se han congregado en torno a mí y bajo ningún concepto querían abandonar la capital del Reich sino que estaban dispuestos a sucumbir conmigo, tengo que pedirles que obedezcan mi requerimiento y en este caso pongan el interés de la nación por encima de sus propios sentimientos. Con su trabajo y su lealtad seguirán estando tan cerca dé mí después de la muerte como espero que mi espíritu lo esté de ellos y los acompañe siempre. Deseo que sean estrictos pero nunca injustos, que nunca tomen al temor por consejero de sus actos y que pongan el honor de la nación por encima de todo lo que hay en el mundo. Que entiendan que nuestra misión de construir un Estado nacionalsocialista representa el trabajo de siglos venideros, que obliga a cada uno a servir el interés común y supeditar a éste sus propias conveniencias. A todos los alemanes, a todos los nacionalsocialistas, hombres y mujeres y a todos los soldados de la Wehrmacht les pido que sean fíeles al nuevo Gobierno y a su Presidente hasta la muerte. Ante todo, comprometo al Gobierno de la nación y a todos los compañeros al estricto mantenimiento de las leyes raciales y a la implacable resistencia contra el veneno de todos los pueblos, el judaismo internacional. Dado enBerlín, a 29 de abril de 1945, 4:00 horas. Adolf Hitler

Testigos; Doctor Joseph Goebbels Martin Bonnann Wilhelm Burgdorf Hans Krebs

El Instituto Tavistock y la Guerra Psicológica

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www.youtube.com/watch

Vamos con un trabajo reciente del autor Mexicano Samuel Cruz parte de nuestra editorial artesanal Ediciones Boca del Lobo quien nos entrega esta información para todo aquel que necesite aprender más sobre este tema relacionado con la contingencia internacional.

EL INSTITUTO TAVISTOCK Y LA GUERRA PSICOLÓGICA. Con una perspectiva revisionista del tema.

El presente video pertenece a un taller dictado en el año 2019 por Samuel Cruz en la ciudad de la Paz Bolivia titulado: El Instituto Tavistock; Historia, Objetivos y Presente.

En estos 30 minutos , se responde a las preguntas: ¿Dedónde vienen las raíces de Tavistock? ¿Cómo surgió Tavistock? ¿Qué papel jugo durante la Segunda Guerra Mundial? ¿Cómo se involucró en el cambio de personalidad del pueblo alemán en la era pos Hitler?

Concretamente hablando sobre el cambio de personalidad que le hicieron a los alemanes a través de los tratamientos de desnazifición. Sean libres de dejar preguntas en el canal de YouTube y allí mismo les daremos respuesta.

El Arte de la Guerra Sun Tzu en audiolibro

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El arte de la guerra (en chino simplificado, 孙子兵法; en chino tradicional, 孫子兵法; pinyin, Sūn Zǐ Bīngfǎ; literalmente, «El arte de la guerra de Sun Tzu») es un libro sobre tácticas y estrategias militares, escrito por Sun Tzu («Maestro Sun», también llamado Sūnzǐ), un famoso estratega militar chino. Se trata de un antiguo tratado militar chino que data del final del periodo de las primaveras y otoños (aproximadamente del siglo v a. C.). La obra consta de 13 capítulos, cada uno dedicado a un aspecto de la guerra y cómo se aplica a la estrategia y tácticas militares. Durante casi 1500 años fue el texto principal de una antología que se formalizaría como los siete clásicos militares del emperador Song Shenzong en 1080. El arte de la guerra sigue siendo el texto de estrategia más influyente en la guerra de Asia Oriental y ha influido en el pensamiento militar oriental y occidental, así como en las tácticas de negocios y en la estrategia legal, entre otros campos. Este libro contiene una explicación detallada y un análisis del ejército chino, desde las armas y la estrategia hasta el rango y la disciplina. Sun Tzu también subrayó la importancia de los agentes de inteligencia y el espionaje para el esfuerzo bélico. Debido a que Sun Tzu ha sido considerado durante mucho tiempo como uno de los mejores tácticos y analistas militares de la historia, sus enseñanzas y estrategias formaron la base del entrenamiento militar avanzado durante los siguientes siglos.

Ediciones Boca del Lobo invita a nuestros lectores a disfrutar de este lindo trabajo de una obra tan importante como es El Arte de la Guerra de Sun Tzu en audiolibro disponible en nuestro canal de Ivoox.

https://cl.ivoox.com/es/arte-guerra-sun-tzu-en-audios-mp3_rf_50086851_1.html

Así Habló Zaratustra Audiolibro Friedrich Nietzsche

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Un registro en audio del Libro completo Así hablo Zaratustra del Filosofo Alemán Friedrich Nietzsche, lejos una de las obras más importantes, quiénes comprenden el real sentido de su relato pueden afirmar que es contemporánea y describe la historia del hombre moderno desde sus inicios hasta la actualidad. Como Ediciones Boca del Lobo recomendamos no solo poner atención a este relato que los podrá acompañar en estos momentos tan complejos sino profundizar en la obra de este grande de la filosofía.

https://cl.ivoox.com/es/asi-hablo-zaratustra-friedrich-nietzsche-audios-mp3_rf_50043724_1.html

Cuando Zaratustra tenía treinta años abandonó su patria y el lago de su patria y marchó
a las montañas. Allí gozó de su espíritu y de su soledad y durante diez años no se cansó
de hacerlo. Pero al fin su corazón se transformó, – y una mañana, levantándose con la
aurora, se colocó delante del sol y le habló así:
«¡Tú gran astro! ¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas!
Durante diez años has venido subiendo hasta mi caverna: sin mí, mi águila y mi serpiente
te habrías hartado de tu luz y de este camino.
Pero nosotros te aguardábamos cada mañana, te liberábamos de tu sobreabundancia y te
bendecíamos por ello. ¡Mira! Estoy hastiado de mi sabiduría como la abeja que ha recogido
demasiada miel, tengo necesidad de manos que se extiendan.
Me gustaría regalar y repartir hasta que los sabios entre los hombres hayan vuelto a regocijarse
con su locura, y los pobres, con su riqueza.
Para ello tengo que bajar a la profundidad: como haces tú al atardecer, cuando traspones
el mar llevando luz incluso al submundo, ¡astro inmensamente rico!
Yo, lo mismo que tú, tengo que hundirme en mi ocaso, como dicen los hombres a
quienes quiero bajar. ¡Bendíceme, pues, ojo tranquilo, capaz de mirar sin envidia incluso
una felicidad demasiado grande!
¡Bendice la copa que quiere desbordarse para que de ella fluya el agua de oro llevando
a todas partes el resplandor de tus delicias!
¡Mira! Esta copa quiere vaciarse de nuevo, y Zaratustra quiere volver a hacerse hombre.
»

  • Así comenzó el ocaso de Zaratustra.

Instauración del Gobierno Mundial Parte I Samuel Cruz.

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Continuamos con una conferencia a Samuel Cruz, revisionista mexicano autor de El Mundo detrás de las Cortinas, conferencia que fue realizada hace el año 2019 acerca de cómo se llevará a cabo la instauración del Gobierno Mundial, la cual se está llevando a cabo actualmente https://youtu.be/QCOBtcuwv8A

INFORME LEUCHTER EDICIÓN ESPECIAL

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Ediciones Boca del Lobo se complace en presentar una edición realizada por nuestro grupo de trabajo. Este es uno de los títulos más peligrosos y precursores en cuanto Revisionismo Histórico nos referimos a “EL INFORME LEUCHTER”, escrito por Fred A. Leuchter, adjuntamos a el “El Segundo Informe Leuchter”. La segunda parte de este informe, un documento inédito el cual se distribuyó en círculos cerrados por Ingrid Zündel en el momento en que Ernst Zündel fue encarcelado y deportado a Canadá, también agregamos como un bonus extra a esta edición especial un documento titulado “Murieron realmente 6 millones ?” por Richard Hardwood que nos sorprende con más datos que ponen en tela de juicio la mentira más grande de la historia.

Edición Especial Informe Leuchter 198 páginas confeccionando artesanalmente

Contáctate con nuestra editorial para obtener uno de estos ejemplares artesanales.

Prefacio por Robert Faurisson y Prólogo por David Irving.

Pocas veces en la historia se presenta la oportunidad de leer un documento que tiene el potencial de destrozar un mito histórico ya convertido en leyenda; es decir , el “Holocausto” judío, que acusa a los alemanes de la gasificación de millones de judíos en campos de concentración en Polonia durante la Segunda Guerra Mundial.

El Informe Leuchter es uno de aquellos documentos raros y preciosos. Preparado y escrito por Fred. A. Leuchter, un consultor en los Estados Unidos para el diseño, la construcción y el mantenimiento de cámaras de gas para ejecución; el informe expone la metodología y los resultados de la primera investigación forense de los actuales sitios en Polonia donde las gasificaciones supuestamente habrían ocurrido.

La conclusión de Leuchter, después de haber inspeccionado los sitios y analizado muestras que tomó de las paredes y de los pisos, por su contenido total de cianuro, fue definitiva: las supuestas cámaras de gas jamás podrían haber sido usadas – ahora o en aquellos tiempos – como cámara de gas para la ejecución.

David Irving, él distinguido historiador británico, ha denominado al Informe Leuchter como un documento “destrozador” , el cual fue elemental para reforzar sus convicciones de que toda la mitología del Holocausto está ahora expuesta a la duda. Este constituye un documento que los historiadores del “Holocausto” pueden ignorar solamente so pena de perder su reputación como científicos objetivos. Después del Informe Leuchter, el supuesto genocidio perpetrado por los alemanes contra los judíos, usando cámaras de gas como instrumento de matanza, no puede ser sostenido por más tiempo. El editor se enorgullece en presentar el Informe Leuchter, a los lectores imparciales y honestos.

PRIMER LANZAMIENTO INTERNACIONAL 2020, EL MUNDO DETRÁS DE LAS CORTINAS / Samuel Cruz, México.

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Samuel Cruz Escritor y Revisionista Mexicano

Ediciones Boca del Lobo se complace en presentar y editar artesanalmente “El Mundo detrás de las Cortinas” del autor Mexicano Samuel Cruz, escritor y revisionista, quien nos autoriza para que dispongamos de la distribución de su obra en formato físico, con la finalidad de que su trabajo pueda ser conocido en nuestro país Chile. Esta obra que ya se ha dado a conocer en varios países del continente Americano ha sido calificada como la obra revelación del año 2019 que ha sorprendido e inspirado a la nueva generación de escritores y revisionistas, también se ha ganado el respeto de todos aquellos que comparten el ideal Nacionalsocialista como de aquellos que buscan entender que es lo que sucede más allá de sus propias narices y que actualmente afectan a todos los países del Mundo. Invitamos cordialmente a todos nuestros seguidores a ponerse en contacto a través de todos nuestros medios virtuales y conocer esta audaz obra revisionista.

Agradecemos la gentileza, cooperación y kamaraderia de Samuel Cruz por autorizarnos de forma exclusiva para su impresión y distribución, siendo los primeros en nuestro país que contamos con este título en formato artesanal con el compromiso y calidad que nos identifican como la única editorial artesanal revisionista de Chile.

Samuel Cruz

Samuel Cruz nació en Guaymas Sonora México, titulado como Ingeniero Industrial por el Instituto Tecnológico de Sonora. Publicó su primer estudio de ingeniería en la Revista Internacional de Ciencia y Tecnología Academia Journals.
Fue director de campaña de un actual diputado en México, en ese ámbito dictó diversos talleres de capacitación política, geopolítica y de guerra psicológica.
Capacitado en Geopolítica y Gobernanza Global, Historia Europea, HISTORIA del “holocausto”, e Historia del Terrorismo y Contraterrorismo. Desde muy temprano se inclinó por el estudio del Revisionismo Histórico de la Segunda Guerra Mundial, tema del que ha dado numerosas entrevistas en medios de comunicación mexicanos, españoles y argentinos, autor del libro EL MUNDO DETRÁS DE LAS CORTINAS; La Historia Como Instrumento de Control de las Masas, el cual presentó en La Paz Bolivia en 2019 y en Ciudad de México en enero de 2020 en el instituto CEDIPC. Radica en Bolivia desde el 2017 y es colaborador del medio de comunicación en línea La Era de México y del programa español Misterioso Universo en la Red.

EL Mundo detrás de las Cortinas “La Historia como Instrumento de Control de las Masas”, Edición Artesanal.

Edición Artesanal a disposición en todo el Territorio Nacional.

El mundo detrás de las cortinas es un libro interesante, el cual nos permite introducirnos en el genero Revisionismo Histórico con antecedentes reales acerca de que es lo que ocultan los gobiernos “demócratas e internacionalistas” convirtiendo a nuestros países en cunas de analfabetos sin voluntad que corren a su autodestrucción y bajo el sopor que transmiten estas armas de destrucción masiva es que capitalizan adeptos voluntarios, estas armas que cada día podemos apreciar en todos los medios de comunicación, son las cuales ha permitido al gobierno mundial desplegar desde la segunda guerra mundial una estrategia de dominación mundial bajo el más estricto secreto pero bajo la aceptación y autorización de los gobiernos de la mayor parte del mundo.

Presentación del libro tapa dura .
Edición chilena 268 páginas encuadernadas e impresas artesanalmente.
Autorización por parte del autor para realizar su obra.

Mitos y Leyendas de Chile Carlos Keller Rueff – Quinta Parte.

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EL PARAÍSO DE CHUNGARA

Hay al interior de Arica, cerca de la frontera boliviana, en los orígenes del río Lauca, dos grandes lagos y numerosas lagunas que alegran el solitario paisaje del Altiplano. El más elevado de esos lagos, que es el de Chungará, queda a 4.540 m. y está poblado de numerosas taguas, que le han valido su nombre, pues éste proviene del aymará, en que aquella ave es llamada chunca y hará significa canto, siendo el de la tagua más bien un graznido. El lago es alimentado por tres tributarios que le llegan desde el suroriente y que tienen su origen en los nevados de Quimsachata (de quimsa, tres; hacha, alto; y ta, frío) y del volcán de Huallatiri (de hualla, gran; y tiri, costura: La Gran Costura, por ostentar el cerro dos partes diferentes y unidas). Este último excede en altitud los 6.000 m.
Un istmo de menos de 2 kms. de anchura separa al norponiente el lago del de Cotacotani, que es más pequeño qué el anterior y se encuentra a 20 m. más abajo. A través de la faja que los separa existe un drenaje subterráneo, faltando uno superficial. En el invierno se disuelve este lago en varios, Io que explica su nombre (cota significa lago en aymará y la repetición del término: Varios lagos). Tampoco este lago tiene drenaje superficial, pero si uno subterráneo hada el poniente, donde se encuentra a menos de 4 kms. de distancia de su orilla el pueblo de Parinacota (parina significa en aymará una de las especies de flamencos). En las lagunas y en un gran bofedal (tembladera) que sigue a menor altitud ya se constituye el río Lauca. Un poco más abajo, un canal conduce parte de su caudal a través de un túnel trazado, debajo del portezuelo efe Chapiquiña, al valle de Azapa, a fin de fecundar sus áridas planicies.
Parinacota queda a 4.400 m. de altitud. La vida allá arriba en el Altiplano está sujeta a todos los rigores de un clima en que la temperatura baja diariamente del punto de congelación (lo que impide cultivos), para subir en el día frecuentemente a más de 30 grados. Muy temido es el viento blanco, un temporal deshecho en que el termómetro baja a veces hasta unos 30 grados bajo el punto de congelación y la nieve es disuelta en finísimas partículas por la violencia del viento huracanado. El frío penetra a través del vestuario, por tupido que sea, y ni siquiera es posible refugiarse en la cama de la cabaña pajiza, pues también en ella uno está expuesto a congelarse: los pobladores pasan la noche de pie, haciendo movimientos para producir calor. Hermosísimos, en cambio, son los días de sol, cuando sobre las verdes vegas, pobladas de llamas, alpacas y asnales de abigarrados colores se tiende un cielo de purísimo azul y desde la lejanía saludan las albas cumbres de Quimsachata, Huallatiri y Huanihuani (Los Cambiantes, en aymará), como también desde el oriente los dos picos de los Payachatá (paya, dos; hacha, alto; ta, frío), una de las obras maestras que ostentan nuestros Andes.
Precisamente, son ellos los que han modelado el paisaje actual. Se elevan a 6.240 y 6.330 m. de altitud. El volcán Pomerapi, que es la cumbre septentrional, es más antiguo que el otro mellizo y muestra alguna erosión, que ha destruido parte del cráter y labrado algunas aristas en sus flancos, lo que se expresa en su nombre, que proviene de pu (tierra blanda), humi (escudilla) y harapi (costillas), o sea, un cerro constituido por tierras blandas, que tiene la forma de una escudilla invertida y que ostenta aristas que se parecen a costillas. La otra cumbre, la. del volcán Parinacota, en cambio, que es la más elevada y más joven, forma un cono

de tipo clásico.
Pues bien, una corriente de lava que bajó desde el flanco de esta cumbre cortó el valle entre los lagos Chungará y Cotacotaní; y otra, procedente de los cerros de Huaníhuaní, separó a este último de los tremendales y lagunas de Parinacota.
Así explicaría el origen de esta hermosísima región un geólogo. Pero veamos ahora cómo lo concibe el genio popular.
Hay, desde luego, todavía en la actualidad, síntomas de que en los dos lagos actúa un espíritu maligno. Se forman en ellos gruesas capas de lamas, en que aposentan y anidas huallatas (gansos) y grandes bandadas de patos de varias especies, cuyos huevos son muy apetecidos por los cazadores. Salen en balsas de totora (enea) para recolectarlos, lo que hacen, por supuesto, sólo en días en que el espejo del agua se presenta tranquilo y refleja las siluetas de los Payachata. Repentinamente, sin embargo, sin anuncio de ninguna especie, se levanta una terrible tormenta, que hace encresparse las aguas y formar remolinos, en que muchas veces naufragan las frágiles embarcaciones y se ahogan sus tripulantes. Además, se puede observar frecuentemente que el agua cambia repentinamente de coloración.
Pues bien —así informan los vecinos de Parinacota—, antiguamente todo el panorama era totalmente diferente. No existían los volcanes, y donde ahora se encuentran los dos lagos existía un profundo y abrigado valle, apto para teda clase de cultivos. Insisten en que todavía se pueden ver restos de las terrazas en la ladera inferior del volcán Parinacota. Todavía más, en una ocasión llegaron al lago arrieros desde Bolivia, qué se vieron en la necesidad de dejar pastando una mula sobre su orilla norte, debido a que no podía caminar. Cuando la buscaron al día siguiente, no la encontraron, pero uno de ellos descubrió el rastro y lo siguió. Llegó a una finca desconocida, con abundantes pastos e incluso árboles frutales. Allá estaba el animal. El dueño de la heredad no le permitió alejarse sin atenderlo previamente con un almuerzo y haberlo premunido con alimentos para el viaje: él mismo le llenó las alforjas. Al remontar una empinada cuesta, el arriero se enteró de que la bestia se cansaba desmesuradamente, por lo cual se apeó para examinarla. Se pudo enterar así que las alforjas estaban llenas de piedras de oro.
El hecho fue naturalmente una sensación para todos, mas fracasaron todos los intentos de redescubrir aquella maravillosa y riquísima finca.
Acerca de su existencia no cabe, sin embargo, duda alguna, y aún admitiendo que aquel arriero hubiera soñado lo qué contó, su sueño evocó una antigua realidad.
Y se sabe también por qué se perdió aquel paraíso. Tal como lo reveló el arriero, en aquel valle vivía, junto con muchos otros, un campesino muy acaudalado, dueño de extensos campos cultivados y de inmensos rebaños de auquénidos. Era, sin embargo, avaro, trataba mal a su gente, se enriquecía indebidamente y dilapidaba en seguida sus riquezas, embriagándose con algunos amigos. Y ese mal ejemplo había cundido, de modo que el edén de Chungará disfrutaba de la fama de que sus pobladores llevaban mala vida.
Este estado de cosas perduró durante muchos años, hasta que en una ocasión se presentó a la puerta de la finca del rico un mendigo de deplorable aspecto, solicitando ser escuchado, pues traía un mensaje del cielo. Dijo que se llamaba Tarapacá. Debido a que el opulento campesino estaba celebrando con sus amigos una de sus habituales orgías, colmó al mendigo de Improperios, expresándole al mismo tiempo que no le interesa de manera alguna lo que el cielo pensara de él y: de la vida que llevaba. Tarapacá le replicó que hacía muy mal en adoptar esa actitud, pues en el cielo vivía Ticci, el Hacedor del Universo, que lo había enviado a él a la tierra, a fin de crear todos los pueblos que la habitan, a transmitirles la cultura y los mandamientos morales, todo lo cual había cumplido mucho tiempo atrás. Ahora, el mismo Ticci lo había enviado por segunda vez a la tierra, a fin de ver si los hombres estaban cumpliendo lo que él les había ordenado. Y como acá, en Chungará, no estaban haciendo, él tenía la obligación de castigarlos. Por tal motivo, agregó en su peroración, le convenía mucho escuchar lo que tenía que decirle. El rico, sin embargo, ebrio y casi fuera de sí por lo que acababa de escuchar, trató de precipitarse sobre aquel harapiento y propinarle un puntapié, pero cayó al suelo y bramó como un león.
Tarapacá sintió la caricia de una mano femenina, que tomó la suya y lo alejó de aquel sitio. Era la de una criada de la finca, que le acompañó a la cocina, donde le dio de comer y beber y le ofreció un abrigador alojamiento.
Al calor de la fogata, Tarapacá le reveló en aquella noche que al día siguiente haría llover fuego del cielo y que a continuación ocasionaría un gran diluvio que inundaría toda la comarca, ahogando a quienes hubieran sobrevivido la lluvia dé fuego. Le aconsejó que emprendiera de madrugada la fuga hacia oriente, a través del portezuelo de Huacollo, a fin de salvar su vida, pues bien merecido lo tenía por su buen corazón. Le advirtió, sin embargo, qua no volviera la vista hacia atrás.
Se cumplió literalmente lo que el mendicante (es decir, el Enviado del Ser Supremo, disfrazado como tal) había vaticinado: la lluvia de fuego que cayó del cielo calcinó y .ennegreció las rocas, lo que aún el más incrédulo puede constatar al norte del lago. De este modo se quemaron las sementeras, las plantaciones frutales y los pastales, como también las casas, sus habitantes y los rebaños. Y cuando comenzó a llover torrencialmente más tarde, el valle quedó inundado y se formaron los dos lagos que ahora ocupan gran parte de su superficie.
Sólo pocos pobladores lograron escapar de ese cataclismo, huyendo por el Altiplano hacia el lago Titicaca. Sobre su orilla austral encontraron tierras apropiadas para radicarse en ellas. Allá, en Tiahuanaco, fundaron una ciudad y construyeron palacios y un magnífico templo, cuya fama llegó a ser universal. Muchos creen que aquella cultura es original de Tiahuanaco y que es propagó desde allá a todas partes, pero la verdad es que existió mucho antes en Chungará, cuyos vecinos se fueron a radicar allá. Y si tal afirmación necesitare ser probada, el incrédulo se cerciorará de inmediato de la verdad al examinar la capilla existente en Parinacota, pues al construirla se han incluido en su fábrica algunas antiquísimas columnas con adornos fálicos y que ahí se han conservado, como prueba latente de que aquella cultura tuvo su origen en Chungará.
Otra prueba evidente de lo ocurrido se encuentra en el portezuelo de Huacollo, que tiene 4.610 m. de altitud y que queda sobre la actual frontera con Bolivia, a 7,5 kms. al sureste de la cumbre del volcán Parinacota. Ya se informó que Tarapacá había insinuado a la criada del rico que huyera por ese paso, sin volver la mirada hacia atrás. En realidad, ella tomó a cuestas la criatura que alimentaba y emprendió la marcha a la elevada apacheta (es sabido que siempre, en los pasos del norte, se deposita una piedra a la vera del camino, como ofrenda a Pachacámac, el Señor de la Tierra, por haber protegido al viajero). Pero cuando llegó arriba (hua en aymará es alto y collo significa cerro), Tarapacá había provocado la lluvia de fuego en el valle de Chungará, y aquella mujer no pudo contenerse de mirar hacia atrás, para disfrutar del fantástico espectáculo.
Debido a ello, sin embargo, fue de inmediato petrificada, y en esa forma se le puede ver allá en la apacheta hasta este día: es una roca que tiene metro y medio de alto, en la que aún el más corto de vista reconocerá de inmediato a aquella criada, con su criatura a cuestas.
Respecto de Tarapacá, cabe agregar que se le conoce también con el nombre de Viracocha, y ya hubo ocasión para informar algo acerca de él.

LA LOCURA INFANTIL DE HUALLATIRI

Ya al describir el antiguo paraíso terrenal de Chungará, mencionamos el volcán de Huallatiri que se eleva al sur-oriente de aquel lago y cuyo nombre significa en aymará La Gran Costura, por ostentar el aspecto de dos partes unidos.
Ahora nos vamos a trasladar al caserío situado al surponiente de ese volcán, a una altitud de 4.280 ,m., en una quebrada que corre hacia el sur, para desembocar a 4.040 m. en el río Lauca, que allá toma rumbo al oriente, para cruzar la frontera boliviana en Macaya (de maa, cosa y acaya, manso, debido a la escasa pendiente de la vaguada del río), Estamos en el Altiplano y contemplamos hacia el sur el valle del río y detrás de él los volcanes de Orcotunco (de urco. un arbusto de hermosas flores y tunco, regocijo, por el lindo aspecto que ofrecen sus frondosidades) y Arintica (de art, puntiagudo; inti, sol; e hica, ser tocado: Cerropuntiagudo-tocado-como-primero-por-el sol).
Vamos a presenciar aquí la génesis de las leyendas, como si ocurriera ante nuestros ojos. Pero para ello nos servirá de gula un testigo que presenció lo ocurrido y cuyo testimonio no merece la menor sospecha: el presbítero don Luis Urzúa, que fue capellán del Regimiento Rancagua de Arica y que es autor de una magnifica obra: “Arica, Puerta Nueva”, publicada en Santiago en 1957, que hemos utilizado profusamente para reunir las leyendas de Arica de este libro.
Escribe don Luis: “Se divisa el volcán desde lejos y se caracteriza por una forma de casco de cadete militar coronado por un penacho blanco, que es la constante columna de humo que desahoga sus hirvientes fondos de azufre. Al cráter central se agregan 23 fumarolas más pequeñas, procedentes de las grietas que miran hacia el pueblo. Estos humos forman un cerco de nubes alrededor del volcán en las horas en que el viento no desata su furia sobre el paisaje, como ocurre a menudo.
“Antes de llegar al caserío, el sendero cruza un bofedal medio seco, al hacerlo hay que tomar precauciones, a fin de que no se hundan los animales. Es propicio para la crianza del ganado lanar. Para los habitantes, el volcán es una especie de barómetro: cuando el humo sale recto, indica que el día será agradable; si se va arremolinando, no tardará en desatarse el viento; se sabe que va a llover si deriva hacia el poniente. El macizo nevado ejerce un verdadero imperio en la comarca, y se palpa la fuerza de su poderío, porque no sólo es un ejemplo de magnificencia y belleza que rivaliza con los Payachata, sino un exponente de vitalidad telúrica que impone temor y respeto. La nieve de su falda desciende hasta las proximidades de la población y prolonga su armoniosa geometría en una alfombra de verdor, alternada con espejos de hielo, que deslumbran la vista.
“En el caserío conseguimos aplacar el frío con una sabrosa comida caliente, calefacción de llareta y abundancia de mantas. Pero a pocos pasos de nuestro cuarto se desarrolló una extraña agitación, que duró toda la noche. Con la llegada del sacerdote, los vecinos tomaron coraje en su lucha contra Satanás, a quien atribuían las perturbaciones mentales de sus hijos. Al efecto realizaron una procesión encabezada por una oveja negra, a la que correteaban con imprecaciones y chasquidos de látigo, a la vez que golpeaban el aire y el suelo con palos y cuerdas. En seguida, las mujeres estuvieron recorriendo de rodillas los alrededores de la iglesia, rezando las pocas y fragmentadas oraciones que habían podido aprender. Los hombres encendieron fogatas y se distribuyeron en grupos para cuidar las entradas del templo, la escuela y el local social, a fin de que no se atreviera a franquearlas el odioso Supayo. En esta actitud los encontraron las luces del medio día.
“El domingo hubo una misa especial para los niños, a la cual asistieron 63 de ellos y 59 personas adultas. Se les bendijo con las hermosas oraciones del ritual, fueron santiguados con el Evangelio de San Juan, y terminó la ceremonia con una canción al Niño Jesús, el “Bendita sea Tu pureza” a la Virgen Concebida (Purísima) y la jaculatoria al Ángel de la Guardia.
“Los niños captaron fácilmente que el acto se realizaba en beneficio de ellos y entonaron con júbilo el Canto de Navidad que se les enseñó, gracias a su precocidad de oído. Para exteriorizar la satisfacción del pueblo, hicieron una vilancha (sacrificio de sangre, literalmente mucha sangre), sin conocimiento del sacerdote, para lo cual se sacrificó una llama. Todos comieron buenos asados, y con la sangre del animal rociaron los principales lugares: la torre de la iglesia, el local social, la escuela… y también el volcán.
“Pero, ¿qué les había ocurrido a los niños para tener que hacer tantos ensalmos y bendiciones? Desde junio empezaron a sufrir alucinaciones en forma violenta, que les producía cierto frenesí, y había que reducirlos por la fuerza para que no huyeran o hicieran daño”. Este estado colectivo de locura perduró hasta principios de agosto. “Francisco Churata, de 17 años, se largó al río Lauca, pese a la frialdad del agua y a la escasa simpatía que este elemento despierta entre los nativos de la cordillera. Clemente Mamani, de 13 años, decía que en el volcán cabalgaban 50 milicos en 50 caballos grises y .que iban a la guerra, invitándolo a acompañarlos con sus amigos. Terencio Mamani, de 12 años, veía hombres con cola en el volcán, donde se le presentaba también el mismo diablo. Mateo Jiménez, de 10 años, pugnaba por acudir al llamado de unos aparecidos en el nevado de Huallatiri”. Visiones parecidas tenían también casi todos los demás niños.
“Pasado el ataque, ellos recuperaron su normalidad y no recordaban siquiera las extravagancias que habían hablado. Se podría pensar que estas perturbaciones mentales tuvieran su origen en una alimentación deficiente o en mal estado, o que fueran la consecuencia de haber escuchado relatos fantásticos. De esto último no hay constancia, y en cuanto a lo primero, la comida de esta gente del interior de Arica ha sido siempre sana, aunque frugal, sin que se conocieran tales consecuencias. Aún pudiera deberse a gases venenosos producidos por el volcán y que el viento transportara al caserío. Porque el Huallatiri está sometido, efectivamente, a la influencia de corrientes de aire que provienen de la alta atmósfera y que bajan a la tierra y la barren, trastornan y estremecen de frío.
“Después de misa, se bendijo agua en abundancia y con ella a muchas casas del pueblo. Había que expulsar al Malo de todos sus reductos. En la angustia de la separación e incertidumbre de otra visita, tal vez lejana, no temieron desahogar sus cuitas, revelándonos la existencia de algunos lugares maléficos, para que los conjuráramos. Uno de ellos era una gran piedra. Luego nos suplicaron que fuéramos a la salida del pueblo, al lugar más dañino de todos, donde nacen los vientos que acarrean los mayores trastornos. Nos condujeron por un pedregal y nos mostraron un recinto amurallado de piedras, de 2,50 m. de diámetro y 1 m. de altura.
—”Esto es muy malo —nos aseguran—. Desde el tiempo de nuestros abuelos nos perturba e impide toda actividad.
“Todos estaban como al acecho de algo espantoso que debía ocurrir. Apenas rezada la oración ¡y salpicada el agua lustra!, arremetieron contra el muro, desparramando las piedras, con el designio, sin duda, de facilitar la huida del mal espíritu. Especialmente se ensañaron con un peñasco que había al centro del espacio cercado, donde estaba concentrado el daño”.
Sólo una vez purificado todo el pueblo, permitieron al sacerdote que continuara su viaje.

UNA ROGATIVA DE LLUVIA

Todos sabemos que San Isidro no deja de brindarnos su ayuda cuando una excesiva sequía desola nuestros campos y amenaza las cosechas y el ganado. Naturalmente, debemos implorarla en debida forma y llevar una vida que merezca su protección.
Pero pocos saben que tales rogativas ya las hacían los indígenas antes que conocieran las enseñanzas cristianas. Y a veces siguen practicándolas sin recurrir a San Isidro.
Un caso ha sido relatado referente al pueblo de Tala (cuyo nombre significa Ventoso en quechua). Queda en el antiguo departamento de Tarata, devuelto al Perú, no lejos de la confluencia del río homónimo con el Salado, que dan origen al de Sama. Está situado a una altitud de más de 2.400 metros. El río se forma por la confluencia de numerosos tributarios, algunos de los cuales provienen del cordón del Barroso, uno de los más llevados de la región, con numerosas cumbres de más de 5.500 metros.
Chocan allá arriba los cálidos vientos alisios orientales con los frígidos del Pacifico, lo que provoca grandes precipitaciones. Pero a veces falla la meteorología… y se presenta la sequía.
Los vecinos de Tala -han conservado su antiguo gentilar, en que los muertos se sepultan momificados. Estiman —a igual que los mapuches— que los caciques tienen el deber de velar por los suyos aún después de fallecidos. Creen, además, y en esto se diferencian de aquéllos, que el grupo familiar está ligado por lazos tan sólidos que ellos no se interrumpen con la muerte. Según su creencia, separar a un difunto de sus familiares que lo rodean en su tumba, es como expatriarlo.
Ocurrió, sin embargo, que el río Tala comenzó a mermar hasta secarse por completo. Hubo alarma pública. Los vecinos se reunían y comentaban la situación. Y llegaron unánimemente a la conclusión de que sus curacas difuntos se estaban mostrando insensibles ante la calamidad general, por lo cual convenía recordarles que cumplieran con sus deberes.
Se reunieron en el gentilar, realizaron ceremonias paganas y extrajeron de la tumba la momia del más renombrado de sus antiguos curacas. En seguida, llevándola en andas, en solemne procesión, marcharon con ella al vecino pueblo de Ancomarca (en aymará de anco, cría, y marca, comarca: Pastal de Crianza), donde existía otro gentilar. Abrieron allá una tumba y colocaron en ella a la momia, dándole debida sepultura.
Este castigo impuesto al curaca difunto tenía por objeto despertarlo de su letargo y hacerlo sentir la sequía, provocada por él debido a su desidia de velar por la suerte de los suyos.
En efecto, pasaron pocos días, y se volvió a desencadenar una formidable tormenta de nieve y lluvia en el cordón del Barroso, que fertilizó todos los campos vecinos.
En una segunda procesión —esta vez acompañada por gritos de alegría y contento— la momia fue retirada de Ancomarca y depositada otra vez en su propia tumba. El temporal dio motivo a una gran borrachera para celebrar la llegada de las aguas. Para aplicar esta magia de hacer llover es preciso, sin embargo, tratar a la momia con grandes consideraciones y el mayor respeto, pues aquellos indios son de opinión que quien profana una tumba es castigado con la muerte inmediata.

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Agradecemos a todos quiénes valoran el trabajo que realizamos y la diferencia que existe entre una editorial común en la cual no hay otro fin que la venta de libros a bajo costo con la visión egoísta de sólo entregar aquello que sirve a unos cuantos y una editorial artesanal como Ediciones Boca del Lobo que existe por la necesidad de generar una visión mucho más amplia acerca de nuestra literatura, historia y política Chilena, así como también autores relacionados con una mirada abierta revisionista como también esotérica y mística. Gracias a todos quiénes siguen nuestro trabajo el que en pocos meses se ha dado a conocer no sólo en Chile si no que en todo América, nos encontraremos muy pronto con muchas sorpresas ansiosos de generar mayor interés y apoyo hacia nuestra labor artesanal, independiente y por sobre todo Nacionalsocialista.

Ediciones Boca del Lobo

Mitos y Leyendas de Chile Por Carlos Keller Rueff – Primera Parte.

Destacado
Portada: Baile de los Diablos en la fiesta de La Tirana (Tarapacá)

INTRODUCCIÓN
Este libro constituirá sin duda una sorpresa para sus lectores: lo fue también para su autor.
Desde hace muchos años había recopilado mitos y leyendas del país, y el material reunido le permitiría fácilmente llenar un volumen de mil páginas. Podía disponer en esta Enciclopedia, sin embargo, de sólo un centenar de ellas. Era, por consiguiente, imprescindible ajustar los relatos al espacio previsto.
Eso pudo haberse hecho ofreciendo breves extractos de ellos, como ser índices ampliados. De ese modo se habría perdido, empero, todo su valer expresivo. Por tal motivo le pareció más útil condensar los relatos lo menos posible y ofrecer sólo una selección de ellos, los más interesantes y a la vez los más característicos de todos los géneros.
Chile es un país extremadamente largo, midiéndose en línea recta más de 4.000 kilómetros desde Arica al Cabo de Hornos. En ese dilatado territorio han vivido o viven pueblos de una variadísima gama cultural, que va desde lo más primitivo (los yamanas o yaganes del Cabo de Hornos son considerados como el estrato étnico más antiguo que llegó a América) hasta lo más desarrollado (los atacamas, collas, incas y españoles pertenecen a las altas culturas).
Había necesidad de incluir en este libro toda esa variedad de relatos tan diferenciados. Por otra parte, no era posible ser exhaustivo respecto de todos esos estratos. Era preferible limitar el contenido a algunos que fueran representativos y dar cabida a cada cultura con varios relatos que formaran una unidad.
Se logró este objetivo, presentando el material agrupado en tres cortes territoriales transversales, que comprenden:
A. El archipiélago del Cabo de Hornos (los yamanas).
B. Chile Central, desde Chiloé hasta Atacama (los mapuches, españoles y chilenos) y
D. El Norte Grande, representado por la provincia de Tarapacá y especialmente el departamento de Arica (atacamas, collas, incas, españoles y chilenos).
Para no incurrir en una omisión, se les agregó:
C. La Isla de Pascua.
Los relatos incluidos estén así dosificados geográficamente de sur a norte.
Podría parecer curiosa esta inversión del orden generalmente aplicado, pero el lector pronto se enterará de que esta ordenación obedece al mismo tiempo al devenir histórico: en el extremo austral, como ya se dijo, encontramos el estrato más antiguo de América; los mapuches de Chile Central eran también un pueblo primitivo, pero ocupaban el rango más desarrollado entre éstos, con agricultura y ganadería, alfarería y tejeduría e incluso con empleo de algunos metales. Su cultura a su vez aumenta en rango de desarrollo de sur a norte. Finalmente, en el Norte Grande imperaban altas culturas indígenas, sobre todo las de Nazca, Tiahuanaco, Atacama, Chincha-Atacameña e Incaica. La pascuense, a su vez, que pertenece a la polinésica, es considerada como una cultura media.
Indudablemente, todas ellas han generado e Influenciado los mitos y leyendas del país, pero se ha agregado en seguida el aporte español, que falta solamente en el extremo austral, pero que llegó a ser preponderante en las demás reglones.
Una de las grandes sorpresas que deparará este libro es la gran unidad que revelan todos los relatos. Aún los de los yamanas, que no han recibido ninguna influencia directa de parte de las otras culturas Indígenas, ni mucho menos de la española, calzan perfectamente en el conjunto que aquí se ofrece.
Sus relatos son tan acabados y perfectos, que seguramente se pondrá en duda su autenticidad: pero ahí está la sobresaliente obra del padre Martín Gusinde para comprobarla. Los escépticos no deben olvidarse que cuando se desenterraron las cuevas con pinturas paleolíticas de España y Francia, esos descubrimientos fueron declarados simples mistificaciones y falsificaciones por los arqueólogos, y tardó más de un tercio de siglo hasta que fuera reconocida su autenticidad. Pues bien, los yamanas nos ofrecen un ejemplo del arte de relatar mitos y leyendas de un pueblo que se puede incluir perfectamente entre los paleolíticos.
Como lo indica el título del libro, éste comprende solamente mitos y leyendas, vale decir que ni se refiere a las religiones ni a los cuentos propiamente tales. Considera únicamente asuntos que dicen relación con hechos sobrenaturales creados por el genio popular.
El autor ha considerado útil anteponer a muchos de los relatos algunas notas referentes al ambiente natural de cada reglón, o bien de índole cultural, para facilitar la comprensión. En realidad, la adaptación al ambiente es tan perfecta, que estos mitos y leyendas describen el país de una manera muchísimo más impresionante que los textos de geografía.
Una de las sorpresas que ofrecerán los relatos de Arica consiste en que la creación de mitos y leyendas no ha cesado de manera alguna, sino que sigue siendo en nuestros días tan efectiva como en tiempos pasados. El mejor ejemplo al respecto lo constituyen las cuatro leyendas —totalmente diferentes— que tratan de explicar el origen del santuario de la Virgen de las Peñas (N° 30).
Los lectores que deseen ampliar sus conocimientos, encontrarán al final una bibliografía selectiva. Se acompaña igualmente una referencia a las fuentes en que aparece cada uno de los mitos y leyendas de esta obra.

Carlos Keller Rueff

ARCHIPIÉLAGO DEL CABO DE HORNOS


Vamos a iniciar estos relatos de mitos y leyendas de Chile en el extremo austro, allá donde —al decir de Ercilla— “el Mar Océano y el Chileno mezclan sus aguas”, vale decir, al sur del canal Beagle, donde el archipiélago del Cabo de Hornos daba albergue a los yamanas, el pueblo más austral del mundo.
Supónese que llegaron a nuestro continente hace unos doce milenios por Alaska, como los primeros inmigrantes desde el Asia. Otros pueblos les siguieron, y los fueron impulsando hacia el sur. Recorrieron toda su inmensa longitud en el curso de dos o tres milenios, hasta ser empujados a su territorio actual. Puede considerárseles, pues, como tos integrantes más antiguos de esta tierra americana, y justamente este hecho justifica el interés especial que se les ha dedicado
Ocupan, por lo demás, un territorio inhóspito, fragmentado en una infinidad de islas, canales, fiordos y bahías por los hielos que lo cubrían antes que llegaran; de clima muy ingrato; no demasiado frío, pero en que ningún mes alcanza una temperatura media superior a 10°; muy húmedo y con intensa nubosidad; de relieve accidentado, en que la fauna y la flora apenas encuentran espacio para arraigarse y ofrecen escasos recursos; en que, en cambio, el mar, aunque frecuentemente tempestuoso, es la base de todo su sustento, abundante en ballenas, focas, peces y —sobre todo— mariscos.
Pero cedámosles la palabra, para que ellos mismos, en sus mitos y leyendas, nos digan lo que saben acerca de ese sector de nuestro globo terrestre, casi siempre azotado por las tempestades.

LA ÉPOCA DE LOS HÉROES

El mundo es creación de Vatauinehua, el Ancianísimo. En el origen de todas las cosas existía únicamente El, y cuando haya terminado todo, sólo El sobrevivirá. Nadie sabe de dónde viene. Vive allá arriba, en el cielo, y desde allá ha creado cuanto existe: astros, tierra, plantas, animales y hombres. Por eso lo llaman Hitapúan, “nuestro padre”. Es todopoderoso, pues puede cambiar cuanto ocurre y sabe todo lo que hacemos y pensamos. Y si no cumplimos fielmente sus mandamientos, nos castiga con enfermedades e incluso con la muerte. Por lo demás, es quéspij, o sea, puro espíritu, desprovisto de la envoltura carnal de los mortales.
Los yamanas se dirigen a él en todos los trances difíciles de la vida: le imploran salud, buen tiempo, prosperidad.
Esta obra no está destinada, sin embargo, como ya se dijo, a tratar de la religión. Vatauinehua pertenece a ella, es el Ser Supremo, creador y fijador de las costumbres. Mucho más tarde que él formara la tierra, llegaron al archipiélago los miembros de la familia Yoáloj, que inmigró desde el norte y se dirigió por la costa oriental de la Isla Grande de Tierra del Fuego hacia el sur, prosiguiendo el viaje en seguida hacia el poniente. Fueron los primeros pobladores de esta tierra. Poco después llegó también la familia de Lem (el Sol), a la que pertenecía su cuñada Hánuja (la Luna), y su hermano Acáinij (el Arco Iris). Luego llegaron muchas otras familias.
Sus componentes no eran, sin embargo, iguales a los actuales seres humanos, ni llevaban una vida similar a la nuestra. Desde luego, faltaban en el cielo los astros, la tierra representaba una planicie informe y plana, sin vientos ni lluvias o nevazones, y tampoco existía entonces la muerte. Además, había muy pocos animales, pues la mayor parte de las especies sólo se generaron en una gran transformación cósmica posterior, en que muchos de aquellos lejanos progenitores se convirtieron en las variedades conocidas.
En realidad, vivían en la tierra en aquel lejano tiempo dos hombres que se transformaron más tarde en el sol: Lem, ya nombrado, y Tárhualem. Este último era de muy mal carácter, egoísta y preocupado de dañar a los demás, por lo cual era aborrecido. Cuando alguien le contradecía, se irritaba terriblemente. En una ocasión quemó cuanto estaba a su alcance e hizo hervir el agua del mar. Ardieron todos los bosques, y es por eso que hasta ahora las cumbres y sierras de aquel archipiélago se presentan desprovistas de vegetación.
En aquel remoto tiempo hubo otra particularidad: las mujeres imperaban en la comunidad y le imponían su dominio. Pues bien, ellas acordaron matar a Tárhualem. Con ese propósito lo asaltaron en su choza, pero como era muy vigoroso, logró librarse de ellas y se elevó al cielo, donde ahora es una luminosa estrella.
La familia más importante era, sin embargo, la de los hermanos Yoáloj. En ella se destacaba sobre todo la hermana mayor, cuyos consejos todos respetaban. Se mencionan mucho también los dos hermanos mayores, que, sin embargo, discrepaban casi siempre de opinión.
Esta familia había recorrido gran parte de la tierra antes de llegar al canal Beagle. Cuando acá nacieron los primeros hombres propiamente tales, aquellos

hermanos les enseñaron cuanto necesitaban saber para poder existir.
El mayor de ellos, por ejemplo, juntó numerosas piedrecltas y se divertía golpeando unas contra las otras. Entre ellas se encontraba un shehuáli (obsidiana), que daba chispas. Recogió un montoncito de finas plumas y logró hacerlas arder. Luego agregó astillas y leña, y de este modo inventó el arte de hacer fuego. Desde entonces hemos podido asar la carne, preparar los mariscos al rescoldo y confeccionar los arcos, doblando la madera recalentada. Estaba feliz de haber hecho ese invento y manifestó que procuraría que el fuego ya nunca más se apagara. Se opuso, sin embargo, el hermano menor, quien manifestó que era imprescindible hacer trabajar a las gentes y no facilitarle tanto la vida, por lo cual convenía que se esforzaran ellas mismas en producirlo.
La hermana mayor había inventado un magnífico arpón para la casa de leones marinos, el que nunca fallaba la presa, ni se perdía. El hermano mayor deseaba que los hombres dispusieran también de tan excelente instrumento, pero el menor se opuso, alegando que convenía que ellos se empeñasen ingeniando sus propias herramientas. La hermana fue también la inventora del yécush (punta de flecha). Sus hermanos ya habían elaborado uno, pero era muy imperfecto, pues le faltaba el pedúnculo que permite fijarlo bien en el asta.
Mucho habría que contar de las acciones realizadas por la familia Yoáloj, pero hemos de abreviar, y nos limitaremos a una sola de ellas. Cuando la madre de aquellos hermanos llegó a la ancianidad, se sentía cansada y anhelaba tranquilidad y paz. El hermano mayor la miraba, sin embargo, insistentemente, y siempre volvía a abrir los ojos, sonriéndose dolorosamente. El hermano menor comprendió entonces que la muerte era imprescindible: para una persona de edad tan avanzada, la vida se transforma en un martirio, y la muerte es una liberación. Por eso hizo que su madre cerrara sus ojos para siempre: fue la primera vez que alguien muriera en esta tierra.
Sus hijos, sin embargo, no fallecieron, sino que se elevaron el cielo una vez que hubieron terminado todas las obras que realizaron en este mundo. Los contemplamos todavía diariamente en el firmamento: uno es Proquión y el otro Sirio, y la acumulación de estrellas cerca de éste son los demás hermanos.

YAMANAS


En aquellos lejanos tiempos en que la familia Yoáloj todavía moraba en esta tierra, muchas de las familias que más tarde se transformaron en animales ya vivían en ella. Sobre ellas existen numerosos mitos.
Hay en la región diversas especies de cormoranes o cuervos marinos. El de las rocas, llamado E’etej por los yamanas, es muy egoísta. En tiempos de sequía, cuando todos padecían una terrible sed, descubrió un pequeño pozo, pero no reveló a nadie su existencia. El cormorán de las patas coloradas, llamado Huashénim, se extrañaba que E’etej estuviera siempre de buen humor. Su inteligencia lo hizo presumir que disponía de alguna aguada, por lo cual lo observó cuidadosamente, en compañía de varios miembros de su familia. Pudieron ver cómo E’etej pasó frente a su escondite junto con otros cinco acompañantes. El encabezaba el grupo, y al avanzar volvían siempre miedosamente la cabeza. Los Huashénim les siguieron con mucha precaución. Finalmente, los E’etej se detuvieron frente al pozo, se inclinaron rápidamente y bebieron agua con gran placer. En un momento de descuido los Huashénim se precipitaron sobre ellos y los empujaron hacia abajo. En seguida ellos mismos satisficieron su espantosa sed.
Es por eso que el E’etej grita e’, e’, e’ hasta el día de hoy, y lo hace con fuerte entonación, pues su garganta siempre había quedado húmeda; el Huashémin, en cambio, grita eh, eh, en con voz ronca, pues había padecido mucha sed. Debido a lo sucedido en aquel pozo, los cormoranes de las rocas ocupan en los barrancos marinos siempre los lugares inferiores y los de las patas colorados, los de arriba. Y por la misma razón, los primeros siempre vuelven miedosamente la cabeza, pues temen que alguien les siga.
El Ayapuj (la nutria marina) vivía en la misma choza con cinco cuñados, pero no se avenían, pues estos últimos se mofaban constantemente de él. Esto lo llevó a la desesperación y, lleno de rabia, los abandonó un buen día, radicándose en un promontorio vecino. Encendió allá una fogata para indicar con el humo que en ese lugar se había varado una ballena. Los cuñados observaron la señal y enviaron al menor de ellos a inspeccionar el sitio.
Ayapuj había limpiado de piedras los contornos de su choza, eliminó también la arena y regó agua sobre la greda, de modo que la subida, que era muy escarpada, quedó muy resbaladiza.
Al llegar el cuñado, no vio ninguna ballena, pero Ayapuj lo invitó a que subiera a su choza para atenderlo con alguna golosina. Así trató de hacerlo, pero resbaló y se cayó al suelo. Aquel aprovechó ese momento para dispararle su arpón. Nuevamente hizo la señal con humo.
Sucesivamente, los tres cuñados de más edad fueron enviados a observar la ballena, y todos corrieron la misma suerte. El mayor, sin embargo, sospechó que algo había ocurrido a su hermanos, por lo cual bajó al mar con sus armas. Al ser invitado por Ayapuj a su choza, se le ocurrió que podía haber asesinado allá a sus hermanos, por lo cual rechazó la invitación y le insinuó que se juntaran afuera, pues tenía mucho interés por saber algo de sus hermanos. Ante la insistencia de Ayapuj fue, sin embargo, a verlo en su habitación, pero no entró en ella por la

puerta, sino por atrás, arrancando algunas de las varas clavadas en el suelo. En ese momento vio los cadáveres de sus cuatro hermanos, que se encontraban amontonados, y se precipitó lleno de ansias de venganza sobre Ayapuj. Con una maza le cortó las manos y los pies, y luego lo mató.
Es por eso que la nutria vive en cuevas debajo de la tierra, las que sólo abandona cuando se cree sola. Persigue a otros animales, sobre todo a los perros, y es también enemiga del hombre. Lo ocurrido explica también por qué todas sus extremidades quedaron tan cortas.
Lana, el pájaro carpintero negro, vivía desde que naciera con su hermana en casa de sus padres. Cuando la joven pareja había crecido algo, se reunía en un escondite, y se amaban. De ese modo transgredían uno de los mandamientos de Vatauinehua, que prohibe el incesto. Tan pronto otra gente observó su comportamiento, les hicieron terribles recriminaciones, amenazando castigarlos. A pesar de ello, no dejaron de juntarse.
Finalmente, el propio padre fue informado de ello y los llamó. En su rabia tomó un canastillo lleno de ími (tierra roja) y pintó con ese colorete la cabeza de su hijo, gritándole:
—¡En castigo por llevar tan mala vida, tendrán que vivir para siempre juntos, pero váyanse de inmediato de mi choza! Temerosos, ellos se refugiaron en el bosque, donde el pájaro carpintero negro sigue haciendo vida común con su hermana.
Quijinteca (el vari común) vivía junto con su mujer y su hermano menor, que todavía era soltero. Estos dos últimos se enamoraron, engañando al marido. No pasó, empero, mucho tiempo sin que éste se enterara de lo que ocurría. No dijo nada a su hermano, pero una vez que éste se encontraba ausente, llamó a su mujer y la amenazó con transformarse en una ave de rapiña dotada de fuertes garras, si no le guardaba la debida fidelidad.
Como la amonestación no surtiera ningún efecto, se retiró finalmente a la selva para realizar su propósito. Salía desde su choza y observaba cuidadosamente todas las particularidades de los pájaros. Comenzó a imitarlos construyendo su vivienda en una rama de un árbol e imitando el grito de las aves. En seguida comenzó a saltar y a mover los brazos como ellas lo hacen con sus alas.
Después de algún tiempo fue a visitar a su hermano, quien lo recibió en son de burla, preguntándole cuándo se iba a transformar por fin en un pájaro. No contestó nada, pero pudo cerciorarse de que su mujer seguía manteniendo con aquél relaciones ilícitas. Esto lo enfureció, y así un buen día perdió su habla y comenzó a graznar como un pájaro, para lo cual fue necesario que su boca se transformara en un pico. Y lo mismo ocurrió finalmente con sus brazos y piernas, que se igualaron a las de un vari.
Su hermano no creía que eso fuera posible, y fue a visitarlo un día en compañía de su amante, con la intención de volver a burlarse de él. Como no lo encontraran en su choza, ni en parte alguna, se mofaron de él, habiéndole en dirección a la copa de los árboles y diciéndole que lo felicitaban por haber logrado su transformación, lo que los complacía en extremo, pues ya no los molestaría

más.
Al escuchar estas palabras, el vari salió de su nido y emprendió el vuelo. Primero describió amplios círculos, pero luego se precipitó en picada sobre la pareja, la prendió con sus fuertes garras y se la llevó a su guarida. Allá, numerosos pajarillos se precipitaron sobre ella y la despedazaron, comiéndose su carne y dispersando los huesos.
Al conocer los vecinos esta venganza del Quijinteca, manifestaron que aquellos transgresores de un mandamiento de Vatauinehua habían recibido un justo castigo.
Al norte del Cabo de Hornos se encuentra el grupo de las islas Wollaston. En un invierno extraordinariamente riguroso, se acumularon allá verdaderas montañas de nieve y hielo; reinaban temperaturas extremadamente bajas y soplaba un viento huracanado.
En una de esas islas vivía una mujer completamente sola. Ni siquiera podía encender fuego en su choza, pues en esas islas no hay shehuáli (obsidiana). Se le habían agotado sus víveres, y se había acostado temprano, calentándose algo debajo de una capa de vellones.
Repentinamente penetró en la choza un pájaro de alta mar, grande y negro, que hablaba la misma lengua que los yamanas. Le parecía raro que ello fuera posible, y al levantar su cabeza para observar mejor a esa ave, vio que detrás de ella había muchísimas más. Luego encendieron la fogata y se sentaron en torno a ella, para calentarse. Estaban entumecidos por el terrible frío reinante.
Aquella mujer pudo entender perfectamente la conversación de esos pájaros: se contaban sus prolongados viajes a través del mar, los puertos visitados, los arrecifes e islas que habían visto, el botín que habían hecho y los peligros a que habían escapado.
La mujer estaba feliz por el calor que se propagaba hasta ella y por lo que oía, y le parecía que se trataba de seres humanos y no de aves.
Como quiso acercarse más al fuego, se sentó, sin embargo, entre los pájaros y empujó a uno de ellos con su brazo. Apenas la vieron, se espantaron y emprendieron el vuelo llenos de miedo, llevándose consigo los cueros que estaban limpiando, y apagando la fogata. Poco antes, a la luz de ésta, se había enterado de que se trataba de cormoranes negros, que habitan Ios archipiélagos al sur del canal Beagle.
Afortunadamente, los pájaros habían dejado en la choza una ballena, de modo que ya no tuvo que sufrir hambre. Se sentía, con todo, muy sola, y al volver a acostarse en su frío lecho, lloró desconsoladamente, lamentando la falta de la grata compañía de los cormoranes.
Pensaba en ellos con tanta nostalgia que finalmente también se transformó en una de esas aves.

EL HABILOSO OMORRA

Sobre el arrecife de Huéacuf, situado cerca de la desembocadura del río Douglas, en la costa occidental de la isla Navarino, vivía un feroz elefante marino. Toda piragua que pasara por aquel paraje era atacada de inmediato por él: la destrozaba y mataba a los tripulantes, llevándoselos a la playa para devorarlos. Había muchas familias que lamentaban la pérdida de sus parientes.
El pequeño Omorra, conocido como extremadamente ágil, diestro e inteligente, y por eso consultado por casi todos aquellos deudos, les expresó que le parecía que todos éstos habían sufrido la misma suerte, pues en ningún caso hubo sobrevivientes. A instancias de ellos, se dedicó a observar lo que ocurría. Para este objeto trepó a un cerro y siguió con la vista el viaje de una piragua. Lleno de espanto pudo ver cómo fue atacada por un elefante marino de enorme estatura, que luego devoró a todos los tripulantes. Informó de inmediato sobre lo que había visto, y los parientes de las víctimas se colocaron luego en el cuerpo la pintura negra que exterioriza el luto.
Omorra, que era capaz de elaborar los mejores arpones y hondas, se dedicó de inmediato a prepararse para atacar a esa foca. Ya en situación de hacerlo, llamó a cuatro mujeres para que bogaran rápidamente la piragua en dirección a aquella roca. Tan pronto llegaron allá, la bestia se les acercó, pero Omorra le disparó una piedra con su honda, destrozándole un ojo. Al segundo disparo, ella quedó ciega y gritó lastimosamente. Luego el pequeño héroe tomó el arco, disparó una flecha y se la incrustó en el corazón. El animal alcanzó la orilla del mar y fue capaz de trepar hasta el arrecife de Huéacuf, donde falleció y se petrificó. Debido a ello, todavía lo reconocerá sin dificultad quien pase frente al lugar. Todos manifestaron a Omorra sus agradecimientos por su valiente actitud.
Otro hecho notable lo destacó poco después. Quihuagu, la gaviota negriblanca, que se asemeja a un dominico, por lo cual los científicos así la llaman (Larus dominicanus), había enviudado y vivía con una hermosa hija. Quetela, el traro, se enamoró de ambas y se desposó con ellas, llevándolas a su choza (en aquel tiempo todavía no eran animales). Era muy habiloso en la elaboración de arpones, y salía frecuentemente con Quihuagu a pescar peces y recoger jaibas, quedando sola en el hogar la mujer, que era de tierna edad.
Dos hermanos Huashénim (cormoranes negros) se enamoraron de ella y le hicieron la corte, pero la joven rechazó todos sus requerimientos. Y cuando en otra ocasión trataron de apoderarse de ella por la fuerza, ella los resistió e insultó, y como aquellos hermanos nada lograron, se vengaron matándola.
Al emprender la fuga, ellos se encontraron con Quihuagu, y se comportaron de una manera tan insegura y rara, que la mujer sospechó de inmediato que habían cometido alguna maldad a su hija. Corrió a la choza, pero la joven no contestaba a sus gritos, y luego la encontró muerta. Estaba desconsolada.
Más allá, los hermanos Huashénim se encontraron con Quetela, sentado en una colina y trabajando en la terminación de un arpón. Se le acercaron en son de burla y lo golpearon con una vara en la cabeza, por lo cual el traro la tiene plana. Se apresuró éste a llegar a su choza, donde se enteró de la desgracia ocurrida.
Pronto se reunió allá una numerosa parentela, pues —como se sabe— la de las gaviotas es muy grande. Ni siquiera faltaron en esa manifestación de luto los

hermanos Huashénim, pero su mala conciencia los hizo mantenerse a cierta distancia, encima del barranco de Lashahuaya, situado sobre la isla Hoste, frente al canal Molinare.
Al avistarlos, los presentes se irritaron por la insolencia de los asesinos y dispararon sus hondas para castigarlos. Estaban, empero, demasiado distantes, y las piedras no los alcanzaban.
Se les ocurrió entonces llamar al pequeño Omorra, conocido como excelente cazador. Tardó en llegar a aquel sitio, pues en el camino se dedicó a ejercitarse en el uso de su honda, a fin de alcanzar a los asesinos. Disparó una gran piedra hacia el sur, la que abrió el canal Molinare y separó por medio de él las islas de Navarino y Hoste. Dos proyectiles disparados hacia el poniente abrieron los canales Noroeste y Suroeste del de Beagle. Una cuarta piedra arrojada hacia el oriente formó el curso recto del canal Beagle al Mar Antártico, pasando al norte de las islas Picton y Nueva. Otras piedras que disparó con su honda formaron los demás canales y fiordos de la región.
Muchos se rieron cuando llegó el pequeño Omorra con tres enormes piedras en las manos, que apenas podía acarrear. La primera que arrojó en dirección de los hermanos Huashénim pasó justamente entre ellos; las otras dos, sin embargo, dieron en las metas y mataron a los dos asesinos. Ambos fueron transformados en rocas, que se encuentran todavía allá, sobre el barranco de Lashahuaya y que todos conocen con el nombre de “Los dos Ancianos”.
Estos —y muchos otros— son los hechos que dieron fama a Omorra, y si visitara con mayor frecuencia este remoto y aislado archipiélago del Cabo de Hornos, no cabe duda que -loa yamanas habrían hecho mayores progresos. Más tarde, aquel pequeño hombre tan habiloso se transformó en el picaflor, y es sabido que éste llega a Tierra del Fuego sólo durante una brevísima temporada de verano.

La Araucana

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La Epopeya de Chile

Muy pocos países han tenido en honor en el que la pluma de un artista de la literatura relate las batallas épicas que acontecieron en la antigüedad. Chile es uno de los pocos países de la historia en la que un hombre ha tenido el valor de escribir esta historia verídica en la cual podemos encontrar nuestros orígenes militares y guerreros en el cual el Araucano se batía a duelo con los mejores exponentes en el ámbito militar en España en la época de la conquista de Chile.

Adjuntamos las páginas preliminares que aparecen él la obra:

PRIVILEGIO PARA EL REINO DE CASTILLA

El Rey Por cuanto por parte de vos, don Alonso de Ercilla y Zúñiga, nos fue fecha relación que habíades compuesto la Tercera Parte de LA ARAUCANA y juntádola con la Primera y Segunda, en que se acaban de escribir las guerras de la provincia de Chili hasta vuestro tiempo, y por ser obra provechosa para la noticia de aquella tierra, suplicándonos os mandásemos dar licencia para imprimir las dichas tres Partes de las cuales hicistes presentación, y privilegio por veinte años o por el tiempo que fuésemos servido o como la nuestra merced fuese; lo cual visto por los del nuestro Consejo, por cuanto en el dicho libro se hicieron las diligencias que la premática por Nos fecha sobre la impresión de los libros dispone, fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra célula en la dicha razón, e Nos tuvímoslo por bien; por la cual, por os hacer bien y merced, os damos licencia y facultad para que vos o la persona que vuestro poder hubiere, y no otra alguna, podáis hacer imprimir y vender el dicho libro que de suso se hace mención en todos estos nuestros reinos de Castilla, por tiempo y espacio de diez años, que corran y se cuenten desde el día de la data desta nuestra cédula, so pena que la persona o personas que sin tener vuestro poder lo imprimiere o vendiere o hiciere imprimir o vender, pierda la impresión que hiciere con los moldes y aparejos della, y más incurra en pena de cincuenta mil maravedís cada vez que lo contrario hiciere, la cual dicha pena sea la tercia parte para la persona que lo acusare y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare y la otra tercia parte para nuestra cámara y fisco con tanto que todas las veces que hobiéredes de hacer imprimir el dicho libro, durante el dicho tiempo de los dichos diez años, le traigáis al nuestro Consejo juntamente con el original que en él fue visto, que va rubricado cada plana y firmado al fin del de Juan Gallo de Andrada, nuestro escribano de cámara de los que residen en el nuestro Consejo, para que se vea si la dicha impresión está conforme a él o traigáis fe en pública forma de como, por corretor nombrado por nuestro mandado, se vio y corrigió la dicha impresión por el dicho original y se imprimió conforme a él, y quedan impresas las erratas por él apuntadas para cada un libro de los que ansí fueren impresos, para que se os tase el precio que por cada volumen hobiéredes de haber, so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en las leyes y premáticas de nuestros reinos. Y mandamos a los del nuestro Consejo y a otras cualesquier justicias que guarden y cumplan y ejecuten esta nuestra cédula y lo en ella contenido. Fecha en San Lorenzo, a trece días del mes de mayo de mil y quinientos y ochenta y nueve años. YO EL REY. Por mandado del Rey nuestro señor. luan Vázquez. PRIVILEGIO DE ARAGÓN Nos Don Felipe, por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de Aragón, de León, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de Portugal, de Hungría, de Dalmacia, de Croacia, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorcas, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algecira, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias Orientales y Ocidentales, Islas y Tierra Firme del mar Océano, Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, de Brabante, de Milán, de Atenas y Neopatria, Conde de Abspug, de Flandes, de Tirol, de Barcelona, de Rosellón y Cerdaña, Marqués de Oristán y Conde de Gociano. Por cuanto por parte de vos, Don Alonso de Ercilla y Zúñiga, caballero de la Orden de Santiago, gentilhombre de la Cámara del Emperador, mi sobrino, se nos ha hecho relación que con vuestro trabajo e ingenio habéis compuesto un libro intitulado Tercera parte de La Araucana y que lo deseáis hacer imprimir en los nuestros reinos de la Corona de Aragón, suplicándonos os mandásemos dar licencia para ello con la prohibición acostumbrada y por el tiempo que fuéremos servido; e Nos, teniendo consideración a vuestros grandes servicios, valor y partes, habiendo sido reconocido el dicho libro por nuestro mandato, con tenor de las presentes, de nuestra cierta ciencia y real autoridad, deliberadamente y consulta, damos licencia, permiso y facultad a vos el dicho don Alonso de Ercilla y Zúñiga y a la persona que vuestro poder tuviere, que podáis imprimir o hacer imprimir al impresor o impresores que quisiéredes el dicho libro intitulado Tercera Parte de La Araucana, con las otras dos partes o sin ellas, en todos los dichos nuestros reinos y señoríos de la Corona de Aragón, y vender en ellos así los que hubiéredes impreso o hecho imprimir en los dichos reinos como fuera dellos en otras cualesquier partes y esto por tiempo de diez años; prohibiendo, según que con las presentes prohibimos y vedamos, que ninguna otra persona los pueda imprimir, ni hacer imprimir ni vender, ni llevarlos, impresos de otras partes a vender a los dichos nuestros reinos y señoríos sino vos o quien vuestro poder tuviere, por el dicho tiempo de diez años del día de la data de las presentes contaderos, so pena de docientos florines de oro de Aragón y perdimento de moldes y libros, dividiera en tres iguales partes: una a nuestros reales cofres, otra para vos el dicho don Alonso, y la tercera para el acusador; con esto, empero: que los libros que hubiéredes impreso y hiciéredes imprimir no los podáis vender hasta que hayáis traído en este nuestro S. S. R. Consejo, que cabe Nos reside, uno dellos, para que se compruebe con el original que queda en poder del noble don Miguel Clemente, nuestro protonotario, y se vea si la dicha impresión está conforme con el original que ha sido mostrado y aprobado. Mandando con el mismo tenor de las presentes a cualesquiera lugartenientes y capitanes generales, regente de la Cancellería, regente el oficio y portantveces de nuestro General Gobernador, Justicia de Aragón y sus lugartenientes, Bailes generales, Zalmedinas, Vegueres, Sotvegueres, Justicias, Jurados, Alguaciles, Vergueros, Porteros y otros cualesquier oficiales y ministros nuestros, mayores y menores, en los dichos reinos y señoríos de la Corona de Aragón constituidos y constituideros y a sus lugartenientes o regentes los dichos oficios, so encurrimiento de nuestra ira e indignación y pena de mil florines de Aragón, de bienes del que lo contrario hiciere exigideros y a nuestros Reales cofres aplicaderos, que la presente nuestra licencia y prohibición y todo lo en ella contenido os tengan, guarden y cumplan, tener, guardar y cumplir hagan sin contradición alguna, y no permitan ni den lugar que sea hecho lo contrario en manera alguna, si, demás de nuestra ira e indignación, en la pena sobredicha desean no incurrir. En testimonio de lo cual mandamos despachar las presentes con nuestro sello Real en el dorso selladas. Dat. en el monesterio de San Lorenzo el Real, a veintitrés días del mes de septiembre, año del nacimiento de Nuestro Señor de mil y quinientos y ochenta y nueve. -YO EL REY. V. Frigola Vicechancellarius. V. Comes, Generalis Thesaurarius. V. Quintana Regens. V. Campis Regens. V. Marzilla Regens. V. Pellicer Regens. V. Clemens pro Conservatore Generali. Dominus Rex mandavit mihi don Michaeli Clementi visa per Frigola Vicechancellarium, Comitem generalem Thesaurarium, Campi, Marzilla, Quintana & Pellicer Regentes Chancellariam, & me pro Conservatore Generali.

TASA

Está tasado en siete reales cada cuerpo desta Araucana, Primera y Segunda y Tercera Parte como consta, por la fee de tasa firmada del Secretario Juan Gallo de Andrada. Su fecha en Madrid a once días del mes de Enero de MDXC años.

Prólogo

Si pensara que el trabajo que he puesto en la obra me había de quitar tan poco el miedo de publicarla sé cierto de mí que no tuviera ánimo para llevarla al cabo. Pero considerando ser la historia verdadera y de cosas de guerra, a las cuales hay tantos aficionados, me he resuelto en imprimirla, ayudando a ello las importunaciones de muchos testigos que en lo más dello se hallaron, y el agravio que algunos españoles recibirían quedando sus hazañas en perpetuo silencio, faltando quien las escriba, no por ser ellas pequeñas, pero porque la tierra es tan remota y apartada y la postrera que los españoles han pisado por la parte del Pirú, que no se puede tener della casi noticia, y por el mal aparejo y poco tiempo que para escribir hay con la ocupación de la guerra, que no da lugar a ello; y así, el que pude hurtar, le gasté en este libro, el cual, porque fuese más cierto y verdadero, se hizo en la misma guerra y en los mismos pasos y sitios, escribiendo muchas veces en cuero por falta de papel, y en pedazos de cartas, algunos tan pequeños que apenas cabían seis versos, que no me costó después poco trabajo juntarlos; y por esto y por la humildad con que va la obra, como criada en tan pobres pañales, acompañándola el celo y la intención con que se hizo, espero que será parte para poder sufrir quien la leyere las faltas que lleva. Y si a alguno le pareciere que me muestro algo inclinado a la parte de los araucanos, tratando sus cosas y valentías más estendidamente de lo que para bárbaros se requiere, si queremos mirar su crianza, costumbres, modos de guerra y ejercicio della, veremos que muchos no les han hecho ventaja, y que son pocos los que con tan gran constancia y firmeza han defendido su tierra contra tan fieros enemigos como son los españoles. Y, cierto, es cosa de admiración que no poseyendo los araucanos más de veinte leguas de término, sin tener en todo él pueblo formado, ni muro, ni casa fuerte para su reparo, ni armas, a lo menos defensivas, que la prolija guerra y los españoles las han gastado y consumido, y en tierra no áspera, rodeada de tres pueblos españoles y dos plazas fuertes en medio della, con puro valor y porfiada determinación hayan redimido y sustentado su libertad, derramando en sacrificio della tanta sangre así suya como de españoles, que con verdad se puede decir haber pocos lugares que no estén della teñidos y poblados de huesos, no faltando a los muertos quien les suceda en llevar su opinión adelante; pues los hijos, ganosos de la venganza de sus muertos padres, con la natural rabia que los mueve y el valor que dellos heredaron, acelerando el curso de los años, antes de tiempo tomando las armas se ofrecen al rigor de la guerra, y es tanta la falta de gente por la mucha que ha muerto en esta demanda, que para hacer más cuerpo y henchir los escuadrones, vienen también las mujeres a la guerra, y peleando algunas veces como varones, se entregan con grande ánimo a la muerte. Todo esto he querido traer para prueba y en abono del valor destas gentes, digno de mayor loor del que yo le podré dar con mis versos. Y pues, como dije arriba, hay agora en España cantidad de personas que se hallaron en muchas cosas de las que aquí escribo, a ellos remito la defensa de mi obra en esta parte, y a los que la leyeren se la encomiendo.

Zelea Cornelius Codreanu , Tercera Parte.

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EXALTACIÓN DE CODREANU

Es difícil y tentador al mismo tiempo escribir sobre el Capitán de Rumania, como es difícil y tentador escribir sobre la vida misma, entendida ésta como suma de las más bellas y profundas calidades. Porque Cornelio Codreanu tiene para la angustia de nuestra actual generación española un doble símbolo: el de su persona -vida y muerte-, alucinante y fecunda, y el de la tierra nutricia que le dio el ser y le formó el alma, ya que ésta no es más, aparte la psiquis divina de su formación, que la consecuencia de la Patria en que se nace. Y nace precisamente Codreanu en Rumania, en la Rumania hispana y romana, hermosa tierra de Ula s, que aró con doble hierro patricio -arado y espada- el César-Emperador Trajano-Augusto, hijo de España, ciudadano de Roma. Roma y España han sido, son y serán, por la gracia de Dios -no lo olvidemos-, las dos únicas fuerzas capaces de crear en el mundo físico una empresa de orden universal, superando los particularismos egoístas de otras delirantes y limitadas empresas. Roma es algo y es mucho, cuando de Urbe se transforma en Orbe: Urbem fecisti quod prius Orbis erat…, canta Rutilib Namanciano en versos de bronce, y España salta de la belleza renacentista a hacer otra vez el mundo, Universo. Así, Cornelio, fiel a su numen y a su sangre, representa en el mundo que muere y frente al mundo que nace el destino fecundo. “Para el viento, el alba es buen regazo”, cantó una vez la triste voz de un alma rumana, la del poeta Silehanu. Y en el regazo de un alba dura se meció apretado del Capitán mientras soplaban los vientos desencadenados de las peores concupiscencias. Toda su obra fue una llama inflamada de amor, amor tan alto, que sobrepasa en su fuego el estrecho marco local de la redención – por noble que éste sea -de una Patria para trascender en empresa de unión por cima de las fronteras. No ha habido, seguramente no habrá, un movimiento político que pueda rebasar en espíritu al movimiento de la Legión de San Miguel Arcángel, a la marcha iluminada y cadenciosa de los Guardias de Hierro. Muchas veces he dicho que sí Falange Española tiene en Europa algún entronque hondo, es con el rumor caudaloso de los Legionarios del Capitán: igual dedicación suprema a Dios, igual desdén por la materia, igual menosprecio de programas… Naturalmente que la Guardia no era un puro afán contemplativo, un quietismo político. Aparicio ha dicho acertadamente que en Codreanu hay dos Arcángeles -un solo Arcángel completado mejor, diríamos -: el Arcángel seráfico, en el que el alma y el amor son todo, y el Arcángel exterminador, amor también que guía su brazo en Iassi, cuando ejecuta ante el Tribunal en que comparece al Prefecto licencioso, vendido a la judería, que había sádicamente golpeado en el calabozo a su prometida, como él rumana y como él sangre de rumanos. “Parece que Dios nos hubiese elegido intencionadamente tan pobres a todos para demostrar que la materia no tiene nada que ver con nuestra victoria.” En estas palabras de Codreanu está toda la clave de su obra; aquí reposa la honda vena de donde la Legión sacará, en las horas atroces del martirio, la sobrehumana fuerza que la hará, como nuestra lucha, inasequible al desaliento. Aquí está asimismo la fuerza que armará su brazo implacable en los duros combates de la lucha contra el mal. ¡Triste y feliz destinación la del Capitán, como la de nuestros Ramiro y José Antonio! Tenía que ser sacrificado por la estúpida inconsciencia de unos y por la insondable maldad de los otros. ¡Triste y feliz destinación…! Hoy, con los ojos empañados, recordamos al Capitán Codreanu, puro entre los puros, y lo recordamos ligado a entrañables cosas. Ligado sobre todo a nuestro común destino, que un día alboreará triunfalmente porque Dios y sus muertos lo imponen; ligado a sus mejores, Ion Motza, Vasile Marín…. que luchando a nuestro lado en la dura guerra española, cayeron valientemente en la paramera castellana. Ligado, en fin, a nuestra alma. “Porque el mal, la miseria y la ruina no proceden de la materia, sino del alma.” Decidlo, decidlo por doquiera, insistía, arrebatado, el Capitán. Mas es nuestra el alba de oro.

José María Castroviejo

LA MISIÓN DE CORNELIU CONDREANU

La Rumania legionaria ha nacido alrededor de quince estudiantes de Bachillerato congregados en torno de Cornelio Zelea Codreanu en el bosque de Dobrina, junto a Husí. Quien haya leído “Los endemoniados”, de Fedor Dostoiewski, o “Sacha Yegulev”, de Andreiev, podrá imaginarse el clima y el acento: místico, juvenil, dinamitero y misterioso de estas tenidas en la selva, de estos conciliábulos donde se imitan las costumbres de los antiguos bandidos o las conjuras de las sectas cismáticas, encandilando la imaginación de la pubertad. Husí es una ciudad moldava con Obispo ortodoxo, catedral bizantina y vino con temperatura y sabor para alegrar el corazón. En Husí era catedrático del Liceo Juan Codreanu, padre de Cornelio e hijo y nieto de campesinos leñadores. La estirpe rumana, cuya metafísica es el tuétano hondo del credo legionario, se ha reproducido más genuinamente, más castizamente, más acendradamente en la prole labriega, religiosa y docta de los profesores y de los popes. Ion Motza era hijo de un pope, como Codreanu y Horia Sima, hijos de Catedráticos del Instituto. La guerra europea sorprendió a Cornelio Codreanu siendo un rapaz de catorce años, y habiendo movilizado a su progenitor como teniente de un Regimiento alpino, cuando en 1916 Rumania era invadida por su fidelidad a los aliados, el muchacho Cornelio, espigado, cetrino, melancólico, partió también para la guerra y llega a ser algo así como alférez provisional. El armisticio lo lanzó como a sus camaradas, sin los estudios de segunda ensenanza terminados, pero con el cuerpo terne ya y con el alma perpleja y zozobrante, a todas las encrucijadas del país, que se había convertido en la gran Rumania, para que los judíos engordasen con el botín de la victoria. La crisis espiritual y política de 1919 repercutió agudamente en aquella nación de agricultores, en aquel Estado que la paz de Versalles entregaba a la servidumbre de Londres y París y a un refinamiento cosmopolita de restacueros; pero cuya población era en su ochenta por ciento nacionalmente y saludablemente rural. Esta desproporción entre el afrancesamiento de la clase dirigente y la esencialidad terruñera del pueblo, tanto como el peligro bolchevique en las fronteras, la infiltración masónica y la hegemonía israelita, angustiaron el alma misionera de Codreanu, incitándole a la fundación. Aquella reunión fantástica y pueril del bosque de Dobrina halló su sede y su doctrina preliminar en la Universidad de Jassy y ante la palabra docente y antisemita del profesor Cuza. Jassy, en la Moldavia, no lejos del río Pruth, que ahora separa a los rumanos de la Rusia, había visto nacer a Cornelio Zelea Codreanu, como pasar y sustitiurse a tantas invasiones eslavas, magiares, turcas y búlgaras. Jassy es una ciudad de Extremadura, de marca, fronteriza, por lo que necesita que sus habitantes resistan todo el ímpetu extraño, todo el alud exterior, a la manera de murallas. Jassy es una ciudadela secular, y allí el profesor Cuza no sólo profesaba Economía a sus alumnos, sino que era el más fanático enemigo teórico y práctico de los hebreos. Presumía Cuza de no haber conversado jamás con un judío, y cuando un insolente transeúnte de la raza de Israel osó disputarle la acera, la furia polémica del profesor descargó sobre el circunciso, que quedaba tendido a paraguazos. Sobre este fondo de pasión académica contra los hebreos, minoría monopolizadora a través de sus tres millones de tentáculos dentro del Estado rumano, y bajo la mirada ortodoxa de los iconos que hieráticamente vigilan a Rumania; Cornelio Zelea Codreanu había decidido servir a su Religión y a su Patria con una táctica subversiva, revolucionaria. Lejos de paralizarse en la delicuescencia eslava de la no resistencia al mal, Codreanu comenzó entonces una lucha activa y voluntariosa contra el pecado en los demás; pero sobre todo contra el pecado dentro de uno mismo. Era menester que cada futuro legionario se purificase interiormente, ofreciendo su intimidad a la más revulsiva catarsis. Por esa necesidad de repristinación de cada correligionario de Codreanu, se explica que cuando su primera entrevista con el Príncipe Cantacuceno, habiéndole interrogado el legendario general acerca de si la Guardia de Hierro era una milicia, Cornelio respondió súbitamente: “Es una religión”. Aunque Codreanu no fue nunca un hereje ni un reformador de la Teología, sino un cristiano, un cristiano militante y prácticamente, a quien, no repugnaba empuñar la pistola o el revólver para abatir a los adversarios de Cristo o de la estirpe rumana. El proselitismo ejemplar de Codreanu prendió tan pronto en la juventud de su país, que a su regreso de Alemania, donde fue todavía en estudiante que conoce por los periódicos la marcha sobre Roma y el fracaso heroico de la intentona de Hitler en Munich, las Universidades, con sus escolares audaces y purísimos acudieron como falenas alrededor de su luz. Durante la primavera de 1923 las cuatro Universidades del reino. Bucaresti, Cluj, Cernauti y Jassy vacaron de repente, porque sus alumnos iniciaban su huelga terrorista ante la tiranía hebraica que chupaba la sangre del campesino, mancillando todos los hogares y altares, rumanos, donde arden litúrgicamente y sin parpadear los cirios votivos de los fieles. Fue entonces la primera prisión, el primer proceso y la primera absolución de Codreanu, que inspirándose en la voz más verídica de su casta y como quien verifica un sacrificio expiatorio tuvo que disparar con su propia mano de asceta contra el Prefecto dé su nativa Jassy. El proceso fue escandaloso y espectacular; pero a Cornelio Zelea Codreanu, como si fuera protegido ya por el Arcángel San Miguel, cuya revelación le fue patente contemplando el icono dorado de la Cárcel de Vacaresti, el día 8 de noviembre de aquel año; a Cornelio Zelea Codreanu le absolvieron sus jueces, porque ya le había perdonado el mismo Dios. Desde 1923 a 1927, quien va a ser luego el Capitán de Rumania, recorre las tierras entrañables de su Patria predicando y convirtiendo. Le siguen muchachitos y labriegos, profesores y mujeres, gente popular e ignorante y gente muy sabia y aristocrática, para los que Codreanu no presenta un programa, sino la obligación de una revolución preliminar en el corazón de los hombres. En la fiesta de San Juan Bautista del año 1927 fue constituida la Legión de San Miguel Arcángel. Escatológicamente Codreanu veía simbolizar en el dragón que aplasta la arquitectura militar del Arcángel, la hidra del semitismo, cuya secuela más radical era la propaganda comunista en el mundo. Ante la imagen de San Miguel, Patrón de los rumanos, y cuando el calendario ortodoxo festeja su onomástica, el 8 de noviembre de 1927 que era el aniversario de su aparición en la Cárcel de Vacaresti, celebró Codreanu matinalmente la primera reunión de sus legionarios. Aquella junta duró sólo un minuto, puesto, más que perder el tiempo en discusiones retóricas, se precisaba dedicarse a la acción apasionada, apostólica y quirúrgica. Codreanu, vestido con la camisa alba de los campesinos, ciñéndole un cinturón de cuero su torso fanático de gladiador, cenceño y bronceado por la vida del agro, por su existencia elemental, repetía a sus camaradas que más que cien libros de doctrina, valían la construcción de escuelas rurales, de casas para los ancianos y viudas, de cruces para las Iglesias y Cementerios y hasta de ataúdes para los muertos más menesterosos. Todos los legionarios trabajaron sin descanso mientras que cantaban, porque Cornelio Zelea Codreanu repetía también: “Quien va a robar no canta nunca, tampoco canta el que comete un delito o una falta prohibida”. Construyendo, cantando y combatiendo, cristalizó la máxima más alta de la Filosofía de la Legión de San Miguel Arcángel. Esta máxima o más bien tal mandamiento es el amor: “Allí donde no hay amor -anunciaba Cornelio Codreanu -, no hay vida legionaria. El amor representa la reconciliación entre los dos principios de Autoridad y Libertad. El amor no puede producir tiranía, ni opresión, ni injusticia, ni rebelión sangrienta, ni guerra civil…” Pero la guerra civil y la opresión y la justicia eran queridas por los tiranos de Rumania, ante cuyas persecuciones tuvo que oponer la Legión de Codreanu su Guardia de Hierro y sus Escuadras de la Muerte. Elegido diputado en 1931, Codreanu transformó la Legión en la Guardia de Hierro, para que no se creyese que bastaba la lucha parlamentaria, sino que era preciso que todos y cada uno de los juramentados fuera un soldado férreo, un arma vigilante. Tres adolescentes legionarios, el trío de estudiantes conocidos después por el anagrama de “Nicadori”, atentaron mortalmente contra el Presidente del Consejo rumano, Juan Duca, al que habían seguido hasta el Palacio Real de Sinaia, viajando en un vagón de tercera clase. Los folios de este proceso enredaron, junto a los “Nicadori”, a Codreanu y al General Cantacuceno. Este general, que vino a España en 1936 para traer una espada forjada por los legionarios para el General Moscardó, dejando, a la vez, en las Compañía del Tercío a Iion Motza -cuñado de Cornelio y teórico de la Guardia-, a Vasile Marin, a su sobrino el Príncipe Cantacuceno, al pope Dumitrescu – único superviviente de, esta expedición caballeresca y sacra contra la plutocracia y el marxismo-, y otros camaradas más; el general condecorado con la medalla más insigne de Miguel el Bravo, recogió en 1937 la primitiva Legión, la Guardia de Hierro, disuelta por Duca, bajo el título que ostentan todos nuestros cuarteles. “Totul pentru Zara” será el último nombre público de los legionarios antes de sumergirse en las catacumbas y perder a su Capitán; porque ahora el adversario más implacable, más tenaz y más poderoso es Carlos II, el propio rey de los rumanos. El machacamiento de la Legión iba a ser refinado y cruel, usurpando la cáscara de su dogmática, así como todo el ceremonial y la estilística de las revoluciones nacionales, para que los golpes asestados a sus entrañas fueran más homicidas y mortales. En este tiempo la Legión se transfiguró místicamente y actuaba dentro de un atmósfera ritual que parecía descender de los Monasterios del Monte Athos. Coincide ese tiempo con el retorno fúnebre a Bucaresti de los legionarios que sucumbieron junto a nosotros en Majadahonda. Ante las tumbas de Vasile Marin y Juan Motza suena la voz de Codreanu con acento de trueno: “Mientras los enemigos sojuzgan y los politicastros nos venden, ¡oh, rumanos!, gritad audazmente conmigo: Patria, Patria, Patria”. Tras el sacrificio de Motza y Marín, muchos miles de legionarios como su Capitán prestan el juramento de la castidad y del holocausto. Puesto que la existencia legionaria está transida por una religiosa inspiración, de igual modo que el crédulo ortodoxo se prepara para la comunión anual con ayunos y mortificaciones, también la Legión estaba preparándose para el sacramento del martirio. Durante la Pascua de 1938 Cornelio Zelea Codreanu fue detenido y acusado de alta traición por los sicofantes del Monarca. Antes se había intentado arrebatarle el ideario, constituyendo el Ministerio de Octaviano Goga y del Profesor Cuza, ambos anti-semitas y maestro el último de Cornelio desde su cátedra de Jassy. Luego fue el gabinete de Mirón Cristea, el patriarca de la Iglesia rumana, para privar a la Legión del sostén popular y fervoroso del clero. Ningún tribunal puede condenar a la horca a Cornelio Codreanu, porque es demasiado inocente, pero se le conduce a la esgástula de Ramlikut Sarat, donde ha de cumplirse la sentencia de diez años de reclusión. Cornelio Zelea Codreanu ya no es el campesino de la camisa blanca de sus abuelos leñadores, que no bebe, ni fuma, ni abusa de los sentidos, que trabaja en común con sus camaradas por las aldeas más humildes, mientras predica la “Buna Vestire”, el Evangelio; sino que es el Capitán de los rumanos, el Capitán de la leyenda y de la estirpe, donde se mezclan y confunden Decébalo y Trajano, Miguel el valeroso y el transilvanio Horia, junto a los santos de la hagiografía de Valaquia y Moldavia. A Carol aterra el mito de Cornelio Zelea Codreanu, y tanto como al Rey, a su camarilla y a madame Lupescu que viven en la impureza. Tanto candor y resplandor en la prisión de Remlikut Sarat remordía y humillaba. Así es que se decretó la ejecución para el 30 de noviembre de 1938 entre la complicidad de Calinescu, Marinescu y Bengliu. Los gendarmes sacaron de la cárcel a Codreanu con el pretexto de conducirlo a Bucaresti, en compañía de los tres “Nicadori” y de los legionarios que regresaron de España. Al llegar al bosque de Ziganesti, brutalmente, se le estranguló con un nudo corredizo arrojado desde la espalda de cada prisionero. Se les remató a balazos para que no resucitaran y sus despojos fueron enterrados en un pudridero de la fortaleza de Jilava, cerca de la capital. Quisiera infundir a mis palabras en esta parte postrera del relato la concisión y la rigidez de la prosa forense; porque no obstante su tono frígido, el asesinato nos espanta. Cornelio Zelea Codreanu tenía que terminar así, dando razón a una profecía entre las innumerables de su “Guardia de Hierro para los legionarios”. En este libro sacro de la Legión se escribe con letras que podían estar miniaturizadas: “Existen derrotas y muertes que despiertan nuestra estirpe a la vida, mientras que hay victorias que nos la adormecen”. Y muerte podrá ser más útil a la estirpe que proclamó después Codreanu: “Así nuestra todos los esfuerzos de nuestra vida entera. Porque nuestros verdugos no permanecerán sin castigo, y no pudiendo vencer en nuestra vida, venceremos ciertamente muriendo”.

Juan Aparicio

Zelea Cornelius Codreanu, Segunda Parte.

Destacado

Vida y Doctrina de Cornelius Zelea Codreanu, Tomás Escolar y Jesús Nieto.

VII – En el Parlamento.

El 30 de agosto, Cornelio Codreanu es elegido diputado por Neamt. El triunfo alcanzado por una votación casi unánime de electores le abre las puertas del Parlamento rumano. Esta primera victoria política constituye el primer paso definitivo en la lucha por el poder. Las consignas legionarias, repetidas en el campo y en la ciudad, en la fábrica y el taller, tendrán ahora en el Parlamento la resonancia viril y clara de anatema y acusación de una política turbia y rencorosa. Detrás del Capitán, una minoría resuelta y audaz del pueblo rumano espera la hora que irremisiblemente tendrá que sonar para el movimiento legionario. Solo, ante la indiferencia de los “mejores” y la hostilidad abierta de la mayoría, Codreanu, vuelve a definir de nuevo el programa y los principios inmutables del movimiento Que no es ciertamente la aspiración interesada y parcial de una minoría al estilo parlamentario sino la amplitud exacta y total de una concepción política revolucionaria, entroncada en lo más hondo del alma nacional. No lo entendieron así los espíritus ahogados en la mezquindad de un estéril debate. Aquella etapa parlamentaría no tendrá otra constancia histórica que la palabra y el gesto de Cornelio Codreanu, que, por encima de la dureza y el odio enemigos prendió en el corazón de muchos patriotas la poética ilusión de algo que se creía perdido para siempre.

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La ineptitud de los gobernantes se sucede en turnos y cambalaches ministeriales. Y otra vez se pretende buscar la fórmula imposible de gobierno en nuevas elecciones. En julio de 1932 el Capitán dirige la batalla electoral en 36 distritos, haciendo frente a la violenta y “demócrata” oposición del Gobierno. Sin abandonar las posiciones ganadas en la política nacional a costa de tantos sacrificios, Codreanu se preocupará en adelante de acentuar la nota educativa en el cuadro móvil del movimiento legionario, factor determinante en la nueva formación ética de su pueblo. En el marco de esta nueva educación, el trabajo tenía un papel importante y decisivo. Por esto, el Capitán dirige desde entonces diez campamentos de trabajo voluntario, integrados por camaradas legionarios. A la posición fácil de sus enemigos, empeñados en destruir y agotar todas las posibilidades de una vida mejor para todos, Codreanu responde con hechos de un valor positivo y humano. La persecución contra el Capitán y el movimiento legionario llega hasta lo inverosímil en las elecciones de 1933, bajo el Gobierno liberal de Duca. A la cobardía y provocación, Codreanu responde también decretando por un mes duelo legionario. La Guardia de Hierro es disuelta arbitrariamente. Y la persecución se centra de nuevo, enconada y fría, contra el Capitán.

VIII La Legión de Arcángel San Miguel

En septiembre de 1923, Cornelio Codreanu, detenido en la cárcel “Vacaresti”, de Bucarest, concibe la organización de la Legión del Arcángel San Miguel, como una sección juvenil de la L. D. N. C. (Liga de Defensa Nacional Cristiana). Los camaradas Ion Motza, Elie Girneádta, Cornelio Georgescu y Radu Mironovici; los “Vacaresteni”, juntamente con el Capitán, se constituyen en núcleo político independiente, bajo la advocación del Arcángel San Miguel, el 24 de junio de 1927. La Liga de Defensa Nacional Cristiana se escinde, poco antes, en dos tendencias escasamente diferenciadas. A. C. Cuza dirige el sector primero, en oposición a los profesores Sumuleanu e Ion Zelea Codreanu, que representan el grupo de tendencia más moderada. Los “Vacaresteni” se reúnen, con otros estudiantes, en una modesta habitación de la Strada Florilor, número 26, domicilio del Capitán. Inmediatamente se redacta el acta primera de constitución: “Yo, Radu Mironovici, designo Jefe de la Guardia de San Miguel Arcángel a Cornelio Zelea Codreanu”. Esta fue la partida de nacimiento de la Legión, como organización independiente. De entonces arranca el movimiento del profesor Cuza, que en primer término lucha contra la tendencia moderada de la L. D. N. C., y posteriormente, sin asistencia política alguna, el movimiento político iniciado por la Legión. El 1º de agosto del mismo año aparece el primer periódico legionario de lucha, que va concretando ante la nación el pensamiento y las aspiraciones del movimiento. Virtud primera de la nueva organización era la compenetración más estrecha y la hermandad, ferviente y sincera, entre todos a través de la tarea común. La Legión desarrolla en esta época una labor interna, principalmente educativa. Al hojear la colección del periódico de referencia, encontramos en el segundo número y bajo el título: “La Legión del Arcángel San Miguel” las primeras normas definidoras del carácter militar legionario. EI Capitán apunta sucesivamente los postulados morales de todo buen camarada: “Pureza de espiritual, desinterés en la lucha, empuje, fe trabajo, orden, jerarquía disciplina estímulo, energía, actividad, rectitud y acción”. Informada por este espíritu, la Legión conseguirá realizar la’ nueva Rumania y la ansiada resurrección del pueblo rumano. La Legión no tiene entonces ningún programa político, al viejo estilo de los partidos. Es más, lo elude consciente y sistemáticamente. Según el criterio rector del Capitán, la Legión debía ser más una verdadera agrupación ordenada de miembros que un fichero de afiliados y jerarquías. Era un estado de ánimo. Una comunidad de sentimiento y de vida, a la que todos quedaban obligados a contribuir. ‘Crear un movimiento -decía entonces Codreanu- quiere decir ante todo: concebir, y dar vida a ese mismo estado de ánimo, que no es halla en las alturas, sino en la multitud”. Esto constituye lo esencial del movimiento legionario.

IX La Guardia de Hierro

Si todo el suelo rumano fue siempre tierra buena de parábola, abierta sin regateos a la verdad, Moldavia ofrece desde el principio un núcleo inicial de elementos de valía extraordinaria, que alientan y empujan el movimiento legionario. ‘ En los dos años dedicados de una manera especial a la tarea educativa, dentro siempre del espíritu primero, Codreanu va definiendo el amplio contorno de su obra y la proyección inmediata y urgente a la masa trabajadora, especialmente campesina, que guarda y encierra, como ninguna, la justa valoración de la estirpe. Trescientos legionarios forman la primera gran expedición, que se dirige a Cahul-Besarabia. Más de 20,000 campesinos se manifiestan en aquella jornada, de sano patriotismo y justa rebeldía, dentro del ancho cauce abierto por la Legión. Codreanu habla de nuevo para señalar el destino y la empresa común del pueblo rumano: “Tenemos que unirnos todos; hombres y mujeres; nosotros mismos y nuestra estirpe. Tenemos que forjar nuestro verdadero destino. Se acerca la hora de la redención y resurección de Rumania. El que haya creído, luchado y sufrido, será recompensado y honrado por la estirpe. Nuevos tiempos llaman con insistencia a nuestra puerta. Muere un mundo con el alma marchita y estéril y nace otro con el alma radiante de fe. En este nuevo mundo cada uno tendrá asignado su puesto. Al que tiene derecho, no precisamente por su talento o preparación universitaria, sino por la firmeza de su carácter.” Ante la miseria espiritual y material de aquellas gentes, el Capitán resuelve emprender una marcha de mayor amplitud a través de las provincias orientales rumanas hasta el Dniester, con el propósito atajar y combatir la influencia comunista y judía. Y concibe una “organización nacional” que encuadrase en sus filas los grupos nacionales juveniles, sin distinción de partidos. Así nace en 1930 la Guardia de Hierro, vanguardia extrema en la lucha del movimiento legionario. La marcha entonces proyectada a través de la región de Besarabia es prohibida por el Gobierno, cediendo a la fuerte y enconada presión de los elementos judíos.

X – Disolución de la Legión y de la Guardia de Hierro

En diciembre de 1930 fueron disueltas arbitrariamente las dos organizaciones: la Legión y la Guardia de Hierro, por acuerdo tomado en Consejo de Ministros. Codreanu y un numeroso grupo de afiliados fueron detenidos y el local de la organización cerrado y sellado. Un documento, falsificado en su totalidad por las mismas autoridades, suministra las pruebas de acusación: “Actividad contra la forma de gobierno y peligro para la seguridad pública”. Las mismas acusaciones y el mismo procedimiento se habían de repetir después, en el proceso del mes de febrero de 1931. Todos los acusados fueron absueltos, después de haber estado detenidos durante ochenta y siete días.

EL GRUPO CORNELIO ZELEA CODREANU

En junio del año 1931, el movimiento se presenta a las elecciones generales del Parlamento bajo el nombre “Grupo de Cornelio Zelea Codreanu” al que el país continúa llamando “Guardia de Hierro”, y a sus miembros, guardistas y legionarios. En estas elecciones consigue 35.000 votos en algunos distritos de Moldavia y Besarabia. En el mes de agosto, y en las elecciones parciales de Neamt el movimiento legionario derrota a todos los partidos políticos, consiguiendo 11.300 votos, Y con ellos su primer puesto en el Parlamento. Siguen las elecciones de Tutova.

LA SEGUNDA DISOLUCIÓN

Durante la campaña electoral de Tutova, después de tres meses de un esfuerzo agotador, fue disuelta la “Guardia” – como se llamaba al movimiento- por un simple decreto ministerial. A pesar de esto la “Guardia” participó en las elecciones y se aseguró un segundo puesto en el Parlamento, contra todos los partidos políticos. La disolución tuvo lugar en el mes de marzo y las elecciones se celebraron en el mes de abril. Como diputado del distrito de Neamt Codreanu formula en el Parlamento siete puntos, que significaban la implacable condena del sistema político rumano. “Exijo -dice en uno de los puntos- la implantación de la pena de muerte para los malversadores de los fondos del Tesoro público. Exijo el control y la confiscación de las riquezas de aquellos que han robado a la Patria.” Todas estas peticiones eran como pesados martillazos sobre el mundo corrompido de los políticos rumanos. La marcha sobre Besarabia tenía un marcado carácter anticomunista. Pone ahora con esto de relieve otro punto de vista sobre el desarrollo de un nuevo sistema político: la moralización de la vida económica y espiritual del país.

NUEVAS ELECCIONES GENERALES

En el mes de julio de 1932, después de cambio de Gobierno, se convocan de nuevo elecciones generales. La Guardia de Hierro toma parte en ellas y se asegura cuatro puestos en el Parlamento. Como diputado. de este Parlamento, Cornelio Codreanu manifiesta, con la defensa de los derechos de los obreros industriales, el aspecto social del programa legionario. Paulatinamente, y al contacto con la realidad, se perfecciona el carácter doctrinal de la Legión: antisemitismo anticomunismo, antidemocracia, justicia social. En este período de lucha y ansiedad, el movimiento organiza su punto de reunión en Bucarest. Se funda ahora en la capital de la nación un grupo de jóvenes “guardistas” que, en torno al Capitán y a Inoel Motza, dan a la vida 1a primera cristalización ideológica del movimiento. Así se creó el núcleo inicial de jóvenes vanguardistas y también la revista “Axa”, órgano del movimiento. En los años 1932 y 1933, la Guardia de Hierro lucha en tres frentes distintos; en la prensa, en el campo y en el Parlamento; lucha dura y tenaz, pero magnífica en éxitos y triunfos. Cuando en el año 1933 se anuncian nuevas elecciones, la Guardia de Hierro sale a la lucha con fuerzas mayores; presenta su candidatura en casi todos los distritos y desarrolla una propaganda tan eficaz que desarma a los adversarios.

TERCERA DISOLUCIÓN DE LA GUARDIA DE HIERRO

En el curso de las elecciones generales de diciembre de 1933, el Gobierno que preside I. G. Duca disuelve la Guardia de Hierro. Es la tercera disolución, seguida igualmente de registros domiciliarios, clausura de locales y detenciones en masa. Por un momento parece que la fatiga, el esfuerzo y el entusiasmo de tanto tiempo se ha perdido en el vacío del odio y de la incomprensión. Pocos días después, en la estación de Sinaia, el presidente del Consejo de Ministros, Duca, cae víctima de la justicia legionaria. A la detención de los tres legionarios llamados los “Nicadori” sigue, en la misma noche, la de multitud de camaradas y el asesinato del tesorero del movimiento. El número de “guardistas” detenidos se eleva a 1.800. Entre ellos, el general Cantacuzino, militante desde 1933, que, juntamente con el Capitán y 50 legionarios, comparecen ante el tribunal. La acusación es la misma: conspiración contra el Estado. El tribunal, formado por generales del Ejército rumano, absuelve a todos los procesados, incluso a los tres “Nicadori”. Este Proceso, celebrado en el mes de, abril de 1934, constituye uno de los triunfos más resonantes de la Legión en su vida de lucha y sangrienta persecución.

XI “Totul Pentru Tara”

Los años 1934, 1935 y 1936 son etapas consecutivas de reorganización de los cuadros legionarios. El movimiento, cruelmente castigado y perseguido, saca de la misma persecución la experiencia, que le sitúa en mejores condiciones de beligerancia frente a sus numerosos enemigos. Entonces el Capitán funda su partido “Totul pentru Tara” (Todo por la Patria), circunstancialmente afín a los partidos dominantes en la política rumana. El nuevo partido, bajo la presidencia de] general Cantacuzino, se constituye definitivamente el 5 de junio de 1935. La Legión, que aún no ha sido oficialmente reconocida, sigue desarrollando su labor positiva y humana, multiplicando los campamentos de trabajo y las escuelas formativas de camaradas legionarios, dentro de la más alta y estrecha camaradería.

EL ORGANISMO LEGIONARIO

He aquí la organización interna del partido en el año 1937: Todos los simpatizantes con el movimiento se repartían entre la Legión y el partido “Totul pentru Tara”. Los simpatizantes, a su vez, se dividen en dos clases: legionarios y simples afiliados. Todo legionario pertenece al partido; sin embargo, no todos los miembros del partido pertenecen a la Legión. El núcleo fundamental de la Legión era el Nido (“Cuib”), grupo de 3 a 13 miembros que celebran reuniones semanales. Allí se discuten los problemas legionarios, se recaudan las cuotas, se organizan los trabajos futuros y se trazan las directrices del régimen interior y exterior del movimiento. A los “nidistas” siguen los “Hermanos de Cruz” (jóvenes hasta los dieciocho años), las “ciudadelas” (para muchachas), la organización femenina, la organización obrera y la Liga Motza-Marin, grupo de selección, integrado solamente por 1.000 camaradas, y los grupos legionarios en general. El partido tiene su origen en el “cuib” (nido) y se divide en distritos, comarcas y regiones. El caudillo recibe el nombre de Capitán. En la Legión, sus militantes pueden alcanzar diferentes grados: legionario, legionario instructor, comandante legionario y comandante de la “Buna Vestire”. Administrativamente, la división es análoga: jefe de nido, jefe de familia, jefe de distrito o provincia, jefe de región, jefe de ejército y jefe del partido. Un cuerpo o grupo especial lo constituían los “Amigos de la Legión”. La organización es secreta y su misión queda limitada, casi exclusivamente, a la ayuda económica y consultiva.

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El castigo de Duca, víctima de sus desmanes, levanta un nuevo y complicado proceso, de grandes proporciones. Codreanu, juntamente con todos los comandantes del movimiento legionario, comparece ante un tribunal militar, formado por seis generales del Ejército rumano. Sus camaradas viven la angustia de uno de los momentos más sombríos. Pero el triunfo de la justicia, que absuelve “valientemente” al Capitán, confirma una vez más el eco y la voluntad del pueblo. El Nacionalismo rumano, que no cede un paso ante la sangrienta dificultad que pretende inútilmente cerrar su camino, se afirma cada día con más fuerza, con voluntad de triunfar. En el cálculo frío de los enemigos no cuenta con todo su peso un factor, para ellos desconocido: la voluntad de vencer, que presta Coraje y aliento en grado superior, si cabe, en la encrucijada de la misma dificultad. Desde 1934 hasta 1937, el movimiento legionario es considerado “ilegal”. La Historia se repite en otro paralelo de mística religiosa y política. Codreanu redobla su actividad organizadora y educativa en sus filas. Y aquellos tres años de clandestinidad resumen uno de los períodos más fecundos del movimiento legionario. Es demasiado tarde para ahogar la semilla que rompe la corteza del surco en espléndida floración. En todo el país miles de legionarios trabajan en los campamentos de trabajo. El mismo Capitán trabaja en el campamento “Carmen Sylva”, a orillas del mar Negro. La espiritualidad legionaria será común al pueblo rumano. El viejo legionario general Jorge Cantacuzino asumiendo la dirección del nuevo partido político “Totul pentru tara” (Todo por la Patria), por decisión expresa y terminante de su fundador, Cornelio Codreanu, aureola de prestigio marcial al Movimiento.

XII

Entregado por entero a la dirección del movimiento legionario, a la lucha política y a la formación de los nuevos camaradas, Codreanu publica el primer volumen de su libro “Pentru Legionari” (Para los legionarios). Señalados los puntos fundamentales a seguir en la política interior rumana, en otoño de 1937 declara enérgicamente, y con visión clara de su genio intuitivo, que el puesto de Rumania estaba incuestionablemente al lado de Italia y Alemania. Lo que entonces parecía a muchos una insinuación de velada influencia extranjera, no era sino la profecía de la amargura y dolor del pueblo rumano, a merced de la traición de sus políticos. En diciembre de 1937 se celebran nuevamente elecciones generales. El partido “Todo por la Patria”, organizado poco antes por el Capitán, se alza poderoso en el triunfo inesperado. En diciembre de 1937, Codreanu se dirige a sus camaradas y a sus enemigos: “Hemos sido cinco, somos un millón, seremos todo el país”. Aquel pequeño grupo de los “Vacaresteni”, salidos un día de la cárcel de Bucarest, bajo la mirada vigilante y siniestra de un enemigo infinitamente superior y más poderoso, confirma ahora el triunfo de su voluntad. Seiscientos mil votos abre las puertas de] Parlamento a 66 diputados legionarios, desbordando la impureza y rapacidad políticas de un Gobierno liberal que pretende en vano desviar la voluntad del pueblo rumano. La victoria, tan grande como inesperada, pone en guardia a los enemigos, que determinan una potente reacción de fuerzas ocultas y de coalición política para impedir, valiéndose del Soberano de Rumania, Carol II, la apertura del Parlamento. El Capitán, sin embargo, creía en la justicia y la esperaba. No en vano había combatido durante su vida por algo superior, que últimamente concretaba en una Consigna: “Totul pentru tara” (Todo por la Patria). El resultado electoral determina la caída del Gobierno, fenómeno sin precedentes en la historia política del pueblo rumano. Tras breve y tenaz forcejeo, Tatarescu se ve obligado a dimitir. El Rey Carol entrega entonces la dirección del Estado al partido cristiano de Goga y Cuza, que cuenta solamente 15 puestos en el Parlamento. La Legión tiene más de 60. El nuevo Gobierno se mantiene precariamente en el Poder durante cuarenta días.

CUARTA DISOLUCIÓN

El Patriarca Mirón Cristea, que forma el nuevo Gobierno, ofrece la cartera del Interior a Armando Calinescu. Todos los partidos políticos son disueltos en el mes de febrero de 1938. El “Totul pentru Tara” (Todo por la Patria), con anterioridad a los demás, por voluntaria determinación de sus dirigentes. En la noche del 17 de abril, el ministro Armando Calinescu desencadena la más larga y sangrienta persecución que registra en su vida el movimiento legionario. El enemigo se mueve omnipotente a la sombra falsa del Patriarca jefe del Gobierno. Miles de legionarios son detenidos y atormentados en cárceles y campos de concentración.

XIII Persecución y Muerte

En los primeros días del mes de febrero de 1938, el Capitán ordena suspender toda actividad “para descanso de todos”. Recogido en el silencio de la soledad, escribe el segundo volumen de “Pentru Legionari”. Ni cansancio ni desaliento. Era algo más fuerte para su espíritu; nunca como ahora traspasado de claridad, como si presintiera realmente su fin. La intriga política, exacerbada por el absolutismo del Rey Carol, ronda sin descanso su vida. Lejos del contacto con los “miserables”, Cornelio Codreanu, dueño y señor de la verdad y justicia de su obra, espera la batalla definitiva. Su presencia de espíritu mantiene abierto el ancho cauce del movimiento legionario, que arrastra consigo el sentir de la mayoría del pueblo El odio implacable de los enemigos prepara el último golpe. Con amarga decisión escribe el Capitán a sus camaradas en circular del 25 de febrero: “Yo no salgo más. Pero si la perfidia va a vencer, creo que sabéis lo que tenéis que hacer”. En abril de 1938 se instruye el primer proceso contra el Capitán. El profesor Nicolás Iorga provoca el juicio. , El día 20, el tribunal militar del II Cuerpo de Ejército le condena, por ultraje, a seis meses de arresto. La persecución se abate sobre el movimiento con superada violencia. El 28 de abril son detenidos casi todos los comandantes legionarios. El 7 de mayo de 1938 se inicia el proceso más vergonzoso en los anales de la justicia rumana. El mismo tribunal militar del II Cuerpo de Ejército juzga de nuevo a Cornelio Codreanu. El pueblo tenía fe ciega en el triunfo de la justicia militar como en 1933. Pero los hombres no mantuvieron su entereza y rectitud y el “honor de la justicia fue violado” por la cobardía ante la presión política. El 16 de mayo se redacta la orden definitiva de citación a juicio por “el crimen de traición y humillación contra el orden social y por crimen de rebeldía”. El día 24 de mayo principia el debate, en un ambiente político de violencia y terror. El 27 de mayo, el Capitán es condenado a diez años de trabajos forzados. Conducido a la fortaleza-prisión de Jilaba, se le traslada poco después a la cárcel de Rimnicul-Sarat. *** En pocas naciones se ha ensañado el judaísmo con la violencia que en Rumania. En las alternativas seculares por la paridad de su raza con la rumana, fijaron en su alma, a lo largo del tiempo, un sedimento implacable y morboso contra la nación, que les negaba unas veces y les otorgaba otras el rango y dignidad de ciudadanía. Poco valieron definitivamente las medidas políticas antisemitas en Rumania a través de esa alternativa de siglos. La minoría judía acrecentaba diariamente su ilimitado poderío, especialmente comercial, en las múltiples actividades públicas. Una nueva tentativa para desalojar a los judíos de sus posiciones en la vida rumana tiene lugar en 1937, durante el Gobierno de Goga-Cuza. La presión judía, dirigida principalmente del exterior, hizo imposibles de realización tan buenos propósitos. Goga abandonó el Poder con estas palabras: “¡Israel, has vencido!” El peligro antisemita no quedaba, sin embargo, eliminado. La Guardia de Hierro, que desde su nacimiento llevó sobre sí el peso de esta lucha sangrienta, centró de nuevo los tiros del enemigo. Una mujer que ha influido decisivamente en los destinos de Rumania en los últimos tiempos (la señora Lupescu, “amiga” del Rey Carol), aparece ahora en la picota del pretendido exterminio legionario. Sin perspectiva histórica todavía, quede al futuro el enjuiciamiento claro y exacto de la influencia judía en las horas trágicas y amargas del pueblo rumano en el último decenio en la noche del 30 de noviembre de 1938, Cornelio Zelea Codreanu es vilmente asesinado por orden del Ministerio del Interior, juntamente con 13 comandantes del movimiento legionario. Esperó siempre la muerte. Y la había aceptado durante su vida. “Porque la gloria de la resurrección -decía él- estaba en la aceptación preliminar y decidida de los dolores y del peso de la tumba”. Y la resurrección del Capitán ha llegado. Presencia de su espíritu, que fija para siempre el rumbo de los destinos de su pueblo. El Gobierno de Bucarest pretendió vanamente justificar ante el mundo los asesinatos del bosque de Jilava. El fiscal militar de Rumania comunicó oficialmente que, en la noche del 30 de noviembre, varios presos debían ser trasladados de la cárcel de Rimnicul-Sarat a las prisiones militares de Jilava, cerca de la capital. En la carretera, entre Plojeschti y Bucarest, varios desconocidos asaltaron los coches en que los presos eran trasladados. Estos, aprovechando la confusión del momento, intentaron huir. Como la voz de “Alto” de los gendarmes que protegían la conducción no fuera obedecida, éstos hicieron fuego sobre los fugitivos. Resultaron muertos el Caudillo de la Guardia de Hierro”, Cornelio Zelea Codreanu; los tres “Nicadori”: Constantinescu, Cazanache y Belimace, que en diciembre de 1933 ejecutaron al entonces jefe del Gobierno, Duca, y 10 legionarios más. Según la comunicación oficial, los 14 muertos fueron enterrados el mismo día. Posteriormente, el mundo ha conocido la verdad exacta de tan viles asesinatos. La revisión del proceso Codreanu ha puesto sobre el candelero el nombre de los asesinos y de sus instigadores. En ella aparecen como acusados los generales Bengliu, Marinescu y Stefanescu, así como también el entonces ministro de Justicia y el consejero de la Corona, Jamandi. La acusación contra estas personalidades del régimen de Carol está confirmada por la declaración del asesino de Codreanu, el entonces comandante Dinulescu, el cual, con ayuda de 22 gendarmes, asesinó a Codreanu y a sus 13 compañeros en la noche del 29 al 30 de noviembre de 1938. Dinulescu ha confesado igualmente que los 14 legionarios fueron esposados en la prisión de Jilava y estrangulados a continuación por los gendarmes. Los cadáveres, enterrados primeramente en el patio de la prisión, fueron exhumados y “fusilados” pocos días después, con el fin de que así pudiera fácilmente extenderse la ficción de haber sido ejecutados en el intento de fuga. Sobre la tumba o lugar del enterramiento levantaron estercoleros para dificultar el hallazgo de los cadáveres, que, finalmente, fueron identificados por sus camaradas, dos años después -1940-, en la hora triunfal de su movimiento, pero trágica y dolorida de recuerdos. La cabeza del Capitán descansaba sobre el brazo derecho, colocado así por los mismos esbirros, según la cínica confesión de Dinulescu, para que pudiera “descansar mejor” En enero de 1939 cae el profesor Vasile Cristescu. Los días de aquel año se abren sucesivamente como páginas de un martirologio de legionarios, hasta el 21 de septiembre, que señala el castigo de Calinescu, alma de la persecución. En la noche siguiente, más de MIL legionarios caen víctimas de la más odiosa y brutal represión en cárceles y campos de concentración, en el campo y en las calles de la ciudad. “EL PRIMER CARRO” Hasta qué punto la prensa judía y la sinagoga celebraron como suyo aquel triunfo sangriento, lo prueba un artículo titulado “El primer carro”, que vio luz el 5 de enero de 1939, en el diario judío “Israel”, de El Cairo: “Dos golpes potentes que de modo singular recuerdan la antigua ley de Jalive (el Talión) han descargado el año pasado en la cabeza del antijudaísmo rumano. En seis meses han sido eliminados sus dos jefes más notables. En mayo fue derribado el pequeño Goga, cuando apenas había llegado a la cumbre del Poder. Y recientemente le ha llegado su turno a su rival Cornelio Codreanu, capitán de bandidos, quien con trece de sus “compinches” cayó bajo las balas de los gendarmes, que habían recibido orden de enviarles al otro mundo sin malgastar tiempo en formalidades.” Así reconocieron los judíos el asesinato de Codreanu como un acto propio de venganza. “El primer carro” no era sino la primera parte. A éste siguieron “otros carros”: hasta 1.221 legionarios rumanos cayeron después, víctimas de la venganza y el odio judíos. LA PRESENCIA DEL CAPITÁN Con visión clara de profecía, Codreanu sitúa la victoria del movimiento legionario en el año 1940. Y el 6 de septiembre del mismo año Antonescu, general del Ejército rumano, y el legionario Horia Sima dictaron a sus camisas verdes la consigna primera del Poder. A hombros de sus camaradas, el Capitán ha vuelto a la “Casa Verde” de Bucarest. Su presencia mantiene, ahora también, el espíritu primero de su “Guardia” y la firme unidad de su destino. No temió la muerte, porque la esperaba. Y si amó la vida fue por el duro y amargo sacrificio de su milicia, para que de él saliera Rumania más ágil y alegre: síntesis joven de su grandeza. ¡Cornelio Zelea Codreanu, Capitán de Rumania Legionaria, presente en el espíritu de la Legión! El día de tu muerte, también tus camaradas se negaron el descanso futuro, sin regateo de SERVICIO. NOTAS EN TORNO AL IDEARIO DE CODREANU ¿Qué quiere la Legión? A lo largo de su camino de lucha intensa y desgarrada, la Legión ha definido con sangre de sus mejores camaradas el propósito firme de su programa político: “Crear una Rumania que pertenezca por entera a los rumanos. Un Estado de la Estirpe. Una política exterior realista.” Hoy, su objetivo doctrinal y político, en su doble aspecto, interior y exterior, es el mismo.

AFIRMACIÓN DE FE

“En mí la fe tiene hondas raíces y jamás me ha abandonado. El que combate, aunque esté solo, por Dios y por la Patria, jamás puede ser vencido. El individuo está al servicio de la Patria. La Patria está al servicio de Dios y de sus leyes. Quien comprenda esto, vencerá, aunque esté solo. Quien no lo comprenda, tarde o temprano será vencido. La Legión ha nacido de este estado de espíritu. No nos preocupaba saber si caeríamos o moriríamos. Marchando con la visión de Dios y por los derechos de la estirpe rumana,cualquiera que hubiese sido la suerte, la derrota o la muerte, la habríamos bendecido, seguros de que había alcanzado sus frutos. Lo que importaba era marchar.

LA LEGIÓN DEL ARCÁNGEL SAN MIGUEL

“Hoy viernes, 24 de junio de 1927 (San Juan Bautista), a las diez de la noche, se funda la “Legión del Arcángel San Miguel”, bajo mi dirección. Venga a nosotros quien crea sin restricciones. Permanezca fuera quien dude. En la mañana del 28 de noviembre de 1927 nos reunimos en nuestra sede. Escasos, pero fuertes, con la indestructible fe en Dios y en su ayuda, con la resolución de resistir cualquier tormenta, con el desprecio absoluto de cualquier interés terrenal, con la heroica voluntad de sacrificarnos sirviendo a la causa de la estirpe rumana y de la Cruz. La Legión del Arcángel San Miguel es una escuela y un ejército, no un partido. La primera reunión de nuestra organización duró un minuto. No existía ningún programa. El único programa, la vida de lucha vista, hasta entonces, por mí y por mis compañeros de prisión. El país muere por falta de hombres, no por falta de programas. No teníamos que crear programas, sino hombres: hombres nuevos. Porque los hombres tal como son, educados por los politicastros y corrompidos por la influencia judaica, comprometerían el más espléndido de los programas. De esta escuela legionaria saldrá el hombre nuevo, el hombre que sabrá combatir y vencer a los enemigos de la Patria. Lo que nuestra mente puede imaginar de más bello espiritualmente hablando; lo que nuestra raza puede dar de más altivo, de más grande, de más puro, de más justo, de más sabio, de más laborioso y de más heroico, es lo que debe crear la escuela legionaria. Las líneas directivas de nuestra vida legionaria eran fe en Dios. Entre nosotros no había ningún ateo. Y cuanto más perseguidos éramos por nuestros enemigos, tanto más se elevaba nuestro pensamiento a Dios y a los muertos de la estirpe. Esto nos daba una fuerza invencible y una luminosa serenidad frente a cualquier acontecimiento. Fe en nuestra misión, afecto de camaradas de una intensidad y de una fuerza semejante a las de nuestro odio contra los enemigos de la Patria. *** El canto.-Para poder cantar es preciso un estado de espíritu particular, una armonía del alma. Quien no tenga espada, venda su traje y se la compre. Guardarse de los apetitos de la carne, que matan el alma. No arrojar, sino cultivar el héroe que ciertamente existe entre nosotros. Quien sepa morir, jamás será esclavo. El movimiento legionario no se funda exclusivamente en el principio de la autoridad o en el de la libertad. Tiene su fundamento en el principio del amor, en el que hunden sus raíces la libertad y la autoridad. El amor concilia los dos principios de la autoridad y de la libertad. El amor compendia a los dos en lo que tienen de mejor. El amor practicado con serenidad de espíritu quiere decir la paz en los ánimos, en la sociedad, en el mundo. El amor es el camino de la paz que el Redentor ha prometido a todas las gentes. Las cuales, después que hayan errado y experimentado todo lo posible, se tendrán que convencer, al fin, que fuera del amor que Dios ha sembrado en los corazones de los hombres, como una síntesis de todas las virtudes humanas, no existe otra cosa que pueda darnos tranquilidad y paz.

XIV- Codreanu y los Movimientos Alemán e Italiano

“Siempre teníamos presente a Mussolini, el héroe que aplasta al monstruo con el pie. Por esto, todas las cabezas del monstruo se abalanzaron contra él, jurándole muerte. Mussolini ha sido para nosotros la prueba de que la hidra puede ser vencida. Nos ha dado la certeza de nuestra victoria. De Adolfo Hitler oí hablar en Alemania en octubre de 1922 a un obrero, que me dijo: “Se habla de un movimiento antisemita iniciado en Munich por un pintor de treinta y seis años, Hitler. Me parece que esto es lo que esperamos nosotros los alemanes”. Casi a la vez tuve noticias de la gran revolución fascista: la Marcha sobre Roma y la victoria de Mussolini. Me alegro de ella, como de una victoria de mi Patria.” Existe un lazo de simpatía entre todos los que, en diversas partes de la tierra, sirven a su Patria, como existe un lazo entre todos los que trabajan en la destrucción de las naciones. El judaísmo consiguió dominar Europa con la masonería y Rusia con el comunismo. Mussolini ha destruido en Italia estas dos serpientes judaicas que amenazan de muerte a Italia: el comunismo y la masonería. Fascismo quiere decir, ante todo, defensa de la nación de los peligros que la amenazan. Quiere decir eliminación del peligro y camino libre hacia la vida y la gloria de la nación. Han sido vanas las tentativas de los judíos de envenenar nuestra alegría por la victoria de Mussolini. Con la violencia, con el terror se pueden obtener votos y también mayorías, pero jamás se podrá suscitar entusiasmo semejante al de los pueblos alemán e italiano. Estamos seguros que el comunismo será vencido, porque frente a él se ha levantado una barrera de conciencias que no le permitirá avanzar. Desde ahora en adelante tendrá que retroceder. Pero no basta con destruir el comunismo. Es preciso también luchar por los derechos de los trabajadores. Es preciso destruir los partidos oligárquicos y crear organizaciones nacionales que actúen y puedan defender sus legítimos derechos en el seno del Estado, no contra el Estado. El problema capital que se impone al pueblo rumano es la sustitución de la clase dirigente democrática, ligada a la internacional judaica, por una clase dirigente verdaderamente nacional, que practique las virtudes del sacrificio por la Patria, de la justicia y del amor por el pueblo, de la honradez, del trabajo, del orden, de la disciplina, de la lealtad y del honor. No admitimos que, al socaire de fórmulas patrióticas, haya una clase oligárquica y tiránica, que agota todas las categorías de trabajadores y engaña hablando continuamente de la Patria, que no ama; de Dios, en el que no cree; de la Iglesia, en la que jamás entra; del Ejército, al que prepara para servir a un interés ajeno. La nueva Rumania no puede salir de los cenáculos o del café, ni de la ciudad, en la que se pierde el tiempo, ni de las diversiones de los Don Juanes. Saldrá del heroísmo y del trabajo. La resurrección de nuestra estirpe está próxima; pronto se alzará en la luz, irradiando hacia el porvenir. Quien haya creído, será el vencedor. Del espíritu estéril un mundo muere; del alma llena de fe surge otro. Hay una ley de la naturaleza que da a cada uno lo que le corresponde. Los rebeldes contra la ley de la naturaleza, desde Lucifer hasta hoy, inteligentes pero sin prudencia, han caído.

” MÍSTICA “

Con nuestro gesto audaz nos destacábamos de la mentalidad dominante; matábamos un mundo para crear otro que miraba al cielo. Era derribado el dominio absoluto de la materia, para ser sustituido por el dominio del espíritu, de los valores morales. Creemos un ambiente de espiritualidad, un ambiente moral, en el que nazca y del que se nutra el hombre-héroe. Es preciso aislar este ambiente del resto del mundo: de la bellaquería, de la disolución de todas las pasiones, que destruyen las naciones y matan los individuos, con altas barreras espirituales. Nada asusta más a los judíos y liberales que la unidad perfecta del bloque espiritual de todo un pueblo. La mística nacional es criticada o desconocida por los que son incapaces de sentirla y de vivirla. Si la mística cristiana, con el éxtasis, lleva al hombre a la visión de Dios por medio de una elevación de la naturaleza humana hacia la naturaleza divina, la mística nacional no es otra cosa que la fusión del individuo o de la multitud con el alma de su estirpe por medio de una elevación del mundo, de los egoísmos personales al mundo eterno de la estirpe. He comenzado nuestra organización sin un céntimo. En este siglo, en el que el dinero es el dueño omnipotente, en el que nadie comienza nada sin preguntarse antes de cuánto dinero puede disponerse, Dios ha querido demostrar que en la lucha y en la victoria legionaria la materia no ha tenido parte. Otra característica de nuestro movimiento, además de la falta de dinero, ha sido la falta de programa No hemos tenido ningún programa: Una organización política sin ningún programa dictado por la razón, es decir, por la cabeza de uno o más hombres. Pero nosotros nos habíamos unido porque teníamos una idéntica visión espiritual. Esto significaba que la estatua de otra diosa -la Razón- tenía que ser destruida. El mundo democrático la había levantado contra Dios. Sin arrojarla ni despreciarla, la habíamos vuelto a su verdadero puesto, esto es, al servicio de Dios y del sentido de la vida. Por tanto, si no teníamos dinero ni programas, teníamos, en cambio, a Dios en los corazones y Él nos inspiraba la fuerza invencible de la fe. Las victorias no dependen de las fuerzas materiales, sino de las facultades de asegurarse el concurso de las fuerzas espirituales. Ganan las guerras aquellos que han sabido atraer de los cielos las fuerzas misteriosas del mundo invisible y asegurarse su concurso; esto es, las almas de nuestros muertos y más arriba: Dios.”

NORMAS DE VIDA LEGIONARIA

“Es preciso ser legionario no por el uniforme, sino en el espíritu. Las normas éticas de vida legionaria formuladas por mí: pureza espiritual, desinterés en la lucha, audacia, fe, trabajo, orden, jerarquía, disciplina, energía y fuerza moral, justicia, hechos, no palabras; actuar y no charlas, le definen. Cuando veáis aparecer, sea en vosotros o en alguno de vuestros camaradas, un interés personal, allí ha muerto un legionario y nace el politicastro. El joven debe saber que es un centinela al servicio de la estirpe, y que dejarse corromper significa desertar. En una organización revolucionaria no debe surgir ninguna disensión por una observación del jefe; ésta puede ser justa o injusta, pero el subordinado no debe sentir rencor; éste es el principio que es preciso adoptar cuando se pertenece a una organización revolucionaria de carácter espiritual. Donde no hay amor no hay vida legionaria. El amor no elude la obligación de ser disciplinado. La disciplina es necesaria para someternos, sea a las normas éticas de vida, sea a la voluntad de un jefe. En el primer caso la practicamos para perfeccionarnos; en el segundo, para obtener el triunfo en la lucha. Para vencer es preciso que cada uno haga suyo un modo de pensar único: el del más experimentado: el del jefe. La disciplina al jefe es garantía de la victoria, porque aquélla asegura la unidad del esfuerzo. Y si las victorias no se pueden conseguir más que con el sacrificio, la disciplina es el más pequeño de los sacrificios que puede hacer un hombre por la victoria de la Patria. Si la disciplina es una renuncia, un sacrificio, no humilla a nadie, porque cualquier sacrificio ensalza.

” PATRIA Y RAZA “

La Patria recompensa siempre a los hijos que han esperado su justicia y han creído en ella, y a los que han combatido y sufrido por la misma. Mientras los enemigos nos invaden y los políticos nos venden… ¡Rumanos, gritad audazmente: Patria, Patria, Patria! No se olvide que nosotros, pueblo rumano, estamos en esta tierra por voluntad de Dios y con la bendición de la Iglesia de Cristo. En torno a los altares de las iglesias se ha reunido mil veces, en los tiempos de calamidad y de angustia, todo el pueblo rumano, con la conciencia clara de que allí estaba el último refugio. También nosotros nos arrodillamos ante los altares, como en los tiempos de gran peligro, para obtener la bendición de Dios. El castigo más atroz espera, en primer lugar, al traidor, y en segundo, al enemigo. Si frente a mí estuviera un traidor y un enemigo y un solo proyectil, dispararía contra el traidor a la Patria. Mientras fui diputado exigí que fuera implantada la pena de muerte contra los traidores. Se me hizo la observación que, siendo yo cristiano, no debía sostener la pena de muerte. Respondí: Cuando se trata de elegir entre la muerte de mi país y la de un ladrón, yo prefiero la muerte del ladrón. Creo ser mejor cristiano si no permito que el ladrón conduzca mi país a la muerte. Entre las categorías sociales, una de las que menos nos comprendió y menos nos ayudó fueron los popes. Mientras ofendía a Cristo un mundo ateo y judaico, mientras nosotros defendíamos a cara descubierta la Cruz, mientras nosotros luchábamos audaz y cristianamente, el materialismo los popes, salvo escasísimas excepciones, se declararon contra nosotros. ¡Señor! Tomemos sobre nosotros todos los pecados de nuestra estirpe y acepta nuestro sufrimiento de hoy. Haz que por este sufrimiento surja un día mejor para la Patria”.

LA DEMOCRACIA

“La democracia está al servicio de la gran finanza. Dado el sistema de la rivalidad entre los diversos partidos, la democracia tiene que ser sostenida con mucho dinero. Como consecuencia natural, se convierte en esclava de la finanza internacional judía. Así, la corrupción se extiende a la vida pública del país como una plaga, desde el más humilde portero hasta los ministros. Se venderán todos a cualquiera. Cualquiera que tenga dinero podrá comprar, a través de ellos, el país. La rompe la unidad y el bloque espiritual de la nación, de modo que frente a la solidaridad demo-hebraica, la nación dividida en los partidos de la democracia se presentará desunida y, por ello, fácilmente asequible a sus propósitos. Los politicastros, que tienen necesidad de dinero para llevar su vida escandalosa, para mantener la pandilla política, para acaparar votos en las elecciones, para comprar las conciencias humanas, despojarán al país. Nuestra campaña contra la prensa judía o judaizante es una advertencia a los rumanos para que no se dejen engañar. Esta prensa ataca la idea religiosa de los rumanos, debilitando la resistencia moral. Por consiguiente, rompe los lazos con Dios, envenena las almas, dando sistemáticamente publicidad a los delitos sensacionales, a las relaciones inmorales, a los abortos, a los actos vergonzosos. He aborrecido siempre la literatura sensacional de perversión espiritual. El politicastro no tiene nada de nuestra raza, a la que deshonra y mata. Pero la Patria envía, a través de los hilos invisibles del alma, sus vengadores.”

EN LA PRISIÓN

“Me han detenido, pero no era culpable. Debería ser arrestado quien hace daño a la propia Patria. Al juez que me interrogaba respondí: “Luchamos movidos por la fe y por el amor de la Patria. Nos comprometemos a luchar hasta la victoria. Esta es mi última palabra”. Pensando en mi triste suerte, mi madre me había enviado el Himno de la Virgen, pidiéndome que lo leyera. Así lo hice. Me parecía entonces que los adversarios y los peligros habían desaparecido. Celebré la Pascua de Resurrección en la celda, y cuando las campanas comenzaron a repicar en todas las iglesias, me arrodillé y recé. Vivía con el pensamiento y con la resolución de morir. Esta era la resolución de la victoria, que nos daba serenidad y fuerza para sonreir delante de cualquier enemigo. Los jóvenes aman la diversión. A mí me ha sido negada ésta. Sobre mi juventud han pesado preocupaciones y dificultades que la han destruido. Lo que me ha quedado lo consumirán las paredes de esta estrecha y fría prisión; siento el frío húmedo del pavimento que se me sube por los huesos. Durante la detención, en los calabozos, hemos cantado continuamente los himnos de batalla. Ninguna nación ha ganado nada de las diversiones y de la vida cómoda de sus ciudadanos. Siempre ha salido algo mejor para ellas del sufrimiento. Por esto nosotros también aceptamos la muerte. Corra también nuestra sangre, la sangre de todos los nuestros: será nuestra última gran llamada, la llamada inmortal dirigida al pueblo rumano. Por otra parte, hay derrotas y muertes que despiertan una estirpe y a la vida. Y, por el contrario, hay victorias que la adormecen. Así, nuestra muerte podría ser más útil a la estirpe que todos los esfuerzos de toda nuestra vida. Nuestros verdugos no quedarán impunes. No pudiendo vencer venceremos muertos. Al fin de mis batallas vuelvo mi pensamiento a mi madre, que me ha seguido, año tras año, hora tras hora, temblando, en todos los peligros a los que el destino me exponía. Honrando a mi madre pretendo honrar a todas las madres cuyos hijos han luchado, han sufrido y han caído por la Patria rumana, en cuyo triunfo, un día no lejano, todos resucitarán para confusión de sus verdugos, No importa que hayamos caído: detrás de nosotros hay millares que piensan como nosotros. Camaradas, a vosotros, en el momento del último adiós, a vosotros que sois calumniados, vilipendiados, martirizados, yo, que miro a la luz de Dios, os digo: “¡Pronto venceremos!”. Cuando hemos sido recibidos con fuego, con fuego hemos respondido. Este es el libro del relato de mi juventud, desde los diecinueve a los treinta y cuatro años, con sus sentimientos, su fe, sus hechos y sus errores. El rezar es el elemento decisivo de la victoria”.

JURAMENTO DE LOS GUARDIAS DE HIERRO

¡Mota y Marín, juro ante Dios, frente, a vuestro sacrificio por Cristo y la Legión, de expulsar de mí los placeres terrenales, de alejarme del mar de las cosas humanas, y estar dispuesto a morir en cualquier instante por la resurrección de mi estirpe!

Zelea Cornelius Codreanu Primera Parte.

Destacado

VIDA Y DOCTRINA DE CORNELIU ZELEA CODREANU Tomás Escolar y Jesús Nieto

Prólogo

Este libro, que se fue haciendo página a página, es uno de los pocos que cumplen el mandamiento de Nietzsche. Perdido el creador de Zaratustra en aquella batahola de libros y revistas que urdieron las postrimerías del siglo pasado, ya sin fe en el progreso ni en la redención humana, Nietzsche juró no leer más que los libros que se hubieran escrito con sangre. Y ocurre que las páginas de éste parecen escritas por la vida misma, con sus dolores y sus esperanzas, sus presentimientos y sus sobresaltos. Como si un jirón trágico de la historia rumana se hubiera posado sobre unas cuartillas, nos llegan los documentos que se publican casi despojados de personalidad y, precisamente por eso, penetrados de una seducción indecible de ese hechizo sobrehumano que ejerce sobre nuestro corazón todo lo cósmico: el mar, la tempestad, la noche, el silencio, las montañas. Lo que ha pasado en Rumania está bien cerca de nosotros; de ello hablan por todas partes periódicos y testigos. Pero entender de manera apropiada lo que había de ensueño y de renunciación en aquellos hechos que son tan cercanos en el tiempo, no es cosa fácil. Fueron creados por un torrente de pasión, y es bien notorio, que la pasión no se deja captar más que por la pasión; el entendimiento que sirve para desentrañar las más arduas dificultades en matemáticas, nada tiene que hacer aquí. Pero esta distinción infranqueable en las fronteras del conocimiento humano que veda por entero a algunos hombres la comprensión de lo que pasa a su alrededor, ya que no es posible entender un problema de álgebra con el corazón ni una partitura de Bach con el entendimiento, como no es posible ver un cuadro de Rembrandt con los oídos ni escuchar con los ojos una sinfonía de Beethoven, esta angustiosa frontera del conocimiento humano, digo, agranda su imperio con la pobreza irremediable de expresión que acompaña siempre a todo lo que brota de la entraña de lo humano como un grito de salvación. Yo he visto con más hondura el íntimo latido que anima el movimiento rumano de salvación oyendo a mi grande amigo, el fuerte y exquisito poeta que anima la publicación de estas páginas, que leyendo periódicos y revistas en que se describen minuciosamente las peripecias de la Guardia de Hierro y las doctrinas, pasión y muerte de Codreanu, que sigue inspirando aliento y confianza desde las alturas a los que han seguido sus huellas en días de tribulación. La emoción, cuando no se agota en meros estados de ánimo, pide el contagio personal como único órgano de expresión; y por eso un rato dedicado al recuerdo de las vicisitudes de los últimos años en Rumania bajo la amistad y el entusiasmo del Sr. Cotrus, es más fructuoso que todas las lecturas de este mundo. Porque no hay nada capaz de desempeñar la misión de la palabra cuando se trata de intuir el secreto que anima a movimientos como el rumano, con pocas formas de expresión y con la angustia religiosa en erupción. Y es claro que ni la tormenta de la angustia ni la placidez inefable que nos llena de esperanza se dejan apresar por las ideas; no nos queda mas que el presentimiento para orientarnos en este mundo en que alteman la zozobra más dolorosa y la entrega más plenaria Para hacernos cargo de lo que ha sido y es el movimiento rumano de salvación es preciso entenderlo como fruto de nuestro tiempo y de nuestras inquietudes; en todos los pueblos de Europa, en mayor o menor medida, se han producido movimientos de este tipo, aunque no han corrido en todos los países la misma suerte. En Alemania, en Italia y en España triunfaron a tiempo. Y los pueblos en que no lograron triunfar están pagando bien caros sus yerros: ahí están los ejemplos. ¿Qué ha sido el movimiento religioso y político que acaudillaba Codreanu? ¿Qué pretendía hacer de Rumania y del hombre rumano? ¿Qué fue y qué quiso la Guardia de Hierro? Allá en los tiempos más remotos del recuerdo humano, cuando los campos se llenaron de dioses, las fuentes de náyades los bosques de ninfas y la noche y el día trabajaban en la creación del mito, corría una leyenda trágica que va a hacernos comprender de una ojeada lo que nos pasa hoy en Europa. Las naves de Agamenón no podían hacerse a la mar porque los dioses no enviaban vientos propicios. Un adivino presintió la voluntad que lo animaba todo y pidió el sacrificio de Ifigenia, la hija más pura de Agamenón. Y cuando el sacrificio de la juventud y la pureza se hubo consumado, llegaron vientos propicios y las naves del ejército griego se hicieron a la mar. Europa, entregada desde el Renacimiento a la tarea, de cultivar el alma humana y al dominio insaciable del mundo entero, creó una cultura portentosa que culmina en la Ilustración y una técnica más portentosa aún que da sus frutos más sazonados en nuestros días. Ingentes son, sin duda, estas creaciones; nada parecido se había hecho en el mundo. Pero ocurrió que ya en plena cúspide de esa prodigiosa cultura humana se comenzó a sentir cansancio; los hombres, en fuerza de cultivar su alma, lograron perfección de estatuas, el caso de Goethe es ilustre; pero ese cansancio brotaba de las más hondas raíces de lo humano. Aquella cultura no colmaba el anhelo más irrenunciable del corazón: dejaba al hombre perdido en un enjambre de contradicciones y no le enseñaba el camino de su salvación. Y el cansancio que comenzaron a sentir los más egregios espíritus como formas que se acomodaban a la naturaleza de cada uno: a veces se nos aparece como resignación, otras veces como desaliento, como entrega frenética a tareas que son ajenas a la más irrenunciable vocación, como vaga esperanza en brumas de un porvenir inaccesible… Y poco a poco, sin percatarse el europeo muchas veces de la tragedia que se le venía encima, fue perdiendo la fe en aquellos mundos sobrehumanos que antes le habían prestado asilo en las tempestades de su alma. Fue la llegada de la soledad que torturó a las almas generosas del siglo XIX, sin nada sobrehumano que le amparase y sin fe ya en el vigor de sus propias creencias; el hombre se encontró solo e inerme ante la esfinge, y como no había remedio humano de salvación y los otros remedios se habían alejado de sus manos, el hombre de las postrimerías del siglo pasado se entregó a la obra mítica que resolvió Dédalo en el laberinto de Creta: el hombre europeo intentó salir del laberinto de sus dudas haciéndose alas con sus propios anhelos. Nietzsche, como hijo infortunado del escultor cretense, voló demasiado alto y sucumbió en plena tempestad; Ibsen, otro hijo infortunado de Dédalo, voló demasiado bajo y murió en plena renunciación. Y el europeo, ya sin salidas a la vista, se buscó artificiales, y mientras unos se entregaban a las delicias del momento, como ansiosos de apresar lo irremediable, se entregaban otros a faenas de redención social, en donde buscaban, por lo pronto, perderse en un vago sentimiento de redención humana, y quizá también una manera de dar rienda suelta a la ternura infinita que ardía en su alma. Y cuando comienzan las luchas de Codreanu, es decir, cuando llegan a la vida política de Europa las nuevas generaciones, se encuentra con que no hay fe que anime los corazones, con que la economía, prodigiosamente desarrollada, va ahogando más cada día el ímpetu personal y los propósitos humanos de que había brotado, y, como si fuera una fuerza ciega con la misión de arrollarlo todo, agrandaba su imperio con sus propios recursos. Las masas, que antes hablan sido sumisas y piadosas, se encontraban en la calle como un poder infernal desencadenado. Y ésta fue la situación que tuvieron que afrontar las nuevas generaciones de Europa; en unos pueblos de una manera, en otros pueblos de otra, pero en el fondo igual en todas partes Es la situación de que nos habla Mussolini al recordar los comienzos de su lucha: “Entonces sólo se sabía morir” nos ha dicho. Y he aquí que estas generaciones, sin más fondo histórico que unos años y sin creencias que ofrecieran un contenido claro, tuvieron que hacerse cargo del destino de Europa. Y hoy podemos decir ya con sosiego que la han salvado. ¿Pero cómo fue posible echarse en brazos de la fe sin saber a ciencia cierta en qué se creía? Por eso la manera más apropiada de entender lo que pasa hoy en Rumania, como dije antes, es oír sus lances de labios de uno que los sienta en su carne y los lleve como vida en sus recuerdos. No hace falta decir que lo propio acontece con Italia, y con Alemania, y con España. Creer lo contrario sería repetir la pregunta de intelectual resabiado que hizo Pilatos a Jesús en tiempos también de crisis. Lo que hicieron los combatientes de la Guardia de Hierro, más o menos, es lo que hacían los italianos o los alemanes antes de la llegada al Poder o lo que se ha estado haciendo en España. hasta hace bien poco tiempo. Cárceles, persecuciones, luchas sin tregua, peligros y sobresaltos, asesinatos, martirios…. esperanza, abnegación, generosidad, sacrificio, ensueño, renunciación, anhelo inefable de salvación nacional y humana A la luz de nuestro tiempo, tan asaetado por todos los rigores, se ve mejor que nunca que Europa, repartida en pueblos y lenguas, camina resuelta hacia el porvenir que ha conquistado con prestancia y enjundia de gran nación. Los legionarios rumanos vivían en plena posesión lírica; las canciones se repetían sin tregua ni descanso; el entusiasmo llenaba todos los corazones hasta en los más oscuros menesteres de la vida cotidiana; la pureza se enseñaba y se pedía como sentido íntimo de toda la vida, la lealtad y la ayuda. Se pedían y se enseñaban estas cosas; pero Dios, que nos enseñó a pedir sólo el reino de su Padre, daba a los rumanos la esperanza por añadidura porque está escrito que quien quiera salvar su alma la perderá, Y es verdad al alcance de cualquiera que sólo la entrega plenaria de lo que somos y quisiéramos ser nos da esa fe tranquila que buscamos en vano los solitarios del siglo pasado en cavilaciones y salidas artificiosas al mundo en que se agitaba la masa con estremecimiento y presagio de huracán. Codreanu, que nace el último año del siglo, estudia en un ambiente tan poco propicio al sosiego como el de aquellos días, hoy ya tan lejanos, en que se presentían los estragos de la guerra mundial o se angustiaban los corazones con los riesgos espantosos que veían en el porvenir. Codreanu dedicó entonces su vida por entero a lo único capaz de seducir a un hombre valeroso: la redención de Rumania y la salvación histórica y personal de los rumanos. Pero jamás se perdió de vista que la gran empresa en que estaban colaborando en armonía todas las juventudes europeas era la salvación de este viejo mundo que, a pesar de sus hazañas y de sus siglos, como Anteo cobra alientos y esperanzas en cuanto se pone con comunión con la tierra de que ha brotado. Mota, que vino a luchar y a morir por España. y que nos ha dejado su cuerpo enterrado en nuestra tierra, dice con toda precisión en una de sus cartas que viene a luchar en España porque está íntimamente persuadido de que el destino de España no es lejano en manera alguna al de su país. También nos dice con insistencia y con pasión que la fe, maltratada en sus símbolos más egregios, impone la necesidad de la lucha. Y es conmovedor ver cómo hombres, tan buenos y tan puros que hasta el paso de las estaciones del año les infunde sentimientos de pesar o de alegría, empuñan las armas y se ingenian en la tarea tremenda de matar a sus semejantes. El movimiento rumano de salvación, como el alemán, el italiano’ el español y todos los que han proliferado en el suelo de Europa, siente en grado sumo el hechizo y la llamada del misterio. Y este sentimiento se revela en las masas como vecindad y poderío de la muerte. Lo que nos importa hoy en Europa no es vivir de aquella manera regalada que soñó el siglo XIX, en trance tan duro como el que tuvieron que afrontar las generaciones jóvenes, lo importante es salvarse del desánimo y el remordimiento. Ramiro Ledesma, que fue también precursor y guía de las juventudes españolas, y que también, como Codreanu, fue asesinado dos años antes de ver sus frutos, conocía bien esta manera arriesgada de vivir, y el peligro de que pasaran estos años dramáticos sin poner todo en la lucha, le horrorizaba. Con frecuencia nos decía que, si no encontráramos otro resorte más hondo, bastaría el hecho de temer la deserción en tiempos tan cargados de peligros como el nuestro para echarse a la calle con las armas en la mano. Y en su famoso “Discurso a las juventudes de España”, ha acuñado para siempre estas palabras: “La situación de la Patria es concluyente: A toda velocidad se acerca el momento histórico en que le toque decidir bajo qué signo se operarán las transformaciones. Hay ya quien maneja los aldabonazos con cierta energía. Pues bien, nosotros, levantando la voz lo más que nos sea posible y rodeándola del máximum de emoción, decimos a las juventudes actuales de la Patria: “La subversión histórica que se avecina debe ser realizada, ejecutada y nutrida por vosotros. Disputando metro a metro a otros rivales el designio de la revolución nacional. “Este momento solemne de España, en que se ventilarán sus destinos quizá para más de cien años, coincide con la época y el momento de vuestra vida en que sois jóvenes, vigorosos y temibles. “¿Podrá ocurrir que la Patria y el pueblo queden desamparados y que no ocupen sus puestos los liberadores, los patriotas, los revolucionarios? “¿Podrá ocurrir que dentro de cuarenta o cincuenta años estos españoles, que hoy son jóvenes y entonces serán ya ancianos, contemplen a distancia, con angustia y tristeza, cómo fue desaprovechada, cómo resultó fallida la gran coyuntura de este momento, y ello por su cobardía, por su deserción, por su debilidad?” Y así acaba Ramiro Ledesma su famoso y discutidísimo libro en que se dirigía a las juventudes de España con la pasión que ponen los oradores y con el reposo que le dejaron en su alma, como don del cielo, aquellos años en que no vivía más que para comprenderlo todo. También en esto se parece a Codreanu, aunque el Capitán fuera más blando de expresión y tuviera una fe más a flor del alma. Si fuéramos cotejando los dogmas que han servido de resortes al gran movimiento rumano en estos últimos años, encontraríamos, sin grande esfuerzo, que se parecen en lo esencial a los que animaron nuestras primeras luchas de las J.O.N.S. Empezamos unos años más tarde que Codreanu porque las circunstancias de la vida española habían sido muy distintas de las que atravesaba entonces la rumana. Sin haber tomado parte en la guerra mundial, con un régimen político de cierta estabilidad y con una seguridad en lo económico de que no gozaban muchos pueblos de Europa, era natural que aquí no se sintiera pronto el agobio y la angustia de los tiempos nuevos. Nuestra situación geográfica nos aseguraba además una independencia plena y no había grandes peligros a la vista. Fueron precisos el derrumbamiento de la Monarquía y las amenazas temerosas de un proletariado sin fe ni escrúpulos para que se sintieran en nuestro suelo las demandas de los nuevos tiempos. Todos los rasgos primarios del movimiento rumano están en los otros movimientos semejantes que se han desarrollado en la tierra fecundísima de Europa como flores de salvación. Y precisamente por esta entrañable comunidad que nos une a todos y por el destino común que nos aguarda en lo futuro, nos seducen más las peripecias y nos duelen más las desdichas de los pueblos europeos. Rumania ha cumplido su destino con singular tortura; el rigor con que fueron tratados los legionarios de la Guardia de Hierro no es comparable más que al ensañamiento que padeció España en poder de los rojos. El día 30 de noviembre de 1938 era asesinado Cornelio Codreanu, dos años antes de su triunfo nacional; y en noviembre y en los últimos días de octubre eran asesinados en España. José Antonio y Ramiro Ledesma Ramos, dos años antes que Codreanu. El sacrificio está consumado. Miles y miles de legionarios rumanos murieron en soledad y en sufrimiento. Como un combatiente nobilísimo que no regatea esfuerzo ni tortura, la gran nación rumana prestó sus mejores hijos y sus más caros ensueños a la obra común de redimir a Europa y sacar al hombre del tremedal de incredulidad en que estaba hundido. Como noche tormentosa que huyera perseguida por los destellos de la aurora, la época de prueba y de peligro que padecíamos ha disipado sus contornos en la imponente luminosidad de tanto sacrificio y heroísmo. Y aquel frío que iba entumeciendo poco a poco el corazón del europeo, ha dejado paso a esa dulce tibieza que nos llega cada día con promesas y esperanzas nuevas. Ya se ha consumado el sacrificio; los vientos propicios lo pregonan en la anchura de los cielos. Y Europa, con enjundia y prestancia de gran nación, se hace a la mar sin orillas ni limites de un porvenir ganado con sangre Y con amor. Emiliano Aguado

El 3 de septiembre de 1899 nace Cornelio Zelea Codreanu, en Iassy, capital de Moldavia. Hijo mayor del matrimonio del profesor Ion Zelea y Elisa Codreanu, proclamó siempre su ascendencia campesina, como si la tierra de montes y bosques pesara en él con dolor y fuerza de siglos. En Husí, pequeña ciudad moldava, donde su padre, fervoroso nacionalista, fija poco después su residencia, estudia Codreanu las primeras letras. La escuela primaria define, ya en el principio, la entereza y él temple, la inquietud y rebeldía del que más tarde será Capitán de Juventudes. A los trece años ingresa en el Liceo Militar del histórico “Minastire Dealului”, que guarda los restos sagrados de Miguel el Bravo, forjador de la primera unidad política rumana. Al estallar la guerra por la unidad nacional, abandona los estudios para alistarse voluntario en las filas del ejército liberador de Transilvania. No tiene la edad reglamentaria y se une al 25 Regimiento de Infantería de Vaslui, de heroica tradición, donde sirve también su padre con el grado de capitán. El joven Codreanu lucha por vez primera, cara a la muerte, en su tierra de Transilvania. Arrastrado en la polvareda de aquella tremenda y dolorosa retirada, va recogiendo a su paso los fusiles de camaradas muertos, para que las armas no puedan así caer en manos del enemigo. Regresa a Moldavia para terminar los estudios de quinto curso en el Liceo, y el 1º de septiembre de 1917 es admitido en la Escuela Militar de Botosani. Su ficha de alumno, durante aquel año de permanencia en la Escuela, apunta ya los contornos breves y exactos de la figura combativa y ardiente del Capitán: carácter dulce y alta conducta moral. Unas palabras de tímida profecía cierran la “Hoja de Clasificación”: -Será un buen comandante… No tienen, ciertamente, la dimensión entera y total, cobrada después, pero sí la clara elocuencia de aquellos primeros años, en que la vida se abre para Cornelio Zelea Codreanu con toda la intensidad de su misión en la Rumania de la postguerra.

II – En la Universidad de Iassy.

Aquella anexión de territorios de Rusia y Hungría en 1919, a favor de Rumania, marca el punto de arranque de la agitada política rumana hasta el 1940. La emancipación y plenitud de ciudadanía concedida a los judíos, el variadísimo y enconado mosaico de razas entreveradas a lo ancho y a lo largo, había de mantener indefinidamente en pie el más grave peligro para el logro de la soñada unidad política de los rumanos. Y si algo faltara, el bolchevismo de los soldados rusos de Moldavia, acrecentado por la proximidad del comunismo húngaro de Bela Kun, prende en las masas trabajadoras del país, creando desde aquel momento un serio peligro para el Estado. El movimiento comunista salta de los campos a la ciudad y, al amparo de sectores bien conocidos de los claustros universitarios, adquiere verdadero volumen de partido antinacional. Cornelio Zelea Codreanu, que ha vuelto a Husí, abrevia los últimos cursos en el Liceo para ingresar en otoño del mismo año –1919 – en la Universidad de Iassy. El joven estudiante define desde el primer momento su clara y decidida posición frente al bolchevismo, poniéndose al lado de “Los Guardias de la Conciencia Nacional”. Rumania no consigue aquietar su política interior y exterior. Y en febrero de 1920 los comunistas declaran la primera huelga general. La bandera roja ondea en los edificios públicos de Iassy, ante el asombro y la cobardía de una mayoría burguesa que no se atreve a romper aquel frente que amenaza hundir el futuro de la patria. Codreanu atraviesa la multitud exaltada de odios y falsa predicación y hace jirones entre sus manos el trapo rojo. Tiembla su carne, y el dolor de su pueblo atenaza su espíritu joven, que no dará jamás cuartel ni al peligro ni al desaliento. Con visión de política cierta afirma entonces sus dos primeros postulados de orientación nacional-universitaria: “Que los judíos no sean admitidos en los centros de estudios superiores. Que el estudiante rumano sea obligado a ocuparse de los movimientos sociales y sea él quien señale a su estirpe el buen camino y la proteja de las falsas corrientes”. *** Un año ha transcurrido desde su ingreso en la Universidad. Y asombra la prodigiosa actividad de aquel joven de veinte años, que, en medio de aquel ambiente cerrado y hostil, logra crear un verdadero frente universitario, como lo prueba el Congreso estudiantil de Cluj, donde Codreanu, al frente de un grupo de las Universidades de Iassy y Cernauti, impone valientemente su criterio a 600 estudiantes “humanitaristas”. En la apertura del siguiente curso, el Senado Universitario acuerda suprimir la tradicional aspersión. La mayoría de los estudiantes nacionalistas no se encuentra en Iassy. Y Cornelio Codreanu y su camarada Frimu Vladimir, cierran la puerta del claustro a profesores y estudiantes. En la puerta principal, Codreanu cae ante el empuje violento de la multitud que le acosa. Y el Senado cede a la emoción restableciendo la ceremonia de ritual. Aquella victoria, que no es la primera de su vida universitaria, presenta a la juventud rumana el claro dilema de su posición ante la Historia: apretar con violencia la unidad nacional en lo más hondo de los valores eternos, o vivir en la miseria política, a merced de partidos, judíos y rapaces, impotentes para contener la inquietud de los grupos étnicos que pugnan por disociarse. Los poetas movieron siempre a sus pueblos. Especialmente a su juventud. Y Codreanu atrae a sus filas la mística exaltación de la Universidad, determinando, como miembro fundador de “La Guardia de la Conciencia Nacional” y jefe de los estudiantes nacionalistas, una fuerte corriente de represión anticomunista. La tarea se ofrece a sus ojos, abiertos solamente a la luz de las cosas grandes, como rico y apretado trigal de parábola bíblica. Rematado en cruz. Y ya en 1921 principia la persecución, desatada en todos los frente contra él. Expulsado “para siempre” de la Universidad por un claustro demócrata, que condena solemnemente su actividad nacionalista, la Facultad de Derecho hace valer su jurisdicción y bajo su responsabilidad permite la inscripción de Cornelio Codreanu para el examen final de curso. Elegido presidente de los estudiantes de su Facultad, y más tarde, en 1922, de las “Asociaciones de Estudiantes Cristianos”, organiza detenidamente aquel movimiento inicial, que va tomando cuerpo, determinando el camino doctrinal y de acción en el aspecto nacional rumano. En junio de 1922 se licencia en la Facultad de Derecho de Iassy.

III – “Es mi última palabra”

El peligro comunista parece alejarse por un momento del suelo rumano. Polonia, Rumania y Hungría orientan, en 1921, su política frente a la Rusia soviética. Poco después -1923-, los acuerdos con los Gobiernos de Sofía y Budapest devuelven al país una relativa tranquilidad en el aspecto político exterior. Desde el otoño de 1922, Cornelio Codreanu estudia en Jena economía política, con la ayuda económica de sus camaradas. Pero aquella semilla sembrada a voleo de sementera ha prendido en la tierra y el movimiento nacionalista cristiano se afirma con valentía en la conciencia nacional. Junto con los grupos universitarios actúan figuras destacadas de la intelectualidad rumana, que, sin restar aquella belleza lírica sustancial al movimiento juvenil, le presta, sin embargo, una mayor fuerza política. Circunstancias extraordinarias exigen la presencia de Codreanu. Y en el invierno de 1923, de regreso en la patria, prepara rápidamente la formación de un fuerte partido político nacionalista que hiciera prevalecer sus postulados en la vida pública del Estado rumano. Y el 4 de marzo de 1923 nace en Iassy la “Liga de la Defensa Nacional Cristiana”, bajo la presidencia del doctrinario antisemita A. C. Cuza. Cornelio Codreanu se ocupará en adelante de la inmediata dirección del movimiento. La influencia judía en la política de la nación acusa el peligro, y el Gobierno liberal modifica sustancialmente el artículo 7º de la Constitución vigente: otorgando a los judíos los mismos derechos que al ciudadano rumano. La juventud nacionalista y la L. D. N. C. -Liga de la Defensa Nacional Cristiana- reaccionan con violencia frente a la farsa demócrata-liberal. Codreanu es detenido por agitador y condenado a siete días de prisión. La represión gubernamental y el ambiente caldeado y hostil presta mayor incremento en las filas del movimiento nacionalista. El Gobierno se declara beligerante prohibiendo la celebración del Congreso estudiantil, señalada para el mes de agosto en la ciudad Iassy la fuerza armada cierra el paso de estudiantes a la Universidad. Y Cornelio Codreanu impone, otra vez, el sentido de su milicia. Sin tregua al desaliento ni a la dificultad, el Congreso universitario se abre a la dura intemperie En los bosques próximos y en las casas de la ciudad y finalmente en las aulas de la misma Universidad de Iassy: gloria difícil de una rebeldía nacional y mística religiosa, bajo el cielo de Rumania. La policía vigila estrechamente al joven caudillo que dirige, incansable, la múltiple actividad de la L. D. N. C. Aquella vibrante manifestación universitaria determina una más violenta represión del Gobierno. Cornelio Codreanu, Ionel Mota y cuatro camaradas son llevados a la cárcel “Vacaresti”, de Bucarest. Acusados de complot centra la seguridad del Estado, comparecen ante un tribunal. El proceso adquiere gran resonancia y, en virtud de sentencia favorable, fueron puestos en libertad. Durante el proceso de Bucarest, el prefecto de Policía de Iassy, Manci, desata una persecución inhumana y sangrienta para destruir el Movimiento nacionalista. El espíritu de Codreanu y sus camaradas encarcelados mantiene inquebrantable la fuerza y unidad de su movimiento. Un numeroso grupo de intelectuales condena ante el Gobierno la actuación ilegal de Manciu. Este fuerza su tiranía, al amparo del poder constituido, que premia oficialmente sus vilezas y desmanes. Codreanu y sus camaradas se han mantenido siempre dentro de la más estricta legalidad, pero aquel Gobierno demócrata no lo entiende así. El 25 de octubre de 1924 se celebra el juicio de un grupo numeroso de nacionalistas, víctimas de Manciu. Desde el primer momento la incalificable actitud del prefecto de Policía de Iassy acusa un afán superior al presionar el ánimo del tribunal. Un incidente surgido entre Manciu y los defensores pone en pie a Codreanu, y en aquel momento hace justicia, implacable y serena, a la juventud nacionalista, perseguida y atormentada. Frente a la injusticia con ribetes de infamia y legalidad, la dialéctica viril y nueva. El Gobierno rumano, interesado en la condena de los acusados, traslada la vista del proceso a Focsani y más tarde a Turno-Severin. El 20 de mayo de 1925, y en esta misma ciudad, comparece de nuevo en juicio el joven caudillo de la juventud rumana. La expectación es enorme. De todos los rincones de la patria acuden camaradas con la tremenda inquietud del final. Cornelio Codreanu terminó su defensa con estas palabras: “He luchado con amor por mi pueblo y me comprometo a continuar esta lucha hasta el fin. ES MI ULTIMA PALABRA”. Así definía ante su pueblo la trayectoria inquebrantable y serena, de su vida joven, ofrecida sin regateos a la mayor grandeza de su patria. Sentido claro y exacto de lucha y de milicia. De labor y tarea difícil. De servicio y sacrificio por el destino irrenunciable.

IV – La Legión Arcángel

Después de diez días de intensos debates, Cornelio Codreanu es absuelto en el proceso juzgado en Turno-Severin. El joven caudillo rumano retorna a Iassy. Las gentes, agolpadas a lo largo del camino triunfal, le tributan el homenaje sincero y entusiasta de su adhesión al movimiento nacionalista. Su figura política adquiere contorno y amplitud nacional. Un año antes, durante su estancia en la alfarería de Ungheni, Codreanu conoce a la señorita Elena Ilincu, estudiante también. El 14 de junio de 1925 se une en matrimonio a su prometida. Noventa mil jóvenes nacionalistas asisten a la ceremonia, celebrada en Focsani. Poco después marcha a Grenoble, en cuya Universidad sigue durante dos años los estudios del doctorado. Sin ayuda económica alguna, alterna su preparación doctoral con el trabajo diario para atender a sus necesidades. Intrigas y desacuerdos surgidos en el seno de la L. D. N. C. exigen, otra vez, su presencia. Y antes de presentar su tesis para el doctorado, regresa a la patria. Desligado de su compromiso anterior con el profesor Cuza, reúne al pequeño grupo de los “Vacaresteni”, sus camaradas en la prisión de Bucarest, y organiza rápidamente un nuevo partido político, más audaz y homogéneo, que llevará la bandera del nacionalismo rumano hasta la victoria final. A ellos está reservada la gloria difícil. Así nació, el 24 de julio de 1927, la “Legión del Arcángel San Miguel”, bajo el signo militar de Cornelio Zelea Codreanu, capitán de Rumania. Un nuevo sentido de milicia y disciplina informará en adelante las filas del movimiento legionario. De la escuela de mandos creada por Codreanu salen los primeros camaradas que llevarán al pueblo el espíritu nuevo y combativo de la Revolución. La propaganda legionaria ahonda en el alma del pueblo rumano. La sacudida es vigorosa. Y la nueva fe se extiende, ligada al afán superior de una nueva vida: crece el movimiento iniciado por el Capitán.

V- La Guardia de Hierro

La Guardia de Hierro El Domingo de Ramos de 1930 surge la Guardia de Hierro. Vanguardia extrema en la lucha diaria y sangrienta contra el comunismo. El Gobierno pretende, inútilmente, detener aquel torrente de fuerza política, exaltada y ardiente, que amenaza desbordar el falso tinglado de un orden viejo y decadente. Y la marcha demostrativa, proyectada por Codreanu en la región de Besarabia, queda suspendida. A la impotencia rencorosa y estéril de los enemigos opone el Capitán el centelleo de su manifiesto al país: “Rumanos: Una Rumania nueva no puede salir de los antros de los partidos políticos. Así como la gran Rumania no salió de los cálculos político-demócratas, sino de los campos de Marasesti y del fondo de los valles, batidos por el granizo de la metralla, la nuestra surgirá de la lucha. Por esto no me dirijo a los politicastros, sino a vosotros, soldados. ¡Levántate! La Historia te llama de nuevo. En el momento en que los enemigos nos invaden y los dirigentes nos venden, rumanos, gritad febrilmente, como en los senderos de los montes en las horas de tormenta: ¡Patria, Patria, Patria …! ” El Gobierno condena el manifiesto y Codreanu es citado de nuevo a juicio. Sale absuelto. En el mes de diciembre de 1930, Codreanu, que ha vuelto a Bucarest, crea el “Senado de la Legión”. Es el momento oportuno de fijar al movimiento legionario los puntos programáticos fundamentales: I. La Legión del Arcángel San Miguel, que tiene como sección política militante la Guardia de Hierro, es una organización nacional y monárquica, en conformidad con la tradición del pueblo rumano. II. Luchará por la conservación indisminuíble de la situación conseguida por Rumania en la Gran Guerra. III. Afirma el derecho de primacía y supremacía del elemento rumano en el país y en nuestra tierra, y el principio de que el pueblo rumano es sólo el llamado a dirigir el destino de la patria, siendo el único responsable ante la Historia. No basta descartar el prejuicio de influencias políticas extranjeras en la afirmación serena y escueta de su programa. Y el Capitán redobla su esfuerzo combativo contra las campañas, enconadas y virulentas, de la prensa judía y de la coalición política. Más que un cuerpo de doctrina, los tres puntos básicos del movimiento legionario parecen airón de lucha, surco abierto en la tierra y temblor inquieto por el “ser o no ser” de la patria. La dificultad centra, otra vez, sus tiros sobre el corazón y la cabeza del movimiento legionario. En el mes de enero de 1931, el Gobierno nacional campesino disuelve, por primera vez, la Legión del Arcángel y la Guardia de Hierro. Codreanu y un grupo numeroso de dirigentes son encarcelados. En el proceso confirma el Capitán su decisión inquebrantable: “Somos rumanos ligados a la tierra ancestral; tenemos que prepararnos para afrontar la agresión de los enemigos que nos amenazan. El triunfo de la justicia permite a Codreanu reconstruir sus filas, un poco dispersas, y preparar su lucha a la vista de las primeras elecciones. El momento se presenta con la tremenda responsabilidad de un posible casi cierto: la influencia directa en el rumbo de la política nacional.

VI- El Espíritu Legionario.

Tarea Educativa

Al concebir Codreanu su nueva organización política, de juventudes obreras y universitarias, una primera preocupación moral y educativa concreta en principio el espíritu sustancial del movimiento. Solamente así podrá iniciarse la magna cruzada de purificación del pueblo rumano, con esperanza cierta de la resurrección moral de la estirpe. Codreanu sitúa su primer postulado moral en la máxima voluntad de sacrificio personal de sus camaradas, alentados siempre por un afán espiritual y superior de bondad. Vocación clara y exacta de milicia por el mejor servicio, asentada en la severidad, aspereza y acritud consigo mismos. De esta profunda concepción moral y castrense surge un principio de nueva vida para las gentes, una verdadera ley moral de la nación y la imperiosa necesidad de educar a la juventud en la fe divina y en un espíritu heroico.

EL LEGIONARIO RUMANO

La Legión, por tanto, no es un partido político más que lucha por el poder, sino un profundo movimiento espiritual, destacado de la mentalidad materialista dominante, y en el cual predominan la potencia absoluta del espíritu y de los valores morales. Con la Legión, Codreanu funda “una escuela y una milicia”, cuya piedra angular es el hombre, encuadrado en una vida mejor de perfección moral. “Lo más bello que nuestra inteligencia pueda concebir en el sentido espiritual; cuanto nuestra patria pueda ofrecer como exponente supremo de acometividad y elevadas miras; de justicia y valor, de pureza y sabiduría, de laboriosidad y heroísmo, todo esto debe informar la vida legionaria. Que surja el hombre en el que vivan y alienten en grado superior todas las posibilidades de grandeza depositadas por Dios en la sangre de nuestra estirpe.” Así define Codreanu, en su libro “La Guardia de Hierro, al hombre nuevo: al legionario rumano”.

EN LA CASA DE LOS ESTUDIANTES

En Iassy, “ciudad del movimiento legionario”, se reúnen por primera vez los nuevos militantes de la Legión. En la “Casa de los estudiantes”, levantada por iniciativa y propio esfuerzo de Cornelio Codreanu. Allí juran, sobre la tierra sagrada traída de la tumba de Miguel el Bravo, forjador, en el año 1600, de la primera unidad política y racial rumana, sofocar todo egoísmo y vana ambición, vivir en santa pobreza y luchar sólo por el ideal de la estirpe. Codreanu será desde aquel día el heraldo y voz que señale los destinos de su pueblo, ligado firmemente al espíritu milenario de Roma y creador, con el trabajo y la sangre, de un futuro que desafiará a la Historia.

RELIGIÓN Y MONARQUÍA

He aquí cómo define Codreanu el espíritu religioso y monárquico de su movimiento: “La Legión está basada en el orden y en la disciplina, puestos a contribución del más puro nacionalismo rumano. 44 La Legión quiere despertar a la lucha todas las energías creadoras de la estirpe, en la defensa de los altares de la Iglesia, que los enemigos quieren destruir. La Legión se inclina ante las cruces de los héroes y de los mártires de la patria. La Legión es como un poderoso escudo que defiende al Trono, en el que Príncipes y Reyes se han sacrificado por la exaltación de la patria. La Legión quiere construir, con un alma y unos brazos vigorosos y fuertes, una nueva Rumania.”

ORGANIZACIÓN INTERNA

Interesante y original es la organización interna de la Legión. La educación y la vida legionaria están basadas en el “Cuib” (nido), núcleo inicial. Un cierto número de “cuib” constituyen una legión, y no los miembros, como en los partidos políticos. El nido es un grupo de 3 a 13 hombres o mujeres y tiene como jerarquías un jefe, un corresponsal, un cajero y un correo, que mantienen el contacto con los jefes de los nidos de la misma “familia” y con los de la provincia. Los nidos se agrupan en “familias” y éstas en “guarniciones”; de manera que existe una perfecta continuidad jerárquica desde el miembro del nido, el legionario, el instructor, el vice-comandante, él comandante legionario, el comandante de la “Buna Vestire” (Buena Nueva) hasta el jefe de la Legión. Existen nidos para los jóvenes desde los catorce a los veinte años, “Hermanos de Cruz”, y también nidos femeninos, “Ciudadelas”. El jefe de nido es elegido, una vez constituido éste, entre los elementos cuyas virtudes morales, firmeza de carácter y espíritu de justicia destaquen en más alto grado. El nido es, por tanto, escuela educativa de sus miembros: disciplina, trabajo, concepto del honor, silencio y hermandad, son puntos que jalonan esta primera etapa de formación, en la que no puede faltar el canto, “bella manifestación de pureza interior”, y la marcha, “símbolo de la acción y de la conquista legionaria”. La inscripción en el nido no presta en el acto categoría de militante legionario. Y únicamente se obtiene después de haber realizado las pruebas del sufrimiento, del valor y de la fe, definidas por Codreanu: “El Monte del Sufrimiento”, el “Bosque de las Fíeras” y “La Laguna de la Desesperación”. Solamente así, contrastadas y aquilatadas las cualidades morales de cada uno de sus miembros, el nido puede trasformarse fácilmente de unidad de trabajo en unidad de lucha. Para la renovación del hombre, Codreanu consideró siempre el trabajo como principio fundamental. De aquí arranca la creación de innumerables campamentos de trabajo legionario, en los que miles de intelectuales y estudiantes se dedican, con alegría y silencio, a toda clase de trabajos del campo y de utilidad pública, sin otra recompensa que la satisfacción de un deber cumplido. Bella es esta fusión del campo y la Universidad, que presta a la vida un nuevo sentido de verdadera nobleza.

EN LA TARDE DEL SÁBADO

Profundamente sugestiva y de hondo sentido místico y religioso es la reunión semanal del nido en la tarde del sábado. “El nido es una iglesia”, escribe Codreanu. Al entrar en él te despojas de las cosas vanas para dedicar por entero tus puros pensamientos a la patria. La hora de reunión del nido es la hora de la patria también. La armonía más perfecta debe resultar, no sólo de la camaradería de los que se han reunido, sino, especialmente, de la comunidad de sus ideales.” A la palabra “Camaradas” todos se ponen firmes y vueltos a Oriente, levantan el brazo derecho al cielo y repiten la siguiente fórmula-invocación, enunciada por el jefe del nido: “Elevemos nuestras plegarias a Dios. Levantemos nuestros pensamientos al Capitán, a las almas de los héroes Motza, Marín, Steriev Ciumetti y a las de todos nuestros camaradas caídos por la Legión o muertos por la fe legionaria. Creemos en la resurrección de Rumania, en el hundimiento de la muralla de odio y vileza que la aprisiona y ahoga. Juro que no traicionaré jamás la Legión”. Terminada esta noble expresión de los lazos con la tierra, con los caídos y con el cielo, se cantan a coro cantos legionarios, ya que “quien va a robar -escribe Codreanu- no canta, ni tampoco quienes van a cometer injusticia o tienen el alma agitada por malas pasiones y falta de fe”. Termina la reunión semanal del sábado con la discusión de los problemas de tarea más urgentes fijando la orientación a seguir por cada uno de los miembros, que, antes de partir, renuevan su juramento de no traicionar al movimiento. El nido, así constituido, se convierte en lugar de consuelo espiritual, de participación de alegrías y de alta afirmación de fe en la vida eterna de la estirpe. El saludo de la Nueva Rumania: “¡Viva la Legión y el Capitán!”, con el brazo que, después de llevado al corazón, se extiende y levanta al cielo, no es sólo saludo, sino juramento de firmeza y sinceridad.

HERMANDAD LEGIONARIA

El movimiento legionario es principalmente hermandad entre camaradas. “Donde no hay amor -advierte Codreanu – no puede haber vida legionaria., El amor concreta la armonía de dos principios fundamentales: autoridad y libertad. El amor excluye igualmente toda posibilidad de tiranía y de conflictos internos, sin eludir la obligación de orden, trabajo y disciplina. Sólo el amor puede prestar alas de victoria a la voluntad de todos. Para vencer es preciso que cada uno haga suyo un solo parecer: el del jefe.” SACRIFICIO Militar en la Legión significa, ante todo, SERVICIO y SACRIFICIO. Nadie puede esperar ni ventajas materiales ni medro personal. Sin embargo, diariamente, desde el principio, nutren sus filas falanges de juventud abierta al sacrificio, Encuadradas en una vida de milicia y austeridad, de pureza espiritual y fe religiosa: en Dios y en la estirpe rumana, trabajan y luchan sin ambición de recompensa, en la espera gozosa de una vida mejor para su Pueblo.

Israel Manda! “Duque de la Victoria”

Destacado

Profecías Cumplidas La Veracidad de los Protocolos

ISRAEL MANDA! PROFECIAS CUMPLIDAS, un libro editado en la época de 1939 en Argentina, catalogado ya en la época como material antisemita, el autor de este libro bajo el seudónimo Duque de la Victoria afirma que este libro no es apto para quienes aún desconocen los Protocolos de los sabios de Sion, ya que su contenido es en su mayoría testimonios y publicaciones del Siglo XIX y principios del Siglo XX, todos ellos encierran hechos importantes realizados en el mundo, derivados del desarrollo progresivo, de las enseñanzas predicadas en los Protocolos.

El autor afirma que los datos contenidos en este libro son verídicos, en su mayoría tomados de artículos, libros, revistas profesionales y conferencias por lo cual son fácilmente comprobables y de gran utilidad para que los lectores conozcan o no los Protocolos tengan presente la esencia de sus ideas y preceptos .

Muchos de esos datos han sido refutados. Pero el caso es que la realidad los confirma. ¿Acaso adivinación? El estilo del libro revela los ánimos que prevalecían en aquel entonces. Se puede estar o no en desacuerdo, pero es un libro con información que circuló hace cien años acerca de Palestina, de toda Europa y de EE.UU. También se ocupa de España y, en general, acerca de la Masonería.

Profecías Cumplidas.

Veracidad de los Protocolos de los Sabios de Sión.

Todos los que sabemos lo que son los Protocolos de los Sabios de Sion, y los hemos investigado y contrastado a fondo sabemos que no son ningún fraude como el sistema quiere intentar mostrar. Sobretodo después de mirar a nuestro alrededor en la era actual y ver que la gran mayoría de los protocolos se han cumplido o están en proceso de ser cumplidos. Este libro ofrece una mirada al pasado, para demostrar que los protocolos no son ningún fraude, aportando pruebas sobre el asunto.

Ediciones Boca del Lobo invita a sus seguidores a informarse y apoyar nuestro trabajo ya que estos libros que aparentemente habían quedado en el baúl de los recuerdos, no obstante tomando en cuenta la situación actual del mundo son material indispensable para todo aquel que esté interesado en completar sus ideas con material escrito en la época de 1930, época en que la lucidez y preparación del Hombre era muy superior, y no se compara a la ignorancia y falta de cultura que caracteriza al hombre del Siglo XXI.

Salvador Borrego Escalante

Destacado

Segundo aniversario De su muerte.

Un homenaje a Don Salvador Borrego Escalante, Ediciones Boca del Lobo tiene el honor de compartir el primer capítulo de una de las obras maestras más importantes del revisionismo histórico a nivel mundial, Derrota Mundial, una invitación a mantener su obra en nuestra memoria. Son estos párrafos los cuales nos invitan a sumergirnos en sus decenas de libros, un trabajo excepcional, su obra, su legado para todos nosotros. Gloria Eterna a Don Salvador Borrego!!

Fragmentos de una de sus obras más importantes “Derrota Mundial”

Capítulo Primero “Aurora Roja” (1848-1919) 69 Años de Lucha Incansable.

Los dos Elementos que Formaron el Bolchevismo. Alemania, Meta Inmediata del Marxismo. Paréntesis de Guerra. Factor Secreto en la Derrota Alemana. 69 AÑOS DE LUCHA INCANSABLE En la segunda mitad del siglo pasado los umbríos bosques y las extremosas estepas de Rusia guardaban ya tan celosamente como ahora la enigmática mística del alma rusa. Fuera de sus fronteras sólo unas cuantas mentes, moduladas para escuchar el paso de los siglos por llegar, lograban entrever algo. Entre esas pocas mentes que sobre el hombro de una época vislumbraban destellos del futuro político, Nietzsche preveía en 1886: «Es en Francia donde la voluntad está más enferma. La fuer-za de voluntad está más acentuada en Alemania y en Inglaterra y en España y Córcega por las duras cabezas de sus habitantes, pero está más desarrollada en Rusia, donde la fuerza del querer por largo tiempo acumulada espera la ocasión de descargarse, no se sabe si en afirmaciones o en’ negaciones. Yo desearía que la amenaza rusa creciera para que Europa se pusiera en defensa y se uniera en una . voluntad duradera y terrible para fijarse una meta de milenios. Pasó el tiempo de la política menuda: el próximo siglo nos promete la lucha por el dominio del mundo»[1] En ese entonces Rusia se debatía en sangrienta turbulencia, que una extraña mezcla de nihilistas y revolucionarios marxistas trataban de encauzar mediante un secreto Comité Ejecutivo. La espina dorsal de ese audaz movimiento la formaban esforzados e inteligentes israelitas, miembros de comunidades que a través de muchas generaciones habían soportado severos sufrimientos en el duro am-biente de Rusia. Desde los primeros años de nuestra Era ya se habían instalado emigrantes judíos en los territorios que siglos más tarde formarían parte de la Rusia meridional. Dolorosas vicisitudes vivieron desde entonces, pero jamás perdieron su cohesión racial. En 1648 los cosacos se lanzaron furiosamente contra ellos y después de sangrientos choques prohibieron que en Ucrania radicaran comunidades israelitas. En general la población era hostil a huéspedes tan reacios a la fusión de sangre y de costumbres. Pero las tierras rusas, prometedoras de esplendoroso futuro gra-cias a sus inexplotadas riquezas y enorme extensión, seguían atrayendo incesantemente a comunidades judías emigradas de la Europa occidental. La emperatriz Elisabetha Petrovna se alarmó ante ese fenómeno y en 1743 se negó a admitir más inmigrantes. Sin embargo, cincuenta años más tarde la anexión de territorios polacos con-virtió a millares de judíos en súbditos de Rusia. En esa forma las comunidades israelitas aumentaron considerable-mente, no sin sufrir hostilidades y persecuciones, tal como les había ocurrido a sus ancestros en todos los tiempos y en todos los pueblos. El zar Alejandro I (que gobernó de 1801 a 1825) trató con benevolencia a la población judía y sufrió un completo fracaso al pretender que se asimilara a la población rusa. El siguiente zar, Nicolás I (1825-1855) se impacientó ante la renuencia de las comunidades israelitas a fusionarse con la población rusa y redujo sus derechos cívicos, además de que les hizo extensivo el servicio militar obligatorio que ya regía en el Imperio. Esto causó trastornos y descontento entre los judíos, pero una vez más lograron conservar sus vínculos raciales y sus milenarias costumbres. Al subir al trono Alejandro II (1855) la situación de los israelitas volvió a mejorar y no tardaron en prosperar en el comercio, la literatura y el periodismo; varios diarios judíos se publicaron en San Petersburgo y Odesa. Precisamente en ese entonces —girando alrededor de la doctrina comunista delineada en 1848 por los israelitas Marx y Engels—, se vigorizó en Rusia la agitación revolucionaria. En 1880 los israelitas Leo Deutsch, P. Axelrod y Vera Zasulich, y el ruso Plejanov, formaron la primera organización comunista rusa. Y un año después varios conspiradores, encabezados por el judío Vera Fignez, asesinaron al zar Alejandro II. El hijo de éste, Alejandro III, tuvo la creencia de que las concesiones hechas por su padre habían sido pagadas con ingratitud y sangre; en consecuencia, expulsó a los judíos de San Petersburgo, de Moscú y de otras ciudades, y les redujo más aún sus derechos cívicos. Los crecientes desórdenes y atentados los atribuyó a la influencia de ideas extrañas al pueblo ruso y ordenó enfatizar el nacionalismo y reprimir las actividades políticas de los intelectuales hebreos. La inteligente población israelita se mantuvo estrechamente unida en esos años de peligro. Sufrida, inflexible en sus creencias, celosa de la pureza de su sangre, ya estaba ancestralmente acostumbrados a sobreponerse a las hostilidades que su peculiar idiosincrasia provocaba al entrar en conflicto con las ajenas. Ya antes había demostrado con arte magistral que a la larga sabía aprovechar en beneficio de su causa las reacciones desfavorables con que tropezaba en su camino. Es esta habilidad una de sus creaciones más originales y con ella ha demostrado que ningún pueblo está verdaderamente vencido mientras su espíritu se mantenga indómito. Lo mismo que le había ocurrido en otros países, esa raza vio cómo miles de sus hijos —emigrados a las tierras rusas, prometedo-ras de esplen-doroso futuro debido a sus inexplotadas riquezas y enorme esténsión— chocaban con el brusco carácter del pueblo ruso y eran luego objeto de hostilidades y persecuciones. El régimen de Alejandro III fue duro con sus huéspedes. Y éstos se protegieron mimetizándose con las nacio-nalidades de los más variados países de donde procedían, aunque en el fondo seguían siendo una misma raza, una sola religión y un mismo espíritu. El mismo año en que fue asesinado el zar Alejandro II (1881), el ministro zarista Pobodonosteff calculó en seis millones el número de judíos residentes en Rusia y proyectó una acción enérgica para convertirlos forzosamente al cristianismo y expulsar por lo menos a dos millones de ellos. Aunque su plan no llegó a practicarse, hubo muchos detenidos y numerosos exiliados. A estos últimos los auxi-liaban sus hermanos de raza radicados en Nueva York, tales como Jacobo Schiff, Félix Adler, Emma Lazarus, Joseph Seligman, Henry Rice y otros muchos, según refiere el rabino Stephen Wise en su libro «Años de Lucha» (Algunos de ellos eran prominentes banqueros). La población judía de Rusia era ya tan importante que el israelita James Parkes afirma: «En lo cultural y en lo religioso, puede decirse que el país de Israel se había transportado a Europa oriental. Los judíos representaban la décima parte de la pobla-ción. La gran mayoría de los gentiles eran campesinos que ha-bitaban aldeas donde no había judíos, salvo tal vez un hotelero y un comerciante. Los judíos habitaban en pueblos y ciuda des. En los primeros constituían a veces el 95% de la pobla-ción y en las segundas más del 50%[2] . La situación se hizo todavía más tirante para los israelitas y sus compañeros rusos revolucionarios cuando Alejandro Ilitch Ulianov, hijo de la judía Blank, falló en su intento de asesinar al zar Alejandro III. Ulianov fue detenido y luego ahorcado junto con cuatro de sus cómplices. Pero su hermano Vladimir guardó para sí el odio que alentaba contra el régimen y sorteó esa época de peligro portándose como estudiante disciplinado y pacífico. (Más tarde se convertía en jefe revolucionario, bajo el nombre de Lenin, en el reivindicador de las minorías israelitas y en el creador de un nuevo régimen). Por el momento, él y toda la población hebrea pasaron en Rusia años sombríos y difíciles, mas acrecentaron sus fuerzas en el infortunio y vigorizaron sus creencias ante la hostilidad. Por supuesto, no olvidaron su meta revolucionaria, que el rabino Caleb había esbo-zado así en la tumba de Simeón Ben Jhudá, en Praga: «Conviene que, en la medida de lo posible, nos ocupemos del proleta-riado y lo sometamos a aquellos que manejan el dinero. Con este medio levantaremos a las masas… Las empujaremos a las agitaciones, a las revoluciones, y cada una de estas catás-trofes significará un gran paso para nuestras finalidades». A la muerte de Alejandro III, en 1894, subió al trono Nicolás II. De tendencias moderadas y escuchando las quejas de los israeli-tas, ordenó suavizar el trato que se les daba. Ya para entonces el antisemitismo había cundido tanto en la masa del pueblo que no era fácil extirparlo del todo. De origen ruso es la palabra «progrom», nombre que se dio a los cruentos movimientos populares contra los judíos. De todas maneras, los israelitas disfrutaron de más garantías y libertades. Por ese entonces corrosivas fórmulas ideológicas —no nacidas en Rusia— volvieron a propagarse con renovado impulso para agitar a las masas rusas. Una vez más iba a manifestarse en la historia el gigantesco poder de una idea cuando se la utiliza en el terreno propicio y del modo adecuado. Esa idea era una mezcla de nihilismo y de marxismo que inquietaba aún más a las ya descontentas masas proletarias. Hablando de esa época, el historiador judío Simón Dubnow di-ce que «el mismo año en que se fundó en Basilea la Organización Sionista, formóse en Wilno una asociación socialista secreta denominada Bund (1897). Desarrolló el Bund una propagan-da revolucionaria entre las masas judías en su lengua, el yidisch, lo cual constituyó, en un principio, el único síntoma nacional de ese partido… Además del Bund nacieron partidos mixtos de sionistas y socialistas, los Polae Sión y los Sionistas Socialistas. Estos partidos libraron una lucha abierta contra el gobierno ruso, particularmente en la revolución de 1905. Los revolucionarios israelitas participaron asimismo en los partidos socialistas rusos, en las manifestaciones estudiantiles, en las huelgas obreras y en los actos terroristas contra los gobernantes»[3] La renovada agitación degeneró en graves disturbios obreros en 1899. El Partido Social Revolucionario tenía una sección terrorista a cargo del sagaz judío Gershuni, cuyos agentes mataron al ministro ruso Sipyagin, al gobernador Bogdanovich, al premier Plehve, al gran duque Sergey y al general Dubrassov. El zar Nicolás II pensó que había dado un paso en falso al suavizar el trato para los is-raelitas y restableció algunas de las limitaciones que años antes les levantara. Numerosos propaladores del marxismo, entre ellos el ju-dío León Davidovich Bronstein (posteriormente conocido como León Trotsky) fueron deportados a Siberia. (Trotsky estaba casado con una hija del financiero judío Giovotovsky). Las turbulencias parecieron amainar. Incluso surgió una escisión entre los mismos agitadores; no en cuanto a su meta, sino en cuanto a la mayor o menor impetuosidad para alcanzarla. No era que unos hebreos se lanzaran contra otros, sino que diferían de opinión respecto a la táctica de lucha. Así surgieron los bolcheviques (los del programa máximo) y los mencheviques (los del programa mínimo). Vladimir Ilitch (Lenin) se hizo líder de los primeros. Aunque la severa represión oficial alcanzó a muchos agitadores ju-díos que se movían entre los trabajadores, dejó intacta la estructura secreta que gestaba la revolución. Creyendo haber sido ya suficientemente severo, o buscando una transacción con ellos, en 1904 el régimen suavizó su política hacia los israelitas. Pero éstos inmediatamente reforzaron su actividad revolucionaria y en 1905 organizaron motines más grandes que los anteriores. Entonces el zar Nicolás II se alarmó e hizo nuevas concesiones al conglomerado judío, cuya fuerza política era ya un hecho innegable. Con esto el marxismo cobró mayor brío. Inútilmente los zares habían querido evitar la agitación reprimiendo a los que directamente alentaban el descontento popular nacido de la miseria, pero sin anular a los ocultos conspiradores, que eran los que dirigían todo el movimiento para subvertir el orden. Además, poco hacía el régimen por aliviar la miseria misma y por destruir la forma capciosa y oropelesca en que explotaban esta circunstancia los agitadores marxistas. Ante la sutil técnica de la conspiración marxista los zares fueron incapaces de una acción coordinada y firme para liquidarla. Frecuentemente titubearon y en ocasiones llegaron a concebir el absurdo de que los brotes de desorden podrían conjurarse mediante concesiones. Pero resulta que hacer concesiones a un adversario que busca la victoria total es sólo facilitarle su camino. Lenin y algunos de sus colaboradores emigraron para ponerse a salvo de las redadas de revolucionarios que de tiempo en tiempo hacía el régimen zarista. Por eso en 1908 los israelitas Appelbaum Zinovief, Rosenfeld Kamenef (cuñado de Trotsky) y Lenin se reunieron en París a planear una nueva etapa de agitación «No es un azar que hayan ingresado a las huestes revolucionarias rusas tantos israelitas —dice Pierre Charles en «La Vida de Lenin»—. Por lo pronto, si se hace abstracción de las masas rusas, poco propicias para el reclutamiento de políticos, hay que reconocer que el porcentaje de judíos en Rusia no era tan exiguo como se decía. Y además, ¿no era fatal que su febril actividad, contrastando con la población rusa, debía exagerar enormemente su papel en la revolución? Y su espíritu hereditariamente aguzado por el Talmud ¿no debía sentirse cómodo en las controversias de las escuelas socialistas? En fin, los sufrimientos que les endurecieron bajo el régimen zarista los acercaban a su sueño de palingenesia social». (Resurgimiento y hegemonía del pueblo judío). Uno de los métodos con que los revolucionarios hebreos trataron de ponerse a cubierto de la represión oficial, fue tan sencillo como eficaz. En grupos más o menos numerosos se trasladaban a Estados Unidos, se nacionalizaban norteamericanos, regresaban a Rusia y hacían valer su nueva ciudadanía como hijos de una nación poderosa. En esto eran ayudados por la numerosa colonia israelita radicada en Norteamérica, que en aquel entonces casi llegaba a tres millones y que influía ya en los círculos financieros y políticos. «En San Petersburgo —dice Henry Ford en El Judío Internacional—llegó a haber 30,000 judíos de los cuales sólo 1,500 se ostentaban como tales». Las autoridades rusas no tardaron en tratar de frustrar ese inusitado procedimiento de protección y esto dio origen a que numerosos órganos de la prensa americana protestaran contra la falta de respeto a las ciudadanías recién concedidas por los Estados Unidos. Con esa ejemplar hermandad que los israelitas practican desde uno al otro confín del mundo, «el 15 de febrero de 1911, estando Taft en el poder —agrega Henry Ford— los judíos Jacobo Schiff, Jacobo Furt, Luis Marshall, Adolfo Kraus y Enrique Goldfogle le pidieron que como represalia contra Rusia fuera denunciado el Tratado de Comercio». Aunque en un principio Taft se rehusó, israelitas de todo el país enviaron cartas a senadores y diputados, gestionaron apoyo de gran parte de la prensa, pusieron en movimiento el Comité Judío Americano, a la Orden B’irit y a otras muchas, filiales o afines. El influyente político Wilson, que después llegó a ser Presidente de EE.UU., presionó resueltamente en favor de los judíos y durante un discurso en el Carnegie Hall afirmó: «El gobierno ruso, natural-mente, no espera que la cosa llegue al terreno de la acción, y en consecuencia, sigue actuando a su placer en esta materia, en la confianza de que nuestro gobierno no incluye seriamente a nuestros compañeros de ciudadanía judíos entre aquellos por cuyos derechos aboga: no se trata de que expresemos nuestra simpatía por nuestros compañeros de ciudadanía judíos, sino de que hagamos evidente nuestra identificación con ellos. Esta no es la causa de ellos; es la causa de Norteamérica». Finalmente, el Tratado de Comercio suscrito ochenta años atrás fue denunciado el 13 de diciembre de 1911. Por primera vez un zar —en ese entonces Nicolás II— sintió que los descendientes de aquellos israelitas que 50 años antes rehuían temerosos la violencia rusa, ya no estaban tan solos. Aunque la inmensa mayoría eran nacidos en las estepas, y aunque eran hijos y nietos de otros también nacidos allí, ni el medio ambiente ni la convivencia de siglos los hacían claudicar de sus metas políticas ni de sus costumbres. Tal parecía que conservando sin mezcla su sangre conservaban igualmente sin mezcla su espíritu. Cierto que el Imperio Ruso era aún poderoso y que la lejana represalia de la denuncia del Tratado de Comercio americano no bastaba para revocar las limitaciones impuestas a los israelitas, mas sin embargo, constituía un incómodo incidente que en grado imponderable influyó para que se suavizara el trato oficial a los judíos. Y aunque ese mismo año de 1911 se estableció que los judíos no po-dían ser electos consejales, en la práctica se les trató con mayor consideración. Entre tanto, el llamado Comité Ejecutivo seguía ocultamente atizando el descontento y propiciando la rebelión. Las series de huelgas sangrientas que se iniciaron en 1905 adquirieron incontenible impulso en 1910 al estallar doscientos paros obreros. Tres años más tarde las huelgas se contaban por millares. El descontento de las masas iba siendo crecientemente aprovechado como instrumento revolucionario marxista. En ese entonces el Imperio Ruso se hallaba ya tan minado que malamente podía afrontar una guerra internacional. Por eso fue tan insensato y hasta inexplicable que se lanzara a una aventura de esa índole en 1914, para apoyar a Servia en contra de Austria-Hungría. El zar dio contraorden a fin de que no se realizara la movilización general y evitar el choque con Alemania, pero el Ministro de la Guerra, Sujofinov, y todo el Estado Mayor presionaron al zar y se consumó la movilización. Alemania apoyó entonces a su aliada Austria-Hungría y entró en guerra con Rusia. No obstante que la patria rusa libraba entonces una lucha internacional, el movimiento revolucionario no cesó su propaganda para debilitar las instituciones. Además, aprovechó la anormalidad de la situación y proclamó que los obreros no tenían patria que defender, según la tesis marxista (comunista) de que la idea de pa-tria debe extirparse de las nuevas generaciones. El gobierno ruso consideró que los judíos influían poderosa-mente en esta oposición al régimen y ordenó nuevas medidas de coerción. Muchos que por nacimiento o naturalización ostentaban las más diversas nacionalidades, e incluso la rusa, se habían mezclado en el campo y en las fábricas y hacían cundir la agitación. Poco después de iniciada la contienda, el diario ruso «Ruscoic-Snamia» abogaba por las más severas represalias contra los israeli-tas, a quienes se les achacaban los desórdenes internos, y hasta llegó a alentar los «progroms». No obstante que el ambiente oficial era propicio a estos extre-mismos, el régimen no quiso complicar más la situación, prohibió el diario y mantuvo a raya el antisemitis-mo, aunque sin poder suprimirlo del todo. En Suiza se encontraba entonces desterrado, junto con otros je-fes judíos del movimiento marxista, Vladimir Ilitch (Lenin) y desde allí dirigía la agitación en la retaguardia del ejército ruso que combatía contra Alemania. Sesenta y siete años después de que dos hebreos —Marx y Engels— habían dado a la publicidad por pri-mera vez el manifiesto comunista, otros miembros de la misma raza luchaban denodadamente por materializarlo en realidad política. Junto con los judíos Apfelbaum y Rosenfeld (conocidos bajo los nombres rusos de Zinovief y Kamenef), Lenin alentaba desde el destierro a los revolucionarios para que contribuyeran a la derrota de Rusia en la guerra que sostenía contra Alemania y Austria. En su periódico «Social Demócrata» del 27 de julio de 1915 daba la siguiente consigna: «Los revolucionarios rusos deben contribuir prácticamente a la derrota de Rusia». Proclamaba que esto abriría el Camino a la revolución. Pierre Charles, biógrafo de Lenin, afirma que en ese entonces «Lenin se entregó en cuerpo y alma a su odio por todo patriotismo… Toda defensa de la Patria —decía— es chaucinismo». Tanto fue así que los alemanes le permitieron pasar por Berlín para que se internara subrepticiamente en Rusia y aun le ayuda-ron económicamente ya que su labor debilitaba al ejército ruso. Así fue como Lenin pudo llegar a San Petersburgo, donde un núcleo de 30,000 israelitas, acaudillados por Trostsky, habían organizado el cuartel general del movimiento marxista revolucionario. Y desde ahí hizo circular esta proclama: «Es necesario, sin demora, educar al pueblo y al ejército en el sentido derrotista. ¡Soldados, fraternizad en las trincheras con vuestros camaradas llamados ‘enemigos’!» refiere que asistían Poco después Lenin celebraba secretos acuerdos con los jefes revolucionarios. Charles[4] «Kamenef, hombre pequeño, de ojos vivaces bajo el lente; Zinovief, que se había cortado completamente el cabello ondulado de su gruesa cabeza; Ouritsky, delgado y nervioso, que más tarde aterrorizaría a Petrogrado durante algunas semanas; los tres eran de raza judía». No tardaron en reunírseles Stalin y Trotsky. La siembra marxista iniciada décadas atrás, halló en 1917 el cli-ma más propicio para fructificar. La ya minada retaguardia del ejército ruso se debilitó aún más y el desconcierto cundió hasta las líneas avanzadas del frente de guerra; la propaganda derrotista hallaba ciertamente coyunturas en la miseria y en las bajas causadas por la contienda. La promesa de que al triunfar la revolución se repartirían tierras a todos los proletarios fue tan halagadora «que las tropas querían dejar de pelear para llegar al reparto». Coordinadamen-te las doctrinas bolcheviques agitaban a los militares hablándoles de los «derechos del soldado», según los cuales «los oficiales deberían ser nombrados por selección, de entre los soldados, y éstos podían discutir las órdenes de aquéllos». Desde ese momento quedó rota la disciplina, dice el Tte. Corl. Carlos R. Berzunza en su «Resumen Histórico de Rusia». Y así comenzó la última etapa del fin de la Casa Imperial Rusa. Tatiana Botkin[5] dice que acerca de la realeza y particularmente de la Emperatriz, circulaban versiones que indignaban al pueblo y alentaban al derrotismo. «Frecuentemente se encontraba uno con personas que se habían formado un concepto completamente falso sobre la familia real. Entre nosotros sólo se propagaba lo malo y nadie sabía lo bueno que en realidad existió… No podía creer que los mismos soldados, soldados rusos, en el momento de una guerra de tal magnitud, se amotinaran y mataran a su comandante y ofendieran a la familia real… Así era, desgraciadamente. En las calles de Petrogrado sucedía algo increíble. Los soldados, borrachos, sin correas, con los capotes desabrochados, unos con rifles, otros desarmados, corrían como poseídos saqueando todas las tiendas». El descrédito de la casa de los Romanof; la consigna leninista de que la derrota en el frente de guerra abriría el camino al triunfo de la revolución; las crecientes bajas y la miseria; la promesa de que un nuevo régimen daría tierras al proletariado; el relajamiento de la disciplina; las doctrinas de igualdad y supresión de las jerarquías, etc., convergieron por fin en el estallido de la revolución. La mecha que encendiera el polvorín podía haber sido cualquier cosa. Como en el conocido fenómeno físico de la sobrefusión, cuando la mente de un pueblo llega a su tensión máxima basta el más insignificante incidente para producir el estallido. Tatiana Botkin refiere así el principio del fin del imperio: «En Kronstadt —precisamente en las cercanías del cuartel general que los caudillos israelitas del marxismo habían formado secreta-mente en San Petersburgo— empezó la bestial matanza de oficiales. Una vez muertos, los cubrían con heno, los rociaban con petróleo y les prendían fuego. Metían en los ataúdes personas aún con vida junto a cadáveres, fusilaban a los padres a la vista de sus propios hijos, etc. En el frente, los soldados fraternizaban con los alemanes y retrocedían, a pesar de los enormes contingentes reunidos antes de la revolu-ción… el sepelio de las víctimas de la revolución en Retrogrado, fue una mascarada. Los revolucionarios recogieron cuerpos de desconocidos, muertos de frío o por accidente, incluso unos chinos que habían fallecido de tifo, los colocaron en los ataúdes forrados de rojo, los trasladaron al ‘Campo de Marte’ y erigieron un gran túmulo». Esto alentaba la agitación y servía de bandera a los revolucionarios. Por otra parte, en ningún momento los iniciadores del marxismo en Rusia carecieron de solidaridad y aliento de sus hermanos de raza ni en el extranjero. El 14 de febrero de 1916 se celebró en Nueva York un Congreso de las Organizaciones Revolucionarias Rusas, alentadas e inspiradas por inteligentes israelitas. El magnate judío-americano Jacobo Schjff era uno de los que costeaban los gastos de estos trabajos políticos; ayudaba particularmente a León Trotsky, también israelita. Otros banqueros judíos, tales como Kuhn Loeb, Félix Warburg. Otto Kahn, Mortimer Schiff y Olef Asxhberg, daban también su ayuda económica desde Nueva York. Pese a todo lo que en apariencia hubiera de inexplicable en esas relaciones entre los marxistas revolucionarios de Rusia y los magnates israelitas de América, en el fondo regía la profunda solidaridad de la raza y el anhelo común de la reivindicación hebrea. Unos la buscaban con el instrumento que su compatriota Marx les había heredado en el Manifiesto Comunista de 1848 y otros la procuraban con el instrumento del oro y las finanzas. Dos distintos medios, pero un mismo fin. Y si el destino del mundo iba a jugarse en dos barajas de política internacional —el super capitalismo y el marxismo—, tener ases en ambas era asegurar el triunfo de la causa común, cualquiera que fuese el resultado de la gran lucha. Los pacientes esfuerzos de los caudillos marxistas y de quienes los ayudaron desde el extranjero desembocaron el 7 de noviembre de 1917 en el estallido de la revolución comunista. El zar fue detenido y entre las primeras rectificaciones políticas figuró la abolición de las restricciones jurídicas impuestas a los judíos. El camino a los puestos públicos quedó abierto para ellos. Toda tendencia política perjudicial al judaísmo fue declarada fuera de la ley por decreto de julio de 1918. Entre las tropas del general Budieny ocurrieron actos violentos contra los judíos y fueron severamente reprimidos. A ese respecto el escritor judío Salomón Resnick dice en su libro «5 Ensayos Sobre Temas Judíos»: «Pronto sobrevino una vigorosa reacción contra tales desviaciones: 138 cosacos, entre ellos varios comandantes, fueron condenados a muerte y se impuso a todo soldado rojo la obligación de luchar contra el antisemitismo, esa herencia vergonzosa, criminal y sangrienta». La casa de los Romanof fue exterminada. Tatiana Botkin refiere así el final del Zar, de la Zarina, del Zarevich y de las princesas Olga, Tatiana, María y Anastasia: «En la prisión —casa de Ipatiev— de Ekaterimburgo, la familia real sufría mil vejaciones. La situación de todos empeoró al ser nombrado otro comisario, el judío Yurovsky. El trato de los guardias se convirtió en un verdadero martirio, que sus majestades soportaban con verdadera resignación cristiana. Por comida les daban las sobras de los guardias, quienes además escupían en los platos. Luego les servían la comida y se las arrebataban cuando empezaban a comer. En la noche del 3 de julio de 1918 fueron bárbaramente asesinados. »Cuando penetró Yurovsky con 12 soldados, de los cuales sólo dos eran rusos (los demás judíos y letones), Yurovsky se encaró con el emperador y le dijo: ‘Usted se ha negado a aceptar la ayuda de sus familiares (en el extranjero) por lo que tengo que fusilarlo’. El emperador se persignó, abrazó a su hijo con toda serenidad y se arrodilló. La emperatriz hizo lo mismo. Sonaron unos disparos. Yurovsky disparó sobre el emperador; los soldados sobre los demás. Dieron vuelta a los cadáveres y los asaetearon con las bayonetas. Después de esta carnicería los cadáveres fueron despojados de cuanto llevaban, arrojados a un camino y de ahí conducidos a un bosque cercano, donde fueron incinerados en dos hogueras: una de fuego y la otra de ácidos» Inútilmente Nicolás II, lo mismo que su padre Alejandro III, y su abuelo Alejandro II, se habían empeñado en reprimir a quienes encabezaban o coordinaban el descontento de las masas, pero sin lograr nada decisivo para suprimir el descontento mismo. Mientras por un lado el malestar público crecía con la pobreza, por el otro las autoridades se esforzaban superficialmente en suprimir a quienes se valían de ese malestar como instrumento para una magna revolución. Sesenta y nueve años después que Marx y Engels habían creado su magistral fórmula de agitación, sus descendientes raciales lograban que un gran imperio se viniera abajo. Era ese el primero de sus fabulosos triunfos. (A la revolución bolchevique siguió una violenta contrarrevolución encabezada por los generales Antón Ivanovitch, Deniken, Kolchak, Wrangel y Yudenitch. Llegaron a arrebatarles a los rojos territorios con más de un millón de kilómetros cuadrados y se aproximaron amenazadoramente a Leningrado y Moscú. Deniken esperaba ayuda de los gobiernos inglés y francés, pero no la obtuvo. En contraste, los bolcheviques sí lograban ayuda de los israelitas del extranjero y vencieron a las fuerzas de Deniken). El judío Alejandro Kerensky (originalmente apellidado Adler), que se había infiltrado en el gobierno del zar para ayudar secretamente al triunfo de los comunistas, emigró después al Occidente para presentarse como «anticomunista». Bajo ese disfraz mantuvo contacto con los rusos exiliados, auténticamente enemigos del comunismo, y fue un factor decisivo para neutralizar sus esfuerzos.

LOS DOS ELEMENTOS QUE FORMARON EL BOLCHEVISMO

Es siempre costumbre que el triunfo tenga muchos autores, auténticos o no, y que en cambio todos rehuyan la paternidad de los fracasos; pero el triunfo de la revolución rusa es una de las excepciones de esa regla. Por lo menos hasta ahora sólo se ha atribuido fragmentaria y tenuemente a la comunidad israelita. Y esto no obstante la evidencia de que la base ideológica de la revolución rusa la crearon los judíos Marx y Engels; la pusieron en movimiento social Lenin, Zinoviev, Kamenev, Bronstein y otros israelitas; la solapó y ejecutó a medias el hebreo Kerensky; la ayudaron económicamente desde EE. UU. los magnates Kuhn Loeb, Félix Warburg, Otto Kahn, Mortimer Schiff y Olef Asxhberg, y la hicieron posible agitando a las masas proletarias un sinnúmero de comisarios israelitas, como judíos eran — simbólicamente— 10 de los 12 revolucionarios que ejecutaron a la familia real de los Romanof. Uno de los modernos profetas del semitismo, Teodor Herzl, ya había advertido antes del triunfo de la revolución rusa: «Somos una nación, un pueblo… Cuando los judíos nos hundamos, seremos revolucionarios, seremos los suboficiales de los partidos revolucionarios. Al elevarnos nosotros subirá también el inmarcesible poder del dinero judío» («Un Estado judío»). Son numerosísimas las huellas que los israelitas dejaron en la preparación y la consumación de la revolución rusa, pero por uno u otro motivo la difusión de estos hechos ha sido tan lenta y fragmentaria que generalmente suenan a inverosímiles o fantásticos cuando se les conoce en toda su magnitud. Ni la universalmente reconocida seriedad de Henry Ford libró a esas revelaciones de las dudas que lógicamente producen: «Una Rusia Soviética hubiese sido sencillamente imposible —dice Henry Ford en El Judío Internacional—, a no ser que un 90% de los comisarios fueran judíos. Otro tanto hubiera ocurrido en Hungría, de no ser judío Bela-Khun («El Príncipe Rojo») y con él 18 de sus 24 comisarios… El Soviet no es una institución rusa, sino judía». Agrega que al triunfar la Revolución bolchevique, el nuevo régimen fue integrado preponderantemente con israelitas y cita el siguiente cuadro: El mismo autor hace una cita del Dr. Jorge A. Simons, sacer-dote cristiano, que escribió: «Cuando Rusia se hundió —afirma—, inmediatamente surgió el judío Kerensky. Como sus planes no fueron suficien-temente radicales, le sucedió Trotsky. Actualmente, en Rusia (1920), en cada comisario hay un judío. De sus escondrijos irrumpen los judíos rusos como un ejército bien organizado… Todos los banqueros judíos en Rusia permanecieron sin ser molestados, mientras que a los banqueros no judíos se les fusiló… El bolchevismo es anticapitalista sólo contra la propiedad no judía. Si el bolchevismo hubiese sido real-mente anticapitalista, hubiera matado de un solo tiro al capitalismo judío. Pero no fue así… Sólo a los judíos se les pueden remitir víveres y auxilios de otros países, en Rusia». «Centenares de agitadores salidos de los barrios bajos del Este de Nueva York se encontraron en el séquito de Trotsky… A muchos nos sorprendió desde un principio el elemento marcadamente judío de aquél y se comprobó muy pronto que más de la mitad de todos esos agi-tadores del llamado movimiento sovietista eran judíos». Asimismo cita a William Huntington, agregado comercial ame-ricano en Retrogrado durante la revolución, quien declaró que «en Rusia todo mundo sabe que tres cuartas partes de los jefes bolche-viques eran judíos». Coincidiendo con todo lo anterior, el periódico ruso «Hacia Mos-cú», de septiembre de 1919, dijo: «No debe olvidarse que el pueblo judío, reprimido durante siglos por reyes y señores, representa genuinamente el proletariado, la internacional propiamente dicha, lo que no tiene patria». Y Cohan escribía en «El Comunista», de abril de 1919: «Pue-de decirse sin exageración que la gran revuelta social rusa fue realizada sólo por manos judías El símbolo del judaísmo, que durante siglos luchó contra el capitalismo, se ha convertido también en el símbolo del proletariado ruso, como resulta de la aceptación de la estrella roja de cinco puntas que como es sabido fue antiguamente el símbolo del sionismo y del judaísmo en general». Desde un punto de observación muy distante, el investigador Schubart se refiere a este mismo asunto en los siguientes términos[1] : «También la nacionalidad de los jefes bolcheviques, entre los cuales hay un gran contingente de judíos, lituanos y grusinios, indica el carácter extraño, no ruso, de este movimiento. El marxismo no tiene más que una peculiaridad que encuentra afinidad de sentir en el ruso: es el meollo mesiánico de la doctrina. Lo sintió el alma eslava con fino olfato, y lo tomó por punto de partida… El occidental siente latir más fuerte su corazón al pasar revista a sus bienes; en el ruso está vivo el sentimiento de que las posesiones nos poseen a nosotros, de que el poseer significa ser poseído, de que en medio de la riqueza se ahoga la libertad espiritual». Schubart no es el único en considerar que en la idiosincrasia rusa había propicias coyunturas para que el marxismo teórico y utópico ganara adeptos que luego se convirtieran en instrumento para los organizadores judíos. Oswaldo Spengler apuntó en «Decadencia de Occidente»: «El alma rusa, alma cuyo símbolo primario es la planicie infinita, aspira a deshacerse y perderse, sierva anónima, en el mundo de los hermanos… La vida interior del ruso, mística, siente como pecado el pensamiento del dinero». Otro filósofo, el Conde de Keyserling[2] , coincide con los dos anteriores: «Los rusos son tan profundamente religiosos en el alma que incluso el materialismo, el ateísmo, la industrialización y el plan quinquenal les sirven de iconos». Igualmente, el sacerdote jesuíta norteamericano E. A. Walsh, que vivió en la URSS en 1923, opina en su libro «Imperio Total»: «El mujik ruso, cuando está impregnado de vodka, revela una sórdida grosería y una torpe animalidad sólo limitada por la capacidad física. Pero, terminada la orgía, llorará con su prójimo en fraterna comprensión, perdonará a los ladrones, cobijará a los asesinos con compasión y manifestará instantánea simpatía hacia todos sus compañeros de peregrinación en este valle de lágrimas, y al arar exclamará: ‘Dios, ten piedad’». Otto Skorzeny, que como oficial alemán conoció a los rusos durante cuatro años de lucha, da el testimonio de que: «el soldado que fue a la guerra por el materialismo dialéctico posee, en realidad, un idealismo religioso… Casi puede decirse que el ruso, en cuanto a alcanzar su objetivo ideal, es un enemigo de lo posible: necesita objetivos lejanos y fantásticos»[3] . Son innumerables los investigadores que habiendo estudiado la psicología del ruso coinciden en que bajo su dureza acorazada por el sufrimiento de siglos y que bajo su crueldad propia de los caracteres primitivos, late un vigoroso sentimiento místico. Y es precisamente en este sentimiento, espontáneo y de distinta índole que el pensamiento lógico, donde el marxismo israelita se injertó; donde el marxismo encontró un punto de apoyo para erigirse en fuerza gigantesca. El empuje indiscutible del bolchevismo surgió de dos factores: la fórmula alucinante y utópica de Marx y el sencillo misticismo de las almas rusas. Y fueron judíos quienes combinaron ambos factores como se combinan la glicerina y el ácido nítrico para obtener la dinamita. El bolchevismo cundió luego con su propia dinámica y no requirió razones para subsistir; incluso pudo hacerlo pese a las realidades que lo contradecían. Tal es el mecanismo de los movimientos sociales que llegan a erigirse en creencias místicas o seudomísticas. Algo de esto señala Max Eastman al afirmar: «El comunismo es una doctrina que no puede ser científica, pues es exactamente lo contrario: religión»[4] Y algo muy semejante señala Gustavo Le Bon en «Ayer y Mañana»: . «Las creencias de forma religiosa, como el socialismo, son inconmovibles porque los argumentos no hacen mella en una convicción mística… Todos los dogmas, los políticos sobre todo, se imponen generalmente por las esperanzas que hacen nacer y no por los razonamientos que invocan… La razón no ejerce influencia alguna sobre las fuerzas místicas». Así se explica que pese a su procedencia extranjera, pues el marxismo no era ruso ni sus propagadores tampoco, grandes masas del pueblo lo hicieron entusiastamente suyo, por lo menos en la etapa inicial. Lo captaron por una de sus fases, por la fase mística de la reivindicación del indigente, y para esta espontánea adhesión no necesitaban ni investigar orígenes ni razonar sobre las bases científicas del movimiento. Durante milenios el hombre ha anhelado barrer el abuso de los poderosos y disfrutar de justicia social. Al prometer la satisfacción de ese viejo anhelo, los creadores israelitas del comunismo lograron un formidable triunfo psicológico y político. Dentro de sus propias filas raciales la minoría judía de Rusia carecía de la fuerza del número, pero la conquistó entre las masas no semitas —e inclusive antisemitas— gracias a las promesas populares que el comunismo hacía. Y a fin de garantizar que esta poderosa arma política se mantuviera siempre dirigida por sus creadores, se le dio el dogma de la internacionalización, de tal manera que se cometía una herejía al querer servir al proletario sin la consigna emanada de Moscú, sede del marxismo-israelita. Todo movimiento social que se atreviera a violar ese dogma era objeto de la más violenta hostilidad, no porque sirviera mejor o peor los intereses del proletariado, sino porque se sustraía al control de los creadores del marxismo. Apenas afianzado el nuevo régimen en el Poder, una súbita lucha antirreligiosa comenzó a realizarse con extraordinaria eficacia. Como si fuera obra de factores no rusos, esa lucha era sistemática y carecía de la imprevisión y de la desorganización(,) propias del ambiente moscovita. En su implacable eficacia se advertía el sello de una mano extraña. «En la fachada del Ayuntamiento de Moscú, en vez de la imagen que se veneraba, se inscribió la frase de Lenin: La religión es el opio del pueblo»[5] . Frecuentemente se ha visto que un movimiento religioso, nutriéndose de su propia fe, se lance contra otro movimiento religioso y trate de proscribirlo. Religión contra religión es un fenómeno muchas veces presenciado en la historia. Pero que en un medio eminentemente religioso nazca un movimiento inflexiblemente ateísta, dirigido contra todas las religiones, es un fenómeno nuevo. ¿De dónde un movimiento político, que oficialmente se apoya en masas religiosas, extrae la inspiración y las energías necesarias para constituirse fanáticamente en un movimiento antirreligioso? Ha sido también más o menos frecuente que por conveniencias políticas un régimen hostilice a una religión y se apoye en otras. Pero en Rusia, por primera vez con inconfundible claridad y con extraordinario celo, todas las religiones empezaron a ser perseguidas en cuanto triunfó el bolchevismo. Lo que el cristianismo padeció en la época antirreligiosa del Imperio Romano tenía la explicación de que se trataba de una religión nueva sin muchos adeptos en la masa del pueblo. En cambio, en Rusia, los sentimientos religiosos eran ya populares cuando el Bolchevismo comenzó a imperar. 929 años antes Rusia se había convertido al cristianismo. Que en un pueblo sin religión se combata una nueva religión, parece explicable; pero que en un pueblo religioso surja un régimen intransigentemente antirreligioso, es un fenómeno de orígenes extraños al pueblo mismo. Y tal fue lo que sucedió en Rusia. El teniente coronel Carlos R. Berzunza dice en su resumen histórico: «Numerosas iglesias fueron convertidas en teatros. La revolución inició luego la lucha contra todas las religiones, por todos los medios… Se prohibió la enseñanza religiosa a menores de 18 años. La iglesia protestó. De 900 conventos fueron arrasados 722». La resistencia de los fieles fue casi pulverizada y 29 obispos y sacerdotes pagaron con su vida la oposición al régimen y fueron las primeras víctimas de una serie de ejecuciones bolcheviques que más tarde recibieron el nombre de «purgas». Para el 7 de noviembre de 1923 la primera ola de «purgas» había aniquilado a 6,000 profesores, 9,000 médicos, 54,000 oficiales, 260,000 soldados, 70,000 policías, 12,000 propietarios, 355,000 intelectuales, 193,290 obreros y 815,950 campesinos, en mayor o menor grado culpables de oposición. Esta furia aparentemente ciega tenía por objeto aniquilar a la clase pensante y a los núcleos que podían inspirar y organizar la resistencia al nuevo régimen. En cuanto a los orígenes antirreligiosos del bolchevismo son evidentes. Supuesto que no residían en las masas populares, ni tampoco en ninguna otra religión con predominio en Rusia, se hallaban exclusivamente entre los organizadores israelitas del movimiento revolucionario, quienes seguían la sentencia de Marx: «El judaísmo es la muerte del cristianismo»[6] Ciertamente la masonería también fue un factor en esa lucha antirreligiosa, pero en última instancia la masonería es sólo uno de los brazos del judaísmo. Este creó en Egipto las primeras células secretas en el siglo XV antes de nuestra era, cuando los judíos necesitaron protegerse y ayudarse eficazmente bajo el dominio de los faraones. Siglos después esa sociedad se hizo extensiva a los no judíos, con objeto de aprovecharlos para los fines políticos israelitas, y se le dio un aspecto de fraternidad y liberalismo. Persistió, sin embargo, el ambiente de misterio bajo el cual había nacido la masonería, y todavía un enorme número de masones ignora hoy su vinculación con el movimiento político judío, a pesar de que son de origen hebreo todos los nombres de sus grados, sus símbolos y sus palabras de paso, como Jehová, Zabulón, Nekam Nekar, Adonai, etc. Esto puede comprobarlo cualquier «iniciado» que conozca a la vez la historia judía[7] . Por eso es que desde el grado tercero de la masonería se designa con símbolos judíos a Jesucristo, a la iglesia y a los cristianos, como la «ignorancia», el «fanatismo» y la «superstición», respectivamente, (Jubelás, Jubelós y Jubelum) y se plantea simbólicamente la lucha contra ellos. Ya en 1860 el español Vicente de la Fuente había escrito en «Historia de las Sociedades Secretas»: «Esa sociedad proscrita en todas partes, y que en todas partes se halla sin patria, que en tal concepto desprecia las ideas de nacionalidad y patria, sustituyéndolas con un frío y escéptico cosmopolitismo, ésa tiene la clave de la francmasonería. El calendario, los ritos, los mitos, las denominaciones de varios objetos suyos, todos son tomados precisamente de esa sociedad proscrita: el judaísmo. »La francmasonería en su principio es una institución peculiar de los judíos, hija del estado en que vivían, creada por ellos para reconocerse, apoyarse y entenderse sin ser sorprendidos en sus secretos, buscarse auxiliares poderosos en todos los países, atraer a sí a todos los descontentos políticos, proteger a todos los enemigos del cristianismo. »Es público que todos los periódicos más revolucionarios e impíos de Europa están comprados por los judíos, o reciben subvenciones de ellos y de sus poderosos banqueros, los cuales a la vez son francmasones». Este paralelismo del judaísmo político y de la masonería lo confiesa el propio israelita Trotsky en su biografía, al referirse a su encarcelamiento de 1898: «Hasta entonces —dice— no había tenido ocasión de consultar las obras fundamentales del marxismo. Los estudios sobre la masonería me dieron ocasión para contrastar y revisar mis ideas. No había descubierto nada nuevo». («Mi Vida». —León Trotsky). Todo lo anterior explica el carácter furiosamente antirreligioso de la época actual de la historia rusa. Una época categóricamente materialista y antirreligiosa, tal como la delineó Marx en su «Introducción a la Filosofía del Derecho, de Hegel», al afirmar que sólo existe la materia. Una época tal como la planeó Lenin al afirmar que «el socialismo, por medio de la ciencia, combate el humo de la religión». En 37 diversas dependencias de las primeras fases del Estado Soviético figuraron 459 dirigentes de origen judío y 43 rusos, cuyos nombres y cargos aparecen especificados en el libro «La Gran Conspiración Judía», de Traían Romanescu.

ALEMANIA, META INMEDIATA DEL MARXISMO

En la segunda mitad del siglo pasado, mientras que en Rusia se abrían paso las doctrinas revolucionarias marxistas, el Imperio Alemán resurgía en 1871 forjado en la victoria de Sedán, bajo Guillermo I. Este segundo Reich era la cúspide de fuerzas cuya inquietud brillaba precisamente entonces en diversas ramas del saber: Goethe en la literatura; Beethoven, Mozart y Wagner en la música; Kant y Schopenhauer en la filosofía; Von Moltke en la milicia; Kirchhoff y Bunsen en la física y la química, y Nipkow en la mecánica. Sin embargo, en el campo de la política el alemán no tenía nada nuevo bajo la férrea forma de su imperio, y esto hizo creer a los propulsores israelitas del marxismo que sería fácil asentar en Alemania la primera base de la «revolución mundial». En efecto, KarI Marx (judío originalmente llamado Kissel Mordekay) y su compatriota Frederik Engels, quisieron que el marxismo se materializara en régimen político primero en Alemania y después en Rusia. En su «Manifiesto Comunista» de 1848, ambos israelitas especificaron: «A Alemania sobre todo es hacia donde se concentra la atención de los comunistas, porque Alemania se encuentra en vísperas de una revolución burguesa y porque realizará esta revolución en condiciones más avanzadas de la civilización europea y con un proletariado infinitamente más desarrollado». Pero un año después de publicado el Manifiesto Comunista, el marxismo sufrió un golpe inesperado en Alemania. Su primer intento para apoderarse de las masas proletarias fracasó en junio de 1849. La disciplina y el nacionalismo inculcados por la milicia eran una barrera ante la revolución internacionalizada del marxismo. El general Helmuth von Moltke señalaba que esa «cólera moral» fascinaba a los demócratas y se extendía por toda Europa reclutando en sus filas «abogados, literatos y tenientes echados del servicio». En 1864 Marx fundó la Primera Internacional para impulsar la agitación internacional, particularmente en Alemania y Rusia. El comunismo anhelaba el control de Alemania por sus capacidades industriales y guerreras y el de Rusia por sus vastos recursos naturales y humanos. Ya en 1,776 el judío alemán Adán Weishaupt había creado la secta masónica de los Iluminados de Baviera, que con el señuelo de dar el dominio político mundial a los germanos pretendió utilizarlos para extender todos los principios que más tarde aprovechó Marx en sus teorías. Pero esta secta fue prohibida y no alcanzó sus metas en Alemania, aunque sí fue uno de los movimientos precursores de la Revolución Francesa[8] . Más tarde, Lenin insistía en el sueño de Weishaupt y de Marx y les decía a sus legionarios que la tarea inmediata era «unir el proletariado industrial de Alemania, Austria y Checoslo-vaquia con el proletariado de Rusia creando así una poderosa combinación industrial y agraria desde Vladibostock hasta el Rhin». Y varios intentos se realizaron con este objeto. «Lenin dijo un día[9] que si era preciso sacrificar la revolución rusa a la revolución alemana, que representaba muchas más probabilidades de buen éxito, no dudaría en hacerlo. Las riquezas agrícolas de Rusia y las riquezas industriales de Alemania formarían una potencia gigantesca». El propio Lenin dijo también al general Alí Fuad Bajá, primer embajador turco en la URSS: «Si Alemania acepta la doctrina bolchevique me trasladaré inmediatamente de Moscú a Berlín. Los alemanes son gente de principios y permanecen fieles a las ideas una vez que han aceptado su verdad. Proporcionarán un medio mucho más favorable para la propagación de la revolución mundial que los rusos, cuya conversión exigirá mucho tiempo»[10] . Pero el arraigado patriotismo del alemán era un obstáculo para eso. Aun abrazando el marxismo, lo privaba de su sello internacionalista. John Plamenats refiere que Lasalle, judío fundador del Partido Socialista Alemán, no pudo llegar a proclamar abiertamente el comunismo. Sin embargo, la doctrina hacía progresos y Plamenats afirma que el «Partido Democrático Socialista Alemán adoptó un programa completamente marxista en espíritu. Entre tanto, la industria alemana se desarrollaba rápidamente, y en poco tiempo este partido se convirtió en el más grande del Estado. Lenin creía que con ayuda de los trabajadores alemanes, los rusos podrían evitar los peligros que de otro modo se derivarían de una Revolución prematura»[11] . En vísperas de la primera guerra mundial el marxismo luchaba con igual denuedo en Rusia y en Alemania, si bien con distinta táctica. El más alto nivel cultural y económico del pueblo alemán impedía progresos tan rápidos como los logrados entre las masas analfabetas y paupérrimas de Rusia. En Alemania había mejor información sobre los orígenes de las diversas tendencias políticas y esto impedía que muchos cayeran en redes hábilmente tendidas. El periodista Marr, el historiador Treitschke, el pastor Stoecker, el filósofo Duehring y el profesor Rohling llamaron frecuentemente la atención sobre la secreta influencia del judaísmo y habían gestionado con Bismarck que se le refrenara. Pero de todas maneras el Partido Democrático Socialista Alemán, con inspiración marxista, iba ganando terreno en los sindicatos. Años más tarde —a principios de 1913—, un joven descendiente de aldeanos, de 20 años de edad, que de peón había ascendido a acuarelista, reflexionaba en Munich que: «…la nación no era —según los marxistas— otra cosa que una invención de los capitalistas; la patria, un instrumento de la burguesía, destinado a explotar a la clase obrera; la autoridad de la ley, un medio de subyugar al proletariado; la escuela, una institución para educar esclavos y también amos; la religión, un recurso para idiotizar a la masa predestinada a la explotación; la moral, signo de estúpida resignación, etc. Nada había, pues, que no fuese arrojado en el lodo más inmundo». Ese joven artesano, llamado Adolfo Hitler, era partidario del sindicalismo, pero no bajo la inspiración internacionalista de Marx, sino bajo el ideal nacionalista de Patria y de Raza: «Esta necesidad —la de los sindicatos y su lucha— tendrá que considerarse como justificada mientras entre los patrones existan hombres no sólo faltos de todo sentimiento para con los deberes, sino carentes de comprensión hasta para los más elementales derechos humanos… El sindicalismo, en sí, no es sinónimo de ‘antagonismo social’; es el marxismo quien ha hecho de él un instrumento para la lucha de clases… La huelga es un recurso que puede o que ha de emplearse mientras no exista un Estado racial, encargado de velar por la protección y el bienestar de todos, en lugar de fomentar la lucha entre los dos grandes grupos —patrones y obreros— y cuya consecuencia, en forma de la disminución de la producción, perjudica siempre los intereses de la comunidad». Concebía entonces que en el futuro: «…dejarán de estrellarse los unos contra los otros —obreros y patrones— en la lucha de salarios y tarifas, que daña a ambos, y de común acuerdo arreglarán sus divergencias ante una instancia superior imbuida en la luminosa divisa del bien de la colectividad y del Estado… Es absurdo y falso afirmar — decía— que el movimiento sindicalista sea en sí contrario al interés patrio. Si la acción sindicalista tiende y logra el mejoramiento de las condiciones de vida de aquella clase y constituye una de las columnas fundamentales de la nación, obra no sólo como no enemiga de la patria o del Estado, sino nacionalmente en el más puro sentido de la palabra. Su razón de ser está, por tanto, totalmente fuera de duda». Con la impetuosidad propia de su edad, y además de su carácter, Hitler trataba de persuadir a sus compañeros de que la defensa del proletariado no era la meta del marxismo, ya que si el proletariado llegaba a satisfacer sus propias necesidades, desaparecería como instrumento de lucha de quienes acaudillaban el marxismo. Ahondando en esta hipótesis, llegó a un punto que habría de ser elemento básico en la génesis del nacionalsocialismo, sistema político que luego se divulgó con el apócope de «nazi». Por ese entonces —según posteriormente refirió— creía que los judíos nacidos en Alemania sólo se diferenciaban en la religión. «El que por eso se persiguiese a los judíos como creía yo, hacía que muchas veces mi desagrado frente a exclamaciones deprimentes para ellos subiese de punto… Tuve una lucha para rectificar mi criterio… Esta fue sin duda la más trascendental de las transformaciones que experimenté entonces; ella me costó una intensa lucha interior entre la razón y el sentimiento. Se trataba de un gran movimiento que tendía a establecer claramente el carácter racial del judaísmo: el sionismo… Tropecé con él inesperadamente donde menos lo hubiera podido suponer; judíos eran los dirigentes del Partido Social Demócrata. Con esta revelación debió terminar en mí un proceso de larga lucha interior. Examiné casi todos los nombres de los dirigentes del Partido Social Demócrata; en su gran mayoría pertenecían al pueblo elegido; lo mismo si se trataba de representantes en el Reichstag que de los secretarios de las asociaciones sindicalistas, que de los presidentes de las organizaciones del Partido, que de los agitadores populares… Austerlitz, David, Adler, Allenbogen, etc. »Un grave cargo más pesó sobre el judaísmo ante mis ojos cuando me di cuenta de sus manejos en la prensa, en el arte, en la literatura y el teatro. Comencé por estudiar detenidamente los nombres de todos los autores de inmundas producciones en el campo de la actividad artística en general. El resultado de ello fue una creciente animadversión de mi parte hacia los judíos. Era innegable el hecho de que las nueve décimas partes de la literatura sórdida, de la trivialidad en el arte y el disparate en el teatro, gravitaban en el debe de una raza que apenas si constituía una centésima parte de la población total del país. »Ahora veía bajo otro aspecto la tendencia liberal de esa prensa. El tono moderado de sus réplicas o su silencio de tumba ante los ataques que se le dirigían debieron reflejárseme como un juego a la par hábil y villano. Sus críticas glorificantes de teatro estaban siempre destinadas al autor judío y jamás una apreciación negativa recaía sobre otro que no fuese un alemán. El sentido de todo era tan visiblemente lesivo al germanismo, que su propósito no podía ser sino deliberado».

Paréntesis de Guerra.

Tal fue, en síntesis, el proceso del nacimiento del nacionalsocialismo: frente al carácter internacionalista del marxismo, un categórico nacionalismo apoyado en las ideas de patria y de raza; frente al exclusivismo autoritario de la doctrina de Marx, un exclusivismo nacional —igual o mayor que aquél—; frente al origen político-israelita de la doctrina, un antisemitismo político[12] . Los gérmenes del nuevo movimiento se habían perfilado ya, pero tan sólo en la mente del oscuro acuarelista. El estallido de la guerra de 1914 lo sacó de sus disquisiciones. La víspera que el conflicto armado se generalizara con la declaración inglesa de guerra contra Alemania, Adolfo Hitler se enroló como voluntario en el 16o. regimiento bávaro de infantería, el 3 de agosto de 1914. Luego combatió en el frente de Flandes y después en el Somme, donde fue ascendido a cabo y ganó la «Cruz de Hierro», que es el máximo orgullo del soldado alemán. El 7 de octubre de 1916 cayó herido y se le trasladó a un hospital cercano a Berlín. Según sus propias palabras, desde allí pudo darse cuenta de que el «frente férreo de los grises cascos de acero; frente inquebrantable, firme monumento de inmortalidad», no tenía igual solidez en la retaguardia, donde el creciente marxismo socavaba el espíritu de resistencia. Esa situación empezó a hacer crisis a principios de 1918 al estallar una huelga de municiones, que aunque prematura y fallida, causó un efecto desastroso en la moral. «¿Por qué el ejército seguía luchando si es que el pueblo mismo no quería la victoria? ¿A qué conducían entonces los enormes sacrificios y las privaciones? El soldado peleaba por la victoria y el país le oponía la huelga[13] . »Las nuevas reservas arrojadas al frente —añade— fracasaron completamente. ¡Venían de la retaguardia!… El judío internacional Kurt Eisner comenzó a intrigar en Baviera contra Prusia. No obraba ni en lo más mínimo animado del propósito de servir intereses de Baviera, sino llanamente, como un ejecutor del judaísmo. Explotó los instintos y antipatías del pueblo bávaro para poder, por ese medio, desmoronar más fácilmente a Alemania». Y así comenzó a repetirse en Alemania aquella agitación marxista que un año antes minó a Rusia y la hizo capitular en la guerra internacional para sumirla en la revolución bolchevique. La base naval alemana de Kiel fue el escenario del primer levantamiento, tal o la base naval de Kronstadt había sido el del primer levantamiento formal de los soviéticos. «Así —dice la Enciclopedia Espasa— toda resistencia resultaba imposible, aunque de haberla podido prolongar unos días hubiera dado a Alemania la posibilidad de una paz mejor… En Baviera proclaman la república… Fórmanse consejos de obreros y soldados. Los soldados desarman a los oficiales y, si resisten, los matan… La bandera roja ondea en todos los arsenales alemanes… Alemania toma un aspecto bolchevique. El emperador abdica (día 9 de noviembre de 1918) quedando proclamada la república con un carácter francamente radical y pareciendo un remedo de la república rusa». Entre tanto, el cabo Hitler había vuelto al frente, había sido alcanzado por el gas británico «cruz amarilla» y casi ciego fue internado en el hospital Pasewalk, de Pomerania. «El 10 de noviembre —refiere en «Mi Lucha»— vino el pastor del hospital para dirigirnos algunas palabras… parecía temblar intensamente al comunicarnos que la Casa de los Hohenzollern había dejado de llevar la corona imperial… Pero cuando él siguió informándonos que nos habíamos visto obligados a dar término a la larga contienda, que nuestra patria, por haber perdido la guerra y estar ahora a la merced del vencedor, quedaba expuesta en el futuro a graves humillaciones, entonces no pude más. Mis ojos se nublaron y a tientas regresé a la sala de enfermos, donde me dejé caer sobre mi lecho, ocultando mi confundida cabeza entre las almohadas. »Desde el día en que me vi ante la tumba de mi madre, no había llorado jamás. Cuando en mi juventud el destino me golpeaba despiadadamente, mi espíritu se reconfortaba; cuando en los largos años de la guerra, la muerte arrebataba de mi lado a compañeros y camaradas queridos, habría parecido casi un pecado el sollozar. ¡Morían por Alemania! Y cuando finalmente, en los últimos días de la terrible contienda, el gas deslizándose imperceptiblemente, comenzara a corroer mis ojos, y yo, ante la horrible idea de perder para siempre la vista, estuviera a punto de desesperar, la voz de la conciencia clamó en mí: ¡Infeliz! ¿Llorar mientras miles de camaradas sufren cien veces más que tú? Y mudó soporté el destino. »Pero ahora era diferente porque ¡todo sufrimiento material desaparecía ante la desgracia de la patria! Todo había sido, pues, inútil; en vano todos los sacrificios y todas las privaciones, inútiles los tormentos del hambre y de la sed, durante meses interminables; inútiles también todas aquellas horas en que entre las garras de la muerte, cumplíamos, a pesar de todo, nuestro deber; infructuoso, en fin, el sacrificio de dos millones de vidas. ¿Acaso habían muerto para eso los soldados de agosto y septiembre de 1914 y luego seguido su ejemplo en aquel otoño, los bravos regimientos de jóvenes voluntarios? ¿Acaso para eso cayeron en la tierra de Flandes aquellos muchachos de 17 años?… »Guillermo II había sido el primero que, como emperador alemán, tendiera la mano conciliadora a los dirigentes del marxismo, sin darse cuenta de que los villanos no saben del honor; mientras en su diestra tenían la mano del Emperador, con la izquierda buscaban el puñal… »¡Había decidido dedicarme a la política!» Como consecuencia del tratado de paz, se privó a Alemania de 70,580 kilómetros cuadrados de territorio metropolitano, con 6.475,000 habitantes; además de 2.952,600 kilómetros cuadrados de colonias, y se le fijaron reparaciones por valor de 90,000 millones de marcos oro. Lo que había sido el II Reich quedó reducido a 472,000 kilómetros cuadrados (poco menos que la cuarta parte de México), con 68 millones de habitantes. Aprovechando el malestar de la guerra perdida —tal como ocurrió en Rusia— el marxismo hizo un supremo esfuerzo en Alemania por restablecer el Estado soviético. Los motines y los paros se utilizaron pródigamente para atemorizar y dominar, pero los revolucionarios tropezaron con una oposición nacionalista más poderosa y consciente que la habida en Rusia. Los agitadores israelitas KarI Liebknecht y Rosa Luxemburgo lucharon frenéticamente estableciendo soviets en diversas poblaciones hasta que fueron muertos por un soldado. En Munich, el israelita Eisner proclamó en 1919 un régimen francamente soviético, pero después de cuatro semanas fue derrocado en sangrientas luchas callejeras. El ejército repudiaba al bolchevismo y como la gran masa del pueblo seguía queriendo y respetando al ejército, los marxistas tuvieron que limitar sus ambiciones. En Berlín fueron dominados después de que hubo más de mil muertos. Friedrich Ebert, que en plena guerra había votado por la continuación de la huelga en las fábricas de municiones, logró escalar la Presidencia de la Nueva República y establecer un régimen que aunque todavía muy distante del radicalismo soviético, le seguía los pasos a prudente distancia. Toda la maquinaria oficial adquirió cierto matiz anticristiano y benevolente tolerancia hacia el marxismo, actitudes que hasta entonces no había adoptado ningún gobierno alemán. En 1918 la nueva Constitución alemana fue «delineada por un jurisconsulto judío, Hugo Preuss», según dice el israelita Salomón Resnick, en «Cinco Ensayos Sobre Temas Judíos».

FACTOR SECRETO EN LA DERROTA ALEMANA

La revolución marxista soviética de 1917 y la revolución marxista alemana de 1918 tuvieron un mismo origen. Desde 1848 era público que Marx y Engels buscaban la conquista del proletariado germano; luego Lenin, Trotsky y otros israelitas proclamaron como meta la unificación e internacionalización de las masas rusa y alemana. Al caer el Emperador Guillermo II, como cuando en Rusia cayó el zar, los israelitas aumentaron su influencia en Alemania: «Al terminar la guerra —dice Henry Ford— los gananciosos fueron los judíos… En Alemania (1918) controlaron: Rosenfeld el Ministerio de Gracia y Justicia; Hirsch, Gobernación; Simón, Hacienda; Futran, Dirección de Enseñanza; Kastenberg, Dirección del Negociado de Letras y Artes; Wurm, Secretario de Alimentación; Dr. Hirsch y Dr. Stadhagen, Ministerio de Fomento; Cohen, Presidente del Consejo de Obreros y Soldados, cuyos colaboradores judíos eran Stern, Herz, Loswemberg, Frankel, Israelowitz, Laubeheim, Seligschen, Katzenstein, Lauffenberg, Heimann, Schlesinger, Merz y Weyl. Nunca la influencia judía había sido mayor en Alemania, y se erigió mediante la ayuda del bolchevismo disfrazado de socialismo, del control de la prensa, de la industria y de la alimentación. »Los judíos-alemanes Félix y Paul Warburg cooperaban en Estados Unidos, en el esfuerzo bélico contra Alemania. Su hermano Máximo Warburg alternaba, entre tanto, con el gobierno alemán. Los hermanos se encontraron en París, en 1919, como representantes de «sus» respectivos gobiernos y como delegados de la paz… —Mediante empréstitos, los judíos se infiltraron en las cortes, lo mismo en Rusia que en Alemania o Inglaterra. Su táctica recomienda ir derecho al cuartel general. »Más coincidencias: Walter Rathenau, judío, era el único que poseía la comunicación telefónica directa con el Kaiser. En la Casa Blanca de Washington influían también varios judíos… »Al Estado Judío Internacional que vive secretamente entre los demás Estados, le llaman en Alemania ‘Pan-Judea’. Sus principales medios de dominación son capitalismo y prensa. La primera sede de ‘Pan-Judea’ fue París; luego pasó a Londres, antes de la Guerra, y ahora parece que se trasladará a Nueva York (1920). Como Pan-Judea dispone de las fuentes de información del mundo entero, puede ir preparando la opinión pública mundial para sus fines más inmediatos… »El Berliner Tageblatt y la Munchener Neuste Nachrichten fueron durante la guerra órganos oficiosos del gobierno alemán, y sin embargo, defendían decididamente los intereses judíos. La ‘Frankfurter Zeitung’, de la que dependen muchos otros diarios, es genuinamente judía». Muy distante del fabricante norteamericano de automóviles que hacía estas observaciones, el general Ludendorff, estratega alemán, «no se explicaba la derrota de 1918 y presintió que allí actuaban fuerzas ocultas que no encajaban en los cálculos del Estado Mayor». Después de hacer estudios e investigaciones en este sentido, afirmó que las fuerzas responsables de la derrota de Alemania constituían el poderío secreto del mundo, formado por judíos y masones. Con base en diversos documentos aseguró que éstos habían estorbado la producción de guerra y fomentado la desmoralización en la retaguardia. En su testamento recomendaba a los alemanes un esfuerzo supremo, económico, militar y psicológico, a fin de sacudir la influencia del poderío secreto del mundo. («La Guerra Total»). Entre tanto, con el uniforme de cabo, Adolfo Hitler ya no pensaba en la arquitectura —que fue su ambición anterior a la guerra—, sino en la política. Le había impresionado sobremanera el triunfo total del marxismo en Rusia y los progresos arrolladores que hacía en Alemania. Lenin anunciaba que las dos primeras etapas del movimiento se habían cumplido ya, dentro de Rusia, y las siguientes se desarrollarían hacia el exterior mediante el apoyo de la dictadura erigida en la URSS. Polonia, inmediatamente, y Alemania después, eran los objetivos más cercanos. Hitler argumentaba que las derrotas militares no habían sido la causa de la capitulación, porque eran mucho menores a los triunfos alcanzados. Tampoco creía que la economía fuera la culpable de la rendición, pues el esfuerzo bélico de cuatro años se apoyó más en factores espirituales de heroísmo y organización que en bases económicas. Y concluía que todo se había comenzado a minar ya desde años atrás y que la capitulación de 1918 era sólo el primer efecto visible de esa lenta corrosión interior. Sin duda algo flotaba en el ambiente y era percibido por todos. Lo que Henry Ford denunciaba desde Norteamérica como hegemonía israelita, el general Ludendorff lo identificaba entre sus documentos de Estado Mayor como «poderío secreto del mundo», y un cabo desconocido lo refería así desde su punto de vista de hombre de la masa del pueblo: «¿No fue la prensa —decía— la que en constantes agresiones minaba los fundamentos de la autoridad estatal hasta el punto de que bastó un simple golpe para derrumbarlo todo? Finalmente, ¿no fue esa misma prensa la que desacreditó al ejército mediante una crítica sistemática, saboteando el servicio militar obligatorio e instigando a negar créditos para el ramo de guerra?… »Karl Marx fue, entre millones, realmente el único que con su visión de profeta descubriera en el fango de una humanidad paulatinamente envilecida, los elementos esenciales del veneno social, y supo reunirlos cual un genio de la magia negra, en una solución concentrada para poder destruir así con mayor celeridad, la vida independiente de las naciones soberanas del orbe. Y todo esto, al servicio de su propia raza… »Adquiriendo acciones entra el judío en la industria; gracias a la Bolsa crece su poder en el terreno económico… Tiene en la francmasonería, que cayó completamente en sus manos, un magnífico instrumento para cohonestar y lograr la realización de sus fines. Los círculos oficiales, del mismo modo que las esferas superiores de la burguesía política y económica, se dejan coger insensiblemente en el garlito judío por medio de los lazos masónicos… Junto a la francmasonería está la prensa como una segunda arma al servicio del judaísmo. Con rara perseverancia y suma habilidad sabe el judío apoderarse de la prensa, mediante cuya ayuda comienza paulatinamente a cercenar y a sofisticar, a manejar y a mover el conjunto de la vida pública… »Políticamente —añadía Hitler— el judío acaba por substituir la idea de la democracia por la de la dictadura del proletariado. El ejemplo más terrible en ese orden lo ofrece Rusia, donde el judío, con un salvajismo realmente fanático, hizo perecer de hambre o bajo torturas feroces a treinta millones de personas, con el solo fin de asegurar de este modo a una caterva de judíos, literatos y bandidos de Bolsa, la hegemonía sobre todo un pueblo». Y el hecho de que el triunfo marxista no fuera tan definitivo en Alemania, se lo explicaba así en 1920: «El pueblo alemán no estaba todavía maduro para ser arrastrado al sangriento fango bolchevique, como ocurrió con el pueblo ruso. En buena parte se debía esto a la homogeneidad racial existente en Alemania entre la clase intelectual y la clase obrera; además, a la sistemática penetración de las vastas capas del pueblo con elementos de cultura, fenómeno que encuentra paralelo sólo en los otros Estados occidentales de Europa y que en Rusia es totalmente desconocido. Allí, la clase intelectual estaba constituida, en su mayoría, por elementos de nacionalidad extraña al pueblo ruso o por lo menos de raza no eslava. Tan pronto como en Rusia fue posible movilizar la masa ignara y analfabeta en contra de la escasa capa intelectual que no guardaba contacto alguno con aquélla, estuvo echada la suerte de este país y ganada la revolución. »El analfabeto ruso quedó con ello convertido en el esclavo indefenso de sus dictadores judíos, los cuales eran lo suficientemente perspicaces para hacer que su férula llevase el sello de la dictadura del pueblo… »La bolchevización de Alemania, esto es, el exterminio de la clase pensante nacionalracista, logrando con ello la posibilidad de someter al yugo internacional de la finanza judía las fuentes de producción alemana, no es más que el preludio de la propagación de la tendencia judía de conquista mundial. »Cómo tantas veces en la historia, Alemania constituye también en este caso el punto central de una lucha gigantesca. Si nuestro pueblo y nuestro Estado sucumben bajo la presión de esos tiranos, ávidos de sangre y de dinero, el orbe entero será presa de sus tentáculos de pulpo; mas si Alemania alcanza a librarse de ese atenazamiento, podrá decirse que para todo el mundo quedó anulado uno de los mayores peligros».

DERROTA MUNDIAL “Salvador Borrego Escalante”

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Prólogo a la Segunda Edición

La obra de Salvador Borrego E., que hoy alcanza su segunda edición, es una de las más importantes que se hayan publicado en América. Causa satisfacción que un mexicano de la nueva genera-ción, haya sido capaz de juzgar con tanto acierto los sucesos que conocemos bajo el nombre de la Segunda Guerra Mundial. Colocados nosotros del lado de los enemigos del poderío alemán, es natural que todas nuestras ideas se encuentren teñidas con el color de la propaganda aliada. Las guerras modernas se desa-rrollan tanto en el frente de combate como en las páginas de la imprenta. La propaganda es una arma poderosa, a veces decisiva para engañar la opinión mundial. Ya desde la primera guerra euro-pea, se vio la audacia para mentir, que pusieron en práctica agencias y diarios que disfrutaban de reputación aparentemente intacha-ble. La mentira, sin embargo, logró su objeto. Poblaciones enteras de naciones que debieron ser neutrales, se vieron arrastradas a participar en el conflicto, movidas por sentimientos fundados en informaciones que después se supo, habían sido deliberadamente fabricadas por el bando que controlaba las comunicaciones mun-diales. Y menos mal que necesidades geográficas o políticas nos ha-yan llevado a participar en conflictos que son ajenos a nuestro destino histórico; lo peor es que nos dejemos convencer por el engaño. Enhorabuena que hayamos tenido que afiliarnos con el bando que estaba más cerca de nosotros; lo malo es que haya sido tan numerosa, entre nosotros, la casta de los entusiastas de la mentira. Desventurado es el espectáculo que todavía siguen dando algunos «intelectuales» nuestros, cuando hablan de la defensa de la democracia, al mismo tiempo que no pueden borrar de sus frentes la marca infamante de haber servido dictaduras vernáculas que hacen gala de burlar sistemáticamente el sufragio. Olvidemos a estos seudo-revolucionarios, que no son otra cosa que logreros de una Revolución que han contribuido a deshonrar, y procuremos despejar el ánimo de aquellos que de buena fe se mantienen engañados.

Edición Artesanal Boca del Lobo a disposición

«Durante seis años, dice Borrego, el mundo creyó luchar por la bandera de libertad y democracia que los países aliados enarbolaron a nombre de Polonia. Pero al consumarse la victoria, países enteros, incluyendo Polonia misma, perdieron su soberanía bajo el conjuro inexplicable de una victoria cuyo desastre muy pocos alcanzaron a prever».

La primera edición del libro de Borrego se publicó hace dos años escasos y en tan corto tiempo, el curso de los sucesos ha confirmado sus predicciones, ha multiplicado los males que tan valien-temente descubriera. Ya no es sólo Polonia; media docena de naciones europeas que fueron otros tantos florones de la cultura cristiana occidental, se encuentran aplastadas por la bota soviética, se hallan en estado de «desintegración definitiva». Y el monstruo anticristiano sigue avanzando. Detrás de la sonrisa de MendesFrance, siempre victorioso, dicen sus secuaces; detrás de esa enigmática sonrisa, seis millones de católicos del Vietnam, fruto precioso de un siglo de labor misionera francesa, han caído dentro de la órbita de esclavitud y de tortura que los marxistas dedican a las poblaciones cristianas. E1 caso contemporáneo tiene antecedentes en las invasiones asiáticas de un Gengis-Kan, que esclavizaba naciones; tiene antecedentes en las conquistas de Solimán, que degollaba cristianos den-tro de los templos mismos que habían levantado para su fe. El conflicto de la hora es otro de los momentos angustiosos y cruciales de la lucha perenne que tiene que librar el cristianismo para subsistir. En el libro de Borrego, penetrante y analítico, al mismo tiempo que iluminado y profético, se revelan los pormenores de la conjura tremenda. La difusión del libro de Borrego es del más alto interés patriótico en todos los pueblos de habla española. Herederos, nosotros, de la epopeya de la Reconquista que salvó el cristianismo de la in-vasión de los moros, y de la Contra-Reforma encabezada por Felipe II, que salvó el catolicismo de la peligrosa conjuración de luteranos y calvinistas, nadie está más obligado que nosotros a desenmascarar a los hipócritas y a contener el avance de los perversos. La lucha ha de costamos penalidades sin cuento. Ningún pueblo puede escapar en el día, a las exigencias de la historia, que son de acción y de sacrificio. La comodidad es anhelo de siempre, jamás realizado. La lucha entre los hombres ha de seguir indefinida y periódicamente impla-cable, hasta en tanto se acerque el fin de los tiempos, según advierte la profecía. José Vasconcelos. Febrero de 1955

Catálogo oficial de Ediciones Boca del Lobo

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Ediciones Boca de Lobo cuenta con el Catálogo Oficial para conocimiento público. Hemos realizado a la fecha varios títulos a disposición en formatos artesanales, un trabajo único en nuestro país que ha sobrepasado los límites del territorio nacional llegando a varios países de América del Sur.

“Raza Chilena”Nicolás Palacios

Raza Chilena 1904
766 páginas
Edición de Bolsillo
Valor: $25.000

El Misterio de la Sabiduría Hiperbórea o El Misterio de Belicena Villca.

El Misterio de la Sabiduría Hiperbórea
1340 páginas edición fiel al original
Tamaño Carta
Valor:$30.000
El Misterio de Belicena Villca
Edición de Bolsillo a color
766 páginas fiel al original
Valor: $20000

El Mito del Siglo XX Alfred Rosenberg

El Mito del Siglo XX
Edición de Bolsillo
246 páginas
Valor: $15.000

“Mi Lucha” Adolfo Hitler

Mi Lucha
Edición de Bolsillo
416 páginas
Valor :$15.000

“Mi Doctrina” Adolf Hitler

Mi Doctrina
223 páginas
Edición de Bolsillo
Valor:$18.000

La Verdad más grande de la historia “Los Protocolos de los Sabios de Sión” Luis Donoso Z.

La verdad más grande de la historia
Edición de Bolsillo
182 páginas
Valor: $10.000

“Israel Manda” Profecías Cumplidas, La Veracidad de los Protocolos de los Sabios de Sion/ Duke de la Victoria

Israel Manda
Edición de Bolsillo
436 páginas
Valor: $20000

Fundamentos de la Sabiduría Hiperbórea Nimrod de Rosario

Fundamentos de la Sabiduría Hiperbórea
Edición de Bolsillo
Tomo I y II
Valor $20.000 (cada ejemplar)

“La Corte de Lucifer” Otto Rahn

La Corte de Lucifer
300 páginas
Edición de Bolsillo
Valor: $15.000 pesos

“Derrota Mundial” Salvador Borrego.

Derrota Mundial
281 páginas
Edición de Bolsillo
Valor $ 15.000

“El Mundo Detras de las Cortinas por Samuel Cruz

El Mundo detrás de las Cortinas
268 páginas
Edición de Bolsillo
Valor $15000

“La Seta Venenosa” Ernst Hiemer traducción por Sac de Muñoz

La Seta Venenosa
45 páginas
Edición tamaño carta
Valor $10.000

“El Informe Leuchter” edición especial

El Informe Leuchter edición especial
196 páginas
Edición de Bolsillo
Valor: $15.000
Alemania Debe Perecer y los Objetivos de Guerra de la Plutocracia Mundial
181 páginas
Edición de Bolsillo
Valor: $20.000

“El Holocausto al Banquillo” Jürgen Graf

El Holocausto al Banquillo
100 páginas
Edición de Bolsillo
Valor: $15.000

“El Mito de los 6 millonesJoaquín Bochaca

El Mito de los 6 millones
212 páginas
Edición de Bolsillo
Valor: $15.000

Somos Ediciones Boca del Lobo una alternativa Revisionista, Artesanal e Independiente , no dejes de reservar tu ejemplar realizado completamente a mano.

Los Protocolos de los Sabios de Sión en PDF

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Ediciones Boca del Lobo se complace en entregar un PDF imprescindible para su colección.
Los Protocolos de los Sabios de Sion, libro publicado por primera vez en el año 1902 en la época de la Rusia Zarista, es un escrito que nos muestra La transcripción de una serie de reuniones de una Orden de sabios rabinos Llamada los “Sabios de Sion” donde detallan sus maquiavélicos planes para llevar a cabo la realización de una conspiración judeo-masónica la que se adjudicaría posteriormente el control total del mundo a manos de la masonería y de los movimientos comunistas en todas las naciones de la Tierra. Ya que este documento debería ser de conocimiento público compartimos este pequeño archivo para su descarga.

Enlace de Descarga

https://documentcloud.adobe.com/link/track?uri=urn%3Aaaid%3Ascds%3AUS%3Abd1e05b4-0a44-41a2-bc86-d36b107f086b

Fundamentos de La Sabiduría Hiperbórea Tomo I y II Edición de Bolsillo.

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Durante muchos años acceder a un documento tan complejo como este prohibido y censurado por el sistema era un verdadero problema, a muchos de ustedes interesados en tener un ejemplar o simplemente conseguir el archivo en las diferentes páginas esotéricas dedicadas a la Sabiduría Hiperbórea, significaba encontrarse con documentos manipulados, o archivos con fragmentos de esta obra, situación que hizo muy difícil su acceso y posterior estudio. Este documento, un tratado de física hiperbórea y esoterismo realizado en la década de los 80 por Luis Felipe Moyano Cires, Pontífice Hiperbóreo de la Orden de Caballeros Tirodal de la República de la Argentina conocida como Octra.

Los Fundamentos de La Sabiduría Hiperbórea uno de los libros más complejos de nuestra época por su alto contenido único en su género, en sus 14 tomos se explica y fundamenta un misterio denominado el encadenamiento espiritual y cómo es posible revertir ese estado recuperando nuestro espíritu y finalmente liberarse de este universo demencial de la materia.

Por esta razón hemos realizado la edición de Bolsillo de esta monumental Obra, pensando en la comodidad de su lectura y evitar el desgaste que se produce con las lecturas virtuales y el cansancio que provoca un documento tan voluminoso como este..

Obra que podemos encontrar en muchas plataformas virtuales a altísimos costos y tamaño. Ediciones Boca del Lobo realiza estos hermosos ejemplares para su difusión, continuando con los diferentes lanzamientos en países como Argentina, Colombia, Brasil, Ecuador, Perú y España. Ahora en Chile podemos contar con estos hermosos ejemplares artesanales ya que miles de personas en el mundo ya han entrado en contacto con la Sabiduría Hiperbórea.

Advertimos a todos sus lectores que sin el contacto previo con la Novela Mágica El Misterio de Belicena Villca será imposible su comprensión y la desorientación puede llegar a la demencia total por parte del lector.

Contáctate con nosotros en las diferentes plataformas virtuales y obtén ya tu ejemplar artesanal.

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El Misterio de la Sabiduría Hiperbórea Nimrod de Rosario para descargar.

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Vamos a lo nuestro, no se puede compartir pdf directamente en la página pero iré subiendo enlaces desde mi correo personal para que puedan verlo y descargarlo, comenzamos con El Misterio de la Sabiduría Hiperbórea de Nimrod de Rosario https://drive.google.com/file/d/1Fn1YPY_0vgos6CxXFPf7sW5QGq2_yEGL/view?usp=drivesdk

https://drive.google.com/file/d/1Fn1YPY_0vgos6CxXFPf7sW5QGq2_yEGL/view?usp=drivesdk

Ediciones Artesanales 2019

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Ediciones Boca del Lobo en su nueva y mejorada edición de tapa dura completamente hecha a mano, invita al lector a una refrescante lectura de una serie de fragmentos de esta obra sin igual. Apoyar esta noble labor que realizamos de forma independiente obteniendo nuestros ejemplares como un medio de trabajo y lucha Honesto en un país en decadencia y guerra urbana, estos son manipulados por movimientos de Izquierda ignorantes que solo obedecen a los Grupos de Poder económicos a Nivel Mundial.

Prólogo del Autor.

En cumplimiento del fallo dictado por el Tribunal Popular de Munich, el 1° de abril de 1924 debía comenzar mi reclusión en el presidio de Landsberg am Lech. Así se me presentaba, por primera vez después de muchos años de ininterrumpida labor, la posibilidad de iniciar una obra reclamada por muchos y que yo mismo consideraba útil a la causa nacionalsocialista. En consecuencia, me había decidido a exponer no sólo los fines de nuestro Movimiento, sino a delinear también un cuadro de su desarrollo, del cual será posible aprender más que de cualquier otro estudio puramente doctrinario. Aquí tuve igualmente la oportunidad de hacer un relato de mi propia evolución, en la medida necesaria para la mejor comprensión del libro y al mismo tiempo para destruir las tendenciosas leyendas sobre mi persona propagadas por la prensa judía. Al escribir esta obra no me dirijo a los extraños, sino a aquéllos que, perteneciendo de corazón al Movimiento, ansían penetrar más profundamente en la Ideología Nacionalsocialista. Bien sé que la viva voz gana más fácilmente las voluntades que la palabra escrita y que, asimismo, el progreso de todo Movimiento trascendental en el mundo se ha debido, generalmente, más a grandes oradores que a grandes escritores. Sin embargo, es indispensable que una doctrina quede expuesta en su parte esencial para poderla sostener y poderla propagar de manera uniforme y sistemática. Partiendo de esta consideración, el presente libro constituye la piedra fundamental que yo aporto a la obra común. Adolf Hitler (Presidio de Landsberg am Lech, 16 de octubre de 1924.)

En el Hogar Paterno (fragmentos)

Considero una feliz predestinación el haber nacido en la pequeña ciudad de Braunau am Inn; Braunau, situada precisamente en la frontera de esos dos estados alemanes cuya fusión se nos presenta – por lo menos a nosotros, los jóvenes- como un cometido vital que bien merece realizarse a todo trance. La Austria germana debe volver al acervo común de la patria alemana, y no por razón alguna de índole económica. No, de ningún modo, pues aun en el caso de que esta fusión, considerada económicamente, fuera indiferente o resultara incluso perjudicial, debería efectuarse a pesar de todo. Pueblos de la misma sangre se corresponden a una patria común. Mientras el pueblo alemán no pueda reunir a sus hijos bajo un mismo Estado, carecerá de todo derecho moralmente justificado para aspirar a acciones de política colonial. Sólo cuando el Reich, abarcando la vida del último alemán, no tenga ya posibilidades de asegurarle a éste su subsistencia, surgirá de la necesidad del propio pueblo la justificación moral para adquirir la posesión de tierras extrañas. El arado se convertirá entonces en espada, y de las lágrimas de la guerra brotará el pan diario para la posteridad. La pequeña población fronteriza de Braunau me parece constituir el símbolo de una gran obra. Aun en otro sentido se yergue también hoy ese lugar como una advertencia para el porvenir. Cuando esta insignificante población fue, hace más de cien años, escenario de un trágico suceso que conmovió a toda la Nación alemana, su nombre quedaría inmortalizado por lo menos en los anales de la historia de Alemania. En la época de la más terrible humillación impuesta a nuestra patria, rindió allí su vida el librero de Nürnberg, Johannes Palm, obstinado nacionalista y enemigo de los franceses. Se había negado rotundamente a delatar a sus cómplices revolucionarios, mejor dicho, a los verdaderos promotores. Murió igual que Leo Schlageter, y como éste, Johannes Palm fue también denunciado a Francia por un funcionario. Un director de policía de Augsburgo cobró la triste fama de la denuncia y creó con ello el tipo de las autoridades alemanas del tiempo del señor Severing. En esa pequeña ciudad sobre el Inn, bávara de origen, austríaca políticamente, y ennoblecida por el martirologio alemán, vivieron mis padres, allá por el año 1890. Mi padre era un leal y honrado funcionario. Mi madre, ocupada en los quehaceres del hogar, tuvo siempre para sus hijos invariable y cariñosa solicitud. Poco retiene mi memoria de aquel tiempo, pues pronto mi padre tuvo que abandonar el lugar que había ganado su afecto, para ir a ocupar un nuevo puesto en Passau, es decir, en Alemania. En aquellos tiempos, la suerte del aduanero austríaco era peregrinar a menudo. De ahí que mi padre tuviera que pasar a Linz, donde acabó por jubilarse. Ciertamente esto no debió significar un descanso para el anciano. Mí padre, hijo de un simple y pobre campesino, no había podido resignarse en su juventud a permanecer en la casa paterna. No tenía aún trece años, cuando lió su morral y se marchó del terruño en Waldviertel. Iba a Viena, desoyendo el consejo de los lugareños con experiencia, para aprender allí un oficio. Ocurría esto el año 50 del pasado siglo. ¡Grave resolución la de lanzarse en busca de lo desconocido, provisto sólo de tres florines! Pero cuando, el adolescente cumplía los diecisiete años y había ya superado su examen de oficial de taller, no estaba, sin embargo, satisfecho de sí mismo. Por el contrario, las largas penurias, la eterna miseria y el sufrimiento reafirmaron su decisión de abandonar el taller para llegar a ser “algo más”. Si cuando niño, en la aldea, el señor cura le parecía la expresión de lo más alto humanamente alcanzable, ahora, dentro de su esfera enormemente ampliada por la gran urbe, lo era el funcionario. Con toda la tenacidad propia de un hombre ya envejecido en la adolescencia por las penalidades de la vida, el muchacho se aferró a su resolución de convertirse en funcionario, y lo fue. Creo que poco después de cumplir los veintitrés años consiguió su propósito. Parecía así estar cumplida la promesa de aquel pobre niño de no regresar a la aldea paterna sin haber mejorado su situación. Ya había alcanzado su ideal. En su aldea nadie se acordaba de él, y a él mismo su aldea le resultaba desconocida. Cuando finalmente, a la edad de cincuenta y seis años, se jubiló, no habría podido conformarse a vivir como un desocupado. Y he aquí que en los alrededores de la ciudad austríaca de Lambach adquirió una pequeña propiedad agrícola; la administró personalmente, y así volvió, después de una larga y trabajosa vida, a la actividad originaria de sus antepasados. Fue sin duda en aquella época cuando forjé mis primeros ideales. Mis ajetreos infantiles al aire libre, el largo camino a la escuela y la camaradería que mantenía con muchachos robustos, lo cual era motivo frecuentemente de hondos cuidados para mi madre, pudieron haberme convertido en cualquier cosa menos en un poltrón. Si bien por entonces no me preocupaba seriamente la idea de mi profesión futura, sabía en cambio que mis simpatías no se inclinaban en modo alguno hacia la carrera de mi padre. Creo que ya entonces mis dotes oratorias se ejercitaban en altercados más o menos violentos con mis condiscípulos. Me había hecho un pequeño caudillo, que aprendía bien y con facilidad en la escuela, pero que se dejaba tratar difícilmente. Cuando, en mis horas libres, recibía lecciones de canto en el coro parroquial de Lambach, tenía la mejor oportunidad de extasiarme ante las pompas de las brillantísimas celebraciones eclesiásticas. De la misma manera que mi padre vio en la posición del párroco de aldea el ideal de la vida, a mí la situación del abad me pareció también la más elevada posición. Al menos, durante cierto tiempo así ocurrió. Mi padre, por motivos fácilmente comprensibles, no prestaba mucha atención al talento oratorio de su travieso vástago para sacar de ello conclusiones favorables en relación con su futuro, resultando obvio que no concordase con mis ideas juveniles. Aprensivo, él observaba esta disparidad de naturalezas. En realidad, la vocación temporal por la citada profesión desapareció muy pronto, para dar paso a esperanzas más acordes con mi temperamento. En el estante de libros de mi padre encontré diversas obras militares, entre ellas una edición popular de la guerra franco-prusiana de 1870-71. Eran dos tomos de una revista ilustrada de aquella época, que convertí en mi lectura predilecta. No tardó mucho para que la gran lucha de los héroes se transformase para mí en un acontecimiento de la más alta significación. Desde entonces me entusiasmó, cada vez más, todo lo que tenía alguna relación con la guerra o con la vida militar. Pero también en otro sentido debió tener esto significado para mí. Por primera vez, aunque en forma poco precisa, surgió en mi mente la pregunta de sí realmente existía, y en caso de existir, cuál podría ser la diferencia entre los alemanes que combatieron en la guerra del 70 y los otros alemanes, los austríacos. Me preguntaba yo: ¿Por qué Austria no tomó parte en esa guerra junto a Alemania? ¿Por qué mi padre y todos los demás no se batieron también? ¿Acaso no somos todos lo mismo? ¿No formamos todos un único cuerpo? A mis cautelosas preguntas, tuve que oír con íntima sorpresa la respuesta de que no todo alemán tenía la suerte de pertenecer al Reich de Bismarck. Esto, para mí, era inexplicable. Habían decidido que yo estudiase. Considerando mí carácter, y sobre todo mi temperamento, mi padre creyó llegar a la conclusión de que la enseñanza clásica del Lyceum ofrecía una flagrante contradicción con mis tendencias intelectuales. Le parecía que en una Realschule me iría mejor. En esta opinión se aferró aún más ante mi manifiesta aptitud para el dibujo, disciplina cuya dedicación, a su modo de ver, era tratada con negligencia en los Gymnasium austríacos. Quizá estuviera también influyendo en ello decisivamente su difícil lucha por la vida, durante la cual el estudio de las humanidades sería, ante sus ojos, de poca o ninguna utilidad. Por principio, era de la opinión de que su hijo naturalmente sería y debía ser funcionario público. Su amarga juventud hizo que el éxito en la vida fuera para él visto como producto de una férrea disciplina y de la propia capacidad de trabajo. Era el orgullo del hombre que se había hecho a sí mismo lo que le inducía a querer elevar a su hijo a una posición igual o, si ello fuera posible, más alta que la suya, tanto más cuanto que por su propia experiencia se creía en condiciones de poder facilitar en gran medida la evolución de aquél. El pensamiento de una oposición a aquello que para él se configuró como objetivo de toda una vida, le parecía inconcebible. La resolución de mi padre era pues simple, definida, nítida y, ante sus ojos, comprensible por sí misma. Finalmente, para su comportamiento, vuelto imperioso a lo largo de una amarga lucha por la existencia, en el devenir de su vida toda, le parecía algo totalmente intolerable entregar la última decisión a un joven que le parecía inexperto e incluso irresponsable. Era imposible que ello se adecuase con su usual concepción del cumplimiento del deber, pues representaría una disminución reprobable de su autoridad paterna. Además de eso, sólo a él le cabía la responsabilidad del futuro de su hijo. Sin embargo, las cosas iban a acontecer de manera diferente. Por primera vez en mi vida, cuando apenas contaba once años, debí oponerme a mi padre. Si él era inflexible en su propósito de realizar los planes que había previsto, no menos irreductible y porfiado era su hijo para rechazar una idea que poco o nada le agradaba. ¡Yo no quería convertirme en funcionario! Ni los consejos ni las serias amonestaciones consiguieron reducir mi oposición. ¡Nunca, jamás, de ninguna manera, sería yo funcionario público! Todas las tentativas para despertar en mí el amor por esa profesión, inclusive la descripción de la vida de mi propio padre, se malograban y me producían el efecto contrario. Me resultaba abominable el pensamiento de, cual un esclavo, llegar un día a sentarme en una oficina, de no ser el dueño de mi tiempo sino, al contrario, limitarme a tener como finalidad en la vida llenar formularios. ¿Qué ilusión podría despertar esto en un joven que era todo, menos dócil, en el sentido frecuente del término? ..

Capítulo IV “Guerra Mundial” (fragmentos)

Nada me había entristecido tanto en los agitados años de mi juventud como la idea de haber nacido en una época que parecía erigir sus templos de gloria exclusivamente para comerciantes y funcionarios. Los acontecimientos históricos daban la impresión de haber llegado a un grado de aplacamiento que bien podía creerse que el futuro pertenecía realmente sólo a la “competencia pacífica de los pueblos” o, lo que es lo mismo, a un tranquilo y mutuo engaño con exclusión de métodos violentos de acción. Los Estados iban asumiendo cada vez más el papel de empresas que se socavaban recíprocamente y que también recíprocamente se arrebataban clientes y pedidos, tratando de aventajarse los unos a los otros por todos los medios posibles y todo esto en medio de grandes e inofensivos aspavientos. Semejante evolución no solamente parecía persistir, sino que por recomendación universal debía también en el futuro transformar al mundo en un único y gigantesco bazar, en cuyos halls se colocarían, como símbolos de la inmortalidad, las efigies de los especuladores más refinados y de los funcionarios de administración más desidiosos. De vendedores podían hacer los ingleses, de administradores los alemanes y de propietarios no otros, por cierto, que los judíos, puesto que, como ellos mismos confiesan, siempre lucran, nunca les toca “pagar” y, además de eso, hablan la mayoría de las lenguas. ¿Por qué no nací cien años antes, verbigracia, en la época de las guerras libertarias, en que el hombre valía realmente algo, aun sin tener un “negocio”? Muchas veces me asaltaban pensamientos desagradables relativos a mi peregrinación terrena, demasiado tardía en mi opinión, y la época “de calma y orden” que se me ofrecía la consideraba como una infamia inmerecida del Destino. Yo, desde mi más tierna infancia, no fui “pacifista”. Todos los intentos de educación en ese sentido habían resultado inútiles. La Guerra de los Boers, entonces desencadenada, me produjo el efecto de un relámpago. Diariamente, aguardaba impaciente los periódicos, devoraba las noticias de telegramas y boletines y me consideraba feliz por ser, al menos desde lejos, testigo de esa lucha titánica. La guerra ruso japonesa me sorprendió sensiblemente más sazonado y, también, más atento a los acontecimientos. Me movían, sobre todo, razones nacionales. Desde los primeros momentos, tomé partido, y, rebatiendo las opiniones corrientes, me coloqué inmediatamente a lado de los japoneses, pues veía en la derrota de los rusos una disminución del espíritu eslavo en Austria. Muchos años pasaron desde entonces, y aquello que antaño, cuando todavía muchacho, me parecía mórbido, lo comprendía ahora como la calma antes de la tempestad. Ya desde mi época en Viena se sentía sobre los Balcanes una atmósfera pesada, preludio de tempestad, y cuando centelleos más claros rasgaban el cielo, éstos se perdían entre las tinieblas siniestras. En seguida, llegó la Guerra de los Balcanes, y, con ella, el primer temporal azotó a Europa, ahora nerviosa ya. La época siguiente influyó como una pesadilla sobre los hombres. El ambiente estaba tan cargado que, en virtud del malestar que a todos afligía, la catástrofe que se aproximaba llegó a ser deseada. ¡Que los cielos diesen libre curso al Destino, ya que no había barreras que lo detuviesen! Cayó entonces el primer rayo formidable sobre la Tierra; la tempestad se desencadenó, y a los truenos del cielo se unieron las baterías de la Guerra Mundial. Cuando en Munich se difundió la noticia del asesinato del Archiduque Francisco Fernando (estaba en casa y oí sólo vagamente lo ocurrido), me invadió en el primer momento el temor de que tal vez el plomo homicida procediese de la pistola de algún estudiante alemán que, irritado por la constante labor de eslavización que fomentaba el heredero del trono austriaco, hubiese intentado salvar al pueblo alemán de aquel enemigo interior. No era difícil imaginarse cuál hubiera podido ser la consecuencia de esto: una nueva era de persecuciones que para el mundo entero hubieran sido “justificadas” y de “fundado motivo’. Pero cuando poco después me enteré del nombre de los supuestos autores del atentado y supe, además, que se trataba de elementos serbios, me sentí sobrecogido de horror ante la realidad de esa venganza del Destino insondable. ¡El más grande amigo de los eslavos cayó bajo el plomo de un fanático eslavo! Quien en los años anteriores al atentado hubiese tenido ocasión de estudiar detenidamente el estado de las relaciones entre Austria y Serbia, no podía dudar ni un instante de que la piedra había empezado a rodar y que ya era imposible detenerla. Es injusto hacer pesar hoy críticas sobre el gobierno vienés de entonces acerca de la forma y del contenido de su ultimátum a Serbia. Ningún poder en el mundo hubiera podido obrar de otro modo, en igualdad de circunstancias y condiciones. Austria tenía en su frontera sudeste un irreconciliable enemigo que provocaba sistemáticamente a la Monarquía de los Habsburgos y que no habría cejado jamás hasta encontrar el momento preciso para la ansiada destrucción del Imperio Austro-Húngaro. Había sobrada razón para suponer que el caso se produciría a más tardar con la muerte del viejo Emperador Francisco José. En ese momento, tal vez la Monarquía no estuviese en condiciones de ofrecer resistencia seria. El Estado entero se encontraba en sus últimos años, de tal manera dependiente de la vida de Francisco José, que la muerte de ese hombre, tradicional personalización del Imperio, equivaldría, en el sentir de la masa popular, a la muerte del propio Imperio. Era hasta considerada una de las más inteligentes maniobras, sobré todo de la política eslava, hacer creer que Austria debía su existencia a la habilidad extraordinaria y única de ese monarca. Esa adulación era tanto más apreciada en la corte, pues no correspondía en realidad al mérito de ese Emperador. No se podía ver la espina escondida detrás de esa adulación. No se percibía o no se quería ver que, cuanto más la Monarquía dependiese del “extraordinario arte de gobernar”, como se acostumbraba decir, de éste, “el más sabio monarca de todos los tiempos”, tanto más catastrófica sería la situación, cuando un día el Destino batiese a esa puerta, reclamando su tributo. ¿Sería posible imaginar a la vieja Austria sin su viejo Emperador? ¿No se repetiría, inmediatamente, la tragedia que antaño sucedió a María Teresa? ¡No! Evidentemente que no es justo atribuirles a los círculos oficiales de Viena el haber instado a la guerra, pensando que quizá se la hubiera podido evitar todavía. Esto ya no era posible; cuanto más, se habría podido aplazar por uno o dos años. Pero en esto residía precisamente la maldición que pesaba sobre la diplomacia alemana y también sobre la austriaca, que siempre tendían a dilatar las soluciones inevitables, para luego verse obligadas a actitudes decisivas en el momento menos oportuno. Puédese estar seguro de que una nueva tentativa para salvar la paz habría conducido tan sólo a precipitar la guerra, seguramente en una época todavía más desfavorable. Quien no quisiese esta guerra debería tener el valor de cargar con las consecuencias. Ésas, por tanto, sólo podrían consistir en el sacrificio de Austria. Asimismo, la guerra habría venido, tal vez no como la lucha de todos contra nosotros, sino más bien teniendo como finalidad el aniquilamiento de la Monarquía de los Habsburgos. De cualquier modo, una decisión tenía que ser tomada: o entrábamos en la guerra o quedábamos al margen, observando, al fin de cuentas, de brazos cruzados, al Destino seguir su curso. Justamente aquellos que hoy más vociferan contra el desencadenamiento de la guerra fueron los que más funestamente ayudaron a atizarla. La Socialdemocracia se había empeñado desde decenios atrás en realizar la más infame agitación belicosa contra Rusia, y el partido católico había hecho del Estado austriaco, por razones de índole religiosa, el punto de referencia capital de la política alemana. Por fin había llegado el momento de soportar las consecuencias de tan absurda orientación. Lo que vino, debió venir fatalmente. El error del gobierno alemán, deseando mantener la paz a toda costa, fue el de haber dejado pasar siempre el momento propicio para tomar la iniciativa, aferrado como estaba a su política aliancista con la que creía servir a la paz universal y que, a la postre, le condujo únicamente a ser la víctima de una coalición mundial que, a su ansia de conservar la paz, le opuso una inquebrantable decisión de ir a la guerra. En el caso de que el gobierno de Viena hubiese dado una forma más suave a su ultimátum, en nada habría cambiado la situación. Cuanto mucho habría sido barrido del poder por la indignación popular. Ante los ojos de la gran masa del pueblo, el tono del ultimátum todavía era demasiado blando, y de ningún modo le parecía brutal. En él no se contenían excesos. Quien hoy procure negar eso, o es un desmemoriado o un mentiroso consciente. Gracias a Dios, la lucha del año 1914 no fue, en realidad, impuesta y sí deseada por el pueblo entero. Todos querían acabar de una vez con la inseguridad generalizada. Sólo así se puede comprender también que más de dos millones de alemanes, hombres y muchachos, se alineasen voluntariamente bajo su bandera, decididos a protegerla hasta la última gota de su sangre. Aquellas horas fueron para mí una liberación de los desagradables recuerdos de juventud. Hasta hoy no me avergüenzo de confesar que, dominado por un entusiasmo delirante, caí de rodillas y, de todo corazón, agradecí a los cielos haberme proporcionado la felicidad de haber vivido en esa época. Estalló una gigantesca lucha libertaria, gigantesca como ninguna otra en la Historia. Apenas se hubo desencadenado la fatalidad, cundió en la gran masa del pueblo la convicción de que esta vez no iba a tratarse de la suerte aislada de Serbia o de Austria, sino de la existencia de la Nación alemana. Por primera vez, después de muchos años, el pueblo veía claro su propio futuro. Así fue como, después del comienzo de las hostilidades, todavía bajo la acción de un contagioso entusiasmo, brotaron, en el espíritu del pueblo, los sentimientos a la altura de las circunstancias, pues solamente esta idea de salvación general consiguió que la exaltación nacional significase alguna cosa más que simples fuegos de artificio. La certeza de la gravedad de la situación era, por ello, necesaria por demás. En general, nadie podía, en aquella época, tener la menor idea de la duración de la lucha que entonces se iniciaba. Se soñaba con poder estar de vuelta a casa en el próximo invierno, a fin de reemprender el trabajo pacífico. Aquello que el hombre desea sirve como objeto de esperanza y creencia. La gran mayoría de la Nación estaba cansada del eterno estado de inseguridad. Sólo así se puede comprender que no se pensase en una solución pacífica del conflicto austro-serbio, sino en una solución definitiva para las complicaciones existentes. Al número de esos millones que pensaban así, yo me incluía. Dos ideas pasaron por mi mente cuando la noticia del atentado de Sarajevo se había difundido en Munich: primero, que la guerra sería al fin inevitable, y, segundo, que al Estado de los Habsburgos no le quedaba otro recurso que mantener en pie el pacto de alianza con Alemania. Lo que siempre había yo temido era la posibilidad de que un día la misma Alemania resultase envuelta en un conflicto, quizás justamente debido a este pacto, pero sin que Austria fuese la causante directa, de modo que el Estado austriaco, por razones de política interna, hubiese carecido de la energía suficiente para adoptar la decisión de respaldar a su aliado. La mayoría eslava del Imperio Austro-Húngaro hubiera comenzado inmediatamente a sabotear la alianza y hubiese preferido, en todo caso, precipitar la ruina del Estado antes que prestarle a su aliado la ayuda a que se hallaba obligado. En aquella desgraciada ocasión, tal peligro quedó eliminado. La vieja Austria debía entrar en acción, queriéndolo o no. Mi criterio personal en cuanto al conflicto era claro y sencillo: Austria no se empeñaba por obtener una satisfacción de parte de Serbia, sino que al arrastrar consigo a la Nación alemana la obligaba a ésta a luchar por su existencia, por su autonomía y por su porvenir. La obra de Bismarck debía ponerse a prueba: aquello que nuestros abuelos habían alcanzado en las batallas de Weissenburg, Sedán y París a costa del heroico sacrificio de su sangre, tenía que lograrlo ahora de nuevo el joven Reich alemán. Coronada victoriosamente la lucha, nuestra Nación habría vuelto a colocarse por virtud de su pujanza exterior en el círculo de las grandes potencias. Sólo entonces podía Alemania constituirse en un poderoso baluarte de paz, sin tener que restringir a sus hijos el pan cotidiano por amor a la paz universal. Cuántas veces, todavía muchacho, tuve el deseo sincero de probar con hechos que para mí el entusiasmo nacional no era una pura fantasía. Me parecía muchas veces casi un crimen aplaudir a quien fuese sin estar convencido de la razón de ser de su actitud. ¿Quién tenía el derecho de actuar así sin haber pasado por aquellos momentos difíciles en que la mano inexorable del Destino, dando a los acontecimientos un tono más serio, exige la sinceridad de las actitudes humanas? Mi corazón, como el de otros millones, rebosaba de orgullo y felicidad por poder liberarme de esa situación de inercia. Tantas veces había cantado el “Deutschland, Deutschland über Alles” con todas las fuerzas de mis pulmones y gritado `¡Heil…!’; que casi me parecía una gracia especial poder comparecer ahora, ante la justicia divina, para afirmar la sinceridad de mi actitud. Desde el primer instante estuve firmemente decidido a que, en caso de guerra ésta me parecía inevitable-, abandonaría los libros inmediatamente. Al mismo tiempo sabía muy bien que mi lugar sería aquel al que me llamaba la voz de la conciencia. Por motivos políticos, había preliminarmente abandonado Austria. Nada más natural, pues, que ahora que se iniciaba la lucha, coherente con mis opiniones políticas, procediera así. No era mi deseo luchar por el Imperio de los Habsburgos. Estaba dispuesto, sin embargo, a morir, en cualquier momento, por mi pueblo o por el gobierno que lo representase en realidad….

Capítulo VII “El comienzo de mi actividad Política “(fragmentos)

A fines de noviembre de 1918 volví a Munich para incorporarme de nuevo al batallón de reserva de mi regimiento, que ahora estaba sometido al “Consejo de Soldados”. Allí el ambiente me fue tan repugnante que opté por retirarme cuanto antes. En compañía de un leal camarada de guerra, Ernst Schmiedt, me trasladé a Traunstein, donde permanecí hasta la disolución del campamento. En marzo de 1919 regresamos a Munich. La situación en esta ciudad se había hecho insostenible y tendía irremediablemente a la prosecución del Movimiento revolucionario. La muerte de Eisner precipitó los acontecimientos y acabó por establecerse una pasajera dictadura soviética, mejor dicho, una hegemonía judaica tal como la habían soñado en sus orígenes los promotores de la Revolución. Durante esta época, infinidad de planes pasaron por mi mente. Días enteros meditaba sobre lo que podía hacer, pero llegaba siempre a la conclusión de que, debido al hecho de ser yo un desconocido, no reunía los requisitos indispensables para garantizar el éxito de cualquier actuación. Más adelante volveré a hablar sobre los motivos que me indujeron a no afiliarme a ningún partido de los existentes. En el curso de la nueva dictadura, muy pronto mi actuación me valió la mala voluntad del Consejo Central. En efecto, en la mañana del 27 de abril de 1919 debí ser apresado, pero los tres sujetos encargados de cumplir la orden no tuvieron suficiente valor ante mi fusil preparado, y se marcharon como habían venido. Pocos días después de la liberación de Munich fui destinado a la comisión investigadora de los sucesos revolucionarios del 2° Regimiento de Infantería. Ésta fue mi primera actuación de carácter más o menos político. Algunas semanas más tarde recibí la orden de tomar parte en un “curso” para los integrantes de la institución armada. En este curso el soldado debía adquirir ciertos fundamentos inherentes a la concepción ciudadana. Para mí tuvo esto la importancia de brindarme la oportunidad de conocer a algunos camaradas que pensaban como yo y con los cuales pude cambiar detenidamente ideas sobre la situación reinante. Todos sin excepción participábamos del firme convencimiento de que no serían los partidos políticos del crimen de noviembre, es decir, el Partido del Centro y el Socialdemócrata, los que salvarían a Alemania de la ruina inminente; por otra parte, sabíamos también que las llamadas asociaciones “nacional-burguesas” jamás serían capaces de reparar, aun animadas de la mejor voluntad, lo ya sucedido. Faltaba una serie de condiciones esenciales, sin las cuales el éxito no era posible. El correr del tiempo demostró lo acertado de nuestras previsiones. De ahí que en nuestro pequeño círculo surgiese la idea de formar un nuevo partido. Los principios que entonces nos inspiraron fueron los mismos que más tarde iban a aplicarse prácticamente en la organización del Partido Alemán de los Trabajadores 1. El nombre del Movimiento que se iba a crear debía ofrecer desde un principio la posibilidad de acercamiento a la gran masa, pues, faltando esta condición toda labor resultaría infructuosa y sin objeto. Así es como nos vino a la mente el nombre de “Partido Social Revolucionario”, y esto porque las tendencias de la nueva organización significaban realmente una revolución social. La causa fundamental radicaba, sin embargo, en lo siguiente: Si bien ya en otros tiempos me había ocupado del estudio de problemas económicos, mí interés por éstos quedó circunscrito a los límites que corresponden al análisis de la cuestión social en sí. Sólo después se amplió este marco gracias al examen que hice de la política aliancista del Reich que, en buena parte, fue el resultado de una errónea apreciación de la economía nacional, así como de la falta de un cálculo claro sobre las posibles condiciones básicas de la subsistencia del pueblo alemán en el futuro. Todas estas ideas descansaban en la creencia de que, en todo caso, el capital no era más que el resultado del trabajo y que por eso el capital se hallaba sometido, como el trabajo mismo, a las fluctuaciones de todos aquellos factores que fomentan o dificultan la actividad humana. Pensábase que justamente en eso estribaba la importancia nacional del capital, el cual, a su vez, dependía tan enteramente de la grandeza, de la autonomía y del poder del Estado, es decir, de la Nación, que la reunión de los dos por sí misma estaba destinada a conducir al Estado y la Nación, impulsados ambos por el capital, por el sencillo instinto de conservación y de multiplicación. Esa sola subordinación del capital a un Estado soberano y libre, obligaría al capital a actuar por su parte en favor de esa soberanía, poder, capacidad, etcétera, de la Nación. Bajo estas condiciones era relativamente sencilla y fácil la misión del Estado con respecto al capital: se debía cuidar únicamente de que éste se mantuviera al servicio del Estado y no pretendiese convertirse en el amo de la Nación. Este modo de pensar podía circunscribirse entre dos límites; por una parte, conservar una economía nacional vital y autónoma y, por otra, garantizar los derechos sociales del obrero. Al principio no había podido yo distinguir con la claridad deseada la diferencia existente entre el capital propiamente dicho, resultado del trabajo productivo, y aquel capital cuya existencia y naturaleza descansan exclusivamente en la especulación. Me hacía falta pues, una sugestión inicial que aún no había llegado a mí. Esta sugestión la recibí al fin, y muy amplia, gracias a uno de los varios conferenciantes que actuaron en el ya mencionado curso del 2° Regimiento de Infantería: Gottfried Feder. Por primera vez en mi vida, asistí a una exposición de principios relativos al capital internacional, en lo que respecta a las transacciones de la bolsa y los préstamos. Después de escuchar la primera conferencia de Feder quedé convencido de haber encontrado la clave de una de las premisas esenciales para la fundación de un nuevo partido. * En mi concepto, el mérito de Feder consistía en haber sabido precisar rotundamente el carácter tanto especulativo como económico del capital bancario y el de la Bolsa, y de haber, a su vez, puesto al descubierto la eterna condición de su razón de ser: el interés porcentual. Las exposiciones de Feder eran tan ajustadas a la verdad en los problemas fundamentales, que sus críticos impugnaban menos la exactitud teórica de la idea que la posibilidad de su aplicación práctica. De esta forma, aquello que a los ojos de otros era considerado el lado débil de las ideas de Feder, constituía para mí su punto más fuerte. No es tarea del teorizante establecer el grado posible de realización de una idea, sino el saber exponerla; es decir, que el teorizante tiene que preocuparse menos del camino a seguir que de la finalidad perseguida. Lo decisivo es, pues, la exactitud de una idea en principio y no la dificultad que ofrezca su realización. Así, cuando el teorizante busca, en lugar de la verdad absoluta, tomar en consideración las llamadas “oportunidad” y “realidad”, dejará éste de ser una estrella polar para transformarse en un recetador cotidiano. El teorizante de un Movimiento ideológico puntualiza la finalidad de éste; el político aspira a realizarla. El primero se subordina en su modo de pensar a la verdad eterna, en tanto que el segundo somete su manera de obrar a la realidad práctica. La grandeza de uno reside en la verdad absoluta y abstracta de su idea, la del otro en el punto de vista cierto en que se coloca con relación a los hechos y al aprovechamiento útil de los mismos, debiendo servir de guía a éste el objetivo del teorizante. En cuanto al éxito de los planes, esto es, la realización de esas acciones, pueden ser consideradas como piedra de toque en la importancia de un político, ya que nunca se podrá realizar la última intención del teorizante sin éste, pues al pensamiento humano le es dado comprender las verdades, adornar ideales claros como el cristal, sin embargo la realización de los mismos es demolida por la imperfección e insuficiencia humanas. Cuanto más abstractamente cierta, y, por tanto, más formidable fuera una idea, tanto más imposible se vuelve su realización, una vez que ésta depende de criaturas humanas. Es por eso que no se debe medir la importancia de los teorizantes por la realización de sus fines, y sí por la verdad de los mismos y por la influencia que ellos tuvieron en el desarrollo de la Humanidad. Si así no fuese, los fundadores de religiones no podrían ser considerados entre los mayores hombres de este mundo, por cuanto la realización de sus intenciones éticas nunca será, ni aproximadamente, íntegra. Incluso la religión del amor, en su acción, no es más que un reflejo débil de la voluntad de su sublime fundador; su importancia por consiguiente reside en las directrices que ella procuró imprimir en el desarrollo general de la cultura y de la moralidad entre los hombres. La gran divergencia entre los problemas del teorizante y los del político es uno de los motivos por los que casi nunca se encuentra una unión entre los dos, en una misma persona. Esto se aplica sobre todo al llamado político de “éxito”, de pequeño porte, cuya actividad de facto no es nada más que el “arte de lo posible”, como modestamente Bismarck denominaba a la política. Cuanto más libre se mantiene el político de grandes ideas, tanto más fáciles, comunes, rápidos y también visibles serán sus éxitos. Aunque es verdad también que éstos están destinados al olvido de los hombres y, a veces, no llegan ni a sobrevivir a la muerte de sus creadores. La obra de tales políticos es, de modo general, sin valor alguno para la posteridad, pues su éxito eventual reposa en el alejamiento de todos los problemas e ideas grandiosas que como tales hubieran sido de gran importancia para las generaciones venideras. La realización de ideas destinadas a tener influencia sobre el futuro es poco lucrativa y sí muy raramente comprendida por la gran masa, a la que interesan más las reducciones de precio en la cerveza y en la leche que los grandes planes de futuro, de realización tardía y cuyo beneficio, al final, sólo será usufructuado por la posteridad. Es así como, por una cierta vanidad, la que está siempre asociada a la política, la mayoría de los políticos se apartan de los proyectos realmente difíciles, para no perder la simpatía de la gran masa. El éxito y la importancia de ese político residen exclusivamente en el presente, y son inexistentes para la posteridad. Esos microcéfalos poco se enfadan por eso; ellos se contentan con poco. Diferentes son las condiciones del teorizante. Su importancia casi siempre está en el futuro, por eso no es raro que se le considere lunático. Si el arte del político era considerado el arte de lo posible, se puede decir del idealista que él pertenece a aquellos que sólo agradan a los dioses cuando exigen o quieren lo imposible. Él tendrá casi siempre que renunciar al reconocimiento del presente; adquiere, por ello, en el caso de que sus ideas sean inmortales, la gloria de la posteridad. En períodos raros de la historia de la Humanidad puede acontecer que el político y el idealista se reúnan en la misma persona. Cuanto más íntima fuese esa unión, tanto mayores serán las resistencias opuestas a la acción del político. Él no trabaja ya más para las necesidades al alcance del primer burgués, y sí por los ideales que sólo pocos comprenden. Es por eso que su vida es blanco del amor y del odio. La protesta del presente, que no comprende al hombre, lucha con el reconocimiento de la posteridad por la cual él trabaja. Cuanto mayores fueran las obras de un hombre para el futuro, tanto menos serán éstas comprendidas por el presente; cuanto más dura sea la lucha, tanto más raro el éxito. Si en años nada le sonríe, es posible que en sus últimos días le circunde un tenue halo de gloria venidera. Es cierto que esos grandes hombres son los corredores del maratón de la Historia. La corona de laurel del presente se pone más comúnmente en las sienes del héroe moribundo. Entre éstos se encuentran los grandes luchadores que, incomprendidos por el presente, están decididos a luchar por sus ideas y sus ideales. Son éstos los que, tarde o temprano, tocarán el corazón del pueblo. Hasta parece que cada uno siente el deber de, en el presente, redimir el pecado cometido en el pasado. Su vida y acción están acompañadas de cerca por la admiración conmovedoramente grata, lo que consigue, sobre todo en los días de tristeza, levantar corazones destrozados y almas desesperadas. Pertenecen a esta clase no sólo los grandes estadistas, sino también los grandes reformadores. Al lado de Federico el Grande, figura aquí Martín Lutero, así como Richard Wagner. En la primera conferencia de Gottfried Feder sobre la “abolición de la servidumbre del interés”, me di cuenta inmediatamente de que se trataba de una verdad teórica de trascendental importancia para el futuro del pueblo alemán. La separación radical entre el capital bursátil y la economía nacional ofrecía la posibilidad de oponerse a la internacionalización de la economía alemana, sin comprometer al mismo tiempo, en la lucha contra el capital, la base de una autónoma conservación nacional. Yo presentía demasiado claro el desarrollo de Alemania para no saber que la lucha más intensa no debía ya dirigirse contra los pueblos enemigos, sino contra el capital internacional. En las palabras de Feder descubrí un lema grandioso para esa lucha del porvenir. El curso de acontecimientos ulteriores debió encargarse de probarnos cuán cierta fue nuestra previsión de aquel tiempo. Los “sabios” entre nuestros políticos burgueses ya habían dejado de burlarse de nosotros; ellos mismos ven hoy – siempre que no se trate de deliberados falseadores de la verdad- que el capitalismo internacional de la Bolsa no sólo fue el mayor instigador de la guerra, sino que también ahora, en la post-guerra, no cesa en su empeño de hacer de la paz un infierno….

Raza Chilena “Nicolás Palacios”

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Ediciones artesanales Boca del Lobo.

Escrito por Nicolás Palacios

Edición fiel al libro original de 1904.

Ediciones Boca del Lobo se complace en realizar completamente a mano una Obra única en su tipo, y, a nuestro criterio de invaluable valor Histórico para los chilenos.

Es justamente en Valparaíso, donde el autor escribe esta magnífica obra literaria, ciudad que hoy se encuentra destruida y saqueada, casi totalmente destruida. por esa razón hoy mas que nunca es necesario continuar con nuestra labor y difundir este increíble libro que no solo es una obra literaria y revisionista, sino también un libro exclusivo para chilenos escrito por un chileno.

Raza Chilena es uno de los pocos libros que existen en el cual se realiza un estudio exhaustivo acerca de nuestro pueblo y aquello que nos caracteriza, muestra nuestra verdadera identidad guerrera, orígenes de nuestro sentido de nacionalidad que nos hacen diferente a todo país y grupo social y etnico en el cono sur.

No es fácil entregar una descripción detallada del contenido de un ejemplar tan extenso como Raza Chilena, pero podemos afirmar que en sus 766 paginas se encuentra la Etnogenia “Orígenes de la sangre Chilena”, El Heroico pueblo Araucano, El pueblo Chileno y su lengua, Etnografía “razas progenitoras”, criminalidad, moralidad, la influencia y características de la inmigración, la desigualdad de razas y Colonización.

Ediciones Boca del Lobo hace un llamado a todos nuestros compatriotas y a todas las personas que estén realmente interesadas en conocer el origen racial y guerrero que nos caracteriza como pueblo. Pedimos al lector apoyar esta iniciativa literaria y así ayudar a difundir entre sus familiares y amigos un material que debería ser materia obligatoria en los colegios y universidades por su gran valor histórico y científico.

Para que un pueblo recupere la memoria perdida debe reencontrarse con su historia nacional, con su origen que determina su camino a seguir, solo de esa manera se podrán unir y marchar juntos, salir de la ignominia a la que ha sido sometida por los poderes internacionales y luchar por su soberanía y libertad.

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Edición Artesanal ”LA VERDAD MÁS GRANDE DE LA HISTORIA”

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“Los Protocolos de los Sabios de Sión” Ediciones Boca del Lobo

En cada uno de estos protocolos podemos leer en detalle la situación actual en la que viven la mayoría de los países de America del Sur , pero sobre todo la importancia que la actualidad de Chile tiene para Ediciones Boca del Lobo y su desarrollo a través de la historia. En el presente año los Chilenos viven en carne propia el descontento, cansancio, e impotencia de estar regidos por Movimientos políticos neomarxistas bajo el modelo político denominado Democracia el cual divide al pais en diferentes grupos de enfrentamiento para generar la lucha entre clases y así mantener sus políticas en total funcionamiento y progreso. Sin duda alguna el mundo está bajo el yugo de fuerzas poderosas, aquellas fuerzas que han destinado a la humanidad a la miserable condicion de esclavitud. Aquella esclavitud económica, social y política pero sobre todo espiritual, rebajando al hombre al estado más vergonzoso y decadente, pero lo más penoso es que el Hombre de hoy es incapaz de ver por sí mismo lo que sucede en él y su entorno, en su ciudad, país o continente, es más no tiene la capacidad de ver qué sucede a nivel global.

Ediciones Boca de Lobo ha elegido para su difusión esta versión inédita de los Protocolos de los Sabios de Sión escrita por Luis Donoso en la época de los años 30 en Chile, que fue realizada cómo una respuesta a la especulación sobre el contenido de los Protocolos y afirma a través de un estudio exhaustivo que todo lo que se menciona en los Protocolos de los Sabios de Sión es “La Verdad más grande de la Historia!!

Invitamos a todas las personas dentro y fuera del territorio nacional a contactarnos y entrar en contacto con su contenido revelador a través de nuestras ediciones artesanales. Ediciones Boca de Lobo afirma con su labor revisionista que es el tiempo de informarse y reconstruir nuestra historia, la historia de un país que el Sionismo se ha encargado de destruir en casi más de 100 años a través de manipulaciones, mentiras, en las cuales toda la política democrática está involucrada.

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Otto Rahn

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La Corte de Lucifer edición artesanal Boca del Lobo.

El Castillo de Montségur, para conocer lo que fue una fortaleza de piedra en la que se guarda parte de la Historia espiritual más importante de la Edad Media. Montségur (Monte Seguro), ubicado en el pirineo francés, es un cono de piedra de 1772 metros de alto, con precipicios de 500 a 800 metros de profundidad que rodean la ciudadela. Hoy existe una sola forma de acceder a el pero la tradición afirma que en la antigüedad existían pasajes y túneles secretos que permitían acceder hasta el castillo. Un monumento de piedra construido entre los años 1205 y 1211 estratégicamente construido de difícil acceso como característica de los Castillos occitanos de la época. Orientado de Norte a sur y su forma particular de pentágono sin lineas curvas nos llevan a concluir que este tipo de fortaleza es una plaza liberada. En 1244 concluye el final de su resistencia, una noche veinte mil soldados que participaban de la cruzada contra la herejía esperaban la rendición del castillo donde se resguardaba el perseguido movimiento herético” Los Cátaros” que encontraron un terrible destino a manos de los inquisidores y murieron tras docientos años de resistencia en la hoguera.

Otto Rahn nació en Michstad en la región de Hesse, el 13 de Febrero de 1904, nacido en una familia protestante y burguesa, su padre fue juez de Maguncia. Asistió al adolescente gimnasio humanístico de Giessen y termina sus estudios de Bachiller en 1922, también completó estudios de música, especializándose en la ejecución del piano. Posteriormente estudió derecho durante ocho meses en Giessen, Freiburg y Heidelberg. En ese tiempo también asistió a clases de Filosofía e Historia. Enamorado de la Historia romanística, orientando todos sus estudios en esa corriente que motivó la historia de su vida y ya no dejó de estudiar todo lo que comprende la Historia de la Occitania Provenzal, el Languedoc, su lengua, historia y cultura llevándolo a presentar su tesis doctoral sobre la Herejía Cátara y Albigense y también sobre el Parzival de Wolfram Von Eschenbach.

Ediciones Boca del Lobo los invita a realizar este recorrido por toda la historia de Occitania a través de la lectura de “La Corte de Lucifer” de la cual hemos realizado nuestra edición artesanal, y comprender la importancia que tuvieron los Cátaros para la historia espiritual del mundo antiguo y relevante para el actual mundo moderno en plena decadencia.

Lectura Virtual: Manú “Por el hombre que Vendrá” Miguel Serrano

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Para leer hacer click en el siguiente enlace.

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Tercer y último volumen de la «trilogía del hitlerismo esotérico», esta vez dedicado a Manú, el «hombre raíz» de una nueva era. El título se inspira en las últimas palabras de Adolf Hitler a su ayudante en el búnker de Berlín. Cuando este le preguntó: «―Y ahora, ¿por quién lucharemos, mi Führer?». Él le contestó: «―Por el hombre que vendrá». Este libro constituye toda una cosmogonía del hitlerismo esotérico y es considerado el más hermético. En él se amplían progresivamente (al igual que en El arte de la fuga de Bach) los conceptos de Elella y Ellael y su relación con el amor mágico, dentro de una iniciación aria, así como también se explica el combate del hitlerismo esotérico y su magia contra el Demiurgo y su robot genético.

Fragmento

El avatâra, al forzar la no invasión, sacó a Hitler del eterno retorno, para precipitar una nueva era (el Yuga de los Héroes) y una transfiguración de la Tierra, irreversible en la eternidad.
Pág. 41.

Nunca fue cuestión de territorios, de países, ni siquiera de sistemas sociales o económicos, aun cuando estos se incluyeran en el proceso. La cuestión principal se refería a la raza de los viryas arios, al Hombre-Nuevo, al Hombre-Dios, al Superhombre, a la Resurrección del Héroe.
Pág. 45.

Esta exposición la estoy sustrayendo de la memoria de la sangre, del recuerdo de lo que yo he visto. Así también se escribieron los textos védicos, las Edda, los versos de Homero, de Píndaro y todas mis obras.
Págs. 84-85.

No es la fe la que permite al héroe cruzar el abismo abierto entre la persona y la personalidad, entre el dios que fuera y el superhombre que será. Es la voluntad.
Pág. 88.

Si Adolf Hitler, el Führer, hubiese ganado físicamente la guerra, el hitlerismo esotérico no se habría podido revelar y desarrollar a través de nosotros como una nueva dispensación entregada a los viryas, los hombres de origen divino, aportándoles la posibilidad de resurrección e inmortalidad, llegando a poder vencer definitivamente al Demiurgo y rescatar a los prisioneros de esta tierra y hasta en los otros universos.
Pág. 160.

Cuando se encarna el Führer se toman grandes decisiones nacionales y se legisla para la raza. Mas, cuando entra en juego el avatâra, ya solo se tiene en cuenta la transmutación del universo, la transfiguración del virya y se decide y actúa para perder en el instante y triunfar en la eternidad.
Pág. 162.

El gran error que cometen los humanos y también los guerreros de esta guerra sacra es pensar que se enfrentan a un semejante.
Pág. 170.

Los hitleristas creen que no es posible vencer a maya Aislándose, apartándose, desentendiéndose de los procesos del mundo demiúrgico, sino combatiendo desde su interior.
Pág. 296.

“Novela Mágica” Luis Felipe Moyano, Nimrod de Rosario.

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El Misterio de la Sabiduría Hiperbórea

Esta es la obra máxima de Luis Felipe Moyano. Le llevó veinte años escribirla. La primera edición apareció con el título “El misterio de Belicena Villca” y firmada con el seudónimo de Nimrod de Rosario. En esta, la última versión, Luis Felipe ya había disuelto la Orden y consigna ahora su verdadero nombre: Luis Felipe Moyano Cires. Además, en esta versión final de la Novela, el texto definitivo sigue siendo el mismo pero cambia su título por el de “El misterio de la Sabiduría Hiperbórea”. También cuenta como agregados la tipografía y los diseños de sus páginas, seleccionados y establecidos personalmente por el autor. Esta edición facsímil y absolutamente fiel posee la particularidad de tener comentarios manuscritos de su autor. Además, esta versión definitiva de la Novela tiene el objetivo, según su autor, de lograr una “masa crítica” de individuos despiertos capaces de producir en el mundo cambios profundos y perennes, suceptibles de cambiar en ciento ochenta grados el curso de la historia.

Es este uno de los libros más importantes de Luis Felipe Moyano (Nimrod de Rosario). En forma novelada, el autor nos va enseñando paso a paso el Conocimiento Supremo de la Sabiduría Hiperbórea. Un conocimiento diferente a todo lo conocido hasta ahora. La teología gnóstica en su máxima expresión.

El Misterio de Belicena Villca

Versión anterior de la Novela, cuando aún existía la Orden Tirodal y Luis Felipe firmaba sus escritos como Nimrod de Rosario. El texto es siempre el mismo: el definitivo. Solo el título es diferente y la diagramación interna de sus páginas, que en este caso no han sido realizadas de manera personal por su autor.

Ediciones Boca de Lobo también cuenta con la versión artesanal de esta obra maestra del revisionismo histórico y esotérico . Pueden obtenerla tomando contacto con nosotros escribiendo directamente a esta página o en la diferentes plataformas virtuales tales como:

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Alfred Rosenberg. “El Mito del Siglo XX”

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Alfred Rosenberg co- fundador del NDSAP, Reichleiter, Ministro de los Territorios ocupados del Este, Responsable de la formación doctrinaria del NDSAP.

Alfred Rosenberg 1893 – 1946

Rosenberg nació en Reval, Estonia, un 12 de enero de 1893 en una de las antiguas provincias bálticas de colonización alemana. Era, por lo tanto, uno de los numerosos alemanes de frontera y del exterior (Volksdeutscher) que han tenido una vivencia tanto más consciente de su alemanidad cuanto que estaban en contraste con su entorno. Allí cursó sus estudios, dedicándose simultáneamente con gran talento y vocación a las artes plásticas y a la arquitectura. Siendo aún estudiante secundario fue distinguido con diversos premios. Después de finalizar el Politécnico en Riga, visitó por primera vez Alemania: Berlín, Dresden, Münich y (estudiante de arte) siempre en primer lugar las pinacotecas, así como cuando en 1914 llegó a París, su primera peregrinación lo llevó al Louvre. Al poco tiempo de su regreso estalló la guerra. Rosenberg se había trasladado a San Petersburgo y luego a Moscú para completar sus estudios, diplomándose de arquitecto con un brillante trabajo que le valió la invitación de integrar el estudio del famoso arquitecto profesor Klein en la metrópoli rusa, pero declinó para volver a Reval. Allí fue decisivo y característico para su destino el discurso que el 30-11-1918 pronunció en un gran salón por él alquilado, sobre el tema: ªla cuestión judíaº, identificando (tal como había podido comprobar) judaísmo con bolchevismo. Finalmente encontró el camino desde su hogar báltico rustificado a la patria alemana, cuyo aciago destino hizo que un hombre totalmente entregado al arte, a la filosofía y a la historia, que nunca había pensado mezclarse en política, tuviera la más directa participación política en los días venideros. Se presentó en la redacción de la revista combativa dirigida por el ardiente patriota Dietrich Eckart, Aufgut deutsch! con las palabras: Necesitáis un combatiente contra Israel?. Tomó contacto con la comunidad política y la camaradería de otros que pensaban como él, el pequeño grupo del DAP (Deutschen Arbeiter Partei – Partido Alemán de los Trabajadores. N. del T.) y en una visita que Adolf Hitler hizo a Dietrich Eckart, Rosenberg conoció al hombre del que dijo después del fracasado Putsch de noviembre de 1923 (en el que también participó exponiendo su vida en las primeras filas): ªEn loscampos de batalla en Francia, ante miles de sus amigos y enemigos, ante el Tribunal, en todas partes, él siguió siendo idéntico a sí mismo: el Führer, el hombre que encarnaba el anhelo de los mejores, que dio expresión a sus ansias hasta llegar a la acción, y más allá de la acción .Con el propósito de aglutinar a los nacionalsocialistas y mantener viva la fe mientras durase él encarcelamientos del Führer y la prohibición del NSDAP, junto con Julius Streicher y Hermann Esser el 1 de enero de 1924 fundó la Grossdeutsche Volksgemeinschaft.(Comunidad Popular Gran-Alemana) En 1928 escribe EL MITO DEL SIGLO 20 (tenía sólo 35 años) que, publicado en millones de Ejemplares, tuvo una repercusión enorme y suscitó grandes polémicas. Ya el Nacional socialismo en el poder, como Reichsleiter ejerció por encargo especial del Führer la Supervisión general sobre la totalidad de la difusión de la Weltanschauung nacional socialista. Durante la guerra mundial 1939-1945 fue ministro de los territorios ocupados del Este. En enero de 1943, en ocasión de su quincuagésimo natalicio, Hitler le dirigió un mensaje de congratulación en el que declaró que Rosenberg había sido el único entre sus colaboradores que en cuestiones fundamentales siempre había finalmente probado tener razón. Cabe recordar que ya en 1937 había sido honrado con la máxima distinciónal serle conferido el Premio Nacional Alemán para el Arte y las Ciencias. En presencia de Hitler, el ministro Goebbels leyó entonces la fundamentación: Como primero entre los vivientes, el Führer otorgó el PremioNacional Alemán para el Arte y las Ciencias. Alfred Rosenberg contribuyó con sus obras en medida descollante a fundamentar y afianzar Científica e intuitivamente la concepción del mundo del Nacionalsocialismo. En una lucha incansable por mantener la pureza de la concepción nacionalsocialista se ha conquistado méritos especiales. Recién un tiempo posterior podrá apreciar plenamente cuán profunda es la influencia de este hombre sobre la estructuración espiritual y cosmovisional del Reich Nacionalsocialista. El Movimiento Nacionalsocialista y más allá de él, todo el pueblo alemán celebrarán con la más profunda satisfacción que el Führer distingueen Alfred Rosenberg a uno de sus co-combatientes más antiguos y más fieles, mediante el otorgamiento del Premio Nacional Alemán para el Arte y las Ciencias. Aún después de la tragedia de 1945 y ante el tribunal erigido por sus enemigos mortales para asesinarle Rosenberg mantuvo con su invariable firmeza los principios de siempre… y subió sonriente alcadalso. (Corresponde señalar que la forma de ejecución consistió en la muerte por estrangulamiento en lugar del método usual de ruptura de la cervical. Este procedimiento sádico de los asesinos judío-demomarxistas daba una vez más la razón a la lucha nacionalsocialista de Alfred Rosenberg) Alfred Rosenberg como todos sus gloriosos y abnegados camaradas murió por un mundo nuevo determinado por EL MITO DEL SIGLO 20, es decir, el Mito de Adolf Hitler de la Sangre y del Honor, delTrabajo y de la Libertad.

A la izquierda Alfred Rosenber junto a Adolf Hitler y Friedrich Weber durante el Putsch de Múnich en noviembre de 1923

FragmentoIntroducción de El Mito del Siglo XX. Alfred Rosenberg

La totalidad de las actuales luchas exteriores por el poder constituyen repercusiones de un desmoronamiento interior. Ya se han derrumbado todos los sistemas estatales de 1914, aun cuando en parte siguen subsistiendo formalmente. Pero se han desmoronado también ideas y valores sociales, eclesiásticos y de interpretación del mundo. Ningún principio rector que esté por encima de todo, ninguna idea superior a todo domina de un modo incontestado la vida de los pueblos. Grupo contra grupo, partido contra partido, valor nacional contra dogmas internacionales, imperialismo rígido contra pacifismo en expansión. La finanza envuelve con cuerdas doradas los Estados y los pueblos, la economía es nómade, la vida desarraigada. La Guerra Mundial, como comienzo de una revolución mundial en todos los terrenos, ha puesto en evidencia el hecho trágico de que si bien millones ofrendaron su vida, esta ofrenda, no obstante, ha beneficiado a otras fuerzas distintas de aquellas por las cuales los ejércitos estaban dispuestos a morir. Los muertos de la Guerra son las víctimas de la catástrofe de una época devenida carente de valores, pero al mismo tiempo Ðy eso lo comienza a comprender en Alemania un número, aunque hoy todavía reducido, de seres humanosÐ los mártires de un nuevo día, de un nuevo credo. La sangre que murió comienza a revivir. Bajo su signo místico está teniendo lugar una nueva estructuración celular del alma popular alemana. El presente y el pasado aparecen repentinamente en una nueva luz, y para el futuro surge una nueva misión. La historia y el objetivo del futuro no significan ya lucha de clase contra clase, no ya conflicto entre dogma eclesiástico y dogma eclesiástico, sino la controversia entre sangre y, sangre, entre raza y raza, entre pueblo y pueblo. Y esto significa: combate de valor anímico contra valor anímico. La interpretación de la historia sobre base racial constituye un concepto que pronto será considerado lógico y natural. A ella sirven ya hombres meritorios. Otros podrán completar en un futuro no muy lejano la construcción de la nueva imagen del mundo. Mas los valores del alma de las razas, que son las fuerzas impulsantes tras la nueva imagen del mundo, no han llegado a constituir aun conciencia viva. Alma, empero, significa raza vista desde adentro. E inversamente es la raza el lado externo de un alma . Despertar a la vida el alma de la raza quiere decir reconocer su valor máximo, y bajo su dominio atribuir a los otros valores su posición orgánica: en el Estado, en el Arte y en la Religión. Es este el deber de nuestro siglo: partiendo de un nuevo mito de la vida, crear un nuevo tipo humano. Ello requiere coraje. Coraje por parte de cada uno en particular, coraje por parte de toda la nueva generación, y hasta aun de muchas generaciones venideras. Es que el caos no es refrenado jamás por hombres sin coraje y jamás aun ha sido estructurado un mundo por cobardes. Quien quiera ir adelante, debe entonces también quemar puentes tras de sí. El que se dispone a realizar un largo peregrinaje, ha de abandonar viejos enseres. El que aspira al Bien más elevado, debe doblegar lo inferior. Y frente a todas las dudas e interrogantes, el hombre nuevo del Primer Reich yo quiero ! Alemán venidero conoce una sola respuesta: ¡mas Por numerosos que sean los que ya hoy aprueban en su interior más recóndito estas palabras, no puede, pese a ello, ser comprometida ninguna comunidad en las ideas y las conclusiones expuestas en este escrito. Constituyen confesiones absolutamente personales , no puntos programáticos del movimiento político al cual pertenezco. Este tiene su gran tarea peculiar y debe, como de las controversias de naturaleza religiosa y político organización , mantenerse alejado-eclesiástica, al igual que del compromiso con una determinada filosofía del arte o con un especial estilo arquitectónico. No puede tampoco, por consiguiente, ser responsabilizado de lo aquí expuesto. Inversamente, las convicciones filosóficas, religiosas, artísticas, pueden ser fundamentadas con real seriedad solamente sobre la premisa de la libertad de conciencia personal. Tal es el caso presente. Sin embargo, la obra no se dirige a seres humanos que viven y actuan felices y bien afirmados dentro de sus comunidades religiosas, sino a todos aquellos que interiormente se han desligado de éstas pero aun no se han abierto paso, luchando, hacia una nueva concepción del mundo. El hecho de que éstos se cuentan ya hoy en día por millones, obliga a cada camarada de lucha, mediante reflexiones más profundas, a ayudarse a sí mismo y a otros buscadores. El escrito, cuya idea fundamental se remonta a 1917, ya había sido terminado en lo esencial en 1925, mas nuevos deberes del momento retardaron permanentemente su finalización. La posterior aparición de diversas obras tanto de camaradas de lucha como de adversarios exigieron luego el tratamiento de problemas antes relegados. De ninguna manera creo que aquí se tenga a la vista una realización acabada del gran tema que hoy en día nos ha sido planteado por el destino. Pero sí espero haber puesto en claro diversas preguntas y haberlas respondido en el contexto, como base para promover la venida de un día con el cual todos soñamos. Munich, febrero de 1930. El Autor.

LOS JUICIOS DE NÜREMBERG

Fue ahorcado en Nuremberg a la 1:49 a.m. de la mañana del 16 de octubre de 1946. Era el cuarto hombre de los diez que ejecutaría el sargento mayor John C. Woods. Los acusados en Nuremberg fueron acusados por separado de dos, tres o cuatro cargos. Doce hombres incluyendo a Rosenberg, fueron acusados de los cuatro cargos. Éstas eran:
1. Conspiración para librar la guerra.
2. Delitos contra la paz.
3. Crímenes de guerra.
4. Crímenes de lesa humanidad.
Richard Harwood (“Juicios de Nuremberg y otros crímenes de guerra”) comenta lo siguiente:
Los cargos deben haber sido redactados por algún poeta o filósofo, ya que ningún artículo específico de la legislación aprobada por una legislatura específica fue específicamente infringido. Para que alguien sea acusado de un delito es necesario que se infrinja una ley. Ningún país tenía, o tiene, una ley contra la guerra. Ningún país tiene una ley contra la guerra “agresiva”. ¿Quién define la agresión? Cuando Gran Bretaña y Francia invadieron Egipto en 1956, sus líderes y generales no fueron arrestados y acusados de librar una guerra agresiva.
Cada uno de los cargos podría haber sido igualmente bien presentado contra los Aliados. Consideremos: 1. La conspiración para hacer la guerra.La invasión de Noruega de planificación anglo-francesa.La invasión planeada por Stalin de Polonia.Los planes de Roosevelt para enredar a los Estados Unidos en la guerra. 2. Crímenes contra la paz.La invasión de Polonia y Finlandia por Stalin.La invasión británica de Irak [e Irán]El hundimiento británico de la flota francesa en OránInvasión americana de Islandia y Groenlandia. 3. Crímenes de guerraLa destrucción sin sentido de las ciudades alemanas.El asesinato y maltrato soviético de los prisioneros de guerra alemanes.El uso de los alemanes como trabajadores esclavos después de la guerra por todos los vencedores. 4. Los crímenes de lesa humanidad.La masacre soviética de los polacos en Katyn. El bombardeo angloamericano de objetivos civiles. Las atrocidades soviéticas contra su propio pueblo antes y durante la guerra. En Nüremberg, Rosenberg también fue acusado de haber alentado la invasión de Noruega. Esto realmente fue un monstruoso pedazo de hipocresía aliada. Las aguas costeras noruegas ya habían sido violadas deliberadamente por la marina británica, como en el caso del incidente de Altmark. En el momento de la invasión alemana, una fuerza expedicionaria anglo-francesa ya estaba en proceso de formarse y los alemanes simplemente los adelantaron en el golpe. Tal fue la confusión inmediata que Neville Chamberlain incluso pronunció el alardeo de que “Hitler perdió el autobús” cuando los Aliados aterrizaron en Narvik.
Cuando la vida y la carrera de Rosenberg se examinan con imparcialidad y desapego, como es de esperar que hubiera sido posible después de un período de tiempo tan largo, se llega a la conclusión de que su verdadero “crimen” era el racismo y, más específicamente, la lucha violenta contra el semitismo. Fue ahorcado, al parecer, por lo que pensó y escribió. El fiscal norteamericano criticó este punto. Los escritos de Rosenberg, acusó, fueron instrumentales en el ascenso del NSDAP al poder. Parece un tipo extraño de acusación proveniendo del representante de un poder que siempre es tan engreído respecto a la Primera Enmienda.

Juicios de Nüremberg
Certificado de detención de Alfred Rosenberg.
Sentenciados a la Orca en los Juicios de Nüremberg

Ediciones Boca del Lobo cumple con el deber y compromiso de resaltar la figura de uno de los personajes más importantes Alfred Rosenberg y una de sus Obras más Importantes “El Mito del Siglo XX” un homenaje a su obra, un hombre que fue asesinado injustamente y no conformándose con esto ensuciada su reputación para justificar los Crimenes cometidos por los aliados, con el fin de ocultar las verdaderas intenciones de estos a través de los medios de comunicación, instaurando el mito del Holocausto Judío que jamás existió. Por esta razón nuestra editorial trabaja editando de forma artesanal este libro en el que podrán encontrar hermosas líneas que describen el pensamiento e ideología Nacional Socialista, sus bases esotéricas y el romanticismo que describe la visión y espíritu de todo un pueblo que luchó hasta el último de sus días contra el Judío Internacional que hoy al igual que en aquellos días destruyen nuestra sociedad.

LA VERDAD Mas Grande de la Historia “Los Protocolos de los Sabios de Sion”

Destacado

Los Protocolos de los Sabios de Sion, libro publicado por primera vez en el año 1902 en la época de la Rusia Zarista, es un escrito que nos muestra La transcripción de una serie de reuniones de una Orden de sabios rabinos Llamada los “Sabios de Sion” donde detallan sus maquiavélicos planes para llevar a cabo la realización de una conspiración judeo-masónica la que se adjudicaría posteriormente el control total del mundo a manos de la masonería y de los movimientos comunistas en todas las naciones de la Tierra.

El presente texto ha sido discutido en muchos países en cuanto a su veracidad, será cierto o no que existe un plan satanico y despiadado para apoderarse del mundo? Dicho texto Ha sido tratado como una falsificación literaria usada para culpar al pueblo judío de conspiracionistas, pero quienes nos han mostrado esta posibilidad son ellos mismos a través de la internet y medios de comunicación no oficiales. No obstante nosotros, quienes hemos estudiado la historia y sabemos a cabalidad los hechos de Israel sabemos que esta propaganda dirigida es una falacia y conocemos bien cada uno de los pasos que ha recorrido a través de la historia el pueblo judío y el trabajo propagandístico que han construido desde la creación de Hollywood hasta publicidad, libros y estudios obligatorios en centros educativos de todo el mundo para ellos mismos victimizarse gracias al supuesto holocausto con el fin de mantener una imagen la cual les favorece para ser intocables desde cualquier punto de vista. La verdad siempre supera la ficción, es una frase muy conocida y este libro nos muestra parte del plan sionista para manejar psicológicamente a las masas y así tener el camino libre para llevar acabo profecías dela biblia que solo ellos conocen y le dan sentido de verdad.

En cada uno de estos protocolos podemos leer en detalle la situación actual en la que viven la mayoría de los países de America del Sur , pero sobre todo la importancia que la actualidad de Chile tiene para Ediciones Boca del Lobo y su desarrollo a través de la historia. En el presente año los Chilenos viven en carne propia el descontento, cansancio, e impotencia de estar regidos por Movimientos políticos neomarxistas bajo el modelo político denominado Democracia el cual divide al pais en diferentes grupos de enfrentamiento para generar la lucha entre clases y así mantener sus políticas en total funcionamiento y progreso. Sin duda alguna el mundo está bajo el yugo de fuerzas poderosas, aquellas fuerzas que han destinado a la humanidad a la miserable condicion de esclavitud. Aquella esclavitud económica, social y política pero sobre todo espiritual, rebajando al hombre al estado más vergonzoso y decadente, pero lo más penoso es que el Hombre de hoy es incapaz de ver por sí mismo lo que sucede en él y su entorno, en su ciudad, país o continente, es más no tiene la capacidad de ver qué sucede a nivel global.

Extracto de los Protocolos de los Sabios de Sion

Le hemos retirado al pueblo el raciocinio, dejándole intacta la fuerza bruta; ni la una ni la otra son significantes ya, como en el caso de un ciego que anda sin lazarillo que lo guíe. Para incitar a los ambiciosos a abusar del poder, lanzaremos unas fuerzas contra las otras, alentando las tendencias extremas a reclamar la independencia. Hemos animado con tal fin todas las inclinaciones, hemos armado a todos los partidos y hemos convertido el poder en el objeto de todas las ambiciones. Hemos transformado todos los estados en arenas en que se desarrollan todas las luchas. El desorden y la bancarrota aparecen por todas partes. Charlatanes inagotables han transformado las sesiones de los parlamentos y las asambleas gubernativas en torneos oratorios. Periodistas pretenciosos y panfleteros desvergonzados atacan continuamente a los administradores. Los abusos de poder preparan el desplome de instituciones que sucumbirán atropelladas por multitudes enloquecidas. Los pueblos serán esclavizados con el yugo del pan. La miseria que los habrá de oprimir será mucho mayor que la que conocieron durante el mando de sus antiguos señores; de aquellos ricos podían desatarse de una u otra manera, pero nadie los librara luego de la indigencia absoluta. Los derechos que hemos consignado en las constituciones son ficticios para las masas, no son reales. Todos estos llamados derechos del pueblo no pueden existir sino en la imaginación, pero nunca en la realidad. ¿De que le vale a un proletario, debilitado por el trabajo y oprimido por su triste suerte, que a un charlatán se le conceda el derecho de hablar y a un periodista el de publicar tonterías? El proletariado no recoge más que las migajas que les damos por sus votos para la elección de nuestros agentes. Los derechos republicanos se traducen en una acre ironía para el pobre, cuyo trajín cotidiano no le permite disfrutarlos; al ejercerlos, pierde su salario y empieza a depender de las huelgas, ya sean causadas por los patronos o por sus camaradas. Dirigido por nosotros, el pueblo destruye a la aristocracia, que es su protectora, porque sus intereses estaban inseparablemente unidos a la prosperidad del pueblo. Después de destruir los privilegios de la nobleza, el pueblo cae inevitablemente en manos de vividores y advenedizos que los oprimen despiadadamente. Nuestra misión es aparecer como los libertadores del trabajador. Debemos hacerles creer que van a salir de la opresión si ingresan en nuestros ejércitos socialistas, anarquistas y comunistas. Debemos hacerles ver que les ayudamos con espíritu de fraternidad, que estamos animados por esa solidaridad humana que pregona nuestra masonería socialista. La nobleza, que distribuía el trabajo entre las clases laboriosas, apostaba porque los obreros estuviesen alimentados, sanos y fuertes. Nuestro interés, al contrario, es que los gentiles degeneren. Nuestro poder reside en la hambruna crónica y la impotencia del obrero. Así le sujetaremos mejor a nuestra voluntad, y no habrá de hallar nunca las fuerzas ni la energía para volverse contra nosotros. (Extracto de los Protocolos de los Sabios de Sion)

Ediciones Boca del Lobo invita a través de su plataforma a ponerse en contacto con para obtener este material, para lo cual ofrecemos una edición realizada en Chile que data de 1937 escrita por Luis Donoso denominada “LA VERDAD Mas Grande de la Historia “Los Protocolos de los Sabios de Sion”que cuenta con 185 páginas, una edición artesanal, para que el lector pueda leer, comprender y estudiar este texto, con la finalidad de tomar conciencia de cómo actuar frente a esta situación actual.

Portada Original de la versión Chilena 1937.

Mi Lucha Adolf Hitler Edición Artesanal Boca del Lobo ediciones Chile.

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Boca del Lobo Ediciones Chile tiene el Honor de presentar a ustedes uno de los libros más importantes de toda la Historia. Nos referimos a Mi Lucha la obra política escrita por Adolf Hitler. Este maravilloso texto nos relata la historia de un hombre que nació un día 20 de Abril de 1889 en Braunau Austria quien llegaría a convertirse a base de Voluntad y trabajo propio en el líder más grande de nuestra época, un ejemplo de Valor y perseverancia para todos, Adolf Hitler nos muestra la verdad que esconde el sistema democrático y parlamentario moderno. Dicha verdad es que jamás un pueblo dividido por clases sociales y partidos políticos contrarios va a ser una nación o país libre con verdaderos derechos, obligaciones y libertad, un país gobernado por políticas externas y contrapuestas expresadas por sus distintos partidos, todos en el poder jamás será un país libre en paz y próspero. Es por esa razón que tenemos la obligación de difundir este grandioso texto a través de esta edición artesanal de gran belleza espiritual y política! Es nuestro deber informar lo que un pueblo es capaz de hacer incluso cuando todo se viene abajo y ya no se vislumbra ninguna esperanza, ediciones Boca del Lobo se enorgullece de lanzar esta información cuándo justamente Chile se encuentra en esta etapa de la historia que nos recuerda que la lucha jamás tiene tregua en este mundo que aún existiendo tiempos de paz y prosperidad nunca se deben cruzar los brazos y dejar de pelear. El líder más grande que ha tenido la humanidad nos mostró que siempre hay una luz al final del camino y esa luz es nuestra propia Voluntad.

Un hermoso ejemplar hecho a mano, 415 páginas encuadernadas artesanalmente, arte y diseño por Jordan Rossano Delgadillo Neira, manufactura y edición a cargo de la Editora y Artesana Paloma Gaby Ríos Diaz.

Quiénes somos?

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Boca del Lobo Ediciones Chile comienza hace dos años con la reconocida Editorial Origen. Su creadora y editora Paloma Gaby Ríos Diaz da a conocer esta nueva versión de dicha editorial, ahora más completa que nunca, con nuevos textos y libros a la venta ya no solo del ámbito revisionista histórico sino, también con libros del ámbito político, antropológico, mítico, histórico, esotérico, etc que muchos han pedido a gritos como los fundamentos de la sabiduría Hiperborea por ejemplo, ediciones boca del Lobo presenta una nueva y amplia gama de textos de diverso origen. Para este semestre del 2019 contamos con una nueva plataforma donde podrán adquirir y reservar ejemplares artesanales sin censura. Esperamos su apoyo y difusión de esta impecable labor que seguirá siendo permanentemente ajena a cualquier movimiento político. No obstante siempre trabajando por el ideal Nacional Socialista en esta etapa tan compleja y difícil para todos.

Ediciones Artesanales de Chile

Fundamentos Filosóficos del Nacional Socialismo Alfred Rosenberg AUDIOLIBRO y pdf para descargar.

Pdf para descarga:

Audiolibro en Ivoox

https://cl.ivoox.com/es/fundamentos-filosoficos-del-nacional-socialismo-alfred-rosenberg-audios-mp3_rf_50117683_1.html

LAS PREMISAS

  1. Enigmático y alarmante es para muchos el crecimiento gigantesco del movimiento nacionalsocialista. Ante su cada vez más escasos adictos, los representantes de las ideas anteriores a 1914 y los defensores del sistema político hoy imperante, se esfuerzan por explicar el desarrollo de un fenómeno antaño objeto de burla (ahora con razón temido), tratando de neutralizar de algún modo la influencia hipnótica, la atracción irresistible que ejerce la nueva idea no solo sobre sus creyentes sino sobre todo el pueblo. Con ese propósito se recurre al artilugio de que ello se debe a acontecimientos pasajeros tales como la penuria económica y el estancamiento comercial. Para completar tan infantil argumento a continuación se anuncia (junto con las promesas de tiempos mejores) la pronta desaparición de los síntomas de la enfermedad nacionalsocialista. Todos estos críticos del nacionalsocialismo pasan deliberadamente por alto que la gran crisis de nuestro tiempo es ya de por sí signo de enfermedad, expresión de la índole más terrible, imagen exterior de un derrumbe interior, testimonio, asimismo, del imperio de un espíritu que ve en el lucro económico su más alto bien. Y como tal posición anímico-espiritual contraria a la estructura orgánica de toda vida comunitaria, el pecado de una generación carente de valores se traduce en catástrofes políticas y económico-sociales. Como últimas consecuencias aparecen, entonces, en el horizonte del futuro, dos posibilidades: que los engañados por la inescrupulosa ética mercantilista se desliguen definitivamente de los conceptos que aún lo atan a la comunidad (lealtad, espíritu nacional, honestidad, etc.), y en rebelión violenta hagan pedazos un mundo o que en otro núcleo se concentre la fuerza moral en una voluntad férrea para restaurar la ley de la naturaleza y la ley de toda alma grande, en cuya escala de valores el lucro no se halla en la cúspide sino que ocupa el lugar más bajo. Por lo general, en épocas cruciales del destino se encuentran ambas fuerzas y la lucha, de este modo, no es eludida por compromisos sino llevada a cabo hasta su definición. El resultado de este combate decide por siglos, y a veces para siempre, la ulterior evolución histórica de un pueblo o de una raza. En un periodo de transformación de ese carácter nos encontramos en el presente. El orden social ha sido destruido por las ideologías que han colocado el yo absoluto en el centro de todas sus construcciones. Ningún concepto reúne a los individuos; la legislación es manejada por los agentes de los especuladores; ya no hay hombres de Estado sino solamente síndicos de consorcios, trusts y monopolios, es decir, sujetos lisa y llanamente comprados, pertenecientes a la clase de los más despreciables delincuentes; el derecho y los jueces han sido rebajados a instrumentos del más estrecho espíritu partidista. Los últimos sostenes de la confianza nacional son de esta manera socavados por los mismos que gobiernan en una época de decadencia. De lo contrario, los individuos que frecuentemente pronuncian conferencias acerca de la economía mundial, deberían estar sentados en banquillos de presidiario.

Pero, esta corrupción de los pseudo-dirigentes relaja también, cada vez más, la hasta ayer existente fidelidad de las masas dominadas y llegamos de esa manera, al mencionado día de la decisión: el caos o la pronta reflexión para librar la batalla de la liberación social. En el segundo caso, la gran masa comenzará (en la incipiente controversia) por la crítica de los prejuicios directamente comprensibles; algunas mentes investigarán más profundamente para detectar las condiciones bajo las cuales se realizó la decadencia y solo uno, o bien muy pocos, darán a la luz en el tiempo apropiado, la nueva idea que puede volver a conducir a un pueblo hacia la plenitud. Los pensamientos afluyen como hijos de Dios, nadie puede indagar su origen por la vía de la experiencia pura, y sin embargo, en las concepciones sobre el nacimiento de una idea se evidencia la postura intelectual característica de diferentes personalidades, pueblos y razas. Es puramente superficial la muy difundida tesis de que después de una época de liberalismo debe ahora nacer, en su secuencia fatal, el nuevo pensamiento. Antes bien, esto no es correcto en plano histórico, pues con demasiada frecuencia semejante idea salvadora no fue engendrada, dado que pueblos de la máxima fuerza cultural sucumbieron para siempre en el fuego de las luchas sobre esta tierra. Nosotros, los nacionalsocialistas, no creemos que una idea ha descendido sobre nosotros fatalmente de alturas nebulosas, no nos sentimos predestinados, tal como la pretenciosa profesión de humildad de muchos, sino que lo que nos sostiene es la conciencia viva de lo que se va plasmando orgánicamente de abajo hacia arriba, el saber íntimo de que en nuestro pecho han ascendido ideas y valores que nos empujaron al testimonio potente, a sacrificios, hazañas y victorias. La hermosa concepción alemana de que no es el destino solo lo grande, sino el valor que lo sobrelleva inquebrantado, revela una posición anímica (que en último término es una cuestión de carácter), cuya investigación conduce luego al misterio de la sangre ligada con el alma. Los hombres que creen tener que obsequiarnos con una idea mágica, se declaran fanáticos luchadores contra el concepto materialista de la causalidad, pero lo introducen nuevamente a través de su dogma, socavando de esta forma la dignidad del nacimiento de una idea en el corazón humano, que siempre será un misterio. Ahora bien, toda gran idea, según Goethe, se manifiesta dando leyes. Toda visión de conjunto verdaderamente grande, empero, es siempre un fruto intelectual y ético de una personalidad. En el mejor de los casos, las vivencias de una época confluyen por intermedio de unos pocos, no por yuxtaposición sino porque provienen de un similar anhelo, de igual carácter, del mismo mito (1) de la vida. Una idea necesita en este mundo para su representación de un cuerpo. De este impulso interior se originó el Partenón cómo la Sixtina y la Novena Sinfonía. El ser humano, la idea y la obra constituyen una unidad espacial-temporal que jamás puede separarse. Este entendimiento fundamental también es válido allí donde el hombre es tanto sujeto como objeto, donde la vida humana fluye, donde un número cambiante, por lo tanto, debe ser encarnación de un pensamiento. Aquí se coloca en lugar de la obra, por consiguiente, el hombre mismo. El movimiento nacionalsocialista ha experimentado su propia ley, de acuerdo a la cual se ha presentado, a partir de los primeros días de su existencia: sangre y suelo, la premisa de toda acción; personalidad, la coronación de un pueblo, conducción frente a la nivelación democrática; lucha total y hasta el fin contra el marxismo, ya sea socialdemocracia o bolchevismo; relevo de la capa burguesa, incapaz de una nueva selección de la nación, etc. Pero, hasta que una concepción del mundo pueda llegar a erigirse en el marco determinante de la creación y formación comunitarias, está unida inseparablemente con su fundador viviente. Esto es algo que todo aquél que construye y posee pensamientos propios entiende sin más, pero es también fácilmente aprehendible para el carácter germánico, aún para el hombre más simple. De ahí que ciertos sectores, auténticos enemigos de un levantamiento orgánico intentan negar desde ese ángulo a la nueva manifestación vital nacionalsocialista, puesto que después de reconocer aparentemente la magnitud de la idea, atacan al Führer y a los dirigentes del movimiento. Esto prueba inequívocamente que no estamos aquí en presencia de motivaciones ideales, de fidelidad a ideas sino frente a individuos típicos exponentes de la civilización cosmopolita surgida en las metrópolis capitalistas que no entienden ni comprenden nada de una idea ni de grandes personalidades por lo que tampoco son capaces de valorarlas. La incomprensión del desarrollo de una nueva y grandiosa voluntad, hace que más de uno que se ha unido recientemente a la organización sin estar debidamente consubstanciado con su doctrina, crea cándidamente que el partido es un cómodo foro para sus planes y planecillos a los que hasta el presente, desgraciadamente, nadie ha prestado atención. A esta gente, por lo general, les gusta hablar de la idea, imaginándose al respecto sólo los productos de su fantasía, y consideran al movimiento sólo como objeto de prueba al que urge incorporar sus geniales tesis hasta hoy ignoradas. A estos elementos, obviamente, les resulta sumamente desagradable e intolerable la personalidad de un auténtico Führer, el que aquí existan ya idea y forma, puesto que esto impide todo intento de asumir una pose. El sospechoso celo por la fidelidad a la idea esconde el propósito de colocarse a sí mismo en el lugar de los creadores. Para que una doctrina – y esto es una ley eterna – pueda llegar a plasmarse en la realidad y adquirir la dureza del acero, previamente debe ser llevada por un conductor a través de las llamas del tiempo. Todo el que es realmente fiel a esta idea insistirá por eso, en la inseparabilidad de Führer e idea y estará acorde en reducir a la más férrea disciplina a individuos como los de tipo mencionado o, si ellos no poseen el carácter necesario, en la necesidad de apartarlos sin conmiseraciones. Son precisamente las personalidades más fuertes y más conscientes de un nuevo y poderoso movimiento espiritual, las que no admiten hacer de una organización nacida en medio de enormes sacrificios y dolores, un club de debate público, de personas indecisas, que confunden palabrería con solución de problemas. La idea está firme, indisolublemente ligada al Führer, de quien brotan las decisiones – destinadas a seres humanos y no a abstracciones sin sangre – que dan al mundo un nuevo rumbo. En el reconocimiento interior de la idea singular reside la genuina exteriorización de la libertad, ésta es, por tanto, la postura interna del nacionalsocialista. La fidelidad como ella es, entonces, fidelidad a sí mismo. Y la fuerza de esta idea común se incrementa con el apoyo del Führer en la lucha contra la decadencia de nuestra época, en la batalla por un gran porvenir. Esta unión orgánica entre idea, Führer y séquito, que pasa por todos los planos de las posibilidades humanas, debe tenerse siempre ante los ojos para no malinterpretar la imagen total del fenómeno nacionalsocialista desde el comienzo. Y sólo desde aquí se halla el camino a la profundidad de su contenido ideológico. Una rebelión que acometa contra ciertas manifestaciones de corrupción en sí no significa nada. Una revolución que después de la existencia multimilenaria de un pueblo predica pensamientos absolutamente nuevos pone de relieve que es inorgánica y enemiga del pueblo, porque cuando un pueblo no ha sostenido determinados pensamientos en todo el curso de su historia, no ha servido a ciertos valores, queda evidenciado que tales pensamientos y valores no pertenecen a su modo de ser. Una revolución sólo es auténtica cuando es el medio para la restauración de los valores eternos de una nación. Y precisamente esto es lo grande del movimiento nacionalsocialista, puesto que él es el pensamiento popular alemán unificado dentro de las formas de nuestra época. Por eso nos sentimos absolutamente unidos a todo lo magno que antaño fue el orgullo de los alemanes, por eso nos sentimos enemigos de todo aquello que pretende adulterar el núcleo esencial de lo germánico. Dentro de las formas de nuestra época queremos actuar. Es decir, que rechazarnos a aquellos maestros pseudo-nacionales faltos de sinceridad que por incapacidad de afirmarse en el presente, quieren encontrar satisfacción en la imitación de las formas del pasado. Nosotros, los nacionalsocialistas, aceptamos como pleno corazón nuestra época, porque nosotros mismos nos sentimos como elementos del renacimiento. Sabemos que la Gran Guerra de 1914-18 pervivirá como un magno hecho mítico sin igual en la memoria de las generaciones venideras. Estas observarán que después se extendió un caos casi sin esperanzas sobre los predios de Alemania hasta que aparecen las columnas del nacionalsocialismo y entonces la nación alemana vuelve a tomar conciencia histórica de su destino y vive el más portentoso y profundo resurgimiento. No lo que hacen otros determina nuestro juicio sino lo que representamos nosotros mismos a través de la palabra, la voluntad y la acción. Sólo esto nos da la pauta para la valoración de nuestro tiempo. Recién el que comprende esta fe y la exclusividad pronunciada y fundamentada de esa fe, podrá incorporarse. Y únicamente el que participa en la vivencia de la lucha de la sangre y de los valores del alma racial germánica que despierta, sólo ese es capaz de dar un juicio sobre nuestras intenciones. Mediante la reafirmación y acentuación del valor del carácter es realmente como se tiende el puente entre el pretérito del pueblo alemán, aún el más remoto y el presente.